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El mito de la hegemonía anglo: EEUU no empezó con el Mayflower sino en Castilla
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El mito de la hegemonía anglo: EEUU no empezó con el Mayflower sino en Castilla

La divulgadora estadounidense Carrie Gibson desgrana en 'El norte' la presencia y el bagaje cultural que han dejado los españoles en EEUU desde su llegada a finales del siglo XV

Foto: Un hombre camina por las calles de la Quinta Avenida en Nueva York durante la celebración del día del orgullo Puerto Riqueño. (Gettty/Yana Paskova)
Un hombre camina por las calles de la Quinta Avenida en Nueva York durante la celebración del día del orgullo Puerto Riqueño. (Gettty/Yana Paskova)

EEUU no es ni blanco, ni protestante ni anglófono. Y su identidad, su historia no comenzó con aquel desembarco de los peregrinos europeos del Mayflower, aquellos que se vanagloriaban incluso de ser más radicales que los calvinistas, en 1620 procedentes del puerto de Plymouth en Reino Unido. Para la historiadora y divulgadora estadounidense Carrie Gibson, la identidad de su país no se puede entender sin la presencia y el bagaje cultural de los españoles que comenzó con su llegada a finales del XV y su posterior expansión a lo largo de todo el XVI por buena parte de esta nación cuando aún no eran los EEUU. No solo lo dice ella. Ya lo gritaron otras voces como la del poeta Walt Whitman -uno de los favoritos de Obama-, quien en el XIX sentenció: “Para componer la identidad estadounidense del futuro, el carácter español proporcionará algunas de las piezas más necesarias”. Desafortunadamente, dice Gibson, son expresiones que han sido ocultadas, sobre todo en el siglo XX. “Gran parte de la historia hispánica del país ha permanecido ignorada y marginada”, manifiesta.

“Para componer la identidad estadounidense del futuro, el carácter español proporcionará algunas de las piezas más necesarias”

Toda esta tesis la expone en el extraordinario ensayo ‘El norte’ (Edaf) en el que narra de forma cronológica cómo fue la mancha de aceite española que desde 1492 se fue extendiendo por este amplio territorio americano, incluyendo México y las actuales islas del Caribe, Puerto Rico y Cuba, para contar también cómo se fueron perdiendo con guerras contra los británicos, franceses y, ya después, estadounidenses, y cómo todo fue a peor a partir del siglo pasado, cuando el estereotipo del hispano se endureció y los inmigrantes cubanos, mexicanos, puertorriqueños y españoles fueron estigmatizados. Eran los pobres, los que no eran blancos y los que eran católicos.

placeholder 'El norte', de Carrie Gibson
'El norte', de Carrie Gibson

Prácticamente como ahora. El libro culmina con los años más recientes, los cuales, comenta la propia Gibson a este periódico por teléfono, “han sido muy duros para los que hablan español, los latinos y para todos en EEUU. No sé qué ha hecho Biden directamente para ayudar a la comunidad hispana, pero por lo menos ahora mismo no tenemos un presidente que dice cosas racistas contra ellos como Trump. Claro que todavía estamos en un momento de pausa porque no sabemos cuál va a ser el próximo presidente o si Trump volverá. Todavía es un momento duro para la comunidad hispana”.

"Los años de Trump han sido muy duros para los que hablan español, los latinos y para todos en EEUU"

¿Qué es ser hispano?

Para entender todo esto antes de pasar al análisis de los hechos, Gibson, que habla un poco de español impelida por la llegada de emigrantes hispanos a su ciudad natal, Dalton, en Georgia, y que recorrió 16.000 kilómetros de su país de punta a punta -de Florida al noroeste canadiense apuntando numerosos topónimos en español- para escribir este libro, se pregunta por varios conceptos básicos. El primero es ¿qué es realmente ser hispano en EEUU? Y lo mejor, ¿cuándo deja uno de ser hispano? Un concepto “con un fuerte peso político”, explica. Por ejemplo, señala, ¿si no hablas español ya no lo eres? Lo cierto, dice, es que cada vez menos hispanos hablan español porque es un idioma que sigue estando denostado. Hay, explica, hasta 31 Estados en los que el inglés es el idioma oficial, incluidos Florida, California y Arizona. Y eso ocurre cuando 41 millones de personas son hispanohablantes.

Allá por 1776 con la independencia de las famosas trece colonias se necesitaba crear una identidad y triunfó la anglófona, blanca y protestante

Otro asunto en el que se detiene es la raza y la etnia. Ella se suma a quienes piensan que “la raza es una manera de inventarse a la gente”. Un constructo social, vaya. Y “la etnicidad tiene los mismos problemas que el término raza”, añade. Pero todos estos conceptos fueron clave para entender por qué cuando se empezaron a configurar los EEUU allá por 1776 con la independencia de las famosas trece colonias. Como explica Gibson en el ensayo, se necesitaba crear una identidad y triunfó la anglófona, blanca y protestante. De alguna manera, todo estaba basado en la blanquitud y ahí “no había lugar para los indios o los esclavos africanos o siquiera los europeos del sur”, escribe. Lo curioso, apunta, es que a los italianos -de los cuales procede esta historiadora- sí se les consideró blancos y a los españoles, no. Esto también aclara por qué incluso a Antonio Banderas en Hollywood todavía se le sigue incluyendo dentro de los grupos de diversidad racial.

Españoles desconocidos

Vayamos ahora a los hechos cronológicos. Gibson alerta desde el principio que tampoco hay que glorificar. "Hubo sobrados motivos de vergüenza para los españoles". Empieza por donde empezó todo: con aquel Colón que descubrió América a partir de la isla de La Española -hoy República Dominicana y Haití- pero que murió en 1506 sin saber qué había descubierto. Después sigue con historias de conquista que ya son menos conocidas, tanto para los propios españoles como para los estadounidenses. No ya las de Hernán Cortés, que es el conquistador más mediático que ha llegado a nuestra era; sino con Juan Ponce de León y cómo fue el primero en llegar a Florida e intentar conquistarla, cosa que no fue fácil porque no daba dinero -los tributos de la famosa encomienda que los españoles exigían a los nativos-, ya que apenas había nativos y además era un terreno embarrado y sin la extraordinaria fertilidad de esa Nueva España -México- de Cortés. Más de un siglo costó, en cualquier caso, hacerse con Florida. Hoy solo permanece una estatua de Ponce en San Agustín.

placeholder Nativos trabajando en la Florida
Nativos trabajando en la Florida

También habla Gibson del evangelizador Bartolomé de las Casas, de Álvar Núñez Cabeza de Vaca o de Alonso Álvarez de Pineda, que fue el primer europeo en divisar el río Misisipi y le puso el nombre de Espíritu Santo con el que se conoció durante un tiempo. O de cómo fueron los jesuitas los que abrieron camino hacia California ya en 1684 con una expedición liderada por el cura Eusebio Kino. Muchos nombres que, ciertamente, para no pocos en EEUU resultan desconocidos.

“Colón es hoy una figura importante y muy conocida, pero el resto de hispanos sí que no son conocidos ahora mismo. Es irónico porque Colón nunca fue al norte. Es un error histórico. Pero no, no se estudian otras figuras. Quizá Ponce de León, Coronado, pero depende de en qué estado vivas porque cada estado tiene su propio programa escolar por lo que eso es más probable que suceda en Texas, California o Florida”, señala Gibson.

"[El derribo de estatuas] no es necesario, pero sí es necesario contextualizarlas. Y quizá es mejor ponerlas en un museo con una mayor explicación"

De ahí que ella crea -y su libro en gran parte es para ello- que es necesario conocer a este tipo de personajes y lo que hicieron y por qué se les hizo una estatua antes de sacar cualquier conclusión al respecto. Sobre todo ahora que hay tantos movimientos de protesta en su contra y se promueve el derribo de sus figuras como la del fraile Junípero Serra en California. “Allí hay controversia sobre las estatuas de Junípero Serra y Kino. Y Colon cada año es un foco de debate por el Colon’s day. Es importante entender la historia de todas las estatuas y si está en una plaza pública, en un museo o no. Valdría la pena saber la historia, por ejemplo, de Junípero Serra, y también la razón por la cual en los años veinte y treinta se construyeron estas estatuas en los lugares públicos”, sostiene. En cuanto al derribo, para ella “no es necesario, pero sí es necesario contextualizarlas. Y quizá es mejor ponerlas en un museo con una mayor explicación. Pero todo depende de en qué forma estén en el espacio público y de qué forma se quiere establecer el debate público”.

Burbujeante Nueva York español

Este ensayo sirve para refrescar -o descubrir si no se sabe- conocimientos como la amplia presencia española en Luisiana hasta el siglo XVIII y cómo, por ejemplo, se mantuvo Cuba pero gracias a ceder Florida a Gran Bretaña. O cómo fue la historia de Nueva Madrid -hoy New Madrid-, en Luisiana, que fue entregada a los franceses en 1800, y estos después a los estadounidenses. Casi sin mucho pesar porque es una incómoda zona de terremotos. Cuando los estadounidenses se hicieron con ella pronto la convirtieron en una zona de plantaciones y esclavismo.

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Caricatura de Cuba pidiendo ayuda a EEUU

Y, por supuesto, Gibson no se olvida de lo burbujeantemente español que fue Nueva York hacia los años veinte y treinta del siglo XX. Fue la época en la que se creó la Hispanic Society of América a cargo de Archer Huntington, un millonario entusiasmado con España y con los cuadros de Sorolla. En 1927 incluso llegó a haber una estatua del Cid en Washington Heights. Hacia los años treinta también hubo un Little Spain en el Greenwich village, al noroeste. Y por ahí paseó Federico García Lorca escribiendo aquello de “La aurora de Nueva York tiene/ cuatro columnas de cieno/ y un huracán de negras palomas/ que chapotean en las aguas podridas”, y quejándose de la deshumanidad de Wall Street.

Todo aquello se acabó con el cupo de inmigración que impuso EEUU a España y con el estallido de la Guerra Civil. Y todo empezó a ir a peor para los hispanos -como botón, ahí está West Side Story- tras la II Guerra Mundial. A ver qué sucede ahora. Gibson quiere ser optimista, pero resalta: “Ahora Biden es un líder mucho, mucho mejor que Trump, pero en términos de ayudas a familias y a la comunidad hispana todavía hay mucho espacio para mejorar”.

EEUU no es ni blanco, ni protestante ni anglófono. Y su identidad, su historia no comenzó con aquel desembarco de los peregrinos europeos del Mayflower, aquellos que se vanagloriaban incluso de ser más radicales que los calvinistas, en 1620 procedentes del puerto de Plymouth en Reino Unido. Para la historiadora y divulgadora estadounidense Carrie Gibson, la identidad de su país no se puede entender sin la presencia y el bagaje cultural de los españoles que comenzó con su llegada a finales del XV y su posterior expansión a lo largo de todo el XVI por buena parte de esta nación cuando aún no eran los EEUU. No solo lo dice ella. Ya lo gritaron otras voces como la del poeta Walt Whitman -uno de los favoritos de Obama-, quien en el XIX sentenció: “Para componer la identidad estadounidense del futuro, el carácter español proporcionará algunas de las piezas más necesarias”. Desafortunadamente, dice Gibson, son expresiones que han sido ocultadas, sobre todo en el siglo XX. “Gran parte de la historia hispánica del país ha permanecido ignorada y marginada”, manifiesta.