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La misa rock de Florence and the machine electriza a todo el Mad Cool
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La misa rock de Florence and the machine electriza a todo el Mad Cool

Florence Welch se metió al público en el bolsillo con un espectáculo impresionante que a ratos fue un ritual pagano, a ratos un encuentro erótico y, durante casi hora y media, un chute de energía que se recordará durante tiempo

Foto: Florence and the machine. (Mad Cool)
Florence and the machine. (Mad Cool)

No es habitual que la banda de una cantautora lidere el cartel de un festival, pero en la jornada de ayer del Mad Cool Florence Welch volvió a dejar claro por qué ella y su grupo, Florence and the Machine, son los reyes actuales del rock épico con aires de soul bailable en todo el mundo. Ella solita se metió al público en el bolsillo con un espectáculo impresionante que a ratos fue un ritual pagano, a ratos un encuentro erótico y durante la casi hora y media que duró el concierto, un chute de energía de los que se recordarán durante tiempo. Los miles de personas que acudieron al escenario central acabaron electrizadas al golpe de esta maquinaria británica y la potentísima voz de Welch y su cabellera rojiza.

La banda atacó a eso de las 12.25 horas de la noche. Florence apareció descalza con una túnica roja como la máxima sacerdotisa de un templo en el que acababa de comenzar un rito de amor, de música, de baile, de energía. Desde el primer momento quedó claro que ella era la reina con el tema ‘King’, del último disco, ‘Dance fever’, que si bien se hizo esperar, tiene varios trallazos como los que les elevaron a estrellas en 2009 con el primer álbum, ‘Lungs’. Le siguieron ‘What kind of man’, de ‘How big, how blue, how beautiful’ (2015) y ‘Free’, también del último disco. Con estas tres canciones, los movimientos de Florence, sus exhalaciones y suspiros orgásmicos el público ya estaba totalmente rendido.

Florence apareció descalza con una túnica roja como la máxima sacerdotisa de un templo en el que acababa de comenzar amor y música

De hecho, uno de los grandes éxitos, ‘Dogs days are over’, que suele cerrar los conciertos, sonó a las primeras de cambio. Era el último cartucho rompepistas antes de entrar en ese ritual que la cantautora había preparado. Comenzó dirigiéndose al público, dando las gracias al festival y a Madrid para a continuación pedir que todos guardaran sus teléfonos móviles en los bolsillos. Basta de grabar, basta de hablar. Comunión plena y abrazos entre todos. Una misa rock cuya banda sonora fue ‘Big God’ - Florence Welch tiene la capacidad de erotizar incluso a Jesucristo a quien susurra con gemidos- y ‘Dream girl evil’ mientras se abrazaba con algunos espectadores de las primeras filas extasiados ante la bajada de la diosa a la tierra. El rito explotó como un volcán con ‘My love’.

Tras otro hit como ‘Spectrum’ llegó otro momento íntimo de la noche: Florence confesó que hacía diez años que no cantaba ‘Never let me go’, puesto que le recordaba a la época de su vida en la que tuvo problemas con el alcohol. Es, de hecho, una canción de ‘Ceremonials’, su segundo disco, que acabó con el público sobrecogido ante la desnudez de la cantante.

El final del espectáculo lo encaró con ‘Hunger’, otro temazo discotequero que bajó algunos decibelios con ‘Shake it out’, aunque no duró demasiado puesto que la cantante, que no dejó de correr de lado a lado del escenario durante las dos horas (y sin bajar ni media octava) no se arredró con ‘Rabbit Heart (raise it up)’, que cerró la setlist. Para entonces el público podía haber tenido a la cantante - que por otro lado, parecía que no se quería ir del escenario (las sonrisas fueron continuas)-, allí durante toda la madrugada. Porque cuando terminó, todo el mundo sabía que acababa de suceder uno de esos momentos míticos que solo se viven muy de vez en cuando y que, ningún móvil, por mucho que se hayan grabado las canciones, podrá reproducir jamás.

Cuando terminó, todo el mundo sabía que acababa de suceder uno de esos momentos míticos que solo se viven muy de vez en cuando

Mala suerte para Editors que casi tocaron a la vez que Florence and the machine en el tercer escenario. Era otro de los nombres grandes de la jornada junto a Pixies y Kings of Leons. Los primeros, que tocaron hacia las nueve, atrajeron a ese público que vio nacer el indie rock y el pre grunge a principios de los noventa. Los que estrenaron la primera ola de festivales multitudinarios, aunque todavía muy artesanales si se comparan con el Mad Cool actual. Pixies, banda formada en 1986, consiguió el éxito con ese noise rock de canciones como ‘Here comes your man’ y ‘Where is my mind’, que ayer tocaron ante un público fan -había muchas canas ahí ya- que revivió viejos conciertos ante unos músicos pletóricos y bastante entregados.

placeholder El cantante estadounidense del grupo Pixies, Frank Black, este sábado durante el concierto del Festival MadCool en Madrid. (EFE/Kiko Huesca)
El cantante estadounidense del grupo Pixies, Frank Black, este sábado durante el concierto del Festival MadCool en Madrid. (EFE/Kiko Huesca)

La de este sábado era ya la cuarta jornada de un festival que se desparrama por sus márgenes. Lo que hay montado en Valdebebas es, realmente, una ciudad que cada día vive una verbena donde para una parte amplia del público, entre lo más importante -luego ya la música- está el disfrute de la noria, los bailoteos en la carpa de Vibra Mahou -el nombre de la cervecera está por todas partes, cosas del patrocinio- porque donde esté el baile de bar que se quite un concierto de alguien que uno ni conoce, la posibilidad -para el que pueda- de tomarse una copa en la zona vip (450 euros la entrada), esa que una festivalera definió como “un gran crucero que parece que acaba de atracar en el puerto por la noche”, y, finalmente, hacerse muchas, muchas fotos. Después viene la gymkana de las 60.000 personas para salir de allí a la caza de taxis, ubers a precios desorbitados y un metro hasta los topes que acaba en Nuevos Ministerios (en su descarga hay que señalar que, por lo menos, funciona hasta las cuatro de la mañana). Festival 3.0.

Menos mal que ayer todo lo salvó Florence Welch y su misa pagana.

No es habitual que la banda de una cantautora lidere el cartel de un festival, pero en la jornada de ayer del Mad Cool Florence Welch volvió a dejar claro por qué ella y su grupo, Florence and the Machine, son los reyes actuales del rock épico con aires de soul bailable en todo el mundo. Ella solita se metió al público en el bolsillo con un espectáculo impresionante que a ratos fue un ritual pagano, a ratos un encuentro erótico y durante la casi hora y media que duró el concierto, un chute de energía de los que se recordarán durante tiempo. Los miles de personas que acudieron al escenario central acabaron electrizadas al golpe de esta maquinaria británica y la potentísima voz de Welch y su cabellera rojiza.

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