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Ola de calor en Madrid: si quieren fresco, que beban chorro
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'TRINCHERA CULTURAL'

Ola de calor en Madrid: si quieren fresco, que beban chorro

A la altura de la Junta Municipal de Arganzuela ya se ve gente en bañador y con chancletas. Familias con el pack completo: carritos, neveras y bolsas con toallas

Foto: Foto: EFE/Guillaume Horcajuelo.
Foto: EFE/Guillaume Horcajuelo.
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A mediados de junio España arde y con ella la capital. Un artículo en el diario 'El País' revela que hay una piscina pública por cada 157.000 madrileños y los problemas que hay para acceder a una entrada. El Ayuntamiento decidió cerrar el miércoles nueve parques públicos por temor a los daños provocados por las ramas secas de los árboles. Es una ciudad con diferencias de hasta diez grados de temperatura dependiendo del barrio en el que uno viva. Si el piso está mejor o peor aislado, si está cerca de alguna zona verde… Y hay un Madrid pobre, ese que el vicepresidente de la Comunidad no ve, que se refresca donde puede y que antes era carne de coches y de M-30. Son siete minutos andando desde la estación de metro de Marqués de Vadillo, por si le interesa acercarse al señor Osorio.

A la altura de la Junta Municipal de Arganzuela ya se ve gente en bañador y con chancletas. Familias con el pack completo: carritos, neveras y bolsas con toallas. Una niña de unos cuatro años se cae al suelo, pero la madre enseguida contiene el llanto: "No se queje, que así crece más". A la altura del río Manzanares, un señor con notable parecido a Nacho Palau, expareja de Miguel Bosé, medita en la poca sombra que cae en Madrid a las cinco de la tarde. Pero la playa de Madrid tendrá que esperar. Hace casi cuarenta grados y el cuerpo pide aire acondicionado y canonizar de una vez al ser humano que lo inventó.

Foto: Apertura de las piscinas municipales de Madrid. Foto: EFE/Emilio Naranjo

El centro comercial Madrid Río 2 está bastante vacío a esas horas. Apenas unos cuantos clientes en tiendas de videojuegos, de ropa de deporte y niñas con uniforme tocando todo lo que pillan a su paso en Tiger. También hay padres paseando niños a 26 grados de temperatura mientras la madre se hace la manicura y carteles de 'bikini multiposición' en tiendas de ropa de baño. Pero una hace tiempo que se entregó al bañador por dignidad con el público, así que observa curiosa una frase solemne que dice: "La moda es pasajera, el estilo es eterno. Yves Saint Laurent". Estas cosas aspiracionales dan siempre cosilla, como que haya una tienda de Armani (Exchange, un poco más modesta) en un centro comercial de Usera. Jamás han visto estos ojos a alguien comprando en ella.

El centro comercial tiene poca gente, decíamos, pero hay puntos calientes donde se concentra el personal. En las zonas de descanso con sillones y plantas se agolpa alguna embarazada con cara de felicidad, padres dando la merienda a niños en su carrito, madres adolescentes con pestañas postizas tamaño XXL, niños no tan pequeños subidos en un BMW teledirigido.

Entre las tiendas de Massimo Dutti y El Ganso hay un veinteañero con ordenador con cara de concentración. Carga la batería en unos enchufes del centro comercial. Pienso que cualquier sitio es bueno para teletrabajar con tal de no sudar por cada uno de los poros de tu cuerpo. Pero me acerco con disimulo y lo que está haciendo con tanto esmero es jugar a un videojuego. Haría lo mismo con tal de estar a 26 grados.

El centro comercial tiene poca gente, pero hay puntos calientes donde se concentra el personal

En una de las esquinas hay una cosa denominada 'espacio selfie'. Allí hay varias adolescentes también con pestañas importantes a las que les importa un bledo lo que dijo Yves Saint Laurent porque lo que les priva es hacerse unas fotos en medio de unas alas enormes con la sugerente frase que dice "De Madrid al cielo". También hay un zapato de tacón rojo enorme en el que puedes posarte a caballito que hace las delicias de una de las adolescentes. "Qué papo tenéis", dice una de ellas.

A la salida, otro grupo de menores de edad con bolsas de Pull&Bear y vaso de medio litro de Starbucks conversan sobre Denia. "Es que nada más llegar allí noto los brazos pegajosos", afirma una. "Ya, tía, pero es que nada más bajarte del autobús huele a mar", responde otra. Y no me extraña que lo valore, porque el río Manzanares huele regular. Será el calor, o que está sucio como el resto de la ciudad.

En lo que Google Maps denomina Playa de Madrid nos recibe un joven muy mazado con bañador turbo y otro con un cuerpo más parecido al mío con un tatuaje de Jesucristo con corona de espinas. Es un lugar agradable y es la única opción para muchos. Porque a esas horas ya debe haber unos 200.000 ciudadanos subiendo y bajando las escaleras de El Corte Inglés y sentados en los bancos de las iglesias, que es donde nos recomienda ir el diputado regional de Vox, Íñigo Henríquez de Luna. A media tarde, unos cuantos centenares se agolpan en esta playa que consiste en chorros verticales de agua y un poquito de césped aparentón.

Foto: El parque del Retiro, en Madrid. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Fenotipos caucásicos hay pocos. Madrileños de Ecuador y de donde les dé la gana se agolpan en este tramo de la ciudad cuando el calor aprieta porque si uno vive en un piso mal aislado y sin aire acondicionado, si uno tiene niños pequeños y está mal pagado, sirve de poco tener un Armani en Usera.

A las seis de la tarde, con un aire caliente que pesa, la foto haría las delicias de los preocupados por el invierno demográfico. Hay decenas de niños de todas las edades, en bañador, bikini o en bragas que saltan enardecidos por el agua que les refresca y les hace olvidar la ola de calor en junio. Hay neveras llenas de bebida y helados. Muchachas esplendorosas que cantan las delicias de un "curasán de chocolate". Señores que venden bebida guardada en bolsas térmicas. Muchas fotos y poco postureo.

Auténticos profesionales con altavoces de un metro de altura con música de reguetón. Se me van las piernas, pero estoy en horario de servicio. Unos metros más allá, en el segundo de los tres chorros, una pareja muy joven aprovecha un trocito de sombra para montar su escenario. Un parque infantil con su bebé de meses dentro. Un carro de la compra y fuera de él otro altavoz, esta vez de medio metro. Llevan vasos de mini con tinto de verano. Sudan y se ríen. Esta vez suena bachata y también se me van los pies.

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Un poco más tarde, veinteañeros desfilan por el Paseo de Yeserías procedentes del Paseo de Santa María de la Cabeza. Llevan bolsas de supermercado cargadas de bebida y actitud de botellón. Pasean en bañador sobre un asfalto que abrasa. "Madrid es una ciudad pensada para trabajar y para comprar. Todo son alternativas de pago y a veces ni pagándolo puedes. La gente se refugia donde puede, porque no todo el mundo se puede pagar la piscina. Ahora hay una ola de calor, pero sabemos que esto irá a más", explica Enma López, concejal socialista del distrito de Arganzuela.

De las 2022 fuentes que hay en Madrid, hay unas 200 fuera de servicio. Algunas, sobre todo en Villaverde y Vicálvaro, por "vandalismo reiterado". Hace calor, sí, pero no parece importar que haya pocos sitios para disfrutar del espacio público. Que las plazas que se rehabilitan sean un homenaje al hormigón. Que haya, repetimos, una piscina pública por cada 157.000 madrileños. Es la política a lo María Antonieta. Si quieren fresco, que beban chorro.

A mediados de junio España arde y con ella la capital. Un artículo en el diario 'El País' revela que hay una piscina pública por cada 157.000 madrileños y los problemas que hay para acceder a una entrada. El Ayuntamiento decidió cerrar el miércoles nueve parques públicos por temor a los daños provocados por las ramas secas de los árboles. Es una ciudad con diferencias de hasta diez grados de temperatura dependiendo del barrio en el que uno viva. Si el piso está mejor o peor aislado, si está cerca de alguna zona verde… Y hay un Madrid pobre, ese que el vicepresidente de la Comunidad no ve, que se refresca donde puede y que antes era carne de coches y de M-30. Son siete minutos andando desde la estación de metro de Marqués de Vadillo, por si le interesa acercarse al señor Osorio.

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