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'El Golem': Mayorga y Sanzol, al fin juntos en un cuento oscuro, fantástico y perturbador
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LA OBRA DE TEATRO DEL FIN DE SEMANA

'El Golem': Mayorga y Sanzol, al fin juntos en un cuento oscuro, fantástico y perturbador

El CDN estrena este viernes una obra sobre cómo despojar a los cínicos del poder de las palabras que es toda una llamada a la guerra

Foto: Vicky Luengo en 'El Golem'. (Luz Soria)
Vicky Luengo en 'El Golem'. (Luz Soria)

Una mujer joven bebe una cerveza sin alcohol en un vaso de plástico en la cafetería de un hospital. No tiene buena cara, lleva días durmiendo en el coche mientras tratan a su marido de una enfermedad rara. Por las ventanas se cuela el ruido de un tumulto, las calles están llenas de gente, rabia y angustia. El Estado ha decidido dejar de cubrir determinados tratamientos y están empezando a echar de los hospitales a los pacientes que no pueden pagarse la atención médica. La sanidad pública ha sido dinamitada, ya nadie recuerda qué era aquello de la Seguridad Social.

A la joven, que se llama Felicia, se le acerca una mujer y le ofrece un trato para que su pareja no tenga que abandonar el centro: ha de memorizar unas palabras. Palabras de otro. “Si solo se trata de palabras, no puede ser peligroso”, dice Felicia. “Tratándose de palabras, puede ser muy peligroso”, contesta la mujer. Se llama Salinas. En la mano lleva un libro, que deja olvidado en la mesa. Es un libro de cuentos, escrito en una lengua extraña. No parece una doctora, tampoco una paciente. Luego sabremos que es traductora y que su despacho está lleno de diccionarios y gramáticas. Luego sabremos también que Felicia comenzará a memorizar esas palabras de otro cuerpo, que su memoria comenzará a estar habitada por recuerdos de otro y que eso la transformará. ¿En qué? ¿En quién? Hay que seguir leyendo.

Así comienza 'El Golem', un texto de Juan Mayorga que dirige Alfredo Sanzol, que se estrena este viernes en el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional (CDN) y que reúne en el escenario a Vicky Luengo, Elena González y Elías González. Mayorga escribió esta obra en 2015 pero explica que “durante el confinamiento, además de percibir angustia e ira en las calles, sentí que había mucha gente vulnerable que se sentía abandonada, que sentía que aquello era un sálvese quien pueda y un día se me ocurrió que el Estado, colapsado, podía anunciar que dejaba de cubrir ciertos cuidados que damos por hechos”. Reescribió la obra, envió el texto a Sanzol para que lo leyera y le diera su opinión y el director contestó rápidamente: quería que Mayorga estrenara la obra en el CDN, que dirige desde enero de 2020. Un día después volvió a llamarle para decirle que, además, quería dirigirla.

placeholder Vicky Luengo en 'El Golem'. (Luz Soria)
Vicky Luengo en 'El Golem'. (Luz Soria)

'El Golem' reúne así a dos de los hombres fuertes y con mayor influencia del teatro en España. Sanzol, dramaturgo y director de escena de largo aliento ('En la Luna', 'La ternura', 'La calma mágica', 'La valentía', 'La respiración'...), al frente del principal teatro público del país y gran triunfador de la pasada temporada con su obra 'El bar que se tragó a todos los españoles'. Mayorga, dramaturgo prolífico y representado en medio mundo ('El chico de la última fila', 'La paz perpetua', 'El cartógrafo', 'Silencio'…), académico de la RAE, director del Máster de Creación Teatral de la Universidad Carlos III de Madrid y, desde hace tres semanas, nuevo director artístico del Teatro de La Abadía. Es la primera vez que trabajan juntos, aunque coincidieron hace años, cuando Sanzol era ayudante de Gerardo Vera en la dirección de 'Divinas palabras' y 'Un enemigo del pueblo', ambas con versión de Mayorga.

Cambio de registro

'El Golem' huele a éxito y a ligero cambio de registro en el teatro de Mayorga tras sus últimos textos firmados en solitario -aquí es más duro, más explícito en lo político-, huele a aquel 'Hamelin' que estrenó en 2005 con Animalario, un cuento oscuro sobre la responsabilidad colectiva y la perversión en el uso del lenguaje, pero conecta también con el combate por las palabras que articula 'La lengua en pedazos', con la construcción de otros mundos de Intensamente azules o con la existencia de la figura del doble en 'El Mago'. 'El Golem' no es una obra fácil: es oscura, juega con el 'thriller' y el cuento fantástico, comparte con el público un universo perturbador y la misma perplejidad que siente su protagonista, no lo explica todo y, como dice Sanzol, no es utópica ni distópica, sino todo lo contrario. 'El Golem' huele a debate en las cañas de después de la obra, a lecturas en clave batalla-por-el-relato y nos recuerda cómo la ultraderecha ha ido apropiándose de palabras que son de todos. 'El Golem' es una obra profundamente política sobre lo que hacemos con las palabras y sobre lo que las palabras hacen con nosotros, un texto sobre cuerpos ocupados por palabras que pueden desencadenar guerras. Pero, como dice Felicia en el escenario, todo empieza por un cuento.

'El Golem' no es una obra fácil: es oscura, juega con el 'thriller' y el cuento fantástico, comparte con el público un universo perturbador

Juan Mayorga parte del mito del Golem, la historia de ese hombre de barro creado para salvar al pueblo judío que popularizó en 1915 el escritor austríaco Gustav Meyrink en su primera novela y al que Borges dedicó un poema: “Hecho de consonantes y vocales, habrá un terrible Nombre, que la esencia cifre de Dios y que la Omnipotencia guarde en letras y sílabas cabales”, escribió el autor argentino en 1958. En una conversación con El Confidencial después de ver un ensayo, el dramaturgo explica que le interesa la leyenda hebrea porque “es un mito político, el de una comunidad que está en peligro y que anhela y encuentra un protector, un líder que en este caso es un cuerpo vacío, un cuerpo de barro al que han introducido unas palabras. En nuestro Golem también hay una comunidad que se siente en peligro y que va a ser liderada por un cuerpo ocupado por palabras”.

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'El Golem'.

La primera palabra que aprende ese cuerpo ocupado es ‘no’. Una palabra que al principio iba a ser ‘yo’ y que decidieron cambiar cuando comenzaron los ensayos porque, dice Mayorga, “quizá la palabra no es la palabra políticamente más importante, uno de los momentos fundamentales en la vida de cualquiera es cuando dice no a su padre. Es la palabra política por antonomasia, es la palabra que abre un conflicto”. Tras esa primera palabra vendrán otras muchas y, mientras la ira sigue anegando las calles, el cuerpo de Felicia/Vicky Luengo comienza a transformarse en escena. Sueña, se retuerce en el suelo con las manos maniatadas, habla distinto, su cuerpo ocupa el espacio de otra manera.

Explica Alfredo Sanzol que, siendo 'El Golem' una obra de palabras, “son palabras en un cuerpo y eso la convierte en una obra tremendamente física, así que pensamos y hablamos muchísimo sobre si teníamos que hacer una transformación más fuerte, incluso de la voz, y creamos una metamorfosis (de Felicia) que entronca con la tradición judía y la de Kafka y que también tiene que ver, tirándome a la piscina, con la transformación del cuerpo de Cristo. Es decir, pertenece a toda esta tradición en la que el cuerpo del héroe sufre una mutación. Fíjate todos los ensayos que he visto ya y a mí me da miedo cuando aparece Vicky, al final de la función, con esa transformación física y energética que hasta se le cambia la mirada”.

Explica Sanzol que, siendo 'El Golem' obra de palabras, "son palabras en un cuerpo y eso la hace tremendamente física"

No sabemos quién es ese otro, ese huésped que invade ya el cuerpo de la joven y que podría llamarse Pablo. ¿Es un profeta o un líder político? “El cuerpo de Pablo es un cuerpo torturado, es un cuerpo perseguido, es un cuerpo que ha viajado, que llega a un hospital, es un cuerpo besado por Salinas y es un cuerpo que conocemos a través de los sueños de Felicia”, explica Alfredo Sanzol, respondiendo a la gran pregunta que atraviesa toda la obra.

Mayorga explica que, para construir ese personaje, pensó en líderes políticos que a lo largo de la historia han sido capaces de arrastrar a otros con sus palabras: “Pensaba en Cristo, en Martin Luther King, en Lenin, en Mussolini, pero también sabía que, si tenía ante mí cualquiera de esos modelos, llegaría tarde porque tenía que crear un personaje que se constituyese en las palabras. Lo que me importaba de ellos es que eran enormes oradores y extraordinarios relatores, que sabían, como dice Felicia, que siempre hay que empezar por un cuento, y aquí hay un viejo asunto mío, la importancia de Shahrazade, porque necesitamos cuentos para ir a la guerra o para evitarla, para amar y para odiar”.

Guerras culturales

Es fácil conectar el texto de 'El Golem' con ese combo en el que caben las 'fake news', las guerras culturales, la pelea por el relato en el escenario político y la velocidad de la desinformación en redes. Mayorga no se escaquea: “Quiero pensar que este cuento dice algo sobre lo que está en la calle o sobre lo que puede pasar y es que quien sepa encontrar las palabras dominará la calle, quien encuentre esas palabras que lleguen a la cabeza y el corazón de la gente terminará dominando la calle y por eso existe una enorme y encarnizada pelea por las palabras. Por eso, como ciudadanos, debemos estar muy atentos a las palabras y también es importante que quien tenga algo importante que defender ha de buscar las palabras para ello. Es decir, que también los proyectos de emancipación necesitan palabras y no debemos dejar el poder de las palabras a los cínicos, a los que combaten al ser humano, a los que alientan la caza de los seres humanos. Quienes pelean por la dignidad, por la justicia y por la belleza han de saber que también necesitan palabras y necesitan relatos. Hay que saber contar cuentos a la gente, no bastan solo los datos”.

¿No crees que es la derecha quien está encontrando esas palabras para sacar a la gente a la calle pero no tanto la izquierda o esos proyectos de emancipación de los que hablas? “Probablemente tienes razón, probablemente, pero todo lo que me atrevo a decir es que cuando se habla de que hay una pelea por el relato se puede entender incluso en un sentido mucho más elemental, sí, por relatos muy, muy sencillos, por los cuentos que calientan o no el corazón de la gente”.

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'El Golem'.

Sanzol y Mayorga no son de esos que te sueltan lo del 'spoiler' cuando les preguntas por el final del montaje y lo que significa. Son generosos y quizá sepan ya que determinadas palabras juegan a favor de un patio de butacas lleno. Felicia, convertida ya en Pablo, se dirige al público y dice: “No soy un profeta, pero sé que nuestra primera tarea será soportar la visión de lo que va a suceder. No hay guerra más cruel que la civil, en que cada bando niega la humanidad del enemigo. Ojalá fuese posible evitarla. Pero los tiranos son más crueles que nunca y mayor que nunca nuestra desesperación. No habrá zonas neutrales en que refugiarse y quien no combata estará frente a nosotros. Frente a nosotros se levanta un orden que se sostiene sobre dolor humano y que trata la pregunta como delito, el pensamiento como crimen. Por todas partes se extienden nuevas formas de coacción. Sin embargo, también nosotros contamos con nuevas fuerzas para luchar por la libertad. Intentarán comprarnos, nos difamarán -nos llamarán violentos, porque ellos quieren seguir decidiendo qué es justicia y qué es violencia-, nos perseguirán, pero no tenemos nada que temer, ya hemos pasado el tiempo de la prueba. Estamos dispuestos a morir solos”.

Y, por si quedara alguna duda, Mayorga añade: “Ella usa dos palabras extraordinariamente graves que son guerra y civil. Ella viene a inflamar, no viene con un mensaje de paz, viene con un mensaje de combate”.

Un combate al que también alude el filósofo Santiago Alba Rico en 'Las palabras y las cosas', un ensayo que acompaña y dialoga con el texto de 'El Golem', que publica en un mismo volumen la editorial La Uña Rota justamente hoy, día de su estreno: “Toda criatura que funciona con palabras es ser y libertad al mismo tiempo. Cura y mata. Es Sherazade que hechiza y Sherazade que envenena. Es el tirano que asesina y el nombre tatuado que salva. Necesitamos un nuevo Golem, no porque necesitemos un salvador o un retorno al mundo antiguo, sino porque necesitamos un campo de batalla. Necesitamos volver al campo de batalla: la palabra reñida y el cuerpo común. El único lugar donde podemos perder: el único lugar donde, antes de morirnos, podemos todavía alcanzar la victoria. Alguna victoria”.

Una mujer joven bebe una cerveza sin alcohol en un vaso de plástico en la cafetería de un hospital. No tiene buena cara, lleva días durmiendo en el coche mientras tratan a su marido de una enfermedad rara. Por las ventanas se cuela el ruido de un tumulto, las calles están llenas de gente, rabia y angustia. El Estado ha decidido dejar de cubrir determinados tratamientos y están empezando a echar de los hospitales a los pacientes que no pueden pagarse la atención médica. La sanidad pública ha sido dinamitada, ya nadie recuerda qué era aquello de la Seguridad Social.

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