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Si quiere pagarte en abrazos, sal corriendo (o la milonga del salario emocional)
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'TRINCHERA CULTURAL'

Si quiere pagarte en abrazos, sal corriendo (o la milonga del salario emocional)

Ese ejército de personas que hablan con anglicismos sigue empeñado en hacernos creer que el trabajo puede ser el paraíso en la tierra

Foto: Foto: EFE/Mario Ruiz.
Foto: EFE/Mario Ruiz.

"Cuando no es posible aumentar el sueldo de tus colaboradores, hay otras formas de poder compensarlo: a través del salario emocional. ¡Descúbrelo en esta infografía!". Mi primera reacción, simplona y supuestamente graciosa, fue decir: "A mí lo que me emociona es que me paguen más".

Esto podría haberse quedado en una cosita de Twitter sin importancia que queda entre el escritor Jorge Dioni, que fue quien compartió esa frase, y mi respuesta en busca de un 'me gusta'. Pero me dio por hurgar en esa ilustración, en el que tres señores dibujados con expresión jubilosa descubrían la felicidad gracias al reconocimiento en el trabajo y a "oportunidades de esparcimiento y recreación", entre otros asuntos. Como no te puedo subir el sueldo, te pago en abrazos y futbolines. ¿Se puede ser más perverso?

El lenguaje empresarial está plagado de términos tan maléficos como sutiles. En un país plagado de negocios pequeños y autónomos que no están pendientes de los ODS ni la Agenda 2030, por más que nos empeñemos en llamarlos hombres hechos a sí mismos y/o emprendedores, hay un ejército de egresados en cosas del 'business' empeñados en meternos con calzador palabras perniciosas.

Ya no eres obrero, por supuesto, qué cosa tan anticuada y qué mal huelen las fábricas. Ni siquiera eres trabajador, ahora eres mi colaborador. Y, como entiendes mucho mejor que yo por lo que pasa esta empresa, he decidido pensar en tu felicidad y por eso te pago en emociones.

Le pregunté a una amiga periodista que lleva décadas escribiendo en páginas salmón. "El salario emocional son los paños calientes y la excusa que ponen ahora para no subirte en sueldo. Sal corriendo cuando escuches la palabra 'bienestar", me dijo. En Aluche no se andan con paños calientes, pero en Getafe no salimos corriendo así por así. Seguí investigando.

"El salario emocional es la excusa que ponen ahora para no subirte en sueldo"

Al parecer, ese ejército de personas que hablan con anglicismos sigue empeñado en hacernos creer que el lugar de trabajo puede ser el paraíso en la tierra. Tan solo tienes que proponértelo. Por eso te dicen que el salario emocional incluye ingredientes maravillosos, como el horario flexible, días libres, actividades de voluntariado, espacios de distracción. Y reconocimiento, mucho reconocimiento.

Todo suena bien, como si al entrar a trabajar ahí te hubiera tocado la lotería de la vida. Como si fuera de ahí no existieran los derechos laborales. No solo nos mienten, sino que nos toman por tontos. ¿O acaso han preguntado a sus colaboradores qué esperan de la empresa?

"Parece que el bienestar y las medidas de conciliación laboral que promueven las empresas no son suficientes para atraer y fidelizar a los mejores. El 'cuánto ganaré' o 'cuánto gano' se afianza como el factor que más valoran los profesionales a la hora de aceptar un empleo o de permanecer en una compañía. El Informe Employer Branding de Randstad confirma que el 68% de los candidatos valora la retribución, por encima de la conciliación (65%), la atmósfera de trabajo (62%), la seguridad en el puesto (60%) —entendida como la permanencia en el mismo a largo plazo— y la formación (54%)", publicaba el diario 'Expansión' esta semana.

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Porque hay una única verdad, aplastante e incuestionable. Trabajamos por dinero, y un "qué bien lo has hecho" o "estamos muy contentos con tu desempeño" no va a ayudarte a pagar el kilovatio o los filetes de lomo. "Un trabajo que no parece un trabajo con un sueldo que no parece un sueldo", como resume Pantomima Full en su vídeo dedicado a las 'startups'.

"Todos estos subcontratan por una pasta a una empresa para que les diseñe este asunto, y así ya tienen a quién echarle la culpa cuando no tienen resultados. Pero es que no quieren enterarse. Si tú ganas 4.000 euros y la empresa te dice que en los descansos hay una sala de yoga para que hagas asanas y comas fruta orgánica, pues muy bien. Pero al que cobra mil y pico tú me dirás para qué le sirven esas mierdas, cuando lo que quiere es irse de cervezas al salir y poder pagarlas", me dijo mi amiga. La jerga del barrio, tan lejos del 'coworking', tan cerca del suelo.

Porque, por haber, hay hasta cursos en los que a uno le certifican como embajador del salario emocional. Definido como "aquel profesional que tiene a otras personas a su cargo y replica eficientemente e incluso mejora el impacto de los programas de salario emocional que la empresa implementa, generando equipos altamente comprometidos". Eficiencia y compromiso. Falta la palabra 'productividad' y ya estaría completo uno de mis ejes del mal.

Un "qué bien lo has hecho" o "estamos muy contentos con tu desempeño" no va a ayudarte a pagar el kilovatio o los filetes de lomo

"El pago económico atrae talento, pero el pago emocional permite que el talento brille", leí a continuación. Me empezó a temblar el cuerpo entero. "La libertad que uno siente de poder gestionar sus propios proyectos", escuché. Por no hablar de la alegría que a una le supone "el hecho de pertenecer a un grupo que te valora y te reconoce". Algo parecido me prometía también un folleto que me dieron de publicidad de una iglesia evangélica.

Y, cuando creía haberlo visto casi todo, descubrí que hay uno de esos embajadores en España cuya sonrisa está repleta de fundas dentales blanquísimas que se define a sí mismo como un "apasionado del aprendizaje". Fue entonces cuando salí corriendo.

"Cuando no es posible aumentar el sueldo de tus colaboradores, hay otras formas de poder compensarlo: a través del salario emocional. ¡Descúbrelo en esta infografía!". Mi primera reacción, simplona y supuestamente graciosa, fue decir: "A mí lo que me emociona es que me paguen más".

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