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En defensa de los nuevos ricos: ¿por qué es mejor heredar una fortuna que ganarla?
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En defensa de los nuevos ricos: ¿por qué es mejor heredar una fortuna que ganarla?

Los acaudalados de placenta que, por mucho que mantengan fortunas regaladas, siempre han levantado un poquito, la barbilla altiva del éxito sin haber hecho ni el huevo

Foto: 'House of Gucci'
'House of Gucci'

Siempre me ha hecho gracia el queme que provoca al personal el tema de los nuevos ricos. Parece como si fuera mucho más legítimo heredar fortunas que ganárselas y, por tanto, me divierte horrores identificar la envidia en la mayoría de las observaciones que apuntan. Todo viene al caso de la película, 'La casa Gucci' (Ridley Scott), el tostón que protagoniza Adam Driver (Kylo Ren), encarnando la vida del malogrado hereu, Maurizio Gucci, asesinado a tiros por un sicario contratado por su ex mujer, Patrizia Reggiani, interpretada de forma genial por Lady Gaga, cuándo llegaba a su casa de Milán montando en su desenfadada bici, en 1995. Venía de cerrar el pelotazo de su vida, aunque también perdía cualquier lazo que le mantuviera ligado a todo lo que le hizo así de rico.

Y es que algo tienen los acaudalados de placenta que, por mucho que mantengan fortunas regaladas, siempre han levantado un poquito, la barbilla altiva del éxito sin haber hecho ni el huevo, y, por tanto, no impresiona cuando le descerrajan un cargador por virutas familiares, poder, fama, y esos ingredientes que hacen se nuble el horizonte de tantas ansias por todo. Pero la sensación que me ha dejado la película, impecable, en lo que al director se refiere, es que la mala es igual de zorra que el finado, pero al menos tiene la sangre hirviendo y la careta quitada, cosa que su ex marido trata de disimular en trajes de seda, botones con levita y bajo las siglas del éxito empresarial de sus ayeres. Es, digamos, un inútil con derecho propio a ser un hijo de puta, que aconsejado por su mujer para sacar a todo familiar de la marca, a su primo Paolo (Jared Letho) y auténtico diseñador, como a su tío, e incluso calando a todos aquellos que, bajo una supuesta lealtad, también acabarían traicionando a todo quisqui con tal de quedarse con más. Y siempre bajo la asesoría caníbal y eficiente de la señora Gucci. Que será trepa, pero tiene un ojo que no falla.

Tráiler de 'La Casa Gucci'

Se podría decir que House of Gucci es una piñata en un cumpleaños, sobre la que están dando palos a ciegas una pila de niñatos, mientras que la buena de Patrizia, que se ha colado en la fiesta, se descubre un poquito la visión, así como de reojo, para saber dónde pegar más fuerte y hacer más daño. Y si de paso le consigue abrir la cabeza a otro de los niños del cumple, pues mejor. Pero no deja de ser eso, una especie de fiesta infantil, como si nunca se hubieran destetado del todo, porque en el fondo nunca lo hicieron.

placeholder Lady Gaga en 'House of Gucci'
Lady Gaga en 'House of Gucci'

Ella, sin embargo, viene de abajo, consigue subir tan arriba que ve el precipicio y no deja de caminar de puntillas sobre el filo en cada curva, y sin perder el ojo de la calle, el detalle de la que sabe y a la que no se le escapa el pasado de hambre con esa falta de escrúpulos tan trepa, pero a la vez tan auténtica y tan real. Es el mejor papel de la película y de la saga familiar, porque al final, el mimadín de Maurizio se utiliza de todas y cada una de las calañas de Patrizia para hacerse con el poder de una empresa y de una familia, para después largarse a Francia e intentar abandonarla mediante burofax, cosa muy de ricos, mientras le llora las penas a la amiga de la infancia, que es igual de trepa, pero recubierta en Loro Piana y Channel, que al menos, permite vestir a la puta elegante. La película entretiene y sirve como espejo de lo humano, vengas de dónde vengas y vayas dónde vayas.

placeholder Adam Driver en 'House of Gucci'
Adam Driver en 'House of Gucci'

En España tenemos buenas sagas empresariales, y de moda ni les cuento, pero no termino de imaginarme a Torreta contratando a un sicario para cepillarse a Marta Ortega, ni mucho menos a Marta con el cerebro de mosquito que maneja Maurizo Gucci, pero aún tenemos varios candidatos en nuestras sagas patrias, que nos deleitan con todo tipo de puñaladas traperas mientras se les olvida lo que les llevó a ese estatus de con “picha buena bien se folla”.

Según sea la fortuna a heredar comienza a ser más y más cutre el método del sicario

Pasó con la trágica muerte de la viuda de la CAM, pero como somos más cañís, cambiamos el portal lujoso de Milán, por un lavadero de coches multimarca. También los reyes de las galletas, que en Aguilar de Campo firmaban las actas de las juntas en capós de Mercedes mientras Mercadona les facilitaba a cada poco el ampliar en otra inmensa nave el paisaje de la montaña palentina. Podríamos seguir con los herederos de Vega Sicilia y el imperio Eulen, más parecidos a la serie Sucesión, mosquitos incluidos, o los últimos intentos de varios hijos dé por conseguir que se inhabilitase a su progenitor, que ha sido la estrategia más vieja y efectiva en España, en especial cuándo este plantaba a la familia por la secretaria, generalmente cincuenta años menor. También es cierto que según sea la fortuna a heredar, comienza a ser más y más cutre el método del sicario, véase el caso de la anciana de Asturias, que acabó en un piso del Madrid nuevo, para sorpresa de su demencia provocada.

Tengo un primo que dice: ¿Sois muchos en tu familia?, y ¿os lleváis bien?, a lo que siempre contesta: Eso es que sois pobres como ratas, y tiene más razón que un santo. En cuánto la codicia del que no ha dado un palo al agua, se cruza con la fortuna de poder pillar algo, ya sea en herencia, una comida gratis, o un paseo en barca, volvemos a esa piñata infantil en la que si ningún mayor miraba, le podías meter una buena leche con el palo de escoba al que pudiese ser una amenaza.

En esas primeras codicias que da la vida empiezan todas.

Siempre me ha hecho gracia el queme que provoca al personal el tema de los nuevos ricos. Parece como si fuera mucho más legítimo heredar fortunas que ganárselas y, por tanto, me divierte horrores identificar la envidia en la mayoría de las observaciones que apuntan. Todo viene al caso de la película, 'La casa Gucci' (Ridley Scott), el tostón que protagoniza Adam Driver (Kylo Ren), encarnando la vida del malogrado hereu, Maurizio Gucci, asesinado a tiros por un sicario contratado por su ex mujer, Patrizia Reggiani, interpretada de forma genial por Lady Gaga, cuándo llegaba a su casa de Milán montando en su desenfadada bici, en 1995. Venía de cerrar el pelotazo de su vida, aunque también perdía cualquier lazo que le mantuviera ligado a todo lo que le hizo así de rico.

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