Es noticia
Menú
Esa gente que trabaja de nueve de la mañana a doce de la noche va a arruinar tu vida
  1. Cultura
'TRINCHERA CULTURAL'

Esa gente que trabaja de nueve de la mañana a doce de la noche va a arruinar tu vida

No, no son imaginaciones tuyas. Cada vez más personas se ponen a trabajar después de cenar. A ellas les viene bien, pero a la larga, obligan al resto a estar siempre conectados

Foto: El chiringuito nunca baja la persiana. (Reuters/Marco Bello)
El chiringuito nunca baja la persiana. (Reuters/Marco Bello)
EC EXCLUSIVO Artículo solo para suscriptores

Lo que no pase en América es que no pasa en ningún sitio, como diría mi abuelo. Añado yo, su nieto: lo que pasa ahora en Estados Unidos va a ocurrir más pronto que tarde en tu pueblo, si es que no está ocurriendo ya. Un ejemplo. Microsoft acaba de publicar un informe en el que desvela que han localizado un nuevo pico de trabajo fuera del horario habitual de sus trabajadores. Ni por la mañana, ni por la tarde. De repente, se han topado con que están currando entre las nueve y las once de la noche.

Más concretamente, un tercio de sus empleados se sienta delante del ordenador (lo que mide el estudio es la "actividad de teclado") después de cenar a contestar correos o, simplemente, adelantar trabajo. Esto parece una cosa muy yanqui hasta que a uno le da por revisar su bandeja de correos electrónicos y se da cuenta de que, efectivamente, hay un montón de gente contestándote o escribiéndote a esa hora en la que nuestros padres estarían viendo 'Farmacia de guardia', el fútbol o dormitando en el sofá.

Hay quien se conecta a última hora para "echar un vistacito"

Basta con una pequeña encuesta informal para darse cuenta de por qué lo hacen. La explicación más habitual es que son padres y pueden aprovechar esos ratos nocturnos para compensar el trabajo que no han hecho durante el día. La justificación no pedida (es decir, acusación manifiesta) es que, en realidad, es una manera de compensar el tiempo que se han tomado a lo largo del día para recoger a los niños, bañarlos, darles la cena, etc. Así visto, es flexibilidad bien entendida, salvo que estés al otro lado del correo electrónico y esa persona haya decidido que tú también tienes que trabajar por la noche, por ejemplo, respondiendo a sus mensajes extemporáneos.

* Si no ves correctamente el módulo de suscripción, haz clic aquí

Otras argumentaciones más 'light' admiten que no les importa ponerse delante del ordenador un rato porque así no están tan agobiados al día siguiente o que se conectan "un momentito" para "echar un vistazo". Otro motivo muy simpático es que la gente trabaja de noche porque no le dejan trabajar en el trabajo. Es increíble la cantidad de veces que he oído últimamente a amigos quejarse de que sus días son una serie interminable de 'meetings', 'calls', reuniones y "cafecitos" que les impiden, básicamente, trabajar. De hecho, según escribo esto, me llega un mail: "Al fin he tenido una mañana con menos de tres reuniones".

placeholder La máquina de café, el nuevo kilómetro cero.
La máquina de café, el nuevo kilómetro cero.

Yo mismo he dicho alguna vez que me quedo en casa para poder trabajar. Eso también lo refleja el informe de Microsoft. Como los trabajos de oficina ("de cuello blanco", como dicen estos) consisten básicamente en hablar (también deberían consistir en pensar, pero eso ya tal), uno va la oficina a charlar. Si, por ejemplo, te dedicas a escribir, como es mi caso, resulta que hablar no es escribir, así que terminas haciendo algo sospechosamente parecido a no trabajar. O, mejor dicho, a hacerlo en otro momento. Lo que ocurre, en realidad, es que trabajas doble. Primero, no trabajando en el trabajo. Y luego, haciendo aquello por lo que te pagan cuando no toca. ¿Qué quieres, que te echen?

El día interminable

Lo que resulta obvio es que el confinamiento aceleró esa tendencia a extender la jornada laboral por el día como un chicle, de forma que no es tan raro que alguien se meta doce horas más-o-menos-conectado sin darse cuenta. Lo hace con un espíritu un poco diferente al de otros que lo han hecho toda la vida, como los trabajadores de las casetas de la Feria de Abril o las enfermeras. Es un trabajo continuo 'light', un estado de vigilia entre la productividad y estar a otras cosas que no son de trabajo (algo que sería imposible, por ejemplo, para un sanitario).

La flexibilidad de unos es un cambio de horarios impuesto en el resto

El informe de Microsoft dice algo interesante: desde el confinamiento nos hemos acostumbrado a tomarnos descansos, a parar para cenar o hacer tres abdominales o tomarnos uno, dos o tres cafés, en un océano de trabajo infinito. Hay una cita en un artículo publicado en 'The Atlantic' que lo resume bien: "El trabajo ya no es una masa continua de concentración, sino un archipiélago de productividad en mitad de un mar de tareas, comidas, pausas mentales y otras responsabilidades". Así que la noche, el tercer pico de Microsoft, son los minutos de la mala conciencia.

Lo que provoca esa mala conciencia a los que les (nos) gusta olvidarnos de todo cuando cumplimos nuestro horario es que nos impone una prórroga en nuestro tiempo libre. Lo que la bonita flexibilidad propicia, aun sin pretenderlo, es imponer un cambio en la vida de todos los demás. La supuesta asincronía del trabajo es, en muchas ocasiones, una sincronía continua, en la que se da por hecho que nadie deja nunca de trabajar por completo.

placeholder Teletrabajando. (EFE/Mariam A. Montesinos)
Teletrabajando. (EFE/Mariam A. Montesinos)

Como saben los que me conocen, yo, a partir de las ocho de la noche, soy un coñazo para comunicarme. Es posible que tarde unas cuantas horas en contestar un mensaje, no digamos ya en revisar las cadenas de WhatsApp de miles de mensajes o coger el teléfono si me llaman. Es una de mis pocas líneas rojas: como intento cuidar mi concentración, lo último que quiero hacer es pasar el poco tiempo libre que tengo haciendo exactamente lo mismo que he hecho durante el resto del día, que es responder mensajes sin parar.

Mi castigo es tener que pasar gran parte de la mañana siguiente poniéndome al día de todos esos 'mails' que me han llegado por la noche. Un ejemplo reciente que me contó una conocida: a alguien se le había ocurrido programar una reunión con un cliente a primera hora de la mañana siguiente. Pero como lo habían decidido al final de la tarde y lo habían anunciado en Slack cuando esta persona ya había apagado el ordenador, se encontró con que al encenderlo a primera hora todos sus compañeros estaban en una reunión de la que no tenía ni idea. Nadie había pensado que tal vez no estuviese revisando constantemente, fuera de su horario, sus mensajes de Slack.

Aunque nos digan que "no hay que responder ahora", sabemos que no es verdad

Lo que han conseguido nuestros amigos del turno de noche es que terminemos trabajando 24 horas, aunque no queramos. Aunque en la teoría nos digan aquello de "hombre, no tienes por qué responder ahora, no hay prisa", en la práctica sabemos que las notificaciones se van a agolpar en nuestras bandejas de entrada, que ese mensaje se va a quedar dando vueltas en nuestra cabeza hasta que lo respondamos. El chiringuito nunca baja la persiana.

Los españoles lo sabemos bien, ya que somos uno de los países que más alargan su trabajo a lo largo del día, gracias en parte a la jornada partida, pero también a nuestra querencia por el presentismo de oficina, que ya anticipaba esta era pospandémica de reuniones interminables y no-trabajo continuo. El resultado final es lo que uno puede imaginar: según el informe de Microsoft, el usuario medio trabaja un 13% más al día (45 minutos), echa más horas extra (28%) y curra más los fines de semana (14%). Cada vez falta menos para que todo sea trabajo (pero que no lo parezca).

Lo que no pase en América es que no pasa en ningún sitio, como diría mi abuelo. Añado yo, su nieto: lo que pasa ahora en Estados Unidos va a ocurrir más pronto que tarde en tu pueblo, si es que no está ocurriendo ya. Un ejemplo. Microsoft acaba de publicar un informe en el que desvela que han localizado un nuevo pico de trabajo fuera del horario habitual de sus trabajadores. Ni por la mañana, ni por la tarde. De repente, se han topado con que están currando entre las nueve y las once de la noche.

Trabajo Microsoft Correo electrónico
El redactor recomienda