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Hacen falta más libros que vendan menos de 50 ejemplares
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'TRINCHERA CULTURAL'

Hacen falta más libros que vendan menos de 50 ejemplares

Siempre he pensado que sobramos escritores, pero quizá hagan falta más. Ahora que publicar ha perdido prestigio, es momento de aceptar que todos tenemos algo que contar

Foto: Eduardo Valencia en la difunta librería Nicolás Moya de Madrid, especializada en libros médicos. (Reuters/Sergio Pérez)
Eduardo Valencia en la difunta librería Nicolás Moya de Madrid, especializada en libros médicos. (Reuters/Sergio Pérez)

De toda la gente que ha publicado un libro en mi entorno inmediato, creo que el que menos ha vendido ha sido el que más tiempo dedicó. Se trata del trabajo de un erudito para otros eruditos, el producto de años y años de investigación. Es tentador pensar que hay una relación inversamente proporcional entre el esfuerzo que se dedica a un libro y su éxito, como argumentarán algunos con un 'best seller' aparentemente parido en un par de tardes en la mano y ese tocho filosófico que coge polvo en la última estantería de la librería de tu barrio en la otra. Lo que sí hay es una lógica aplastante: cuanto más específico sea tu tema, a menos gente interesará. Pero no hay nada menos interesante que lo que intenta ser interesante para todos.

Como decía, mucho, mucho, no ha vendido. Tampoco creo que fuese su objetivo. Si dicho libro ha llegado a su destino ideal, que quizá sea la biblioteca universitaria en la que dentro de unos años un estudiante lo recogerá de una balda y dirá "¡eureka!", ya es suficiente. Quizá haya cumplido su objetivo de forma más clara que otros tantos cientos de miles de productos con más visibilidad. A veces no se trata de conocer a mucha gente, sino de conocer a la persona indicada.

Quizá cuanto más minoritario sea un libro, más valor tenga para su lector ideal

Estos días ha circulado un informe (un pdf) realizado por Juan Miguel Salvador, de la Librería Diógenes, que aunque en algunos puntos es discutible ha provocado lo que suele ocurrir con esta clase de trabajos: mucha gente ha preferido pasar por alto las ideas más interesantes y centrarse en las que sirven para reforzar los prejuicios que los lectores tenían de antemano. En este caso, el titular que ha circulado por todas partes: que el 86% de libros que se venden (el 30% de libros en stock no lo hacen) despachan menos de cincuenta ejemplares al año.

La respuesta refleja ha sido la esperada, es decir, recordar que se publica mucho, demasiado, que es insostenible. Es posible, pero dentro del dato hay que matizar que entre todos esos libros están el libro que iba para superventas y se quedó en acontecimiento familiar, pero también un librito de poesía de Tomas Tranströmer, una novelita húngara (una buena novelita húngara: 'La puerta' de Magda Szabó), una obra de teatro olvidada de los años cincuenta que alguna editorial ha tenido a bien rescatar para que tú, fiel lector, puedas leerlo si lo deseas, o un manual pensado para aguantar el paso de las décadas.

placeholder Librería en París. (Reuters/Sarah Meyssonnier)
Librería en París. (Reuters/Sarah Meyssonnier)

(Aquí debería introducir un 'disclaimer' como reciente autor de un libro que, haya vendido mucho o poco, creo que sí que ha superado la barrera de los cincuenta ejemplares. O eso, o la gente me engaña).

Es posible que no vendan muchísimo, pero sí que tengan un gran valor si encuentran su destinatario exacto. Quizá cuanto más minoritario sea un libro, más valor tenga para su lector ideal. Lo que no está tan claro es el que tendrán en el futuro todos esos libros que venden tanto, ni siquiera el mío, si no son tan caducos como las noticias de un periódico: las cubetas de segunda mano de las librerías de todo el mundo están llenos de superventas. Por otra parte, me sorprende la visión pseudomeritocrática que late en esas opiniones, la idea no tan velada de que el éxito lo justifica todo. Si no vas a vender mucho, no publiques, hombre.

La impresión que desprenden todas estas opiniones sobre la abundancia de libros actual es que la publicación es un capricho personal, algo que un autor hace porque quiere (y puede), que uno se consiente en un momento en el que cualquiera publica un libro y la autoedición ha abierto las puertas a este 'boom' de "un español, un libro". Eso dice mucho acerca de la percepción que tenemos hoy de los libros, más un antojo diletante del autor que una aportación a la sociedad.

Los motivos por los que uno publica un libro son inconfesables y difícilmente verbalizables

Otro espinoso asunto que propone el informe es el de la "calidad frente a cantidad". Si el problema es la multiplicación de volúmenes que no venden, no estoy muy seguro de que cuanta más calidad tenga un libro, más se venda (es posible, como decía, que sea al revés). Lo que ha cambiado es por qué se escriben y publican libros, cuál es la estrategia editorial y el sentido que tiene todo esto, para quién se venden y por qué. Muchos de esos motivos son inconfesables, difícilmente verbalizables: tendríais que matarme si os contase por qué escribo.

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Lo que sí me importa de verdad es el impacto en el medioambiente, como bien saben los que conocen mi preocupación por los árboles del Amazonas (tengo testigos, en serio). Especialmente, ese momento ritual que es la destrucción de ejemplares que no se han vendido, de los sobrantes de tiradas que ya no hay donde meterlos (a todos los autores nos llega nuestro San Martín pirómano, supongo). Pero no veo tanto problema que las editoriales disparen a todas partes y que si alguien quiere sacarse sus delirios de medianoche a 18,95 lo haga. Como diría un socialdemócrata de hace dos décadas, es la pluralidad, amigos.

Detritos y mitos

¿Conoce la película 'Spiderhead'? Yo tampoco. Netflix la estrenó el pasado 11 de junio. Está protagonizada por Chris Hemsworth y dirigida por Joseph Kosinski, el mismo que uno de los taquillazos (taquillitos) del año, 'Top Gun: Maverick'. Al parecer, su presupuesto ha rondado los cien millones de dólares, que para ser un producto estrenado directamente en plataformas, no está mal. Hoy, apenas un mes después, duerme el sueño de los justos en algún lugar en el 'scroll' de su teléfono móvil. Tengo la sensación de que este subproducto a precio de lujo contamina más que su libro, que si hay algo ineficiente es eso. Las plataformas están llenas de detritus de nulo valor cultural que nadie ve y no nos quejamos, porque no ocupa espacio en las estanterías.

placeholder Chris Hemsworth en 'Spiderhead'. (Netflix)
Chris Hemsworth en 'Spiderhead'. (Netflix)

Hace años escribí un artículo en el que concluía que sobramos escritores en el mundo. Será que me he hecho mayor, pero ahora tengo la sensación completamente opuesta, que quizá hagan falta más. Publicar ya ha perdido todo prestigio, toda jerarquía, está bien que cualquiera pueda contar lo que desee. No me gusta ese término tan feo que es "democratización", pero sí creo en que todo el mundo tiene el derecho a contar sus cosas. Total, todos los famosos pueden, por qué no usted.

Con los años sospecho cada vez más de cierta lógica decrecentista, sobre todo si esta se termina imponiendo como una manera de consolidar los monopolios existentes en los que tan solo pueden hacer determinadas cosas unos pocos privilegiados. No viajes tú, turista, que ya viajo yo; no publiques tú, que ya publicaremos nosotros; en definitiva, la gran pregunta es quién va a empezar a decrecer. Porque al final siempre se corta por la misma parte, por la más débil.

He disfrutado con libros que no habrían pasado ningún control literario ni comercial

Lo que me da más miedo es la cultura monopolística que ha terminado formándose a pesar de esta diversidad de productos, que ha negado la teoría de la larga cola. La de hablar todos de lo mismo, que además, ni siquiera nos gusta demasiado. Prefiero ver cómo todos los vecinos de un pueblo acuden con orgullo a la presentación del libro del profesor que, a sus sesenta años, por fin ha conseguido editar esa novela en la que lleva décadas trabajando y que parece inspirada en ellos sin saber que hoy un libro lo saca cualquiera. ¿Un capricho? Tal vez, pero también una forma de hacer comunidad.

He disfrutado con libros que tal vez no habrían pasado ningún control literario ni comercial, pero que eran sinceros y reveladores, porque todos tenemos algo valioso que contar. Quiero escuchar a la poeta que suspira por un amor perdido de adolescencia, al investigador que, décadas después, ha conseguido poner negro sobre blanco lo que ha aprendido durante años y años entre números sin significado, al anciano que, viendo cerca el fin, reta a su memoria para contar lo que vivió (cuántas historias se han perdido porque nadie las pudo escribir). O, al menos, quiero saber que lo puedo hacer, dormir tranquilo sabiendo que todos formamos parte de nuestra propia biblioteca de Alejandría.

De toda la gente que ha publicado un libro en mi entorno inmediato, creo que el que menos ha vendido ha sido el que más tiempo dedicó. Se trata del trabajo de un erudito para otros eruditos, el producto de años y años de investigación. Es tentador pensar que hay una relación inversamente proporcional entre el esfuerzo que se dedica a un libro y su éxito, como argumentarán algunos con un 'best seller' aparentemente parido en un par de tardes en la mano y ese tocho filosófico que coge polvo en la última estantería de la librería de tu barrio en la otra. Lo que sí hay es una lógica aplastante: cuanto más específico sea tu tema, a menos gente interesará. Pero no hay nada menos interesante que lo que intenta ser interesante para todos.

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