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Hoy es el día de la madre: feliz día del collar de macarrones
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DÍA DE LA MADRE

Hoy es el día de la madre: feliz día del collar de macarrones

Es muy precisa la expresión del día de la madre que hoy se celebra porque parece que solo se celebra una. La que es heterosexual, lleva una vida relativamente acomodada y es cursi

Foto: Distintos tipos de regalos para el día de la madre. (EFE/Naranjo)
Distintos tipos de regalos para el día de la madre. (EFE/Naranjo)

Salgo a la calle en busca de una mesilla para el cuarto del niño y vuelvo a casa sin ella. Pero no todo es baldío esa tarde, porque regreso sabiendo que en una tienda de menaje del hogar del barrio de Salamanca hay descuentos en sartenes y otros enseres por el día de la madre. Yo agradezco la información a la dependienta, pero inmediatamente después hago un mohín a mi acompañante y le digo: "¿Habrán hecho descuento para el día del padre?". Me mira con ojos de resignación que dicen: "Te quiero mucho, pero no empecemos". A cambio, escucho: "A lo mejor sí, quién sabe".

Abro Internet y encuentro una noticia que dice que las de no sé qué marca son las zapatillas más cómodas para regalar a una madre. En otro sitio leo que una famosa a la que no conozco oficio nos explica "el reto de la maternidad". "Como las flores, cada madre es única", revela el anuncio de un perfume. "Así son las madres coraje", titula otro medio con fotos de señoras, también muy conocidas, a las que intuyo decir cosas como "es mejor pasar tiempo de calidad que cantidad" o esa idiotez que cantaba Alejandro Sanz en una canción dedicada a su hijo pequeño, del que decía: "Disfruto de cada segundo suyo".

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Pongo la tele mientras frío tomate. Sale una periodista en una plaza de Vilagarcía de Arousa presidida por una enorme caca falsa de varios metros de altura. Nos cuenta que es una campaña del ayuntamiento de la localidad para fomentar el civismo de los dueños de perros. La compañera se toma muy en serio la noticia y añade que en España hay ya más hogares con mascotas que con menores de 14 años. Podría pensar en la inestabilidad del sistema de pensiones, pero mientras dosifico el azúcar que calmará la acidez de mi receta le digo a la pantalla: "¡No me extraña!".

Viajo en el Ave con una treintañera sin hijos. Me narra con espanto las anécdotas de una amiga suya que trabaja como profesora en un colegio de esos en los que te dejas los dineros cada mes. Los grupos de WhatsApp ideados por el Maligno, las protestas porque a Gonzalete le hayan explicado en clase no sé qué cosa, el disgusto por el empujón que le han dado a Gonzalete en el recreo y que podría haber tenido nefastas consecuencias. "Cuanto más pijo es el colegio, más idiotas son los padres", concluimos. Nos reímos y yo justifico la contundencia de mi frase porque he logrado huir de esos chats y he sobrevivido a esos colegios.

Foto: Foto: Unsplash.

Es muy precisa la expresión del día de la madre que hoy se celebra porque parece que solo se celebra una. La heterosexual, de vida relativamente acomodada (no se trata de demonizar el término pijo porque soy la primera en aspirar a ello) y descaradamente cursi. La que se pierde entre diminutivos, sobrerreacciona ante cualquier logro de su criatura y siente la necesidad imperiosa de contárselo a todo el mundo.

La que llora cuando le regalan un collar de macarrones y dice que la maternidad es lo mejor que le ha pasado en la vida delante de las amigas que no tienen hijos. Es un tipo de madre entre miles, pero solo a ella le ofrecen descuentos en sartenes y las zapatillas idóneas para sobrevivir al día a día de una "working girl".

Estamos las madres que soñamos con aguantar de pie con unos tacones que nos hagan llegar al 1,70, las que no queremos flores, sino que nos dejen un ratito en silencio y a solas, las que hacen malabares para llegar a fin de mes, las que quieren serlo y no pueden, las que decimos que "un perro sería más cariñoso conmigo" cuando vienen los envites de la preadolescencia que dura ya demasiado. Las que quieren llegar tarde a casa o no les queda otro remedio y en el fondo se alegran, porque lo de parir no ha tenido el retorno que esperaban.

Foto: Concha Velasco, el año pasado. (EFE/Javier Zorrilla)

Y están las madres como la mía. Google me recuerda una imagen suya de hace cinco años. Con la misma mirada desconfiada de siempre. Posa de lado porque odia las fotos, en abril de 2017. Está sentada en un sofá y acaba de salir de la peluquería de la residencia. Mis hijos juegan en la esquina de ese sofá y aún llevan puestas las mochilas del colegio. Odiaba cocinar y creo que en el fondo renegaba de la maternidad, un papel al que se dedicó desde los 23 años y que, a veces sin filtro, reconocía que le había impedido llevar otro tipo de vida.

Es una madre que tiraba los collares de macarrones y los marcapáginas del día del padre porque ocupaban sitio en casa, que desconfiaba de todo el mundo y que el día que le hice esa foto con mi móvil acababa de decirme: "Por fin te has salido con la tuya". No es porque tenga buena memoria, es que me dijo lo mismo día tras día durante meses. También me mostraba su disconformidad cuando llegaba con las uñas pintadas de rojo o el mismo color en los labios porque, siempre según sus palabras, "es color de fulana".

"Mi madre odiaba el día de la madre porque cumplía años el 3 de mayo y se le juntaba todo a la vez. Nunca sabíamos qué regalarle"

Mi madre odiaba el día de la madre porque cumplía años el 3 de mayo y se le juntaba todo a la vez. Nunca sabíamos qué regalarle y llegó un momento en el que lo arreglábamos invitándola a comer. Muchas veces he deseado que fuera de otra manera, menos arisca con el mundo que la rodeaba y menos entregada con el suyo propio. Que fuera como la fachada de otras madres, dulces, abnegadas, orgullosas de cada movimiento de la prole, en vez de esa mujer que decía ante cualquier contrariedad: "Cualquier día cojo el 'pendingue' y me voy".

A cambio, me voy convirtiendo en ella. Y le saco punta a un lápiz para subrayar 'Apegos feroces', el libro de Vivian Gornick en el que la autora narra su vida y la de su madre mientras pasean por Manhattan. Cuando leo: "Con ella la cosa estaba clara: me costaba respirar, pero me sentía segura". Y nos veo a nosotras, mamá. Feliz día del collar de macarrones.

Salgo a la calle en busca de una mesilla para el cuarto del niño y vuelvo a casa sin ella. Pero no todo es baldío esa tarde, porque regreso sabiendo que en una tienda de menaje del hogar del barrio de Salamanca hay descuentos en sartenes y otros enseres por el día de la madre. Yo agradezco la información a la dependienta, pero inmediatamente después hago un mohín a mi acompañante y le digo: "¿Habrán hecho descuento para el día del padre?". Me mira con ojos de resignación que dicen: "Te quiero mucho, pero no empecemos". A cambio, escucho: "A lo mejor sí, quién sabe".

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