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'Val': el descenso a los infiernos de Val Kilmer
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El documental del fin de semana

'Val': el descenso a los infiernos de Val Kilmer

Se estrena el documental sobre la vida del actor al mismo tiempo que 'Top Gun: Maverick', la secuela del primer gran éxito de Tom Cruise como protagonista

Foto: 'Val'. (Filmin)
'Val'. (Filmin)

Fracasar no es tan fácil como creemos. Hay fracasos de más entidad que otros y frustraciones menores y fácilmente olvidables. Fracasar de verdad tiene que ver con algo más, una némesis. Si para fracasar es imprescindible que otro triunfe, para fracasar de verdad hace falta que alguien consiga exactamente todo lo que tú querías. Es lo que le ha pasado a Val Kilmer con Tom Cruise. La carrera de Tom Cruise es para Val Kilmer un recordatorio constante, película a película, año a año, premio a premio, de lo que su carrera como actor no ha sido. Eso es fracasar. Vivir en el éxito de otro.

'Val' (Filmin, Prime y en cines), el documental que acaban de estrenar con la vida en vídeo de Kilmer, puede tener mucho interés para los que nos encariñamos con este actor desde la estúpida 'Top Secret' (1984). Val Kilmer articuló la infancia y adolescencia televisiva de toda una generación con un surtido de películas populares que nos llevaron de la tontería a la épica, de la acción masculina al mito musical (o sea, de 'Top Secret' a 'Willow', de 'Tombstone' a 'The Doors'), para acabar en el drama de la edad adulta. O sea, en 'Heat' (Michael Mann, 1995). Pero, visto 'Val', lo que encontramos no es nostalgia de consumo urgente, sino el retrato casi shakespeariano de una vida destruida por las propias expectativas. Quizá la única película que le gustó hacer a Val Kilmer fue 'Heat', de hecho.

Tráiler de 'Val'

La cosa se presenta con el estrambótico atractivo de descubrir que el actor llevaba décadas grabándose a sí mismo, y que cuenta con miles de horas en vídeo de toda su vida, incluidas las bambalinas de algunos rodajes. Esto, la verdad, da para un párrafo apenas. Mientras rodaba películas, Kilmer se rodaba a sí mismo, componiendo una filmografía paralela y subversiva, un negativo de sus actuaciones profesionales, del que tienta decir que, como legado, quizá llegue a tener más valor que su filmografía oficial. La idea de que un actor, que ya puede verse hasta la saciedad en todas las películas que hizo, sume fotogramas a los fotogramas y escenas a las escenas de manera compulsiva, da para un argumento muy original de una película o una novela. Pero, al cabo, en el documental comprendemos pronto que esto no tiene el menor interés.

Lo que hace de 'Val' una gran película es, por supuesto, el fracaso de Kilmer

El motivo es que los miles de horas de Kilmer con la cámara de vídeo en la mano enfocando un espejo o a unos compañeros de rodaje se han visto reducidas a una hora y media de documental, del que las partes mejores no son de hecho las que grabó Kilmer hace años. Si nada nos hubieran dicho de todo ese material, 'Val' sería naturalmente un documental más que utiliza grabaciones domésticas para ir apoyando aquí y allá el relato en 'off' sobre la vida de alguien.

Lo que hace de 'Val' una gran película es, por supuesto, el fracaso de Kilmer. Es además el fracaso de un hombre guapo, tocado por la vocación más rabiosa, y de familia pudiente. O sea, lo tenía todo a favor. ¿Qué salió mal? Salió mal que Tom Cruise solo puede ser uno.

“Más tabaco, más mujeres… y menos Tom Cruise”, grita un joven Kilmer en una de sus autograbaciones.

El peor Batman de la historia

Val Kilmer, según nos dice él mismo, fue una de las primeras personas en el mundo en disponer de videocámara. Su padre era terrateniente y agente inmobiliario. Salen planos paisajísticos donde todo lo que se ve hasta el horizonte es de la familia Kilmer. Su padre, por supuesto, era un mafioso; quiere decirse que defraudaba a Hacienda y engañaba y hacía lo habitual para volverse rico. Kilmer heredó de él la pasión propietaria, pues también contaba con terrenos ingentes en Nuevo México. Los vendió para producir su película soñada: un 'biopic' de Mark Twain, cuyo guion tardó en escribir 10 años y al que iba a interpretar él mismo. Nunca hizo esta película.

El documental se organiza siguiendo la filmografía de Kilmer. El actor solía enviar pruebas de actuación a sus directores favoritos (Kubrick, Scorsese…), por ver si le seleccionaban para algún papel, cosa que casi nunca sucedía. Mientras, su carrera iba degradándose, apartándose de la película simpática y aún digna, para acabar haciendo el peor Batman de la historia. Sorprende ver a Val Kilmer payaseando tanto en sus vídeos, como un Jim Carrey que no se ha enterado de que los Jim Carrey nunca serán Robert DeNiro. Quizás el gran error de Kilmer fue pensar que ser actor es ser un payaso, un excéntrico, el alma de la fiesta, el que pone caras y gasta bromas. Al fondo hay un tipo serio y aburrido (un Jack Lemmon, en suma), y ese resulta ser el gran actor.

Val Kilmer superó un cáncer de garganta que le dejó con la voz muy debilitada

Kilmer superó un cáncer de garganta que le dejó con la voz muy debilitada. Es su hijo que el que hace, estupendamente además, la locución en primera persona de 'Val'. Retirado forzosamente de la actuación, Val Kilmer hace collages, pinta, y cumple con sus fans por todo Estados Unidos. Ahí llega el clímax de la derrota. Estamos en San Diego, en el Comic-con, y Val Kilmer firma fotos y merchandising a lo que parecen cientos de fans en colas interminables. De pronto, se nota cansado, pide parar. Cierran la sala y Kilmer se sienta en un sofá. Hace gestos para que le traigan un cubo alto de basura. Lo coge y vomita dentro. Todo esto lo graban los directores sin mover la cámara, desde lejos y desenfocado. Es una cosa escalofriante.

Val Kilmer, en fin, se arrastra, como las orquestas de pueblo o los ganadores de un 'talent show' de hace diez años, por las provincias del éxito, por la comarca indefinida de los que siendo famosos no pueden serlo ya por algo más, y es el pasado lo que defienden cada día de su vida, obligados al suplicio de no reconocerse en su propia fama, que cada vez parece más la fama de otro. Kilmer mismo afirma que sabe que muchos darían lo que fuera por tener lo que él tuvo, y tiene, la cercanía del cielo, la condición de estrella de Hollywood. Pero aun así, reconoce, quería más. Quería que, cuando se toca la gloria con la punta de los dedos, ese cielo, te puedas quedar allí hasta la muerte.

Fracasar no es tan fácil como creemos. Hay fracasos de más entidad que otros y frustraciones menores y fácilmente olvidables. Fracasar de verdad tiene que ver con algo más, una némesis. Si para fracasar es imprescindible que otro triunfe, para fracasar de verdad hace falta que alguien consiga exactamente todo lo que tú querías. Es lo que le ha pasado a Val Kilmer con Tom Cruise. La carrera de Tom Cruise es para Val Kilmer un recordatorio constante, película a película, año a año, premio a premio, de lo que su carrera como actor no ha sido. Eso es fracasar. Vivir en el éxito de otro.

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