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La pregunta del millón: ¿qué puedes hacer para enganchar a tu hijo a la lectura?
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Reportaje

La pregunta del millón: ¿qué puedes hacer para enganchar a tu hijo a la lectura?

Editores y autores cuentan que no hay una fórmula mágica, pero sí atajos como las aventuras, los misterios, las brujas y el gran éxito (táctil) de los álbumes ilustrados. Y un factor imprescindible: los padres

Foto: Ilustración: Irene de Pablo.
Ilustración: Irene de Pablo.

¿Qué le gusta a un niño? Esa es la pregunta del millón. Lo repiten autores y editores que cada día se estrujan las meninges para hacer llegar los libros a los más pequeños. Cuál es la gran fórmula mágica para que un niño —aquí no hablamos ni de preadolescentes ni de adolescentes— se quede extasiado con una historia (normalmente en papel) y deje de lado, aunque sea por unos momentos, cualquier otra distracción o juego todavía en un mundo pre-TikTok. Y, no, no la hay, pero sí atajos. Lo demuestran los más de 45 millones de ejemplares —más libros que niños— que cada año llegan a las librerías españolas. También una facturación que el año de la pandemia (2020) subió 50 millones de euros pasando de los 312 millones de euros a los 367 millones de euros. Lo demuestra que la franja infantil es la que más libros lee de todos los grupos de edad, según todas las encuestas. Y lo demuestra que títulos de hace más de treinta años como los 'Fray Perico', de Juan Muñoz Martín, todo lo de Roald Dahl o las aventuras de 'Los siete secretos' a algunos todavía no se nos hayan olvidado.

Luis Amavisca es editor en Nube Ocho, una editorial especializada en libros que abordan el tema de la diversidad entre los más pequeños. Por su trabajo ya tenía algunos datos pero su experiencia personal ha evidenciado la fuerza e importancia que en los últimos años ha cobrado el álbum ilustrado. "El mejor conejillo de indias ha sido mi hijo, que es adoptado. Llegó con cinco añitos y no había visto estos libros. Y lleva ya nueve meses y medio y le encantan. Los niños comienzan a engancharse a la lectura con estos álbumes porque van viendo las imágenes y, por un lado, está la lectura que tú les haces, pero luego también hay otras lecturas con las propias imágenes", señala a este periódico.

Que el libro con ilustraciones es la joya de la corona para los niños de 5, 6, 7 e incluso 8 años tampoco lo pone en duda la editora Sonia Antón, que se acaba de estrenar con dos de ellos, 'Cabezapepino' y 'Z de zueño', ambos en Edebé. El primero es una historia con mucho encanto sobre cómo la hermana mayor tiene que adaptarse a la llegada de un hermanito. El segundo nos lleva de forma inmisericorde a dormir gracias a un simpático 'monico'. En este sentido, reconoce que es un tipo de libro que puede con cualquier temática. "El álbum ilustrado es más libre, da igual que el protagonista sea un elefante, una tostadora o una abuela intrépida", comenta.

No hay así ninguna línea concreta en cuanto al contenido, aunque también es verdad que hay una cierta pasión por los animales, sean estos reales, imaginarios como los dragones escupe fuego o hayan existido hace millones de siglos como los dinosaurios. "Reconocer si algo es verdad o no a un niño le cuesta. Si se creen los Reyes Magos y a Papa Noel, por qué no a un dragón. Y eso de los dinosaurios que desaparecieron les crea un misterio y fascinación que tiene su lógica porque también es algo que nos fascina a nosotros… Y todo lo que no sabemos explicarles también les atrae muchísimo", añade Amavisca. No solo libros: hay películas como 'Jurassic Park' y 'En busca del valle encantado' que siguen encantando a los críos… y a los mayores.

"Reconocer si algo es verdad o no a un niño le cuesta. Si se creen los Reyes Magos y a Papa Noel, por qué no a un dragón"

Hay otro tema no menor con estos álbumes: son en papel. Las páginas se pasan, se tocan y se huelen. Y eso a los niños les gusta. "Con los niños el papel sigue funcionando. A ver, hay familias que le ponen la tablet al niño y se acabó. Pero todavía la metodología de la lectura funciona mejor con el papel. Es más fácil ver la introducción, el desarrollo y el fin. Y luego está la experiencia de tocarlo. Esa tactilidad, lo espacial, que haya que cuidar al libro porque si no se estropea forma parte de métodos de enseñanza", añade este editor.

La España pre libro infantil

Esta industria del álbum ilustrado que hoy se ha desplegado como una alfombra por todas las librerías es una muestra de lo que ha cambiado el mercado editorial con respecto a los niños en las últimas décadas. Y un reflejo, a su vez, de sociedad capitalista desarrollada que hoy precisamente exporta libros infantiles a aquellos países que carecen de ellos y cuya demografía va en aumento, como ocurre en los Emiratos.

La navarra Lucía Baquedano es una escritora mítica de libros infantiles y a sus 83 años recuerda muy bien cómo era la España en la que "los niños pasaban de leer Pulgarcito y Caperucita a novelas de Julio Verne, libros muy densos. En realidad, no había libros para niños". Ella misma recuerda que le fue muy difícil encontrar libros en su propia infancia en los años cuarenta. "Yo leía Blancanieves, Cenicienta… Hasta que me encontré con 'Mari Pepa', de Emilia Cotarelo y vi que yo podía ser la protagonista de un cuento porque era una niña que iba al colegio, tenía amigos, vecinos… Era una niña como yo", rememora. De ahí, casi con salto de pértiga, pasó "a los ocho o nueve años" a Oscar Wilde y 'El príncipe feliz', "donde por primera vez me fijé en cómo estaba escrito y atrapó toda la fantasía". Casi nada llegar a Wilde con esa edad… No había muchas otras cosas.

Por eso ella, ya unas décadas más tarde y con hijos, se puso a escribirlos y en 1979 tuvo un gran éxito con 'Cinco panes de cebada', que ganó el premio Gran Angular y le abrió un carrera que en los ochenta le llevó a obtener varios premios de Barco de Vapor creados por SM. "Yo tenía niños pequeños, que ahora tienen más de 50 años, y me daba cuenta de que no tenían libros porque lo que se publicaba no tenía capacidad de entendimiento para niños. Así que me puse a escribir lo que pensaba que les podía gustar", comenta a El Confidencial.

Hubo una España en la que los niños pasaban de leer Pulgarcito y Caperucita a novelas de Julio Verne, libros muy densos

Y observó algunos de esos atajos que hoy siguen funcionando. Hay libros que siguen gustando a los niños de hace cincuenta años, de veinte y del año pasado. "Todo el tema de las aventuras, por eso se leían muchos 'Los cinco', 'Los siete secretos'… Yo escribí libros con las aventuras que creo que a mis hijos les hubiera gustado vivir aunque pronto descubrieron que Stevenson era mejor que su madre", relata con simpatía. En cualquier caso concede que hoy día nada tiene que ver esta industria con la de su época y ni siquiera la de sus hijos. "Para nada. Luego las editoriales se dieron cuenta de que ahí estaba el filón económico porque el niño se renueva todos los años. Y también se vio que el niño que no lee de niño ya no lee de mayor. Ahora estamos en la edad de oro de la literatura infantil". España también se puede explicar a partir de sus libros infantiles.

Aventuras y detectives

Precisamente su editorial, SM, lleva ya algunas décadas iniciando en la lectura a varias generaciones y en su haber tiene algunos de los grandes 'longsellers' del género (títulos que se venden todos los años dando igual el paso del tiempo). Por eso se conocen ya algunas de las teclas que hay que tocar cuando el niño pasa ya de ese primer álbum ilustrado a novelitas con más texto.

placeholder Niños en la Feria del Libro de Madrid. (EFE)
Niños en la Feria del Libro de Madrid. (EFE)

"La aventura siempre funciona. Y el humor. Se puede tratar cualquier tema con humor. Incluso los temas más duros como una enfermedad o una muerte se pueden trabajar si se utiliza el sentido del humor. Pero no para reñir al niño, sino para que no se produzca un rechazo hacia ese tema", explica la editora y autora Paloma Muiña que pone el ejemplo de 'Cuando el abuelo se va viaje' que aborda el tema del alzhéimer y cómo lo vive una niña. "Los niños abordan todos estos temas con mucha más naturalidad que los adultos, pero sobre todo lo que quieren es que les hables en su idioma y no que seas un adulto dando lecciones. Es decir, que no sea el libro colleja. La transmisión de valores está bien, pero no hay que dar lecciones de moral", añade esta editora. Un ejemplo, el éxito de la serie 'Futbolísimos', de Roberto Santiago, "con historias que hablan desde el realismo, que les podrían ocurrir también a ellos".

"Los niños quieren que les hables en su idioma y no que seas un adulto dando lecciones. Es decir, que no sea el libro colleja"

Un asunto que todavía genera debate es el de la segregación porque, según señala Luis Amavisca, aún está presente "en los grandes grupos editoriales". Libros que, de alguna manera, pueden recordar a la Mari Pepa que leía Lucía Baquedano en su infancia. "En el álbum ilustrado ya lo hemos diluido, pero en las novelitas todavía hay una segregación sexista que, sobre todo, es insultante para las niñas", manifiesta. Para él un ejemplo básico es la creación de Tea Stilton, la hermana de Gerónimo Stilton, uno de los grandes super 'bestseller' para niños de los últimos tiempos. "¿Y en Tea dónde está la acción? Parece que alguien pensó, con el éxito de Gerónimo, vamos a sacar ahora una cosa para niñas", se queja Amavisca quien afirma que todavía está en encuentros de editores en los que se dicen cosas como que "las niñas leen más y hay que hacer colecciones brilli-brilli con rosas y purpurina y con niñas protagonistas porque son para niñas".

Volver a ser un niño

Un libro que para este editor rompe esta línea es la colección de 'Anna Kadabra', de Pedro Mañas, ilustrada por David García y editada por Destino. Hoy en día es uno de los libros más vendidos para niños (y niñas) de siete años en adelante. Mañas también es el autor de 'Princesas dragón' (SM), otra colección con notable aceptación. Se puede decir que este escritor hoy es, salvando todas las distancias, el Santiago Posteguillo o la María Dueñas, pero para niños. Y que temáticas como la de la película 'Frozen' han hecho carrera.

Mañas llegó a este mundo de la literatura infantil de casualidad. Se había matriculado en Periodismo, Arte Dramático… lo había abandonado todo hasta que un día, mientras estudiaba Filología inglesa, los estudios que finalmente terminó, vio un concurso de la editorial Anaya y decidió participar. Tenía que presentar un cuento de unas cincuenta páginas y lo ganó. Aquello sucedió en 2008. Desde entonces su carrera ha sido imparable.

placeholder Un niño con su abuela en la Feria del Libro de Pamplona en 2019. (EFE)
Un niño con su abuela en la Feria del Libro de Pamplona en 2019. (EFE)

Tanto las ideas de 'Anna Kadraba' como 'Princesas dragón' llegaron por parte de las editoras. Esto suele funcionar así: se ofrece un tema que luego el autor desarrolla y se busca un ilustrador/a. "Querían subvertir el arquetipo de princesas y brujas y lo que hice fue desarrollar una vuelta de tuerca al tema clásico de princesas y brujas, siendo fuertes e independientes las primeras y buenas las segundas", comenta a este periódico.

Y dio con la clave, aunque insiste en que no hay una fórmula mágica para dirigirte a un niño… y que te haga caso. "Creo que tú mismo tienes que estar implicado en el universo que creas, poner toda tu pasión y que te vuelvas también un niño cuando creas los personajes y las aventuras. Te conviertes en niño brujo", manifiesta.

Algo parecido observa Paloma Muiña, que ha escrito libros como 'Chocolate rojo', 'El paraguas rojo' o 'Llueve'. "Hay autores que somos capaces de recordar cómo nos sentíamos de niños. Y luego estar en contacto constante con niños de hoy en día que pueden tener una preocupaciones diferentes porque las modas cambian, los medios cambian aunque sin olvidar temas básicos: amistad, amor, relaciones familiares… una decepción, cosas que han sucedido siempre", insiste esta autora y editora. También la infancia de Sonia Antón fue importante para su 'Cabezapepino' y 'Z de zueño'. "Las ideas vinieron tras recordar algunas cosas de mi infancia. Y desde ahí, me asaltaron y martillearon la cabeza hasta que las escribí. Pero no solo eso, hasta que encontré la forma que mejor expresaba estas ideas. Otras veces es al revés, quieres escribir de algo y buscas tranquilamente la mejor horma. No hay un método. Aunque sí te diré, y puede que sea deformación profesional, que suelo paginar a la vez, así estructuro mejor el ritmo".

"Que un niño de cinco o seis años lea va a depender muchísimo de su casa, de que le lean o no. Ahí está todo"

La última pata de toda historia, pero no la menos importante, son los profesores y los padres. Sin ellos, dicen autores y editores, no hay nada que hacer. "Hace poco escribía a una madre —siempre hay más madres que padres— que me daba las gracias porque su hija se había enganchado a la lectura con mis libros y yo le decía que también le daba las gracias a ella. Sin la labor de los mediadores, especialmente los padres, nuestros libros no llegarían", cuenta Pedro Mañas. Muiña le da completamente la razón: "Que un niño de cinco o seis años lea va a depender muchísimo de su casa, de que le lean o no. Ahí está todo. El componente de madre o padre leyendo en la cama siempre les va a gustar aunque no les guste la lectura. Y luego ya a cada niño le gustará una cosa u otra".

Mercado saturado

La parte final es la distinción del grano de la paja. España es un mercado que produce 8.163 títulos al año entre libros infantiles y juveniles (los datos del Gremio de Editores no hacen diferencias). Y eso que ha habido una bajada de más de 4.000 títulos con respecto al año 2017 cuando se alcanzó el pico en la última década. Hay quien lo llama ajuste. Los editores reconocen que hay un poco de sobreproducción. "Las librerías se quejan de que no les da tiempo a vender muchos títulos porque entran todo el rato novedades y hay que renovar. Ese fenómeno está ahí. Pero eso también ha hecho que haya crecido más, que haya más diversidad. Nosotros hemos pasado de editar unos ocho o diez al año a 24-26 al año. Y empezamos con tres personas y ahora somos nueve", afirma Luis Amavisca.

Para Pedro Mañas también es un fenómeno con dos caras. "Hay abundancia, incluso sobreproducción de cosas maravillosas, de libros objeto, y luego de libros con un enfoque tan comercial que han perdido su labor literaria. En esos cientos de novedades lo bueno pasa desapercibido y lo que hay que hacer es saber buscar y elegir. Pero al mismo tiempo que se produce mucho, también se lee mucho", sostiene.

"Las librerías se quejan de que no les da tiempo a vender títulos porque entran novedades todo el rato y hay que renovar"

Es el signo de los tiempos de la aceleración. O como mínimo de la sensación de rapidez. "Cuando hay calidad no sé si hay demasiados libros. Lo que pasa es que el ritmo que llevamos es muy rápido y hay libros muy buenos sin espacio que pasan desapercibidos y que se quedan obsoletos en nada. Pero es algo que está pasando en todo, en cine, teatro, etc. Es un cambio de forma de vivir… Más que demasiada cantidad, demasiado rápido", zanja Paloma Muiña.

Las novedades de hoy es probable que no sean las de mañana, pero un buen libro de aventuras siempre va a tener un hueco destacado en las librerías.

¿Qué le gusta a un niño? Esa es la pregunta del millón. Lo repiten autores y editores que cada día se estrujan las meninges para hacer llegar los libros a los más pequeños. Cuál es la gran fórmula mágica para que un niño —aquí no hablamos ni de preadolescentes ni de adolescentes— se quede extasiado con una historia (normalmente en papel) y deje de lado, aunque sea por unos momentos, cualquier otra distracción o juego todavía en un mundo pre-TikTok. Y, no, no la hay, pero sí atajos. Lo demuestran los más de 45 millones de ejemplares —más libros que niños— que cada año llegan a las librerías españolas. También una facturación que el año de la pandemia (2020) subió 50 millones de euros pasando de los 312 millones de euros a los 367 millones de euros. Lo demuestra que la franja infantil es la que más libros lee de todos los grupos de edad, según todas las encuestas. Y lo demuestra que títulos de hace más de treinta años como los 'Fray Perico', de Juan Muñoz Martín, todo lo de Roald Dahl o las aventuras de 'Los siete secretos' a algunos todavía no se nos hayan olvidado.

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