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'Aída' cumple años... y envejece: "Un 'piso Netflix' sería impensable en Esperanza Sur"
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17 años de la primera emisión

'Aída' cumple años... y envejece: "Un 'piso Netflix' sería impensable en Esperanza Sur"

Racismo, homofobia, violencia de género... Sus chascarrillos provocaron hasta un incidente diplomático con China y, casi veinte años después, 'Aída' sigue derrochando costumbrismo

Foto: Fotograma de la serie. (Globomedia)
Fotograma de la serie. (Globomedia)

Un 16 de enero, hace 17 años, Telecinco emitió el primer episodio de ‘Aída’. Lo sintonizaron siete millones de televisiones y acumuló un 36% del ‘share’. Esas cifras son del año 2005, cuando ni se olía el declive de la emisión en abierto. Durante los 9 años siguientes, ‘Aída’ llegó a acaparar cuotas de pantalla tan altas que parecían de otro tiempo, antes de que desembarcaran las cadenas privadas. Los primeros dosmiles fueron la edad de oro de la ‘sitcom’ española.

Y esta ‘sitcom’ de Globomedia nació arropada por grandes audiencias, en los años de la bonanza económica precrisis. Pero en Esperanza Sur, las cosas nunca venían bien dadas. ‘Aída’ retrató el ecosistema de muchos barrios españoles a través del humor. Los héroes, villanos y bufones de ‘Aída’ eran los olvidados de siempre. Los de la explotación laboral, la discriminación, la marginalidad, la drogadicción, la prostitución, la violencia machista. No es que estos asuntos aparecieran tangencialmente en la serie; es que estaban en el centro de su concepción. “La intención era representar las cosas que entonces estaban en la calle, pero no en los medios”, explica Raúl Díaz, uno de los guionistas de 'Aída'.

placeholder Mauricio Colmenero, uno de los personajes de 'Aída'. (Globomedia)
Mauricio Colmenero, uno de los personajes de 'Aída'. (Globomedia)

“De hecho, al principio se planteó que muchos personajes principales fueran inmigrantes. Más que nada, porque es lo que se ve en la calle. Tú ibas a un barrio obrero de Madrid y había un porcentaje alto de comunidad inmigrante, sobre todo latina. Por eso, Chema, Fidel y Paz iban a ser extranjeros también. Pero en aquel entonces era más complicado encontrar a los actores y hubo complicaciones. Quisimos ir más allá en este sentido, pero no pudimos”, cuenta Díaz.

El guionista de Globomedia se incorporó a la serie creada por Nacho G. Velilla en el primer capítulo, y continuó en el equipo de escritores hasta la última emisión. Recuerda que en la biblia de ‘Aída’ -el documento que se presenta a la productora con una descripción general del proyecto-, incluyeron algunos recortes de prensa. “Queríamos vender que no todo estaba bien. Eran noticias sobre el precio de la luz, del gas, de la vivienda… Ahora te ríes, pero en ese momento había gente que las pasaba putas aunque no eran tan visibles”.

Foto: Carmen Machi con Ana Polvorosa en 'Aída'. (Mediaset España)

El personaje que daba nombre a la serie era el de Carmen Machi, la limpiadora de Amparo Baró y Javier Cámara en ‘7 vidas’. La serie se considera el primer ‘spin off’ de la ficción española, y comenzaba cuando Aída regresa con sus dos hijos adolescentes a Esperanza Sur, el barrio madrileño donde creció. Esta es la descripción original por sus creadores: “Sufrida, luchadora. Noble, honesta. Persona frágil con la autoestima muy baja. Es una mujer separada, no muy atractiva, sin estudios y exalcohólica. Se levanta cada mañana pensando en dos cosas: si conseguirá algún día un hombre que la quiera a ella y a sus dos hijos, y si podrá llegar a fin de mes sin tener que recurrir a un prestamista”. Protagonista atípica de una comedia televisiva de ‘prime time’.

En aquel barrio-plató se construyeron algunos mitos de la televisión española reciente. El regente del bar Reinols, racista y putero, Mauricio Colmenero (“tiritiritirí”). El drogadicto rehabilitado, noble y bonachón, Luisma (“claro, como el Luisma es tonto…”). Lore y Macu, las jóvenes de extrarradio que sueñan con conquistar el mundo del ‘reallity’. También se gestaron algunas polémicas por sus caricaturas y humor ácido. Los chascarrillos de Colmenero, por ejemplo, echaban sal en todas las heridas. “¡Con China llegamos a tener hasta un incidente diplomático!”, ríe Díaz.

Foto: 'Aída' (Telecinco)

En un capítulo de 2014, casi al final de la serie, un personaje asiático llamado Wang abre un establecimiento en Esperanza Sur y amenaza con cerrar los negocios del barrio. Entonces, Mauricio Colmenero coloca un letrero en su bar para prohibir la entrada a “chinos y a perros”. Los ciudadanos chinos afincados en España criticaron el capítulo con dureza en medios y redes sociales. Y el Gobierno chino llegó a pedir a Telecinco que enmendara la ofensa. La Embajada de España en China emitió un comunicado para aclarar que "las opiniones vertidas por el personaje de ficción que aparece en la serie no son representativas en absoluto del sentir de la sociedad española".

“Esas cosas se notaron más al final, más que nada por el auge de Twitter. Cuando estaba en ‘7 vidas’, por un chiste que hicimos recibimos cartas de la asociación de los chiringuitos de Gandía diciendo: ‘Oye, que nuestra ensaladilla rusa es de primera calidad’. Pero no pasaba de ahí. Según fue creciendo ‘Aída’, se extendió también el uso de las redes sociales y cada vez nos llegaban más comentarios, lógicamente”, recuerda el guionista.

"Todo envejece, quizá hay algunos chistes de 'Aída' que no podrían hacerse ahora. Pero quizá hay otras cosas en las que fuimos pioneros", opina Díaz. No eran pocas las veces que Mauricio Colmenero se refería a su subordinado ecuatoriano con el apodo de "Machupichu", que Jonathan se burlaba de Fidel por su orientación sexual. Ocho años después del último episodio, este guionista explica que 'Aída', desde esta ambivalencia, también fue inclusiva. "Cuando Melani Olivares, la actriz que interpretaba a Paz, venía a plató nos contaba que las trabajadoras sexuales le gritaban '¡compañera!' si la reconocían por la calle. Se identificaban mucho con ella y creo que algo hicimos bien".

"El hacer humor con ese tipo de temáticas sociales es difícil y cada vez más. De hecho, creo que en España ya no se encuentra. Lo que hacíamos nosotros ya no se hace... 'Venga, Juan' me parece una gran serie y, salvando las distancias, también trata el asunto espinoso de la corrupción con mucho humor. Pero en general, todo el mundo huye de estos temas".

Como es habitual en una sitcom, los personajes de 'Aída' se construían chocando unos contra otros, generaban y resolvían tramas en un destilado de la España obrera. Como explica Raúl Díaz, todo en la serie pretendía ser cotidiano. "Lo bueno de 'Aída' es que veías cosas por la calle y decías: 'Esto tiene un capítulo'. Una vez, viví cerca de un local de intercambio de parejas. Pasando por allí se me ocurrió la idea de que Mauricio Colmenero y Aída se hicieran pasar por una pareja de 'swingers' para tener sexo en uno de estos lugares", recuerda.

¿Costumbrismo en extinción?

Más allá de efectismo y el absurdo del humor, la estética de 'Aída' derrochaba costumbrismo. El uniforme de colegio concertado de Aidita, con falda escocesa y jersey de algodón verde oscuro, y su mochila rosa de ruedines. La mesa de cristal con tapete en casa de los García. Los pendientes de aro de Lore y la bollería plastificada del bar Reinols. El set de 'Aída' podría ser -es- cualquier barrio del sur. "Creo que ahora se hacen menos comedias, y quizá es porque la comedia viaja mal de un sitio a otro, puede llegar a ser muy local. El formato de 'Aída' se vendió a 13 países y en cada uno se adaptó con sus particularidades. Ahora todo se piensa globalmente".

Díaz achaca a esta exportación del contenido audiovisual -acentuada por la producción para plataformas globales de 'streaming'- cierta tendencia a la despersonalización en la ficción. "En las comedias de ahora se ve a gente supuestamente desfavorecida con pisos que no sabes muy bien cómo pagan. Es lo que llamo un 'piso Netflix'. Un apartamento guay, minimalista y abierto que sería impensable en Esperanza Sur. Aunque hay de todo. En Netflix, precisamente, hay una serie reciente que representa muy bien esa vida de barrio: 'El vecino'".

Foto: La actriz Pepa Rus en '¡Viva la Pepa!'. (Daniel Rote)

"Pero cuando veo algunas casas en otras producciones me pregunto de verdad quién vive así. Yo no conozco a nadie. Se supone que están contando su historia, pero ni siquiera es su historia. A mí me molesta un poco, porque puedes situar una ficción de pago en un barrio obrero, pero que sea de verdad. Y al revés: puedes hacer 'Succession' para emitirla en abierto, pero te la comes con patatas porque es de verdad. Lo que no puedes hacer es un tío pobre viviendo en un casoplón, o al revés. Eso no se lo cree nadie".

Opina el guionista que lo impersonal tiende a homogeneizar los escenarios, los colores, la factura de los productos audiovisuales. "Hay cosas que ya no se pueden hacer, porque llegan hasta donde llegan. Como decía García-Márquez, lo que hace algo verdaderamente universal son esos detalles locales. Todo el mundo conoce a un Mauricio Colmenero, todo el mundo conoce a un Luisma. Son reconocibles porque estaban a pie de calle. Un escritor de Portugalete (cerca de Bilbao), me decía: 'Joder, es que Aída es de Repélega'. Eso es un barrio de Portugalete, pero es que Aída podría ser de un montón de sitios al mismo tiempo".

Hay una escena a la que Raúl Díaz guarda especial cariño, cuando Carmen Machi abandonó la serie. Para defender a su hija de los golpes de su marido, el personaje de Machi le golpea con una plancha en la cabeza y lo asesina. La policía acaba descubriendo el crimen y detiene a Aída, pero el coche patrulla se cala. "Todos los vecinos del barrio tienen que empujar el coche para que arranque con la detenida dentro. El creador de la serie, Nacho G. Velilla, decía que era un detalle como de Berlanga. Que, en un momento así, todo el barrio termine empujando el coche. Eso es España".

Un 16 de enero, hace 17 años, Telecinco emitió el primer episodio de ‘Aída’. Lo sintonizaron siete millones de televisiones y acumuló un 36% del ‘share’. Esas cifras son del año 2005, cuando ni se olía el declive de la emisión en abierto. Durante los 9 años siguientes, ‘Aída’ llegó a acaparar cuotas de pantalla tan altas que parecían de otro tiempo, antes de que desembarcaran las cadenas privadas. Los primeros dosmiles fueron la edad de oro de la ‘sitcom’ española.

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