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Instrucciones para detectar una secta
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'TRINCHERA CULTURAL'

Instrucciones para detectar una secta

La defensa que Irene Montero ha hecho de María Sevilla al grito de "yo sí te creo" implica creer que su expareja es la encarnación de Satanás, pues ella así lo asegura

Foto: Irene Montero comparece en la Moncloa. (EFE/Zipi)
Irene Montero comparece en la Moncloa. (EFE/Zipi)

La ministra de Igualdad dijo esta semana que el Estado tiene que velar por las "madres protectoras", título que se ha sacado de la manga para aquellas mujeres que incumplen el régimen de visitas, alegando que el exmarido es un maltratador y que la Justicia ha errado con ellas. Es una cosa que puede suceder, ojo, porque la Justicia no es infalible. En España hay, seguro, maltratadores impunes. Bajo el radar, el espanto.

Se me ocurren pocas cosas peores que la angustia de una madre o un padre que entrega sus hijos a quien sabe que es un monstruo, y que le quiere hacer daño, y que puede usar al crío para lograrlo, sin que la Justicia haya prestado oídos a sus gritos de auxilio. Y escribo "madre o padre" a conciencia, porque en España, como en el resto del planeta, el problema de los filicidios y el maltrato infantil no tiene sexo, por más esfuerzos que haga este ministerio en ocultarlo y vender la moto de la violencia vicaria como si Medea fuera solo ficción.

Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

La reducción del maltrato y el asesinato infantil a una rama de la violencia de género para su aprovechamiento ideológico es una de las estrategias más odiosas del ministerio de Montero. Demuestra poco interés por los menores y mucho por vender un relato a toda costa.

Pero, esta semana, la ministra Irene Montero se ha permitido una vuelta de tuerca brutal cuando ha colado, entre esas “madres protectoras”, a Juana Rivas y María Sevilla. Sobre el uso propagandístico que han hecho de Rivas ya escribí lo que pienso y no cambio una coma, pero resulta que el caso de Sevilla es infinitamente peor. Sevilla demostró ser un peligro para sus hijos.

Foto: El mazo de un juez. (Pixabay)

Es la mujer que montó Infancia libre, organización que, según la Policía, incluía entre sus actividades la extorsión de exmaridos a base de denuncias falsas en violencia de género, esas que no existen tampoco, según la ministra. La Fiscalía archivó la querella policial, pero hay varias integrantes condenadas por sustracción de menores, es decir, por incumplir el régimen de visitas. Sevilla entre ellas.

Unidas Podemos llevó a esta señora al Congreso antes de que se destapara el pastel y convirtió su organización en un caballo de batalla. Todos podemos cometer errores, y es tanto más fácil que te tragues las palabras de una estafadora si tu lema es "yo sí te creo" y te niegas a creer que existan mentirosas. Ante un error de este calibre, el sabio rectificaría y el astuto evitaría el tema para siempre.

A los hijos de María Sevilla los encontró la Policía en una finca, donde estaban confinados

Pero Montero ha optado por una tercera opción, reservada a los fanáticos: perseverar. Al mencionarla entre las "madres protectoras", insistió en convertir a María Sevilla en icono propagandístico sea cual sea la verdad e independientemente del daño que haya hecho a los hijos y el exmarido. Y esto es gravísimo. Porque, no es solo que ninguna de las denuncias con las que esa señora ha perseguido a su expareja se haya demostrado cierta, no. Es que, a los hijos de la presunta “madre protectora”, los encontró la Policía en una finca de Cuenca, donde ella los tenía confinados, en unas condiciones inhumanas.

Aquello era 'Canino', la película de Yorgos Lanthimos. Las vallas de la finca estaban cubiertas de plástico negro y María Sevilla mantenía a los niños sin escolarizar y sometidos a una manipulación religiosa delirante. Las ventanas aparecieron garrapateadas de escrituras bíblicas y les decía que su padre era Satanás, no como alegoría, sino como parte de su formación espiritual.

Foto: Juana Rivas en una imagen de archivo. (EFE)

María Sevilla, claro, fue condenada. Su expareja, no. ¿Esto qué es para Montero? Pues una prueba de que la Justicia es patriarcal. Sevilla acusó al padre de su hijo de los abusos sexuales más repugnantes y del maltrato más fiero contra este, y nada quedó probado, ni era coherente, ni se sostenía, ni era confirmado por la supuesta víctima de tanto horror: el hijo.

Todo esto me suscita algunas preguntas. Mantener el “yo sí te creo” en torno a Sevilla significa, claro, creer en lo que dice. ¿Implica eso que Irene Montero cree que ese hombre es la encarnación de Satanás? Porque esto es lo que ella asegura. ¿O es que solo nos creemos la parte que nos interesa?

Además, están las palabras del hijo, que vive felizmente con su padre, publicadas en la prensa: son una historia de terror. Bien. Montero dijo hace un año, en su obsesión por negar la existencia de la alienación parental por decreto, que los niños no mienten nunca, que siempre dicen la verdad. Entonces: ¿dónde encajan las palabras del hijo de María Sevilla? ¿O es que cuando un crío defiende a su padre y critica a su madre sí está alienado, y miente?

En fin. Es agotador enfrentarse al edificio ideológico que ha construido la ministra para convencer a las mujeres de que les trae el reino de los cielos por el camino del BOE. Hasta James Rhodes, inspirador de la ley de protección de la infancia, saltó en Twitter escandalizado y sorprendido ante la defensa que Montero había hecho de Sevilla. Sin embargo, todo, incluso esta locura, es de una coherencia pasmosa y previsible. Montero ha hecho carrera a lomos de un delirio, de la pertinaz negación de la complejidad humana. Es lo mismo que ha intentado hacer María Sevilla, solo que con menos astucia.

Ahora, una quiere que se indulte a la otra, porque tienen mucho en común. Las dos creen en la existencia de Satanás y nos advierten constantemente de su presencia. Cada una con sus propias palabras.

La ministra de Igualdad dijo esta semana que el Estado tiene que velar por las "madres protectoras", título que se ha sacado de la manga para aquellas mujeres que incumplen el régimen de visitas, alegando que el exmarido es un maltratador y que la Justicia ha errado con ellas. Es una cosa que puede suceder, ojo, porque la Justicia no es infalible. En España hay, seguro, maltratadores impunes. Bajo el radar, el espanto.

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