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La serie de espías soviética que inspiró a Putin para dominar Rusia
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La serie de espías soviética que inspiró a Putin para dominar Rusia

Toda una generación de soviéticos creció fascinada con '17 instantes de una primavera' (1973), una serie de espías en cuyo misterioso protagonista se fijó el líder ruso

Foto: '17 instantes de una primavera'.
'17 instantes de una primavera'.

1992. La Unión Soviética sufre para transformarse en Rusia. El Estado malbarata el país a trozos. Gas. Metalurgia. Telecomunicaciones. El caos se ha apoderado de algunas ciudades. Un joven trabajador municipal de San Petersburgo conduce su coche mientras le graban desde el asiento de atrás. El joven habla del pasado reciente, muy reciente: “Hay mucha leyenda en torno a la criminalidad de San Petersburgo. Pero sí, había mucha violencia. Y es cierto que dormía con un arma. Tenías que hacerlo en esa época. Más vale prevenir que curar”.

La imagen aparece en el documental 'Putin: A Russian Spy Story', del director británico Nick Green. La historia la desarrolla el periodista de 'The Economist' Arkady Ostrovsky en su libro 'The invention of Russia'. Y es fascinante. Sí: aquel trabajador municipal al volante era... Vladimir Putin. Cuando aún no era nadie.

“En 1992, el ayuntamiento de San Petersburgo había encargado una serie de documentales breves sobre los miembros del equipo de gobierno. En realidad, el único corto que se llegó a hacer al final fue el de Putin, por su propia iniciativa. En este pequeño documental, Putin contó a cámara que había trabajado en el KGB. Para hacerlo más interesante, el director del corto le puso a conducir un GAZ Volga [el típico coche soviético]. Quería recrear el último episodio ‘17 instantes de una primavera’ y convertirle en una versión moderna de su protagonista, Stierlitz”.

Tráiler de 'Putin: A Russian Spy Story'.

Por si quedara todavía algún ruso despistado que no hubiera pillado la referencia, de fondo sonaba la música de esta serie de espías. Una melodía tan reconocible para los espectadores del Pacto de Varsovia como para los occidentales la banda sonora de John Barry para James Bond. “Putin encajaba a la perfección”, describe Arkady Ostrovsky. “Como si fuera cosa del destino, su primera aparición en televisión fue así, disfrazado de Stierlitz”. Solo era el principio de la transformación de Putin en un personaje de ficción.

Stierlitz, el hombre que vaciaba las calles

La criminalidad de la Rusia postsoviética era muy difícil de combatir por su vínculo íntimo con la corrupción generalizada. Pero la mayoría de los rusos de la época, sin necesidad de ser muy mayores, aún recordaban una manera efectiva de sacar de las calles a todo el mundo, de posponer cualquier fechoría: la emisión de '17 instantes de una primavera'.

Se estrenó el 11 de agosto de 1973. Fueron 12 episodios de 70 minutos cada uno emitidos en días consecutivos a las siete y media de la tarde noche. La estadística del régimen presumía de una audiencia enloquecida, tasada entre los 50 y los 80 millones de espectadores. “Ninguna película rusa antes o después ha conseguido tanta audiencia”, afirma Arkady Ostrovsky.

Capítulo 1 de '17 instantes de una primavera'.

Leonid Brezhnev, el líder soviético, cambiaba la hora de las reuniones del Comité Central para no perderse ningún episodio”, cuenta Andrew Male en 'The Guardian'. La serie se reemitía todos los años en torno al Día de la Victoria soviético, el 9 de mayo. El entusiasmo por el espía Stierlitz se alimentaba de un mito compartido: la nostalgia, interminable, por la Segunda Guerra Mundial.

‘17 instantes de una primavera’ contaba las intrigas del espía soviético Maksim Isáiev en el Berlín del Tercer Reich de los últimos 17 días de la guerra. Enmascarado como el oficial alemán Max Otto von Stierlitz, su objetivo allí era obtener la inteligencia adecuada para decantar las negociaciones de paz del lado de los intereses soviéticos.

“Hablar de Stierlitz en la Unión Soviética es como hacerlo de James Bond en Occidente”, afirma el politólogo alemán Alex Rhar. Pero casi nada hay en la serie, en realidad, que se parezca a las novelas de Ian Fleming. La narración es contemplativa y sin acción. No hay 'gadgets' ni revolcones, solo miradas indescifrables y largas gabardinas. Stierlitz es como un George Smiley de Estudios de Cine Gorki. Una cosa muy soviética y, en el fondo, muy sentimental.

Hablar de Stierlitz en la Unión Soviética es como hacerlo de James Bond en Occidente

“La serie salió cuando yo tenía ocho años, es algo con lo que crecí”, cuenta Dina Newman, periodista de la BBC que nació en Moscú. “En el colegio, todo el mundo hablaba de ella. Enseguida se convirtió en parte de la conversación, de la cultura, de nuestro folklore”.

Basada en una colección de novelas del escritor moscovita Yulián Semiónov, la historia encajaba muy bien con los propósitos de Yuri Andropov, nuevo jefe del KGB. “La serie empezó como propaganda de Andropov”, explica Dina Newman a 'The Guardian'. “Andropov pensaba que la autoridad del KGB había sido dañada por las reformas anti-Stalin de Krushev. Quería devolver el prestigio y la mística al mundo de los agentes secretos”.

Al menos un veinteañero picó y pidió el ingreso: Vladimir Putin. Aunque todos sus biógrafos y estudiosos (Lee Myers, Gessen, Goldfarb) coinciden en que él siempre quiso trabajar en el KGB.

El presidente ideal de los rusos

Como Stierlitz, Putin también sirvió en Alemania, para el KGB. La caída del Muro le devolvió a Rusia, pero logró medrar en el charco de cocodrilos que era San Petersburgo (la antigua Leningrado) a principios de los 90. Se hizo imprescindible para el primer alcalde electo de la historia de la ciudad, Anatoli Sobchack. Testigos de la época (como el consultor de seguridad alemán Franz Sedelmayer) definen su papel como una mezcla de guardaespaldas, relaciones públicas y 'fixer' con las mafias locales. Era la época en la que se dormía con una Tokarev debajo de la almohada.

Cuando Sobchack perdió la reelección de 1996, Putin cayó con él. Se reinventó en Moscú desde un cargo público anodino e hizo méritos hasta ganar muy rápido la dirección del temible FSB, el KGB postsoviético. Tenía 46 años. Desde ahí penetró en el círculo íntimo del impopular Boris Yeltsin y desde ahí logró que Yeltsin le designara como su sucesor en las próximas elecciones. Putin era todavía un desconocido.

"Preguntamos a los rusos cómo sería su presidente ideal. En primer lugar, quedó un personaje de cine, Stierlitz"

Es entonces cuando se mimetiza definitivamente con Stierlitz. “Encargamos una encuesta [al periódico 'Kommersant']”, cuenta en el documental ‘Putin: A Russian Spy Story’ el asesor político de Yeltsin y de Putin Gleb Pavlovski. “Preguntamos a los rusos cómo sería su presidente ideal. En primer lugar, quedó un personaje de cine, Stierlitz. El hecho de que Putin fuera entonces el jefe del FSB [ex-KGB] jugaba muy a nuestro favor. Era como el espía del pueblo dentro del Kremlin”. Otra versión sobre la misma encuesta sitúa a Stierlitz, en realidad, en segundo lugar, solo por detrás de otro personaje de la Segunda Guerra Mundial, en esta ocasión de carne y hueso: el legendario mariscal Zhukov, héroe de Stalingrado.

En septiembre de 1998, meses antes de dicha encuesta (y de la carrera electoral de Putin), la principal televisión privada de Rusia, la NTV, anunció su gran proyecto audiovisual de la temporada: una ambiciosa retrospectiva de un gran fenómeno cultural ruso, ‘17 instantes de una primavera’, por su 25.º cumpleaños. Era un documental en dos partes que explicaba la creación de la serie e incluso dramatizaba algunos momentos de la producción, recreando la Unión Soviética de los años 70, sus pasillos, sus despachos bajo grandes retratos de Brezhnev. Tras ver el documental, la crítica de televisión Irina Petrovskaya escribió:

“Casi todo parece la actual situación rusa. Todos los expertos dicen que estamos al borde de un colapso económico. Y los que se sientan delante de la televisión quieren ver algo de luz al final del túnel. Pero no hay luz, como no hay un Stierlitz que pueda sacarnos de esta”. 15 meses después, Putin ganaba las elecciones por mayoría absoluta; entre otras razones, por la popularidad ganada por la guerra con Chechenia.

Foto: Un soldado ucraniano descansa en una trinchera cerca de la ciudad de Horlivka, controlada por los rebeldes pro Rusia. (EFE/Anatolii Stepanov)

En 2003, el presidente condecoró al popularísimo actor Viacheslav Tijonov, Stierlitz, con la Orden de Servicio al Estado. Según Ellen Barry de 'The New York Times', Putin le agradeció “que su personaje hubiera ayudado a moldear a una generación entera de jóvenes soviéticos”. Según Daniel Utrilla, corresponsal de 'El Mundo' en Moscú durante 11 años y autor de ‘Mi ovni de la Perestroika’ (Libros del K.O.), el propio Brezhnev quiso ir más lejos. “Se dice que creyó que Stierlitz era real y ordenó encontrarlo para condecorarlo con la orden de Héroe de la URSS”.

1992. La Unión Soviética sufre para transformarse en Rusia. El Estado malbarata el país a trozos. Gas. Metalurgia. Telecomunicaciones. El caos se ha apoderado de algunas ciudades. Un joven trabajador municipal de San Petersburgo conduce su coche mientras le graban desde el asiento de atrás. El joven habla del pasado reciente, muy reciente: “Hay mucha leyenda en torno a la criminalidad de San Petersburgo. Pero sí, había mucha violencia. Y es cierto que dormía con un arma. Tenías que hacerlo en esa época. Más vale prevenir que curar”.

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