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Una escultura de 38 toneladas se ha perdido (en el Reina Sofía) y nadie sabe cómo ha sido
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El ladrón invisible

Una escultura de 38 toneladas se ha perdido (en el Reina Sofía) y nadie sabe cómo ha sido

Un libro revisa la inverosímil volatilización de una obra de Richard Serra en 2006 que provocó un escándalo internacional. Un misterio con más capas que una 'performance' conceptual

Foto: Réplica de la escultura de Serra en el Reina Sofía. (MNCARS)
Réplica de la escultura de Serra en el Reina Sofía. (MNCARS)

Todas las contradicciones, paradojas y dramas del arte contemporáneo pesan 38 toneladas. Ni un gramo más ni un gramo menos.

Si esto fuera un chiste de Gila, empezaríamos llamando a objetos perdidos:

—Hola. He perdido una cosilla.

—¿Puede describirla?

—Una esculturade Richard Serra de 38 toneladas.

—Ya…

—Es una obra maestra del minimalismo.

—Claaaro. Un segundo que ahora le atiendo [tapa el auricular e informa a su superior: “Tengo a un completo 'chalao' al teléfono”].

Y ahora es cuando la realidad supera al chiste disparatado

1986: inauguración del Reina Sofía. El escultor estadounidense Richard Serra, conocido como 'el señor del acero', crea una pieza ‘ad hoc’ para una sala, la escultura 'Equall-Parallel/Guernica-Bengasi', formada por cuatro bloques macizos de acero.

El caso lo revisa ahora Juan Tallón en ‘Obra maestra’, brillante novela de no ficción que Anagrama publica el 2 de febrero

1987: el Reina Sofía compra la escultura de Serra por 37 millones de pesetas, la almacena, la exhibe en otra exposición temporal (1990) y la traslada a una nave de la empresa Macarrón en Arganda del Rey.

El museo contrata a Macarrón por 10 millones de pesetas (traslado y almacenaje), más 668.000 pesetas al año (ojo: 'contrata' no significa 'paga'. No hay constancia de que Macarrón cobrara nunca del Reina Sofía por custodiar la escultura de Serra durante cinco años. Esto es importante. Más explicaciones en próximos párrafos).

2006: 'ABC' desvela que el Reina Sofía ha extraviado la escultura de Serra. El caso estalla antes de que el museo, que llevaba meses buscando la obra, pueda hacer control de daños informativos. Gran escandalera internacional. ¿Cómo puede un museo internacional puntero perder una escultura de 38 toneladas? Crujir de dientes de las autoridades culturales españolas.

Foto: La sidra es uno de los patrimonios de Asturias (EFE/Eloy Alonso)

El caso lo revisa ahora Juan Tallón en ‘Obra maestra’, brillante novela de no ficción que Anagrama publica el próximo 2 de febrero. ¿Realidad o ficción? Ambas. Tallón se ciñe a los límites de la causa judicial, y a partir de ahí, insufla vida interna a los protagonistas del extravío.

‘Obra maestra’ es, al mismo tiempo, 'cluedo' sobre la intrigante volatilización de una escultura, disección de la gestión de un escándalo, crónica de las relaciones entre un titán del arte estadounidense y los poderes públicos españoles y reflexión sobre los prodigios y absurdos del arte contemporáneo. Todo por el mismo precio.

Operación Macarrón

¿Cuál fue la primera reacción del Reina Sofía tras conocerse la desaparición de la obra? Echar la culpa al centinela.

Macarrón, empresa familiar centenaria que sacó de España las joyas del Prado durante la Guerra Civil, se había declarado en suspensión de pagos en 1995. Ese año, abandonó la nave de Arganda del Rey donde estaba almacenada (en el descampado) la escultura de Serra. La tesorería de la Seguridad Social embargó la nave de Macarrón en 1998, y cinco años después, la demolió para construir su Archivo General. En algún momento de este proceso de quiebra/embargo/demolición, desapareció la escultura de Serra sin dejar rastro.

placeholder Richard Serra, en Suiza en 2011. (EFE/Andreas Frossasrd)
Richard Serra, en Suiza en 2011. (EFE/Andreas Frossasrd)

Todos los dedos del Reina Sofía, insistimos, señalaron al dueño de la empresa: Jesús Macarrón. ¿Cuál era su móvil? Presunta venganza contra la industria cultural pública española. Macarrón entró en barrena en el año de las maravillas, 1992, cuando, según él, el Estado le encargó más cosas de las que podía pagarle. Macarrón mutó entonces en pescadilla que se muerde la cola: su deuda con Hacienda y la Seguridad Social se disparó, el Estado dejó de pagarle por trabajos ya hechos por ser moroso del Estado y su deuda se disparó hasta los 656 millones de pesetas.

Independientemente de la responsabilidad de Macarrón en su propia ruina, que también la tuvo, la empresa tenía motivos para estar resentida con las instituciones culturales. ¿Se llevó Jesús Macarrón la escultura de Serra por despecho e intentó venderla íntegra o fundida? La policía investigó muy en serio esa posibilidad, pero concluyó que Jesús Macarrón no estuvo implicado en la desaparición.

Hombre rico, hombre pobre

Alicia Koplowitz tiene una escultura monumental de Richard Serra en el jardín de una de sus casas... No, no es la obra que perdió el Reina Sofía, pero sirva el dato para introducir otra de las hipótesis que investigó la policía: que un millonario amante del arte encargara el robo de la escultura para disfrute y uso privado.

La idea de un millonario como cerebro gris tenía lógica porque trasladar la escultura de Serra requería de una logística de altos vuelos. La primera vez que se expuso en el Reina Sofía, hubo que tirar parte de la fachada para meterla dentro del museo; y la segunda, utilizar cinco grúas, con cuidado extremo para no sepultar a algún operario.

La policía investigó y descartó la hipótesis del robo de millonario.

Nadie tiene ni idea de qué pasó con la escultura. “La investigación quedó empantanada. Es un caso extrañísimo”, zanja Duva

En el otro extremo de la escala salarial, se investigó a chatarreros de los poblados cercanos a Arganda, pero un informe policial disolvió también esa hipótesis: el operativo necesario era más caro de lo que se sacaría tras fundir el metal.

"No compensaba. Los investigadores concluyeron que valía más el collar que el galgo", recuerda Jesús Duva, histórico reportero de ‘El País’, cuya llegada al caso demuestra la fascinación del Madrid del gran poder con la desaparición: en una fiesta de aniversario de ‘El País’, el editor Jesús de Polanco pidió a Duva personalmente que “investigara el robo”.

La última bala policial fue tirar de navaja de Ockham. O cuando la solución a una intriga es simple y está delante de las narices: quizá la escultura de Serra nunca se había movido del sitio. ¿Fue sepultada por escombros cuando se derribó la nave de Macarrón?

La Brigada de Delitos contra el Patrimonio sondeó el descampado de Macarrón y detectó restos de metal enterrados

La Brigada de Delitos contra el Patrimonio sondeó el descampado de Macarrón y detectó restos de metal enterrados. Pero el subidón -la sensación de estar cerca de resolver uno de los casos más enigmáticos de la democracia- acabó en bajón: en lugar de una obra maestra del minimalismo, bajo tierra había restos de una torre de alta tensión, lo que, no obstante, tenía gracia como metáfora política del asunto.

“La obra que perdió el Reina Sofía puede ser parte de una autopista”, contó Serra a ‘El País’ en 2009 con resignación conceptual.

Llegados a 2022, nadie tiene ni idea de qué pasó con la escultura de Serra de 38 toneladas. “La investigación quedó empantanada. Es un caso extrañísimo”, zanja Duva.

¿Y la responsabilidad del Reina Sofía? Un cúmulo de infortunios, decisiones erráticas y dejadeces burocráticas. Quizá no fue buena idea comprar la obra de Serra si no se iba a exponer permanentemente. El control del depósito fue negligente como poco (son los años en que el museo acababa de arrancar y el descontrol era importante). Traspasarle todo el marrón a Macarrón en mitad del escándalo tampoco fue bonito.

placeholder Richard Serra, tras recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2010. (EFE/J.L. Cereijido)
Richard Serra, tras recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2010. (EFE/J.L. Cereijido)

El canario bis

Dos artistas españoles dicen lo siguiente en el libro de Tallón:

“Lo ocurrido me parece insólito, surrealista. No me lo puedo creer, todavía. Aunque sí que me lo puedo creer. Me lo creo perfectamente, qué coño. En este país, todo lo que puedas imaginar puede acabar pasando”.

“Si esta obra no aparece, este país se va a la mierda”.

Antes de que concluyan ustedes que la escultura no apareció y el país no se fue a la mierda, deben escuchar antes una historieta:

El Reina Sofía encargó a Serra un duplicado de la obra desaparecida. El museo pagó la producción de la escultura (unos 100.000 dólares)

Tu vecino se va de vacaciones y te deja su canario. Prometes cuidarlo bien, pero el animalico la espicha un día por error. ¡Horror! Cuando tu vecino regresa, te haces el loco y le entregas un canario que no es exactamente el suyo... ¿A quién no le ha pasado esto alguna vez? Pues con la escultura de Serra… lo mismo.

El Reina Sofía encargó a Serra un duplicado de la obra desaparecida. El museo pagó la producción de la escultura (unos 100.000 dólares). Lleva expuesta desde 2009.

La réplica de Serra tiene una sala (gigante) propia en el Reina Sofía. Se masca el silencio y el vacío entre los bloques de acero. Este lunes, se paseaba por la sala una mujer enmascarada, no porque quisiera llevarse la escultura a casa, ejem, sino por el covid.

La paradoja final es la siguiente: si algún día apareciera el original, quizás hubiera que destruir la réplica. Porque este asunto tiende siempre al enredo y no pinta que vaya a desenredarse nunca. Como 'performance' conceptual sobre los agujeros del arte contemporáneo, insuperable.

Todas las contradicciones, paradojas y dramas del arte contemporáneo pesan 38 toneladas. Ni un gramo más ni un gramo menos.

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