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Camila Sosa Villada: "Soy travesti, no trans, no quiero robarle nada a las mujeres"
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Entrevista

Camila Sosa Villada: "Soy travesti, no trans, no quiero robarle nada a las mujeres"

La escritora y actriz argentina consiguió un gran éxito mundial con 'Las malas' y ahora vuelve con un libro de relatos llenos de personajes queer, vulnerables, pero no en los márgenes

Foto: La escritora Camila Sosa Villada (CEDIDA POR LA EDITORIAL)
La escritora Camila Sosa Villada (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

Camila Sosa Villada (Argentina, 1982) no quiere que la denominen ‘trans’ sino ‘travesti’. No quiere que se blanquee un término -y una vida- que lleva detrás “mucha mugre” y sufrimiento, como ella misma contó en el bestseller mundial ‘Las malas’ (Tusquets, 2019) y también en diversas charlas. Esta novela puso a Sosa Villada en el disparadero (y la fama), pero detrás, además de la mala vida, también había habido ya una carrera como actriz y como escritora. Y un DNI que, afortunadamente, había logrado cambiar un 7 de agosto de 2013.

La escritora se reinventa de nuevo con ‘Soy una tonta por quererte’ (Tusquets), nueve relatos en los que abundan las travestis, personas queer, personas vulnerables -no en los márgenes, como no dejará de insistir en esta entrevista- que, sin embargo, se enfrentan a la vida con valentía, fuerza y sin caer en el desánimo más que cuando este aparece de forma íntima. Se percibe que varios de estos textos tocan teclas sensibles de su biografía porque esta entrevista realizada por zoom no fue una charla sino un volcán: hubo lugar para las lágrimas, la emoción, la risa e incluso la picardía. Una montaña rusa, como lo es subirse también a este libro.

placeholder 'Soy una tonta por quererte'
'Soy una tonta por quererte'

PREGUNTA: La primera vez en el relato… al menos publicado. ¿Cómo ha sido esta primera vez?

RESPUESTA: Ha sido de mucho trabajo, pero la presión más grande no era que fuera la primera vez contando cuentos sino escribirlo después de ‘Las malas’. Yo pensaba: la gente va a decir que esto es igual que ‘Las malas’; ay, no superó ‘Las malas’... ¿entendés? En México cuando fui a la Feria de Guadalajara un periodista me dijo: “Bueno, para mí podrías ya morirte porque no vas a escribir nunca más algo como ‘Las malas’. Esa presión yo la he sentido mucho. También responsabilidad. Paula Lucantis es mi editora en Planeta en Argentina y fue la que me invitó a continuar con otro contrato más allá de ‘Las malas’. Y también conmigo misma. Yo sé que puedo escribir y que voy a seguir escribiendo, pero la responsabilidad comercial, con los lectores, que no sientan que yo…

P: ¿Y cómo sigue una después del éxito?

R: Escribiendo. No me quedó otra. Trabajando mucho. Yo siempre digo que no tengo tanta fe en mí como escritora… Los escritores siempre creen que son los mejores escritores del mundo. Yo en ese sentido creo que soy bastante tonta, pero sí tengo mucha fe en que soy muy trabajadora. He trabajado muchísimo el libro junto a Liliana Viola, que me editó los cuentos, que organizó todo este aventón de imágenes e ideas.

"Los escritores siempre creen que son los mejores escritores del mundo. En ese sentido soy bastante tonta, pero sí creo que soy muy trabajadora"

P: ¿Cómo fueron surgiendo estos relatos llenos de travestis, gays, trans, niños maltratados y abandonados… gente en los márgenes?

R: Para mí esos que tal vez llamas márgenes para mí son el centro. Decir que hay una escritura en los márgenes habla de que las personas tienen una idea de que están en el centro de algo. Pero mi el centro siempre ha sido ese paisaje, ese color, ese poder adquisitivo, esas personas, las travestis, los maricones, la infancia, las espinas, la constante lucha contra la naturaleza para que no te devore ni te secuestre en algún momento. Para mí eso siempre ha sido el centro. Tal vez el único cuento en el que hago una salida de ese centro es en el de 'La mujer pantalla', esa mujer que se alquila entre sus amigos maricones adinerados porque no pueden salir del clóset ya que sus familias les exigen una relación heterosexual para seguir llamándolos hijos. Ese es el único cuento en el que me he salido de mi propio paisaje y he cruzado eso que sería tal vez tu centro. Así que yo creo que quizá la reflexión habría que hacerla al revés y decir en qué centro estoy yo para leer que hay alguien que está fuera.

P: En el primer cuento, ‘Gracias, Difunta Correa’, ¿tenía la necesidad de contar cómo el teatro la sacó de la calle?

R: Liliana Viola dice que yo inventé un género nuevo que es el cuento prólogo. No sé si fue la necesidad de contar eso o hacer una especie de pasaje entre ‘Las malas’ y estos cuentos como una responsabilidad más con mis lectores que con la escritura misma como una especie de amabilidad para con ellos. Decirles, pasó esto, yo vengo de acá, sucedió esto en el medio y luego de eso escribí ‘Las malas’ y punto, ahora tengo ganas de escribir otras cosas.

P: Como una especie de transición.

R: Exactamente. Pero, perdón, perdón, también es una gran historia.

P: No quería decir que no lo fuera al decir transición…

R: Tiene además los colores que tiene el libro. La autora está intimamente relacionada con los milagros o con las creencias populares, las leyendas populares y ya uno sabe que el libro va a ir de unas cosas y no de otras.

"Para mí esos que llamas márgenes son el centro. Decir que hay una escritura en los márgenes habla de personas que creen que están en el centro"

P: Ahora que dice lo de los colores del libro quiero detenerme en el lenguaje porque aunque hable de momentos duros, el lenguaje no es triste…

R: Claro! Yo me divierto mucho además. Para mí el lenguaje es un juego, nunca ha sido algo utilitario. Es decir, yo nunca uso las palabras para llegar a algún lugar si se quiere. Yo ya lo dije con ‘Las malas’. No es que sabía cómo iba a terminar el libro o cómo iban a terminar estos cuentos. Yo pienso en indagar. Es una costumbre que me quedó del psicoanálisis, eso de empezar a nadar y nadar en el lenguaje hasta que en algún momento hay una luz al final del túnel, si es que hay algún túnel. Para mí el lenguaje es un juego, una expedición, una manera de nadar a ciegas sin saber dónde está la otra orilla.

placeholder Camila Sosa Villada (CEDIDA POR LA EDITORIAL)
Camila Sosa Villada (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

P: Y a la hora de elaborar los diálogos, ¿eso de dónde sale? Porque me parecen muy buenos...

R: ¡Bueno, soy chusma! ¡Me gustan mucho los chismes! Estoy escuchando cómo habla la gente constantemente. Eso hace que yo tenga un registro muy oral. De todas maneras ha sido una especie de achuchón que me dio la editora porque yo escribía los diálogos dentro del párrafo y ella me decía, no, eres talentosa con los diálogos, escríbelos y no tengas miedo de eso. Así que solté la mano y empezaron a aparecer cada vez más y me empecé a sentir muy cómoda. Otros dirán, bueno, ella es actriz y dramaturga por lo que maneja los diálogos de esa manera, pero yo creo que es algo más para animarme. En ‘Las malas’ o ‘En el viaje inútil’ no existen casi los diálogos. Yo me he ido soltando a medida que he tenido confianza.

P: Lo que demuestran estos diálogos es lo que le decía antes: pese a lo doloroso, no son personajes tristes.

R: No… Ahorita yo me pregunto cómo sería un personaje triste. Además la tristeza es tan elegante… La tristeza auténtica tiene una elegancia, una discreción… Es algo que está muy escondido por lo que cuando aparece, aparece como los géiseres. Y aparece generalmente en la soledad. Yo creo que el cuento más triste es el del niño. A mí es un texto que me hace llorar [y se emociona]. Yo tengo cierta piedad para conmigo de niño. Cuando era niño y andaba por el campo y me sentía tan sola… y veía a mi mamá sufriendo. Yo llevo esa marca dentro de mí, pero nunca hubiera podido notar esa tristeza dentro de mí sin haber registrado todo este paisaje alrededor. Un día con mi mamá fuimos a robar naranjas y en un pueblo muy rural, era un caserío, era la época de Semana Santa, ese clima que está nublado y triste. Y ella iba adelante mío para cruzar una cerca para robar naranjas y yo sentí por primera vez la revelación de una tristeza [y llora]... pero si no hubiera sido por ese día y ver a mi madre quizá nunca me hubiera dado cuenta de lo triste que estaba. Entonces… la tristeza de estos personajes está acompañada por toda una circunstancia.

P: Ese sufrimiento pienso que aflora con la literatura.

R: Claro. La literatura extrae el sufrimiento. La palabra, en general, escrita y hablada, extrae el sufrimiento, la alegría, las pasiones, las emociones. La palabra es un extractor.

"La palabra, en general, escrita y hablada, extrae el sufrimiento, la alegría, las pasiones, las emociones. La palabra es un extractor"

P: ¿Se considera una persona espiritual?

R: [Tarda en responder] Sí… yo creo que sí. Tengo mis rituales, mis santos…

P: Se lo pregunto porque se nota en los cuentos.

R: Bueno, vengo de una familia muy religiosa. Religiosa no en el sentido cristiano sino de creencias rurales, de santos, supersticiones… No comer de noche porque no sé qué cosa, que si llueve con sol alguien va a pagar una injusticia. Todo eso ha nutrido mi infancia durante muchísimos años y ahora yo soy actriz, tenemos cábalas. Incluso si yo tuviera la intención de romper esas cábalas… Hace un tiempo yo quise hacer una obra en la que hicieran los actores todas las cosas que dan mala suerte en el teatro: barrer los escenarios, caminar bajo las escaleras etc etc…, pero siempre está de fondo la idea de que hay fuerzas que no terminan en el cuerpo sino que continúan en el espacio…

P: No es raro hacer aquelarre de todo esto con la literatura.

R: Sí, sí, totalmente. Además son aquelarres privados. Joyce se curó de la psicosis escribiendo. Yo al escribir siento que estoy haciendo mis propias brujerías. Protectoras.

P: ¿Quién es más Camila Sosa Villada, la actriz o la escritora?

R: La amante.

P: También se pueden amar ambas cosas.

R: Sí, pero no te dan orgasmos… No te corres, como dicen los españoles [risas].

P: Bueno… ¿Hasta qué punto la literatura tiene una función de reivindicación de minorías? Es decir, ¿mostrar estos personajes ayuda a sacarlos de los márgenes?

R: Lo que sucede es que las personas menos reivindicadas en la sociedad son las que menos escriben. Por lo general siempre están escribiendo los mismos mamones de siempre. Y ellos se creen que hacen justicia, oye: “no, yo voy a escribir sobre esta mujer golpeada y violada y estoy haciendo feminismo con mi literatura”. No, yo creo que se puede hacer una justicia poética, pero nunca la que realmente necesitamos, que es la justicia económica, porque por lo general todas aquellas personas que están siendo en este momento esquilmadas, violentadas, abusadas, lo están siendo siempre por la pobreza. Y eso no lo cambia la literatura. ¡Sí lo ha hecho conmigo! Yo he tenido la suerte de pegarla vendiendo libros. Yo tuve la suerte de que me encontró Planeta y, de repente, he vendido muchos libros. Pero es un caso único. No sé cuántas otras escritoras trans, cuántas travestis podrán decir lo mismo. Es un caso particular y muy egoísta.

"Con la literatura se puede hacer una justicia poética, pero nunca la que realmente necesitamos que es la justicia económica"

P: ¿Qué le parece cuando en la prensa nos referimos a usted como “actriz y escritora trans”?

R: Yo he dejado de nombrarme trans como se nombran ahorita por una decisión política y porque yo me siento travesti y no me siento trans. El travestismo latinoamericano tiene particularidades que en Europa no se conocen salvo por las extranjeras, por las travestis que han ido de Latinoamérica a hacerse la América en Europa. En España ustedes tienen un caso maravilloso. Yo estoy fascinada con La Veneno. Cuando ella se hizo famosa yo era muy joven y tampoco existía Internet y no me llegaban tantas noticias. Pero me parece una de las últimas grandes travestis de este tiempo. En la serie de Los Javis está muy claro el momento cuando Paca La Piraña dice “nosotras éramos travestis y nos decían travestis y nos llamábamos travestis. Esto de ahora de decir mujeres trans es algo nuevo”. A mí me sucede lo mismo. Era una palabra como insulto que ahorita la hemos empezado a reivindicar y usar. No es una ocurrencia mía, yo le he seguido a Claudia Rodríguez, que dice que es una escritora travesti resentida. Y a mí me parece algo muy bonito. He tomado eso de ella entendiendo además que el mundo ha cambiando y con muchísima nostalgia porque creo que nosotras, las de entonces, las que salíamos a la noche y usábamos ropa tan provocativa y éramos desprejuicidadas y mal habladas estamos desapareciendo. Así que me nombro travesti porque es como si yo tuviera una joya además de ser escritora. Cuando dicen “la escritora travesti” yo siento que tengo una esmeralda. Que soy especial. Además me hace sentir especial a mí y también a quienes lo dicen porque piensan “aquí somos diferentes a ella, por suerte, gracias a Dios”. Los deja muy tranquilos.

P: ¿Qué quiere reivindicar con la palabra travesti que no tenga la palabra trans?

R: Durante mucho tiempo fue una palabra cubierta de crímenes, insultos, semen, sangre, silencio, soledad, hambre [se emociona], intemperie. Es una palabra que está sucia. Y el decir “mujeres trans”, “mujeres transgénero” higieniza una existencia que nunca estuvo higienizada. Entonces yo digo: dejen de lavar algo que existió tal y como es. En Argentina hay una revista que se llama ‘Barcelona’, una revista muy irónica, graciosa y profundamente política. Recuerdo una tapa [portada] maravillosa que decía: bueno, aparentemente decir personas de color, personas con orientaciones sexuales diferentes y personas con capacidades diferentes no mejora la situación de negros, putos y bubólicos. A mí eso de la corrección política en el lenguaje me parece que está bien, sobre todo cuando somos siempre las mismas personas las que estamos siendo burladas, pero una vez que una se apropia de eso se siente mucho más poderosa. Sí, yo era prostituta, yo estaba cubierta de mierda, comía mierda, tenía hambre, pero ya no soy más de esa manera así que para qué me voy a lavar una mugre que ya tuve.

"He dejado de nombrarme trans como se nombran ahorita por una decisión política y porque yo me siento travesti y no me siento trans"

P: No sé si sigue la actualidad de la ley trans en España…

R: Por supuesto, yo una ley a favor de las travestis la voy a celebrar. Durante mucho tiempo yo estuve enojada con las TERF, las sentía violentas, coléricas, incluso las veía bobas. Y después de ver ‘La veneno’ y descubrir ese personaje entendí que nunca nadie, ni desde el progresismo ni desde los derechos humanos ni desde ningún sector de la sociedad, nos había hecho a las travestis una invitación tan interesante a pensarnos a nosotras mismas y decir: miren, ustedes son capaces de hacerlo por sí mismas, sin necesidad del feminismo. Sobre todo porque el feminismo lleva muchos años en el planeta, se ha cristalizado y es necesario irse de ahí y pensarnos a nosotras de otra forma y no tomarles a ustedes prestada una identidad que no sabemos cómo es. Una pregunta que me hacen mucho a mí es ¿siempre te sentiste mujer? Y yo digo, ¿cómo se sienten las mujeres? ¿Qué es sentirse mujer? En cambio sí te puedo decir, sí, siempre me sentí travesti. Lo que sucedía es que en la época en la que yo empecé a travestirme no había lenguaje para decirlo, no había forma de decir qué era lo que me pasaba adentro. Lo más cercano eran las mujeres y lo tomé prestado, pero ahora que soy adulta, que estoy ajada y cansada, digo, bueno, es momento de pensar en otras formas de existencia, de lucha, que no tienen que ver solo con el feminismo. Me parece una gran invitación y yo se lo agradezco, pero por eso también decidido nombrame a mí travesti para que ellas no se sientan en peligro de que estoy queriéndome quedar con algo de ellas.

placeholder Camila Sosa Villada (CEDIDA POR LA EDITORIAL)
Camila Sosa Villada (CEDIDA POR LA EDITORIAL)

P: ¿Las mujeres feministas en general?

R: ¡Las TERF! Pero yo no quiero quedarme con nada de ellas. Yo a veces bromeaba y decía, en verdad sí que nos cogemos a sus maridos. Pero, mira nosotras tenemos realmente otros problemas. Hay violencias tan grandes y específicas sobre el cuerpo de las mujeres, sobre todo por la reproducción, y hay tantas violencias específicas sobre el cuerpo de las travestis que a veces casan y otras veces no. Lo cierto es que siempre se trata de hacer un mundo mejor . Travestis, negros, gordos… Hubo un momento en el que estuve muy emparentada con la lucha de las personas gordas. Usaban una frase de Perlongher, ¿sabes quién es?

P: No.

R: Es un escritor argentino, maricón, muy al estilo de Lemebel, un gran escritor además. Yo te diría que empieces por ‘Evita vive’, un monólogo de Eva Perón. Y tiene un texto que dice una cosa maravillosa. No es literal porque no me lo sé de memoria, pero dice algo así: “no queremos que nos estudien, no queremos que nos persigan, no queremos que nos eduquen, no queremos que nos golpeen, no queremos que nos maten. Lo que queremos es que nos deseen”. A mí esa frase se me hizo maravillosa. Y el movimiento gordo empezó a usarlo como bandera. Y yo dije, bueno, estamos en la misma porque somos cuerpos que no entran en la biología, en los dibujos de anatomía, siempre estamos patologizados… Yo durante toda mi vida he ido al médico y nunca he visto el dibujo del cuerpo de una travesti. Siempre las luchas están emparentadas. Los pobres, los marginados, los maricones, las lesbianas, la lucha por la salud mental incluso. Siempre se trata de hacer un mundo mejor.

P: ¿Y de que nos quieran?

R: Sí, o que nos dejen en paz.

P: Con todas estas luchas, ¿no estamos quizá ante un mundo mejor al de hace años cuando usted empezó a travestirse?

R: No, es espantoso y está cada vez peor. Entiendo que con los derechos para las trans en Argentina al menos han mejorado algunas cosas. Al menos para mí. Viajo y ya no tengo que enfrentarme en los aeropuertos y decirles, no, es que yo soy esta de la foto… Pero el mundo está horrible. Entiendo que estamos frente al fin de un mundo tal y como lo conocemos, que nos estamos haciendo los idiotas además viviendo como si no hubieran cambiado las cosas y, en verdad, han cambiado y mucho. Mucho tiene que ver con el medioambiente, con la ecología, y mucho tiene que ver con que estamos más virulentos. Ahorita que tenemos derechos, ahorita que podemos comprar nuestra comida, el mundo está invivible.

"Estamos frente al fin de un mundo tal y como lo conocemos y nos estamos haciendo los idiotas viviendo como si no hubiera cambiado"

P: Los últimos acontecimientos desde luego dan qué pensar…

R: El rebrote del nazismo, que ya venía… De verdad, qué espanto.

P: ¿Cuál es su refugio?

R: Continuo escribiendo, haciendo teatro, cantando, pero creo que el refugio ahora es descansar y yo no lo estoy haciendo… Ya me tocará en algún momento.

Camila Sosa Villada (Argentina, 1982) no quiere que la denominen ‘trans’ sino ‘travesti’. No quiere que se blanquee un término -y una vida- que lleva detrás “mucha mugre” y sufrimiento, como ella misma contó en el bestseller mundial ‘Las malas’ (Tusquets, 2019) y también en diversas charlas. Esta novela puso a Sosa Villada en el disparadero (y la fama), pero detrás, además de la mala vida, también había habido ya una carrera como actriz y como escritora. Y un DNI que, afortunadamente, había logrado cambiar un 7 de agosto de 2013.

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