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La dura realidad, la desmemoria de Ayuso y la 'Segunda Transición' de la izquierda
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La dura realidad, la desmemoria de Ayuso y la 'Segunda Transición' de la izquierda

Llega a las librerías 'Franco desenterrado. La Segunda Transición Española' de Sebastiaan Faber

Foto: Exhumation of late Spanish dictator Francisco Franco
Exhumation of late Spanish dictator Francisco Franco

Mientras hace unos días la presidenta de la comunidad de Madrid declaraba a los medios que sus abuelos no le habían hablado de la Guerra Civil "para no crearle odios" salía a la venta en las librerías 'Franco desenterrado. La Segunda Transición Española' de Sebastiaan Faber cuyo planteamiento es exactamente el contrario. En el capítulo cinco el autor recurre a una sentencia del Tribunal Supremo que denegó en 1982 a un excombatiente republicano cualquier tipo de reparación por su servicio militar ya que el ordenamiento jurídico del franquismo no lo permitía. Era "la dura realidad de la historia" según las propias palabras de los magistrados porque sencillamente no había habido una ruptura con las leyes del franquismo.

Es exactamente lo que motiva a Faber y resume gran parte de su intento por tratar de explicar el concepto de la Segunda Transición: una obsesión de la izquierda cuyo momento álgido fue la exhumación del cadáver de Franco del Valle de los Caídos por su simbolismo y que examina de alguna forma si no el contenido la intención y significado de la aprobación de la ley de Memoria Democrática del PSOE.

Ayuso: “Mis abuelos no me hablaron de la Guerra Civil para no crearme odios”.

'Franco desenterrado' se trata de un recorrido a través de entrevistas y análisis con escritores y periodistas -de izquierdas claro está- para dilucidar prácticamente si seguimos aún inmersos en el franquismo y si es necesaria directamente una segunda transición. Paradójicamente, Faber, comienza con la alusión al discurso de año nuevo de Franco de 1969 que reprodujo precisamente El Confidencial hace unas semanas con motivo del libro de Villacañas ‘La Revolución pasiva de Franco’ quien situaba precisamente la Transición a partir de ese momento y no a la muerte del dictador en 1975.

La Transición de 1969

El planteamiento audaz de Villacañas serviría a Faber muy bien puesto que lo que se quiere mostrar es que la transición la hicieron los franquistas y por eso pervive el franquismo. Es una interpretación tan simple como esa aunque no todos los entrevistados entre los que están el periodista de El Confidencial José Antonio Zarzalejos, Ignacio Echevarría, Fernando Hernández, Ángel Viñas, Antonio Maestre, Enric Juliana estén de acuerdo.

placeholder ‘Franco desenterrado. La Segunda Transición Española’ (Pasado y Presente).
‘Franco desenterrado. La Segunda Transición Española’ (Pasado y Presente).

Aunque profundamente sesgado, ‘Franco desenterrado’ no deja de chirriar precisamente en la semana en la que Ayuso se ha despachado sobre la guerra con un portazo y que denota también una actitud muy distinta de la derecha y de la izquierda, totalmente enfrentadas. El propio Ángel Viñas, que sale a menudo en el libro, explicó a El Confidencial hace unos meses que en cuanto a los hechos de la Guerra Civil había "un consenso bastante amplio entre los historiadores fueran del signo que fueran” algo que él mismo parece desmentir cuando espetó recientemente en Twitter a otro historiador, Roberto Villa afeándole sus conclusiones en el contexto de la sempiterna batalla del callejero de Madrid que abrió ZP en el ya lejano 2006 con la primera ley de Memoria Histórica.

El abismo por supuesto comienza en la interpretación y asunción de ese pasado pero en este caso de forma muy sorprendente: se plantea como una transición fallida porque sencillamente fue una suerte de acuerdo con la intención de dejar atrás el pasado en la que el franquismo no fue derrotado. Para Faber, que mete el dedo directamente en una llaga de la izquierda temerariamente, resulta evidente el cierre en falso del franquismo con la Transición española y es la pregunta que plantea constante y machaconamente a lo largo del libro.

La idea que planea es que la Transición española no fue satisfactoria porque se llegó a un acuerdo

No fue una buena Transición porque se llegó a un acuerdo. Es también la línea del historiador Fernando Hernández Sánchez que insiste en no equiparar bajo ningún concepto a ambos bandos en la Guerra Civil, ni a sus atrocidades. Esta es quizás una de las ausencias del planteamiento de Faber, por lo que habría que matizar siempre que a diferencia de la Chilie de Pinochet, el golpe del 18 de julio de 1936 no triunfó, fruto de lo cual hubo una Guerra Civil en la que los teóricos defensores de la paz y la libertad asesinaban y tiraban los cuerpos a fosas comunes aplicando el terror revolucionario.

Obsesión de la izquierda

Esta reparación de los supuestos errores de la Transición cuando lidió con el pasado es de hecho una obsesión de la izquierda que algunos de los entrevistados en su libro de hecho señalan, como es el caso de Ignacio Echevarría: "Para determinados sectores de la izquierda española, la Guerra Civil se ha convertido en la explicación por defecto de casi cada aspecto de la política actual". Algo parecido denuncia Guillem cuando explica que no había que quitar los monumentos franquistas sino meterles una placa explicativa, aludiendo también a ese infantilismo de los promotores socialistas de la ley de memoria democrática para lidiar con el pasado.

Por su parte, José Antonio Zarzalejos defiende que el debate sobre el franquismo está "alimentado única y deliberadamente por la izquierda". Y añade: "Lo que ocurre es que a la izquierda española le quedan muy pocas cosas por las que luchar. España es, en estos momentos un país aconfesional. Un país en el que incluso los partidos de derechas defienden el derecho al aborto. Un país que ha legalizado el matrimonio gay y cuyos gobiernos autonómicos han incluido el cambio de sexo en la sanidad pública. Un país cuyos derechos constitucionales son equiparables a los de Italia, Francia o Alemania. (...) Teniendo todo esto en cuenta, ¿tiene sentido preguntarse si España se ve todavía lastrada por los vestigios del franquismo? Yo niego la mayor. Yo creo que no hay legado franquista alguno."

Zarzalejos defiende que el debate sobre el franquismo está "alimentado única y deliberadamente por la izquierda"

De otra forma distinta Antonio Maestre considera que la propia exhumación de Franco -lo que teóricamente sería un triunfo de esa supuesta segunda transición- fue según él mismo una vergüenza: “Tendría que haber sido un gran día para todas las víctimas [del franquismo]. Pero se ha convertido en todo lo contrario: en un día de la vergüenza”.

Más allá de que se pueda entender, no sin cierta razón, que debido a que fue un acuerdo, ni las instituciones franquistas ni la oligarquía se borraron de un plumazo, el propio Echevarría reconoce que “las élites de ahora son más capitalistas que franquistas”, lo cual es absolutamente obvio, y que exista también un cierto consenso en el libro en mostrar a VOX como un partido de ultraderecha moderno y no como una marca nostálgica del franquismo, también bastante obvio ya que ningún partido franquista, salvo Fuerza Nueva de Blas Piñar, que sacó un sólo escaño en 1980, ha vuelto a conseguir representación parlamentaria.

Por otra parte, del libro de Faber se desprende también una realidad que es una ofensiva constante y hasta cierto punto revanchista de cierta parte de la izquierda por resarcirse no sólo de la Transición, sino también para reescribir la Guerra Civil. En ese aspecto hasta las leyes socialistas parecen insuficientes claro. En ese sentido es interesante comprobar que muchos sectores de la izquierda -y que muestra el libro- consideran en esencia ese discurso un tanto ridículo.

Ahora existe una contraofensiva con el callejero de Madrid como ha sido el caso de Largo Caballero

Se ha señalado sin embargo hasta la extenuación o mejor aún se ha comprobado que esta revancha tiene un efecto muy limitado y hasta contraprudecente, porque existe también una memoria más allá de Ayuso de a los que sí les contaron la Guerra Civil y además han leído a historiadores de muchos espectros ideólogicos, de Stanley Payne a Roberto Villa pasando por Enrique Moradiellos, -a quien el candidato a la alcaldía del PSOE Pepu Hernández censuró-, y que son autores que no están en el ensayo.

placeholder Familiares de Francisco Franco portan el féretro con los restos mortales del dictador tras su exhumación en la basílica del Valle de los Caídos, antes de su trasladado al cementerio de El Pardo-Mingorrubio para su reinhumación, el 24 de octubre, en San Lorenzo de El Escorial. EFE J.J. Guillén
Familiares de Francisco Franco portan el féretro con los restos mortales del dictador tras su exhumación en la basílica del Valle de los Caídos, antes de su trasladado al cementerio de El Pardo-Mingorrubio para su reinhumación, el 24 de octubre, en San Lorenzo de El Escorial. EFE J.J. Guillén

Así, la cuestión de la memoria planteada como ofensiva ha dado lugar después a que exista una contraofensiva, como ha ocurrido con el callejero de Madrid. Hubo una gran estupefacción cuando el Ayuntamiento de Madrid con votos de VOX y PP quitaron las calles a Largo Caballero y a Indalecio Prieto que por supuesto en un planteamiento radical de esa izquierda era absolutamente intolerable.

Después ocurrió con la calle dedicada al Crucero Baleares y ante con la sentencia del Tribunal Supremo que recuperaba una calle para el fundador de la legión José Milán Astray. Con esos planteamientos lo único que se puede reabrir es la propia Guerra Civil. Todo esta cuestión de querer replantear el pasado nos lleva inequívocamente en algunos aspectos a un planteamiento en realidad muy sencillo. No se trata de hacer una Segunda Transición -ya existió un acuerdo, todo lo imperfecto que se quiera- se trata más bien de ganar la Guerra Civil que se perdió en 1939. Porque claro está, ellos eran los buenos. Lo de las fosas, que era el origen y lo realmente necesario para la reconciliación ya no importa realmente, sino ilegalizar a la Fundación Francisco Franco.

Mientras hace unos días la presidenta de la comunidad de Madrid declaraba a los medios que sus abuelos no le habían hablado de la Guerra Civil "para no crearle odios" salía a la venta en las librerías 'Franco desenterrado. La Segunda Transición Española' de Sebastiaan Faber cuyo planteamiento es exactamente el contrario. En el capítulo cinco el autor recurre a una sentencia del Tribunal Supremo que denegó en 1982 a un excombatiente republicano cualquier tipo de reparación por su servicio militar ya que el ordenamiento jurídico del franquismo no lo permitía. Era "la dura realidad de la historia" según las propias palabras de los magistrados porque sencillamente no había habido una ruptura con las leyes del franquismo.

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