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'Restos del fulgor nocturno': porno y santos en una obra hermosa sobre la identidad
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la obra del fin de semana

'Restos del fulgor nocturno': porno y santos en una obra hermosa sobre la identidad

Josep Maria Miró estrena su primera obra de autoficción, una historia sobre la identidad y la herencia recibida

Foto: Alejandro Tous, en 'Restos del fulgor nocturno'. (Sergio Parra)
Alejandro Tous, en 'Restos del fulgor nocturno'. (Sergio Parra)

Tiene 44 años y es dramaturgo. Las estanterías de su casa están repletas de libros de teatro firmados por él y por otros. También de obras de arte. Le gusta comprar en subastas. Recibe un mensaje a través de una de esas aplicaciones para ligar, aunque a estas alturas ya sepamos que ese verbo suele ser un eufemismo. Una pareja de hombres quiere que vaya a su casa a grabarles mientras mantienen relaciones sexuales. Usará un anillo de luz y hará de esa filmación con su móvil una cortísima película de autor que seguramente muchos verán en OnlyFans. Cuando salga de allí, descubrirá que tiene unas cuantas llamadas perdidas y mensajes de su madre: su abuela se está muriendo y quiere verle. Tendrá una cita con un actor porno, tan famoso, que el dramaturgo le preguntará si es real antes de pagarle por sus servicios. Y otro encuentro con un actor uruguayo que conoce su obra, que le admira, y que le hará esa misma pregunta a él.

La madre del dramaturgo aparecerá para hacer lo que hace cualquier madre cuando su hijo intenta construir un relato sobre sí mismo: reventarlo. Sonará la música que sonaba en 'Twin Peaks' cuando salía Audrey en pantalla. Aparecerá un jabalí, y el dramaturgo llevará puesta una chaqueta de la marca Reebok que le regaló un autor de teatro al que admira, y alguien hablará de ángeles y fantasmas y citará a Hamlet, y un obispo de Lleida morirá fusilado un 5 de agosto de 1936, después de santiguar uno a uno a los otros veinte desgraciados asesinados antes que él contra la tapia de un cementerio. Es su tío abuelo y le beatificarán e iniciarán el proceso para declararle santo. El dramaturgo acabará ciego de alcohol y MDMA tirado en el suelo de un local y se recordará a sí mismo que uno debe abandonar siempre las discotecas, los bares y los cuartos oscuros antes de que enciendan las luces. A veces la vida se ordena gracias a verdades tan simples como esa.

placeholder Roy Montesinos y Alejandro Tous. (Sergio Parra)
Roy Montesinos y Alejandro Tous. (Sergio Parra)

Tiene 44 años y es dramaturgo. Se llama Josep Maria Miró. Y ocupa el escenario de la Sala Tirso de Molina del Teatro de la Comedia de Madrid. Es él quien nos habla, pero lo hace apropiándose del cuerpo de un actor, Alejandro Tous. Su madre, el actor porno o el tío santo fusilado ocuparán el cuerpo de otro, el del cubano Rey Montesinos, un actor magnético y deslumbrante en escena. Son Yo y Otro. Bienvenidos a la autoficción, ese género teatral que solo sabe explicar en condiciones uno de sus máximos referentes, el dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, dueño de esa chaqueta de Reebok de la que hemos hablado unas líneas atrás.

El dramaturgo acabará ciego de alcohol y MDMA tirado en el suelo de un local

La obra se llama ‘Restos del fulgor nocturno’, toma su título de unos versos del poeta Abel González Melo y Josep Maria Miró no es solo uno de sus personajes, también es su autor y director. Estrenada en la sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) por encargo de su director, Lluís Homar, la obra conversa con ‘Lo fingido verdadero’, de Lope de Vega, que se representa en la sala grande del mismo teatro. Con este montaje, Miró sigue la estela de Alberto Conejero o Luna Miguel, que también dialogaron con un texto clásico desde el territorio del teatro contemporáneo en la CNTC.

Autoficción

En 2011, Miró estrenó en el Teatre Nacional de Catalunya la obra ‘Gang Bang (abierto hasta la hora del Ángelus)’, una historia que sucedía en la víspera de una visita del Papa a Barcelona en un bar de contactos, con una monja catequista y drogada que descubría allí su sexualidad o un joven con 18 años recién cumplidos que se regalaba un 'gang bang' y ofrecía su cuerpo a todo el que lo quisiera. Aquello despertó la furibunda y previsible reacción de colectivos ultraconservadores y las correspondientes amenazas de denuncias. Después vendría ‘El principio de Arquímedes’, que vuelve a estrenarse en Madrid el próximo mes de abril, 10 años después de su primera función, una obra traducida a más de 15 idiomas que le consagró como uno de los dramaturgos con mayor proyección de su generación. Miró no ha dejado de escribir y estrenar desde entonces, pero ‘Restos del fulgor nocturno’ es su primera obra de autoficción. Dice que será también la última.

Lo que cuenta Miró, ¿es fingido o verdadero?

Foto: 'Erresuma/Kingdom/Reino'. (Moreno Esquibel)

Es su personaje quien contesta a esa pregunta desde el escenario: “En cuanto se escribe sobre uno mismo, la elección de las palabras ya es ficción”. Ya, pero ¿qué papel juega el pudor cuando uno habla de sí mismo? Y el Josep Maria Miró real, el dramaturgo y director, contesta a El Confidencial: “Yo siempre he dicho que el mejor actor o la mejor actriz es el impúdico, el que no tiene miedo a enseñar espacios oscuros y sucios. Y si uno se mete a hacer autoficción tiene que hacerlo con impudicia. Yo me siento superimpúdico en ese sentido y no puede importarme la mirada que sobre eso tenga el espectador”.

Miró usa como cimientos algunos hitos vitales para construir una dramaturgia sin unidad de tiempo, espacio o acción

Miró usa como cimientos algunos hitos vitales propios para construir una dramaturgia en la que no hay unidad de tiempo, espacio o acción y que comienza con una escena de voyeurismo, escena que le sirve para hablar de la mirada y de la relación entre quien escribe y quien observa, entre el dramaturgo y el espectador. Y ahí sienta las bases de lo que vendrá luego, que no es sino un juego en torno a las ideas de verdad y fingimiento, de realidad y ficción, como también hace Lope en su obra ‘Lo fingido verdadero’. Y arma una estructura juguetona de vasos comunicantes que conectan a ese voyeur con el rey Alfonso XIII y sus películas porno, a Shakespeare con Lope, y a su tío santo con Thomas Bernhard, David Lynch y el Segismundo de 'La vida es sueño', de Calderón de la Barca. Hay solo dos actores, pero el escenario está lleno de gente.

Las madres, esas terroristas

En una conversación con este diario, el director y dramaturgo explica que la obra “habla de la oscuridad y de la luz, de mirar, de actuar, de ser otro, de fingir y de la verdad”. Y ahí está la clave porque su personaje nos dice que todo lo que se cuenta es real y que no se trata de una autoficción. Pero ojo, que aparece su madre para boicotearle a lo grande: “Ni cuando haces ficción todo es mentira, ni cuando aseguras decir la verdad cuentas toda la verdad”. Su madre le acusará también de apropiarse “descaradamente, como lo has hecho siempre, de tu familia, amigos, frases, situaciones e historias”.

Foto: Vicky Luengo en 'El Golem'. (Luz Soria)

Y en esa madre-terrorista-de-la ficción están representadas todas las madres de escritores, dramaturgos, poetas o guionistas. Madres que lo saben todo de nosotros, a las que irrita que lo desordenemos, que lo poeticemos, que lo ficcionemos. Porque ellas, como dice el dramaturgo uruguayo Gabriel Calderón en el prólogo al texto ya publicado de Miró, “vieron todos los capítulos de nuestra vida, todas las temporadas”.

'Restos del fulgor nocturno' es un texto hermoso y brillante sobre la identidad y la construcción de un yo alimentado por otros

‘Restos del fulgor nocturno’ es un texto hermoso y brillante sobre la identidad, sobre la construcción de un yo alimentado por los otros, sobre la infancia y la familia, un montaje con el que Miró rinde homenaje a sus padres: “El autor que soy yo es una consecuencia de todo ello, de lo bueno y lo malo, del amor recibido”, nos dice. Y es también un texto atravesado por esa conciencia ética e ideológica que configurará el lugar desde el que uno escribe.

Es entonces cuando aparecen Bernhard y el franquismo.

“¿Cómo te construyes cuando lo heredas todo de quien te repudia? ¿Cómo lo haces?”, se pregunta el dramaturgo y director a lo largo de la charla y también en escena, donde comparte su conflicto personal con la herencia recibida a través de la figura de ese tío abuelo santo fusilado por soldados del ejército republicano. Una muerte “terrible, que me provoca dolor”, dice, pero que no obvia que aquel obispo de Lleida habría sido del bando de “los vencedores, que detestaban e intentaron anular a gente como yo”, dice Alejandro Tous/Josep Maria Miró.

Foto: Alberto Berzal, Luis Rallo e Israel Frías, en 'Los despiertos'. (Paco Ureña)

Y es entonces cuando el dramaturgo se rebela contra esa frase de Thomas Bernhard según la cual lo heredamos todo de nuestros abuelos maternos y nos dice, desde el escenario: “En este país, todos tenemos un tío santo; unos abuelos falangistas; un pariente que calló porque le convenía y le fue bien; un espectador, sentado ahora mismo entre nosotros, que sigue al lado de los vencedores y de no hurgar en el pasado (…) Pero yo, que tengo alma de vencido, no me resigno. Mis principios están con aquellos con quienes no comparto la sangre: los perdedores, los invertidos, los equivocados, los que yacen en las cunetas”.

Miró recuerda que el día del estreno de la obra su madre le confesó que había tardado años en darse cuenta “del daño que hizo el franquismo en nuestra familia. Y yo le dije: no solo a nosotros, mamá, sino a las familias de la mitad de este país, estos 40 años nos han salpicado a todos”.

Y, por si alguien no lo tuviera claro todavía, el director y dramaturgo añade que ‘Restos del fulgor nocturno’ es una obra que, en el fondo, quiere hablar de los principios: “Si en España la gente votara por sus principios, el país sería otro, lo que pasa es que tenemos un país y unas sociedades más preocupadas por sus intereses, que han votado más (guiándose) por sus privilegios que por sus auténticos principios”.

* 'Restos del fulgor nocturno'. Autoría y dirección: Josep Maria Miró. Intérpretes: Rey Montesinos y Alejandro Tous. En el Teatro de la Comedia de Madrid, sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, hasta el 27 de marzo.

Tiene 44 años y es dramaturgo. Las estanterías de su casa están repletas de libros de teatro firmados por él y por otros. También de obras de arte. Le gusta comprar en subastas. Recibe un mensaje a través de una de esas aplicaciones para ligar, aunque a estas alturas ya sepamos que ese verbo suele ser un eufemismo. Una pareja de hombres quiere que vaya a su casa a grabarles mientras mantienen relaciones sexuales. Usará un anillo de luz y hará de esa filmación con su móvil una cortísima película de autor que seguramente muchos verán en OnlyFans. Cuando salga de allí, descubrirá que tiene unas cuantas llamadas perdidas y mensajes de su madre: su abuela se está muriendo y quiere verle. Tendrá una cita con un actor porno, tan famoso, que el dramaturgo le preguntará si es real antes de pagarle por sus servicios. Y otro encuentro con un actor uruguayo que conoce su obra, que le admira, y que le hará esa misma pregunta a él.

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