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Mi verano en el norte II: una chuleta en el Remedio, los lobos y el terrorismo de corbata
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Mi verano en el norte II: una chuleta en el Remedio, los lobos y el terrorismo de corbata

La subida de precios está aniquilando la proximidad, lo cercano, lo que tenemos delante de nosotros

Foto: Ruiloba, Cantabria. (iStock)
Ruiloba, Cantabria. (iStock)

El norte arde en fiestas. Del Cristo del Amparo, en Comillas, a la Virgen del Carmen, de los pescadores y el mar, se han sucedido las noches de este clima sur agobiante, entre cielos estrellados por fuegos y cohetes estivales, dejando aquí abajo, un olor a pólvora, cobre y demás químicos que iluminan la cara de los niños y de los que ya no lo son tanto. Es tiempo de verbena y solo molesta a los de fuera tanta fiesta. También vuelven a puerto los marineros que comenzaron a salir a por los primeros bonitos, vienen a celebrar a su patrona, antes de embarcarse de nuevo, otros veinte o treinta días seguidos, por las aguas frías del Atlántico norte. Santi es uno de ellos y me encanta verle cuando está en tierra y comprobar que sigue bien. El mar se ha tragado a muchos.

Uno de los míos es Samu. No hay cántabro que te haga mejor el pescado y él lo prepara desde el lugar más bonito que tiene mi pueblo: El Remedio. Y esa fue la primera coña que se produjo, cuando los seis mejores ganaderos de vacas de la zona, le propusieron hacer una cena con los mejores cortes de chuleta de las distintas razas de las que trabajan. A ver si nos va a sacar atún rojo en vez de Wagyu, comentaba uno. ¿Wagyu?, sí, Agustín ha traído la raza japonesa a los montes verdes y hay cierta expectación ante la exótica rareza. Me siento entre Jose Cofiño, de Caviedes, y Antonio Ullo, de la ganadería de los Remedios, de aquí de Ruiloba. Jose tiene vacas de raza Limusina y sus cortes son famosos en todos los valles del norte. Antonio, junto a Julio, cruza las vacas que descarta para la leche con la raza Angus. Ninguno sabe qué carne está comiendo. Es una cata a ciegas que para mí es un regalo con los ojos bien abiertos. Me entero de que las vacas están a 38 grados y que ahora comen la mitad, además de beber el doble por el calor. Si las mojas para refrescarlas sudan mucho, con lo que todos comentan lo mejor que han probado para aliviar estos días en los que España se quema.

Ese modelo de vida ancestral ahora depende de unos profetas de ecologismo de ciudad

Eso tiene también una explicación en la mesa, porque el ganado desbrozaba el monte, mantenía los cortafuegos a raya, y conformaba ese modelo de vida ancestral que ahora depende de unos profetas de ecologismo de ciudad y red social, pero que al llegar por aquí ponen cara de asco si un prado huele a caca de vaca. ¿Qué contamina más?, una nave industrial que permite distribuir el clic de tu último capricho de ropa, entregado en dos horas en tu puesto de oficina? O una ganadería que crea comida. Comida, repito. Esa que luego te comes empaquetada en siete bolsas que te trae un mensajero al mismo puesto mientras estrena el último modelo de teléfono recién llegado de China.

Al final, la mejor solución para que no sufran mucho por el calor parecen ser cuatro paredes con enormes toldos que cuelgan en vertical. Según sea el viento abres uno y cierras otro, tratando de mantener la corriente activa. Me lo cuenta un viejo paisano de Santillana. Cualquiera diría que hacemos armas, comenta Marcos Bolado. Él trabaja con la raza Pirenaica, exquisita. Después probamos dos buenas piezas de la carnicería de Julián Martín de Torrelavega, de la raza de aquí, la Tudanca, la flaca, muy sabrosa.

placeholder Vacas raza Tudanca
Vacas raza Tudanca

¿Y los lobos?, les pregunto. Hasta aquí abajo apenas llegan. Bueno, me dice Jose, en Monte Corona y Ceceño ya hay loberas. Incluso en Ruiloba, me confirma Benjamín, padre de Samu. El otro día comieron siete ovejas de tu vecino. La verdad es que sí, porque Gabriel, que hace el vino blanco Miradoiro, crece sus parras en las zonas más altas del Ruiloba y utiliza ovejas y cabras para desbrozarle el suelo, y porque nutre a la uva y al suelo de todo lo orgánico que suelta su ganado. Es un revolucionario de lo natural y no emplea nada que no sea orgánico. Ahora no le compensa porque el lobo come a una y mata siete. Y no es por un problema de sadismo ni de lobo asesino, sino porque su comportamiento sigue marcado por el frío de la época glaciar en la que se debía congelar y prevenir la comida del largo helado. Pero eso me lo enseñó el guarda mayor de la reserva de Picos de Europa, y hasta que no conocí el vértigo extremo con él y Diego en la zona de Saja, no supe de este comportamiento que también desconocen los que legislan dónde campa el lobo nuevo.

¿Cómo es posible que compremos cereal en Ucrania y si hay guerra todo a la mierda?

Jose, que esta mañana se encontró a una de sus vacas con un ternero recién nacido, dice que es difícil que puedan con ellas, pero con los terneros duda. Me dice que sabe que el lobo le ha estado viendo esta mañana cuando subió a atender al becerro, pero no se fiaba y lo ha bajado a casa hasta que coja algo de peso. También ha sido el único que ha acertado la carne que probábamos. No ha conocido vaca que mande terminar que no le duela.

¿Cómo es posible que compremos el cereal en Ucrania y si hay guerra se vaya todo a la mierda? ¿Por qué compramos la fruta en Marruecos, el pescado en Australia, la carne en Argentina, el Gas en Rusia, Argelia y Estados Unidos, la verdura en todas partes menos aquí? El principal enemigo que tienen los ganaderos, y todos los que estamos aquí, somos nosotros mismos.

Todo está hecho para que mantengan su círculo de poder y de estafa

Pretendemos ser lo más en todo, pero no somos nada en el fondo. Queremos comer carne, pero no matar animales, queremos tardar poco cuando viajamos, pero luchamos contra el cambio climático consultando las últimas ofertas a Ibiza por diez euros. Cerramos las nucleares porque contaminan mucho, pero preferimos comprar a sátrapas el calor de nuestra casa mientras prohibimos, sí tratamos de buscarlo nosotros mismos. Llenamos de molinos de viento parado el horizonte y nada nos va a quitar el frío que padeceremos por ser tan obedientes. Porque ni siquiera las placas solares que instalemos en nuestro tejado son realmente para nosotros. Todo está hecho para que mantengan su círculo de poder y de estafa. Terrorismo de corbata.

Para otoño no habrá Alfalfa para todos. Cueste lo que cueste. No va a haber. Me lo dice quién nutre de cereales a la mayoría de los ganaderos de la mesa. ¿Por qué no lo cultivamos nosotros? Europa, amigo.

La subida de precios está aniquilando la proximidad

La Frisona corre a cargo de un ganadero de la Sociedad Agraria de Transformación de Ceceño. Magnífica. No me atrevo a decir cuál es mejor o peor porque son todas exquisitas. Pero si sé la suerte que tengo de poder conocer de primera mano lo que están padeciendo por gente que vive en la ciudad, como yo.

La subida de precios está aniquilando la proximidad, lo cercano, lo que tenemos delante de nosotros. La globalización es el mayor retraso del hombre, el tropezón más tonto, el más egoísta y la soga que nosotros mismos hemos anudado para ser más cómodos, y de paso, un poco más gordos. Queremos comer chuleta, pero no entendemos que no puede costar lo mismo que un billete a Londres. Y tenemos boca para gritar mucho, pero para tragar bien poco. La Europa verde será negra y no tendrá solución mientras sigamos viajando en esta doble moral de tener tanto miedo a decepcionar.

El norte arde en fiestas. Del Cristo del Amparo, en Comillas, a la Virgen del Carmen, de los pescadores y el mar, se han sucedido las noches de este clima sur agobiante, entre cielos estrellados por fuegos y cohetes estivales, dejando aquí abajo, un olor a pólvora, cobre y demás químicos que iluminan la cara de los niños y de los que ya no lo son tanto. Es tiempo de verbena y solo molesta a los de fuera tanta fiesta. También vuelven a puerto los marineros que comenzaron a salir a por los primeros bonitos, vienen a celebrar a su patrona, antes de embarcarse de nuevo, otros veinte o treinta días seguidos, por las aguas frías del Atlántico norte. Santi es uno de ellos y me encanta verle cuando está en tierra y comprobar que sigue bien. El mar se ha tragado a muchos.

Verano Globalización