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Pulgar arriba, pulgar abajo: la crítica de cine a cara de perro es más antigua que Internet
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Pulgar arriba, pulgar abajo: la crítica de cine a cara de perro es más antigua que Internet

El gesto del pulgar de los emperadores romanos no significa lo que vemos en ‘Gladiator’ (2000) ni en el cuadro de Jean-Léon Gérôme

Foto: Imagen de la película 'Gladiator'.
Imagen de la película 'Gladiator'.

El gesto del pulgar de los emperadores romanos no significa lo que vemos en ‘Gladiator’ (2000) ni en el cuadro de Jean-Léon Gérôme. Explica el historiador Javier Traité que lo más probable es que jamás se hiciera algo así en ningún anfiteatro romano. En todo caso, de darse allí o en algún otro lado de la época, el pulgar hacia arriba indicaba más bien la muerte (pulgar hacia la garganta) y la clemencia no se pedía con el pulgar hacia abajo sino envolviendo éste con el resto de los dedos, como envainándolo.

Pero 'se non è vero, è ben trovato'. El gesto es un atajo semiótico para expresar que estamos bien o todo lo contrario, al menos en la mayoría de países occidentales. Un atajo, eso sí, con copyright. Por sorprendente que parezca, el pulgar hacia arriba es una marca registrada… en el mundo de la crítica de cine.

Gene and Roger

No era una idea muy audaz, pero nadie había conseguido que funcionara todavía. En el año 1975 la cadena local de Chicago WTTW (afiliada a la pública PBS) encargó a la productora Thea Flaum sentar a dos críticos de cine a comentar películas una vez al mes durante media hora. Los dos solos. Sin mayor apoyo que cierta escenografía (en este caso, la de una sala de cine) y algunos clips de vídeo. Flaum llamó sin dudarlo a los dos periodistas de cine más famosos de la ciudad. Dos críticos que competían por los mismos lectores y la misma audiencia y que, por tanto, se ganaban la vida tratando de ganarle al otro.

Gene Siskel (29) escribía críticas para el Chicago Tribune y Roger Ebert (33) para el Chicago Sun-Times. “Lo bueno era que tenían mucho ego. Lo malo… que tenían mucho ego”, cuenta el productor Ray Solley en el magnífico podcast ‘Siskel and Ebert’ (Brian Raftery; The Ringer). “Tenían sus propias carreras. Veían películas por su cuenta y escribían sobre ellas ante sus máquinas de escribir, para sus periódicos. Ahora, de repente, tenían que compartir un set de televisión con otro crítico”.

placeholder Roger Ebert y Gene Siskel
Roger Ebert y Gene Siskel

No es que fueran Magic Johnson y Larry Bird, pero no se parecían demasiado. “Ebert iba a bares y Siskel a restaurantes caros”, explica en el mismo podcast Jim Murphy, que dirigió el programa durante bastante años. “Siskel: agresivo, decidido, muy competitivo y tenía que ganar siempre. Y muy listo, pero no listo como Ebert. Ebert era muy intelectual y leído, sofisticado y posiblemente pasivo-agresivo”. Siskel era fanático de los Chicago Bulls de Michael Jordan y su película favorita era ‘Fiebre del sábado noche’ (1977). Ebert tenía un Pulitzer.

Al principio, Siskel y Ebert apenas acertaban a discrepar ante la cámara

Al principio, Siskel y Ebert apenas acertaban a discrepar ante la cámara. Eran dos criaturas de imprenta que fueron aprendiendo a hablar frente en la pantalla, a explotar sus desacuerdos y a dejar de lado la literatura. Muchos años después, cuando Ebert ya lo sabía todo sobre el medio, dio un consejo a una joven colega que empezaba, Carrie Rickey: “Cariño, todos los clichés que descartas cuando escribes en prensa… ponlos. Úsalos en radio y televisión. La gente se agarra a esas cosas. No quieren ver cómo escribes, sino quedarse con la idea”.

La mezcla de química antagonista, gancho y desenfado que fueron consiguiendo hizo despegar a ‘Sneak Previews’ (no era el primer nombre ni sería el último). Se convirtió en un espacio semanal visto en toda América por una audiencia de más de 10 millones de personas que querían prescripción y también algo de gresca. Siskel y Ebert se convirtieron en estrellas a las que invitaban al Saturday Night Live o el programa de Johnny Carson. Era la época del nuevo Hollywood de Francis Ford Coppola, Steven Spielberg o George Lucas. Era un momento, finales de los 70, apasionante para hablar de películas.

La pareja adquirió el poder de enfriar un gran estreno o encumbrar largometrajes sin gran futuro comercial, como sucedió con 'Mi cena con André' (1981), de Louis Malle, cuya reseña positiva en el programa alargó casi un año su presencia en algunas salas donde, de lo contrario, difícilmente habría aguantado más de dos semanas. No distinguían entre películas sofisticadas, masivas o cutres. Adoraban a Peter Bogdanovich, Spike Lee o ‘Babe, el cerdito en la ciudad’ (1998).

Pulgares y tomates

Cuando, en 1982, Siskel y Ebert se pasaron primero a la privada (Tribune Entertainment) y luego en 1986 a la gran privada nacional (Disney), ambos tuvieron una idea. Hasta entonces, después de comentar cada película, cada uno se limitaba a posicionarse diciendo “sí” o “no”. Por ejemplo, Ebert se entusiasmó con ‘Apocalypse now’ (1979) mientras Siskel la declaró “otra película dura sobre Vietnam”. Ahora, sin embargo, empezaron a expresarlo con sus pulgares. Pulgar arriba para recomendar, pulgar abajo para no recomendar. Un doble pulgar en ristre se convirtió en el santo grial, el empujón con el que soñaba cualquier película y un gesto muy reconocible en la calle. “Two thumbs up!”.

placeholder Gene Siskel y Roger Ebert
Gene Siskel y Roger Ebert

Gene Siskel tuvo entonces un arranque de inspiración comercial: registrarlo. La muletilla “Dos pulgares arriba!” pasó a ser propiedad de The Ebert Company, Ltd. and Siskel Productions, Ltd. Ninguna de las televisiones que dejaron atrás pudo usar ese reclamo cuando replicaron el formato televisivo con otros críticos.

En 1990, el escritor Richard Corliss publicó un sonado artículo en la revista TIME sobre la deriva de la crítica de cine. “La crítica de tipo elevada, practicada en la última mitad de siglo por Andrew Sarris o Pauline Kael en la prensa popular, es una especie en peligro de extinción. Puede que pronto desaparezca para ser reemplazada por un servicio al consumidor que es nada de cerebro y todo pulgares”.

La gente debe ser lo suficientemente inteligente para escuchar lo que decimos y no mirar sólo la tontería de los pulgares

Corliss, además, calificó con mucha gracia ‘Siskel and Ebert’ como “una sitcom protagonizada por dos tipos que viven en un cine [el escenario del programa] y discuten todo el rato”. Ebert respondió con buen espíritu: “Es verdad que no hacemos crítica de alto nivel, hacemos crítica de otro tipo. Pero creo que en nuestro programa hay más sustancia que en los otros programas de televisión [similares]. El problema es el propio medio”. Años después, en su propio programa, renegó en parte del poder que les habían dado los dichosos pulgares: “La gente debe ser lo suficientemente inteligente para escuchar lo que decimos y no mirar sólo la tontería de los pulgares o de las estrellas”. Pero el genio ya estaba fuera de la botella.

En 1998, tres estudiantes de Berkeley aficionados al cine de Jackie Chan tuvieron la idea de su vida: crear una web que agregara las críticas de una película. La suma de ellas se expresaba de manera hortofrutícola: si al menos un 60% eran positivas, la película recibía la calificación de fresca. Por debajo de ese umbral se le ponía la etiqueta de podrida. A la web la llamaron 'Rotten Tomatoes' ('Tomates podridos') y hoy sigue siendo muy popular. ¿La primera película que pasó por su huerta? ‘Hora punta’ (1998). De Jackie Chan.

placeholder La puntuación de Rotten Tomatoes sale hoy debajo de cada película. Foto: M. Mc
La puntuación de Rotten Tomatoes sale hoy debajo de cada película. Foto: M. Mc

La influencia de esta web llega de lleno a nuestra época. A finales de 2018, la consultora Morning Consult determinó mediante encuesta que un tercio de los estadounidenses miraban Rotten Tomatoes antes de ver una película, siendo disuadidos un 63% de ellos por una calificación baja. Martin Scorsese se despachó a gusto en 2017 en la revista The Hollywood Reporter: “Califican una película como se califica a un caballo de carreras o un restaurante. Son puro negocio y nada tienen que ver con la creación o con el visionado inteligente de una película. Al cineasta se le reduce a un fabricante de contenidos y al espectador a un consumidor poco aventurero. El propio nombre de ‘Tomates podridos’ es insultante”.

Little man

“Hay quienes sostienen que ya no existe la crítica, la crítica que hace posible la vida intelectual de una sociedad”, me cuenta Manuel J. Lombardo, crítico de cine de Diario de Sevilla desde la fundación del periódico (1999) y profesor de la Universidad de Sevilla. “Gente como Michel Delahaye en el libro ‘El cuadrado de la fortuna’ sostiene que esa crítica murió con aquellos Cahiers du Cinéma tomados por los maoístas y su jerga a finales de los años 60”.

Saco a pasear el comodín de Pauline Kael. Asegura ella en el estupendo documental ‘Pauline Kael: El arte de la crítica’: “Sin críticos de cine, todo sería publicidad. La tarea del crítico es alertar sobre esto y hacer que el lector, el público, se interese por películas innovadoras, originales. Si sólo hablan los publicistas, todo seguirá siempre igual. El cine no avanzará”.

Le pregunto a Lombardo por la cuestión concreta de las estrellas, los tomates y los pulgares. “La llamada ‘democratización’ de la crítica en la era de Internet también ha resultado una moda pasajera. Dispersa el sentido de guía, selección o pedagogía que debe acompañar al texto crítico y lo desvía hacia el nicho del gusto personal elevado a la categoría de dogma”.

Gene Siskel murió en 1999, apenas dos semanas antes que Stanley Kubrick (con ‘Eyes Wide Shut’ por estrenar); ‘2001: Una odisea en el espacio’ (1968) era la película que Siskel, había declarado, se llevaría a una isla desierta. Ebert trató de continuar con el espacio televisivo de ambos, primero en solitario y luego con diferentes parejas de baile e invitados ilustres. No funcionó, pero el programa resistió en antena diez años más.

En 2008, Ebert, que se hizo entusiasta bloguero y tuitero, escribió: “El único sistema de puntuación de películas que tiene sentido es el 'Little Man' del San Francisco Chronicle. Porque ofrece verdaderas posiciones intermedias”. Se refería a un personaje creado en 1942 por el artista Warren Goodrich por encargo de dicho periódico. Dibujó a un hombrecillo calvo, con bombín y sentado en una butaca de cine. 'Little Man' podía aparecer de cinco maneras posibles, según el veredicto del crítico: de pie vitoreando (5), sentado aplaudiendo (4), sentado sólo sonriendo un poco (3), sentado dormido (2) y… con la butaca vacía (1). Todavía hoy, el San Francisco Chronicle usa a 'Little Man' en sus páginas culturales.

placeholder El 'Little man' de San Francisco Chronicle'
El 'Little man' de San Francisco Chronicle'

“Supongo que fueron unos adelantados a su tiempo”, reflexiona el crítico Alonso Duralde en el podcast ‘Gene and Roger’. “Porque ahora todos estamos atrapados en la crítica binaria. Pero espero al menos que la gente vea su programa entero, no sólo la votación final”. Ebert murió en 2013. Su familia y la de Siskel llevaban muchos años siendo amigas. “Éramos como un diapasón”, reconoció Ebert. “Golpea uno y el otro vibrará en la misma frecuencia”.

Ahora todos estamos atrapados en la crítica binaria

No me resisto a lanzar la pregunta de qué debe ser la crítica de cine. “Creo que a la crítica ya sólo le queda preservar el espacio y las condiciones para que se escuche con cierta claridad la voz propia”, reflexiona Manuel Lombardo. “La voz del crítico entendido como pasador (en feliz hallazgo de Serge Daney) preparado y coherente, capaz de hacer visibles sus criterios y herramientas sin descansar en el subjetivismo como estrategia discursiva”.

Me he guardado para el final una pequeña historia de arqueología. En noviembre de 2020, el periodista cultural del San Francisco Chronicle Peter Hartlaub estaba hurgando en el archivo del periódico cuando encontró un sobre. Contenía bocetos y ensayos de 1942 de la creación de 'Little Man', además de una rareza emocionante: un Little Man que nunca llegó a usarse. Representaba un punto intermedio entre el hombre sentado que sonríe sólo un poco (3) y el que aplaude (4). “Durante años, los críticos han anhelado ese punto intermedio, porque muchas películas [su calificación] caían un poco ahí”. ¿Qué hacía ese Little Man descartado? Levantar el dedo pulgar.

El gesto del pulgar de los emperadores romanos no significa lo que vemos en ‘Gladiator’ (2000) ni en el cuadro de Jean-Léon Gérôme. Explica el historiador Javier Traité que lo más probable es que jamás se hiciera algo así en ningún anfiteatro romano. En todo caso, de darse allí o en algún otro lado de la época, el pulgar hacia arriba indicaba más bien la muerte (pulgar hacia la garganta) y la clemencia no se pedía con el pulgar hacia abajo sino envolviendo éste con el resto de los dedos, como envainándolo.

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