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La Barraca, los barracos y Lorca o cómo el teatro clásico fue vanguardia en los pueblos de España
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La Barraca, los barracos y Lorca o cómo el teatro clásico fue vanguardia en los pueblos de España

Por primera vez, cientos de personas pudieron presenciar una representación teatral cuando el poeta se encargó de llevar obras antiguas a lugares que nunca habían oído hablar de ellas

Foto: El Retablo de las Maravillas (Fundación Lorca)
El Retablo de las Maravillas (Fundación Lorca)

Dos furgonetas, diferentes decorados, trajes vanguardistas y hasta una mujer carabina para sofocar el ardor de los jóvenes y así permitir que sus compañeras pudieran emprender también el viaje, es todo lo que 'La Barraca' llevaba en sus salidas. Visitaron más de 70 localidades en las que representaron hasta 14 repertorios combinables desde 1932 hasta 1936, todas ellas con un repertorio distinto. En estos viajes, los estudiantes veinteañeros intentaban acercar los clásicos a las zonas más alejadas de la urbe, pueblo por pueblo. El 10 de julio de 1932 tuvo lugar su primera función en el Burgo de Osma, Soria. Ahí, Lorca, que ni había fundado la improvisada compañía ni le puso el nombre, ya estaba al frente de una experiencia en la que daría rienda suelta a su imaginación y forma de regenerar el teatro.

Han pasado 90 años desde aquella primera salida que se reproduciría en los años venideros y en la que se agruparon socialistas, comunistas y hasta falangistas que después acabarían asesinados en checas. Ellos eran diferentes, en todos los sentidos, pues no querían hacer lo mismo que el Teatro del Pueblo, comandado por entonces por el dramaturgo Alejandro Casona e interesado en instruir a la ciudadanía acercando la nueva realidad que pretendía construir la recién nacida República. “La Barraca era mucho más vanguardista y querían alejarse del teatro de zarzuela, el teatro burgués. Ellos trabajaron los grandes clásicos de una forma muy novedosa”, incide Julio Vélez, director del Instituto del Teatro de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

placeholder La Vida es Sueño (Fundación Lorca)
La Vida es Sueño (Fundación Lorca)

Tal era su vanguardia, que mucha gente de los pueblos presenciaba obras que ni siquiera habían sido representadas en la ciudad. “La gente alucinaba, claro, porque nunca habían visto una obra de teatro”, incide el propio Vélez. Internamente, los debates se producían uno tras otro. Su primera función fue el auto sacramental de “La vida es sueño”, de Calderón de la Barca, algo que no gustó al ala comunista de la compañía, entusiasmada con el proyecto de una república supuestamente laica. Tampoco agradó a la gente de Acción Católica, quienes llegaron a reventar las obras del grupo liderado por Lorca y Eduardo Ugarte. “Al fin y al cabo, 'La Barraca' era un microcosmos de la sociedad de la Segunda República en el que conviven comunistas y falangistas con un ideario estético muy avanzado y con la pretensión de llevar la cultura al pueblo”, agrega el director del Instituto del Teatro.

La misa, el gran ritual

Todo comenzó con la Federación Universitaria Escolar (FUE), con gran presencia e importancia en la década de los años 20 y gran relevancia durante el periodo republicano. Fue en diciembre de 1930 cuando Pedro Salinas pronunció una conferencia sobre el teatro, animando a los estudiantes no solo a conocer su teoría, sino a interpretarlo. Así, la idea partió de la asociación de estudiantes de Filosofía y Letras de la madrileña Universidad Central, que pronto se extendió a otros alumnos de arquitectura y derecho, tal y como explica Javier Huerta, catedrático de Literatura Española en la UCM y experto en 'La Barraca'.

"Lorca escogió el auto sacramental como primera obra a representar"

Estos estudiantes, tan perdidos como entusiasmados, se encontraron a sí mismos con la aparición de García Lorca. “Él había reflexionado mucho sobre cuál debería ser el público del teatro contemporáneo, de su época, y determina que debe ser la gente de los pueblos al estar acostumbrados a la ritualidad en su vida. Además, cree que el santo oficio de la misa es la principal tragedia que conoce toda España, por eso escoge el auto sacramental como primera obra a representar”, desarrolla Vélez.

placeholder Fuenteovejuna (Fundación Lorca)
Fuenteovejuna (Fundación Lorca)

Esta experiencia teatral, traída a la actualidad, sería como sacar la ópera a las calles, que todo el mundo pudiera gozar del arte más elevado, exquisito, como parte de un proyecto profundamente democrático, agrega el mismo Vélez. De esta forma, en nuestras calles podríamos ver condensada a la edad de plata del arte español, grandes pintores de la época que se dedicaron a diseñar los decorados, como Benjamín Palencia, José Caballero y Alfonso Ponce de León, falangista, este último que murió en una checa en 1936.

Juntos y revueltos

La intimidad entre estos veinteañeros fue ineludible. De esos viajes salieron hasta tres matrimonios, pero no solo se dio el amor institucionalizado, como prueba la relación de Lorca con Rafael Rodríguez Rapún, su amante. Tal era la incontinencia de la chavalada, que les tenía que acompañar una mujer carabina para controlar los posibles excesos. “Las chicas iban en una furgoneta y los chicos en otra. Eran los años 30 y no estaba bien visto que las mujeres viajaran así como así con otros hombres”, explica Vélez. De hecho, la partida de gastos que el Ministerio de Instrucción Pública sufragaba recoge, específicamente, a la señora de compañía.

placeholder Carabina (Fundación Lorca)
Carabina (Fundación Lorca)

Así pues, en torno a 40 estudiantes convertidos en actores, actrices, músicos y pintores prematuros, recorrían los pueblos de la geografía española, sobre todo en verano, a lomos de la furgoneta que denominaron como la Bella Aurelia, pues su conductor se llamaba Aurelio. Además, el barroco Gonzalo Menéndez Pidal, hijo del prestigioso literato, grabó diferentes vídeos sobre 'La Barraca', legando un testimonio tan enriquecedor como inigualable.

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La Vida es Sueño (Fundación Lorca)

La Barraca acabó con muchos muertos en la Guerra Civil, de uno y otro bando, pero supuso un momento fundamental en la historia de España, como esa utopía en la que se podría crear una compañía nacional de teatro clásico, inexistente entonces”, añade Vélez. Poco antes del inicio de la contienda, los barrocos tomaron diferentes caminos: unos forman La Tarumba, compañía repleta de falangistas, y otros permanecen en el grupo original. “Aunque `'La Barraca' se mantiene tiempo después del golpe de Estado, ya a finales de 1935 no era lo mismo que antes y se viene abajo del todo con el asesinato de Lorca”, determina el director del Instituto del Teatro.

'La Barraca' después de la Guerra

Lope de la Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca, también Cervantes, y Juan de la Encina y Lope de Rueda. Las obras de todos estos autores consagrados pasaron por las manos de los fervientes actores y actrices de 'La Barraca'. Según Huerta, “el teatro de 'La Barraca' se hacía al estilo moderno, con escenógrafos, nada de teloncillos”, lo que le volvía a diferenciar del Teatro del Pueblo comandado por Casona e íntimamente ligado a las Misiones Pedagógicas.

placeholder El Caballero de Olmedo (Fundación Lorca)
El Caballero de Olmedo (Fundación Lorca)

No todo se terminó tras la Guerra, a pesar de que los sublevados asesinaran a una de las mayores figuras literarias del panorama español y principal baluarte de 'La Barraca'. Modesto Higueras, barraco antes, fue el director del Teatro Español Universitario (TEU) desde 1940 y mantuvo ese espíritu de hacer llegar a los pueblos más alejados los clásicos españoles. Miguel Ángel Ruiz, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, incide en que este hecho prueba cierta continuidad de 'La Barraca' durante el franquismo, “esa parte reivindicativa del papel de los estudiantes como responsables de un proceso de cambio social, aunque ahora en torno a unos ideales diferentes”.

"Iniciativas como 'La Barraca' también las hacía el franquismo a través del SEU"

Más allá de los autores del Siglo de Oro, el TEU nacional, pues también existía un TEU propio por cada uno de los 12 distritos universitarios, llegó a representar obras de Lorca una vez instaurada la dictadura. “Se produjo en la inmediata posguerra y en el curso de 1939-1940, en Zaragoza, se representó La zapatera prodigiosa y Bodas de sangre”, explica el docente universitario. Cuando Ruíz preguntó sobre este acontecimiento al responsable del Sindicato Español Universitario (SEU), entidad de la que dependía el TEU, le respondió que para ellos lo sucedido con Lorca era algo muy lamentable, pero que, también, el censor desconocía sus obras, así que no puso pegas al tema.

“En realidad, lo mismo que se pretendía con iniciativas como 'La Barraca' y las Misiones Pedagógicas también lo hace el franquismo a través del SEU, no tanto desde la jerarquía superior sino por la propia organización falangista que busca fascistizar a la población para luchar contra un modelo burgués y superado”, concluye Ruíz.

Dos furgonetas, diferentes decorados, trajes vanguardistas y hasta una mujer carabina para sofocar el ardor de los jóvenes y así permitir que sus compañeras pudieran emprender también el viaje, es todo lo que 'La Barraca' llevaba en sus salidas. Visitaron más de 70 localidades en las que representaron hasta 14 repertorios combinables desde 1932 hasta 1936, todas ellas con un repertorio distinto. En estos viajes, los estudiantes veinteañeros intentaban acercar los clásicos a las zonas más alejadas de la urbe, pueblo por pueblo. El 10 de julio de 1932 tuvo lugar su primera función en el Burgo de Osma, Soria. Ahí, Lorca, que ni había fundado la improvisada compañía ni le puso el nombre, ya estaba al frente de una experiencia en la que daría rienda suelta a su imaginación y forma de regenerar el teatro.

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