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'Obra inacabada': la ascensión a la cima de una imaginación disidente
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la obra de teatro del fin de semana

'Obra inacabada': la ascensión a la cima de una imaginación disidente

Los Bárbaros estrenan una obra inspirada en 'El monte análogo', del autor francés Renè Daumal

Foto: 'Obra inacabada'.
'Obra inacabada'.

Ocupa las coordenadas de un escenario, pero es un espacio que no existe. Es un espacio desnudo, en penumbra, en el que entra un hombre vestido con un chaquetón azul marino, camiseta de rayas y botas. Del cuello le cuelgan unas gafas de bucear. En su mano porta una de esas lámparas de techo que hace tiempo que pasaron de moda. La deposita en el suelo y se marcha. El hombre seguirá yéndose para volver después con lamparillas de noche, lámparas de pie, lámparas con tulipa y sin ella, lámparas con las bombillas desnudas, lámparas que irán iluminando ese espacio que hace unos minutos no existía y ahora quizá sí. El hombre desaparece y le escuchamos cantar versos de liturgia: “Tras las cimas más altas/ todas las noches/ mi corazón te sueña/ no te conoce/ ¿En qué manos, dime/ duerme la noche/ la música en la brisa/ mi amor en dónde?”.

Es la voz del actor Jesús Barranco y su cuerpo contiene y construye toda la historia de ‘Obra inacabada’, de la compañía Los Bárbaros, una obra que se inspira en la historia de un tipo que montó una expedición para ascender una montaña que no existía en ningún mapa. De ahí esas lámparas en el suelo, como si el escenario se hubiera convertido en el campamento base del que partirá ese viaje.

Su propósito es buscar una montaña inaccesible y misteriosa que no existe en ningún mapa

Ese tipo se llama Pierre Sogol y un día reúne en su casa a un grupo variopinto de personas con el propósito de preparar un viaje en barco para buscar una montaña inaccesible, una montaña misteriosa que no existe en ningún mapa, una montaña capaz de curvar el espacio que la rodea y generar un mundo paralelo. La historia de esa expedición a un lugar que solo existe en la cabeza de Sogol se llama ‘ El monte análogo’ y está considerada la gran novela del francés Renè Daumal, que incorporó al libro el subtítulo de “Aventuras alpinas no euclidianas y simbólicamente auténticas”. Daumal, un autor de biografía surrealista, metafísica y narcótica, murió de tuberculosis en 1944, con 36 años, y dejó la novela inacabada. Tanto, que la historia termina suspendida en una última frase: “en el asentamiento de los terrenos inestables”. Después, ni una coma, ni un punto, solo esas palabras colgadas en una página que seguramente aspiraba a no ser la última.

Una rata y una montaña de albaricoques

¿Qué hace una rata con una metralleta? Ratatatatatá. Ese chiste que pelea por hacer gracia, pero no lo consigue, se lo cuenta a sí mismo el hombre que pobló de lámparas el escenario y que ahora, vestido con un pijama blanco de cuerpo entero, le cuenta a su interlocutor, el espectador, que está harto del trabajo, harto de levantarse cada mañana y acostarse cada noche, harto de la distancia que separa su vida de sus pensamientos, harto de la devastación del planeta y harto de los derechos individuales que no tienen en cuenta el colectivo. Está harto de sentirse solo y le dice al público que en su deseo ha nacido un impulso nuevo: “Apagar el mundo para hacer un mundo nuevo”.

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'Obra inacabada'.

Jesús Barranco construye un personaje que no sabemos si habla desde el pasado o el presente, y que va creciendo a partir de las palabras de un monólogo en el que nos cuenta, en una especie de registro cotidiano con aires poéticos y surrealistas, que tirará piedras contra las farolas para poder ver las estrellas, que se meterá en una sala de cine desierta para ver una peli en la que una pareja se mira por primera vez a los ojos mientras se quema su hogar, que se cruzará con varias ratas de camino a casa y que se encerrará en ella, durante días, y cuando abra la puerta se encontrará con un cesto de albaricoques sobre el felpudo, con una nota que dirá: “para las visitas, que llegarán pronto”. Comerá albaricoques durante días y tirará los huesos por la ventana hasta que en la calle se forme una montaña. Después recordará que Simone Weill (amiga, por cierto, de Renè Daumal) dijo que "Dios creó el mundo como un acto de ficción" y se dirá que “las palabras no sirven para nada. ¿O sí?”. Y esa pregunta cortísima contiene el motor de esta ‘Obra inacabada’ de Los Bárbaros.

"Está muy bien imaginar, pero la imaginación sin cuerpo es fantasía"

Javier Hernando, miembro y fundador de la compañía junto a Miguel Rojo, explica a este diario que ‘Obra inacabada’ está recorrida por varias ideas: “Una de ellas es que, si pensamos la práctica escénica como dispositivos de pensamiento con un carácter emancipador, lo que tienes que hacer es dejar sentidos abiertos para que el público los complete. Dos: ahora, con todo esto de la aceleración y el no hay futuro, se pone en valor la imaginación, que es algo de lo que también hablamos en nuestra obra anterior, ‘Las explicaciones’, pero hay un paso más que dar porque está muy bien imaginar, pero la imaginación sin cuerpo es fantasía”.

Esto va de hacerlo juntos

Los Bárbaros ponen en pie una obra que se pregunta por esos futuros a materializar después de ser imaginados y lo hacen a través de un viaje de la soledad a la compañía, de ese yo que está harto de estar solo a un nosotros que tiene la forma de “todas esas flores que sostienen los terrenos inestables”. Y le dicen al espectador que lo importante no es lo que sucede en el escenario, que en el fondo no son más que palabras, sino lo que sucederá en ellos una vez termine la obra, cuando quizá se den cuenta de que “uno no puede subir una montaña solo: si quieres subir y hacer algo con eso, tenemos que volver a estar juntos”.

‘Obra inacabada’ tiene algo de poema-ensayo-de-humor-extraño que va hilvanando un relato

‘Obra inacabada’ tiene algo de poema-ensayo-de-humor-extraño que va hilvanando un relato en el que lo mismo aparecen versos de ‘Palabras para Julia’ de Goytisolo que una frase de Tolstói o la imagen de un caballo lorquiano que atraviesa un bosque, una obra que, “frente a la imaginación hegemónica, propone imaginaciones disidentes”, dice Miguel Rojo. La obra es la primera parte de una trilogía que verá su segunda pieza el próximo año en el Centro Dramático Nacional con el título de ‘Obra infinita’, en la que Los Bárbaros trabajarán “con la tradición oral y el folclore, a partir de esas comunidades que se crean alrededor de la escucha de los cuentos, que tiene que ver con la memoria y con pensar el presente”. Hernando y Rojo explican que esa segunda pieza partirá de ese descubrimiento acerca de la necesidad de estar juntos con la que concluye ‘Obra inacabada’, para decirnos “vale, ya estamos juntos, ahora contémonos cuentos, compartamos imaginaciones y veamos qué hacemos”.

Los Bárbaros llevan cerca de una década construyendo una poética propia, inteligente, que indaga en lo cotidiano para subvertirlo, sin mucho ruido, con poco apoyo de la prensa y, hasta la fecha, con un respaldo raquítico por parte del teatro público. Por raquítico entendemos esas coproducciones que apenas lo son en la práctica y que limitan la exhibición a dos funciones o esa miopía y falta de interés de programadores fuera de Madrid. ¿Estáis contentos ahora mismo?, preguntamos. “No, estamos en la mierda”, dice Miguel Rojo. “No ha sido un año excesivamente feliz”, añade Hernando, “tenemos la suerte de que nos queremos, nos apoyamos y hemos aprendido a sostenernos, y toda esa dureza, si esto nos pilla en la primera pieza, hubiera sido el fin del viaje, pero después de 10 años hemos aprendido a apoyarnos en otros lugares”.

*‘Obra inacabada’. Idea: Javier Hernando y Miguel Rojo. Creación: Rocío Bello, Javier Hernando, El primo de Saint Tropez (Jesús Barranco), Miguel Rojo y Miguel Ruz. En el Teatro de La Abadía, 2 y 3 de julio.

Ocupa las coordenadas de un escenario, pero es un espacio que no existe. Es un espacio desnudo, en penumbra, en el que entra un hombre vestido con un chaquetón azul marino, camiseta de rayas y botas. Del cuello le cuelgan unas gafas de bucear. En su mano porta una de esas lámparas de techo que hace tiempo que pasaron de moda. La deposita en el suelo y se marcha. El hombre seguirá yéndose para volver después con lamparillas de noche, lámparas de pie, lámparas con tulipa y sin ella, lámparas con las bombillas desnudas, lámparas que irán iluminando ese espacio que hace unos minutos no existía y ahora quizá sí. El hombre desaparece y le escuchamos cantar versos de liturgia: “Tras las cimas más altas/ todas las noches/ mi corazón te sueña/ no te conoce/ ¿En qué manos, dime/ duerme la noche/ la música en la brisa/ mi amor en dónde?”.

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