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La última traición de la II República: vender Baleares a Mussolini para vencer a Franco
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La última traición de la II República: vender Baleares a Mussolini para vencer a Franco

En 1937, tras enajenar el oro del Banco de España, el gobierno de Largo Caballero buscó un increíble pacto con los dos dictadores para ganar la guerra, según una nueva investigación

Foto: Franco y Mussolini con el informe superpuesto de Juan Chapiro para L. Araquistáin.
Franco y Mussolini con el informe superpuesto de Juan Chapiro para L. Araquistáin.

"Para llevar a cabo esa política sutil y complicada, había que controlar al gobierno republicano, no fuera a hacer una paz prematura con Franco o una paz separada con sus protectores alemanes e italianos, y de esto último ya hubo algunos intentos. Para muchos republicanos, la única posibilidad de vencer a los facciosos españoles era 'comprar' la retirada de Hitler y Mussolini. La idea no tenía nada de quimérica, como se vio por ciertos sondeos que se hicieron cerca de un embajador italiano y de un alto personaje de las finanzas alemanas que estuvo en París. Todo era cuestión del precio. Sobre las tentativas en ese sentido tengo datos precisos que algún día se conocerán". Así se refería el que hubiera sido embajador de la II República en Francia, Luis Araquistáin en sus memorias escritas en el exilio y consultadas por El Confidencial. ¿Una política sutil y complicada para alcanzar una paz separada con Hitler y Mussolini?

Araquistáin se refiere al periodo de mediados de 1937, justo después de la Batalla de Guadalajara, en la que los italianos fueron ridiculizados, y justo antes de la exitosa campaña de Franco en el norte y el desmoronamiento del Gobierno de Francisco Largo Caballero con los sucesos de mayo en Barcelona entre anarquistas y comunistas.

Hitler: "No estaría nada mal retirar (de España) nuestras tropas y sobre todo las fuerzas aéreas"

Prosigue así: "Que la idea era viable lo vemos ahora plenamente confirmado 'a posteriori' al leer los copiosos documentos del Ministerio alemán de Relaciones Exteriores, capturados y publicados por las potencias vencedoras en la Segunda Guerra Mundial, en los cuales Hitler y Mussolini no ocultaban su reiterado deseo de abandonar su intervención en España cuanto antes. Me limitaré a repetir unas palabras de Hitler, dichas el 6 de abril de 1938, que transcribí en mi artículo del número 23 de 'Cuadernos': 'No estaría nada mal que pudiéramos retirar (de España) nuestras tropas y sobre todo nuestras fuerzas aéreas (...). Ya lo hemos intentado varias veces'" (Luis Araquistáin, 'La intervención y no-intervención en España', Fundación Pablo Iglesias).

La carta de Montseny

Lo que ocurre es que esas operaciones del Gobierno de Largo Caballero para acercarse a los italianos, sobre todo, pero también a los alemanes, fueron pilotadas por el propio Araquistáin desde su embajada en Francia a través de un escurridizo personaje llamado Shapiro y con la aquiescencia del pleno de Consejo de Ministros, tal y como ha descubierto el escritor y periodista Manuela Aguilera.

placeholder 'El oro de Mussolini'. (Arzalia)
'El oro de Mussolini'. (Arzalia)

Una carta de la ministra anarquista de Sanidad, Federica Montseny, al investigador americano Burnott Bolloten, encontrada por Aguilera hace unos años, pone sobre la pista de esta extraña operación denominada 'Schulsmeister', nombre de película, que rescata ahora Aguilera en el reciente ' El oro de Mussolini. Cómo la República planeó vender parte de España al fascismo' (Arzalia). No son los únicos documentos como se comprobará después. La olvidada carta de Monstseny a Bolloten dice así:

"En aquellos días hubo varias iniciativas dirigidas a buscar soluciones diplomáticas al problema español, a cuál más peligrosa y osada, de las que no se hizo estado en acta ni en nota alguna —incluso una tendente a iniciar diálogo con el propio Hitler, cediéndole las Baleares o las Canarias, a cambio del cese de toda ayuda a Franco—. Tenga usted extrema reserva y cuidado al tratar este asunto, pues no quiero citarle ni el autor de la proposición ni el conducto por quién vino y adquirió estado extraoficial en el Gobierno. Aún es demasiado pronto para escribir toda la historia".

placeholder Carta de Federica Montseny a Burnott Bolloten, 1950. (Cedida)
Carta de Federica Montseny a Burnott Bolloten, 1950. (Cedida)

En realidad, Bolloten preguntaba a Montseny sobre la cesión del Marruecos español, lo que se sabía, pero la respuesta con el plan Baleares se traspapeló. Ya han pasado muchos años de eso y se puede escribir la historia, tal y como explica a El Confidencial el propio autor de la investigación, Manuel Aguilera: "El territorio que Largo Caballero ponía encima de la mesa, lo que llevaba bajo el brazo Araquistáin, era el Marruecos español, lo que pasa es que Mussolini le dice que no, que a él no le interesa y que lo que quiere son las Baleares. En ese momento es cuando le dice de enviar 100.000 italianos y dos bases aéreas, aparte de unas ventajas comerciales y unos pagos que tendría que hacer la II República. Esto es en marzo del 37, cuando se ponen las cartas encima de la mesa. Yo quería saber qué pasó después, porque además existían las actas de Araquistáin, en las que le decía a Largo Caballero que la próxima vez que hablaran de esto sería en persona porque no querían dejar nada por escrito. El remate fue la carta de Monteseny a Bolloten".

M. Aguilera: "El territorio que Largo Caballero ponía de inicio encima de la mesa era Marruecos"

Lo que cuenta Aguilera en 'El Oro de Mussolini' tiene su relevancia, porque no es lo mismo una operación secreta de la embajada que una operación que se plantea en un Consejo de Ministros en el que hasta la ministra de Sanidad, Federica Montseny, que además no es socialista como Largo Caballero, sino anarquista de la FAI, está al corriente. ¿No se sabía realmente nada más de esto? ¿Se valoró como algo viable un plan de estas características? Le preguntamos a Manuel Aguilera porque las actas de Araquistain eran conocidas:

"Solo hay dos referencias a este asunto, en Javier Tusell en el 83 y Ángel Viñas en 2007, que consultaron las actas del embajador español —también Fuentes— pero lo ventilas en dos o tres páginas sin darle demasiada importancia. En concreto, Viñas, que calificó las negociaciones como 'grotescas' hace en mi opinión una voladura controlada de esta información para restarle importancia en el conjunto de la historiografía de la Guerra Civil. Según Viñas –Tusell es más aséptico— todo es una cuestión de Araquistáin que estaba como fuera, en otra dimensión, que no entendía muy bien lo que estaba pasando y que era una gestión un poco desubicada. Evidentemente, la carta de Montseny y otros datos dicen lo contrario".

placeholder Informe de José Chapiro a Luis Araquistáin. (Cedida)
Informe de José Chapiro a Luis Araquistáin. (Cedida)

Recapitulemos: Araquistáin en sus memorias no explica que sean gestiones suyas y es muy cauto a la hora de explicarlas, lo que indica que no era una locura de su embajada sino un plan del gobierno. Puede parecer descabellado, pero no lo es. Sin ir más lejos, hace unos meses Migeul Í. Campos publicó 'Armas para la República', como recogió este diario, en el que se explicaba cómo el gobierno había intentado comprar armas a la mismísima Alemania nazi. Sí, la situación de la II República era desesperada, se veían perdedores del conflicto militar y durante el Gobierno de Largo Caballerto exploraron posibilidades 'grotescas' que afortunadamente no llegaron a buen puerto y otras que sí lo hicieron como las cuentas hinchadas de Moscú a cuenta del oro del Banco de España. No es casual, por tanto, que Aguilera haya querido titularlo así, 'El oro de Mussolini'. La pregunta más inmediata es cómo se habría llevado a cabo esta operación y si Franco, aliado de Mussolini y Hitler, tuvo conocimiento de algo.

Canarias para Hitler

"No, los nacionales estuvieron totalmente al margen o al menos yo no he encontrado ningún dato de que el espionaje franquista tuvieron conocimiento de algo así. Respecto a lo segundo, el hombre que se encarga de la gestión con los italianos y alemanes las hizo José Chapiro, por orden de Araquistain". No hay dudas, pues, de que la idea partió del veterano socialista, en ese momento embajador en París, pero con el conocimiento de Largo Caballero.

Básicamente, la tesis de Araquistain era que Mussolini y Hitler no ayudaban a Franco por razones ideológicas, sino económicas y coloniales, así que pensaba que aceptarían recibir un pedazo de suelo español a cambio de interrumpir su apoyo. Araquistáin proponía hacer entonces una oferta mejor. Informó a Largo Caballero de que no había otra salida: "Creo que es la solución única, hay que comprar la no intervención en España", —'El oro de Mussolini'—. Como plan era una traición a España porque no solo se planteó las Baleares para Mussolini, sino las Canarias para Hitler. Si bien Arauistain consideraba inadmisible la cesión de las Baleares, Chapiro hizo otra gestión con los nazis, a través nada menos que del ministro de Finanzas, Hjalmar Schacht.

La tesis era que Mussolini y Hitler no ayudaban a Franco por razones ideológicas, sino económicas

Por si fuera poco, en otro orden, según las memorias de Pablo de Azcárate —embajador en Londres de la II República—, después del fallido plan de Largo Caballero, su sucesor Juan Negrín intentó algo parecido con Francia e Inglaterra en un sentido distinto: si no podían comprar la no Intervención de nazis y fascistas entonces tendría que ser la intervención de franceses e ingleses.

Como se puede comprobar, también resulta que el Marruecos español solo interesaba a Franco, que por no vender ni un pedazo de España, no ya Baleares o Canarias, se aferró a él con uñas y dientes en la famosa entrevista en Hendaya en la que, sin embargo, no consiguió del todo zafarse de la propuesta hitleriana, tal y como sus hagiógrafos han querido vender. Franco firmó el Protocolo de Ayete para ayudar a Alemania en la Segunda Guerra Mundial, pero sin fecha y sin ceder un solo territorio, es más, a cambio de Gibraltar.

Pero la II República estuvo contra las cuerdas y la situación con la Alemania nazi y la Italia fascista ayudando a Franco era ciertamente desventajosa. Anularles habría sido una posible salvación, pero a precio muy alto. ¿Alguna de las partes rechazó entonces el plan que evidentemente no salió adelante? Más bien la defenestración del Gobierno de Largo Caballero a mediados de mayo acabó con cualquiera de las grotescas negociaciones. Cabe la tentación, para cierta escuela historiográfica, de quemar en la pira a Caballero a cambio de los Negrín, Azaña o Prieto, pero Aguilera es rotundo: "En absoluto porque en mi libro también se incluyen las gestiones de los dos últimos para enajenar los puertos de Cartagena y Mahón". Al final solo se perdió el Banco de España.

"Para llevar a cabo esa política sutil y complicada, había que controlar al gobierno republicano, no fuera a hacer una paz prematura con Franco o una paz separada con sus protectores alemanes e italianos, y de esto último ya hubo algunos intentos. Para muchos republicanos, la única posibilidad de vencer a los facciosos españoles era 'comprar' la retirada de Hitler y Mussolini. La idea no tenía nada de quimérica, como se vio por ciertos sondeos que se hicieron cerca de un embajador italiano y de un alto personaje de las finanzas alemanas que estuvo en París. Todo era cuestión del precio. Sobre las tentativas en ese sentido tengo datos precisos que algún día se conocerán". Así se refería el que hubiera sido embajador de la II República en Francia, Luis Araquistáin en sus memorias escritas en el exilio y consultadas por El Confidencial. ¿Una política sutil y complicada para alcanzar una paz separada con Hitler y Mussolini?

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