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Una 'máquina Enigma' que guarda un secreto de cinco siglos: las tres coronas de Enrique III
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Una 'máquina Enigma' que guarda un secreto de cinco siglos: las tres coronas de Enrique III

El profesor y erudito italiano Nuccio Ordine acomete en su último libro una fascinante investigación para sacar a la luz uno de los grandes misterios del Renacimiento

Foto: Detalle de portada de 'Tres coronas para un rey' (Acantilado)
Detalle de portada de 'Tres coronas para un rey' (Acantilado)

En la segunda mitad del siglo XVI, cuando Europa ardía en la hoguera de las guerras de religión prendida por la reforma protestante y avivada por la contrarreforma trentina, una nueva moda de orígenes inciertos sedujo a las belicosas casas reales del continente vinculadas por un delicado equilibro de poder. Las llamadas 'empresas' y 'emblemas' emergen entonces como una de las más misteriosas y sugestivas creaciones del Renacimiento. Se trata de composiciones que fusionan un lema y una figura o imagen en una sola unidad con un objetivo plural en el que conviven intereses artísticos, religiosos y diplomáticos. Reunidas tempranamente en colecciones impresas que alcanzaron una importante difusión, condensaron las esperanzas y miedos de un periodo convulso y atrajeron un interés inusitado por parte de algunas de las principales figuras intelectuales de la época. Y no hay duda de que la más misteriosa y sugestiva de todas ellas, cuyo enigma tal vez sólo recientemente acaba de resolverse, es la empresa del rey Enrique III de Francia.

Dos coronas en la base, una tercera corona encima, entre nubes y estrellas, y un lema: "Manet ultima coelo' ('La última espera en el cielo'). Tal es la misteriosa empresa de Enrique III fechada en 1577 que se afana en descodificar el erudito italiano Nuccio Ordine en su último libro: 'Tres coronas para un rey: la empresa de Enrique III y sus misterios' (Acantilado). Explica Marc Fumaroli en el prólogo que el trabajo de desciframiento de Ordine sería algo así como "el equivalente arcaico de los códigos secretos de la máquina Enigma del Estado mayor nazi en los que Alan Turing logró penetrar.

placeholder 'Tres coronas para un rey', de Nuccio Ordine (Acantilado)
'Tres coronas para un rey', de Nuccio Ordine (Acantilado)

¿Qué tiene 'Tres coronas para un rey' para que el lector que se atreva a saltar la apariencia académica y un tanto opaca del libro, se vea inmerso en una intriga histórica apasionante? Estamos ante un rompecabezas simbólico que nos desvela "los abigarrados universos de la poesía, de las imágenes, de la numismática, de la heráldica, de los ballets, de las entradas solemnes de reyes y reinas, de las fiestas de corte, de las correspondencias diplomáticas, de las dedicatorias, de los retratos, de las encuadernaciones, de las marcas tipográficas, de las empresas y de los emblemas". Y con un protagonista real memorable: el astrónomo, poeta y hereje Giordano Bruno que acabaría quemado en Roma en el año 1600.

El 'Balet comique de la Royne'

Fue la más espectacular de las fiestas que se recuerdan. El 15 de octubre de 1581 en la gran sala del Petir Bourbon, en el París de los Valois, la corte asistió a la boda entre el duque Anne de Joyeuse y Margarita de Vadudémont, hermana de la reina de Francia, Luisa de Lorena. Para tan extraordinaria ocasión, Enrique III ofreció cinco horas y media de derroche y exhibición a cargo del célebre 'Balet comique de la Royne'. Una velada inolvidable de música, poesía, danzas, extraordinarias coreografías y, atención, una sección final en la que se presentaron dieciocho 'empresas'.

placeholder Uno de los emblemas exhibidos en el
Uno de los emblemas exhibidos en el

Nuccio Ordine cree que a la magna celebración pudo asistir precisamente el Giordano Bruno, figura principal en la interpretación de la empresa de Enrique III que acababa de llegar a París y rápidamente se convirtió en uno de los favoritos del monarca debido al interés compartido de ambos por el arte de la memoria en el que el sabio de Nola era una de los principales eminencias europeas. Poco después Bruno publicaría un diálogo en latín y una comedia en la que las tres coronas del rey y el brumoso lema "Manet ultima coelo".

A partir de aquí resulta tan complicado resumir los devaneos de un misterio caleidoscópico cada vez más complejo que es mejor invitar al lector a continuar por sí solo. ¿Qué quería decir aquel rey que acabaría su vida asesinado por un dominico que la última corona esperaba en el cielo? ¿Simbolizaba tal vez la posición vicaria de las dos coronas terrestres encarnadas en Francia y Polonia a la "corona celeste", el advenimiento quizás de una tercera corona 'terrenal', el designio cifrado de la voluntad de equiparar la triple corona del rey consagrado en Reims a la altura de la tiara papal y rechazar así cualquier injerencia pontificia en el reino de las flores de lis? ¿O algo completamente diferente? Hay que perderse en estas páginas que no aseguran una resolución feliz pero sí una aventura imborrable.

En la segunda mitad del siglo XVI, cuando Europa ardía en la hoguera de las guerras de religión prendida por la reforma protestante y avivada por la contrarreforma trentina, una nueva moda de orígenes inciertos sedujo a las belicosas casas reales del continente vinculadas por un delicado equilibro de poder. Las llamadas 'empresas' y 'emblemas' emergen entonces como una de las más misteriosas y sugestivas creaciones del Renacimiento. Se trata de composiciones que fusionan un lema y una figura o imagen en una sola unidad con un objetivo plural en el que conviven intereses artísticos, religiosos y diplomáticos. Reunidas tempranamente en colecciones impresas que alcanzaron una importante difusión, condensaron las esperanzas y miedos de un periodo convulso y atrajeron un interés inusitado por parte de algunas de las principales figuras intelectuales de la época. Y no hay duda de que la más misteriosa y sugestiva de todas ellas, cuyo enigma tal vez sólo recientemente acaba de resolverse, es la empresa del rey Enrique III de Francia.