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'No mires arriba': Leonardo DiCaprio le explica por qué cada vez somos más gilipollas
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ESTRENOS DE CINE

'No mires arriba': Leonardo DiCaprio le explica por qué cada vez somos más gilipollas

El último trabajo de Adam McKay se estrena el 10 de diciembre en salas y el 24 en Netflix

Foto: Jennifer Lawrence, Leonardo DiCaprio y Timothée Chalamet en 'No mires arriba'. (Netflix)
Jennifer Lawrence, Leonardo DiCaprio y Timothée Chalamet en 'No mires arriba'. (Netflix)

Nos despeñamos directamente hacia la idiocracia como ya avisó en 2006 Mike Judge en aquella película con guion de Etan Cohen, que no Ethan Coen (en este caso la colocación de la hache es crítica). El estadounidense medio del presente se aventura a proclamarse como un genio en un futuro distópico de cerebros carcomidos por el consumismo, la pereza y la estulticia más monda y lironda. Cuatro años después, cuando aún no se había democratizado la distribución a domicilio inmediata de absolutamente todo —"Telecoca, dígame"— ni los turistas del palo selfi morían despeñados por los barrancos ni los terraplanistas osaban a salir de sus cuevas, 'Wall-E' también auspiciaba un porvenir en el que el cretinismo se hacía norma y moda. Todavía no hemos llegado a ese futuro y los vaticinios se acumulan peligrosamente. Y 'No mires arriba' se une a estas profecías fílmicas en las que la extinción por abulia y sinsentido de la especie humana empiezan a plantearse como un escenario más que posible.

Tráiler de 'No mires arriba'.

Productor —junto a Will Ferrell— de 'Succession', un retrato deprimente y adictivo del funcionamiento de la plutocracia —con piel de democracia— que gobierna Estados Unidos, director de 'El vicio del poder', un 'biopic' sobre la oscura trayectoria de Dick Cheney y del retroceso que supuso la Administración Bush para la sociedad americana —en concreto; para el mundo, en general— y de 'La gran apuesta' —un documentadísimo análisis sobre la génesis de la crisis financiera de 2008—, Adam McKay vuelve a sus orígenes farsescos con 'No mires arriba', una comedia con un reparto inmejorable —y caro— que señala los males endémicos del mundo moderno y el papel que tendrá la ciudadanía, la política y las grandes corporaciones a la hora de gestionar una amenaza que pudiese llevarnos a una extinción masiva. ¿Les suena? Cambien 'coronavirus' por 'meteorito' y el resultado será esta propuesta divertida, pero muy lejos de los mejores trabajos de McKay.

placeholder Meryl Streep en el papel de la presidenta de Estados Unidos Janie Orlean. (Netflix)
Meryl Streep en el papel de la presidenta de Estados Unidos Janie Orlean. (Netflix)

Sin apostar por una pantomima como la desopilante 'El reportero: la leyenda de Ron Burgundy' (2004) ni el rigor de 'La gran apuesta', la última película de McKay moja pólvora crítica al quedarse en tierra de nadie con unas interpretaciones que llevan a la comedia ácida y unos planteamientos esperpénticos de la realidad. Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence no trabajan en el mismo registro que, pongamos, Ferrell o Steve Carrell y el director se sitúa en un plano de la irrealidad posible, mientras que su análisis de la realidad es tan mamarracho que desactiva cualquier tipo de reflexión más allá de que los trumpistas son un hatajo de retrasados mentales que no podría reconocer una verdad ni teniéndola en las narices. Ni la amenaza de un meteorito que se evidenciaría con una simple mirada hacia arriba.

No es difícil encontrar los paralelismos entre el discurso alrededor de la gestión de la pandemia y la ficción que propone McKay en 'No mires arriba'. Ese imperativo del título, ese "no mires", refiere al mensaje que trasladan a la ciudadanía todos aquellos poderes públicos que, a sabiendas del mal que causan, consiguen que el votante, el consumidor, el espectador actúe en contra de un interés tan propio como la supervivencia. Y, también preocupante, McKay apela a la encrucijada a la que se enfrenta el nuevo siglo entre la libertad de expresión, el concepto de la verdad y la construcción de una realidad alternativa a las evidencias cognitivas.

placeholder Cate Blanchet y Tyler Perry como los presentadores del magacín de la mañana. (Netflix)
Cate Blanchet y Tyler Perry como los presentadores del magacín de la mañana. (Netflix)

Basada en una historia firmada por el columnista político y escritor David Sirota y guionizada por el propio McKay, 'No mires arriba' comienza en una noche cualquiera de un mañana no muy lejano, cuando una doctoranda de la Facultad de Astronomía de Míchigan, Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence), descubre un cometa en una guardia rutinaria. A la celebración por el hallazgo le sucede una revelación menos halagüeña: los cálculos sobre la trayectoria del cometa hacen prever que este impactará contra la Tierra en apenas seis meses. Una colisión similar a la que provocó la desaparición de los dinosaurios hace 66 millones de años.

Dibiaski, junto a su jefe de departamento, el profesor Randall Mindy (Leonardo DiCaprio), deberá alertar a las autoridades sobre su descubrimiento. Y comenzará una carrera de obstáculos para hacer prevalecer la evidencia científica de una amenaza hacia la humanidad frente a los intereses electorales y la avaricia de las grandes corporaciones y la simple desidia de una población desinformada por unos medios de comunicación inmundos más preocupados por banalizar cualquier cuestión potencialmente revulsiva y entretener al espectador a base de contenido inane. Entre las caras que vemos desfilar por la pantalla encontramos a Meryl Streep como una versión femenina de Donald Trump; un Jonah Hill como un sosias estupefaciente —más aún— de Don Trump Jr., y Cate Blanchett como presentadora de un magacín televisivo de una cadena similar a Fox News.

placeholder Leonardo DiCaprio es Randall Mindy y Jennifer Lawrence, Kate Dibiasky. (Netflix)
Leonardo DiCaprio es Randall Mindy y Jennifer Lawrence, Kate Dibiasky. (Netflix)

Las luchas de poder, las cuestiones económicas, la fama o el simple ego como responsables de nuestra propia fatalidad, viene a avisar el director. Y caricaturiza sin profundizar lo más mínimo movimientos similares al de los antivacunas, que, a pesar de la evidencia científica a cerca de la existencia de un potencial perjuicio contra la integridad humana, prefieren adherirse a movimientos negacionistas a enfrentarse al problema. McKay ridiculiza la representación de un movimiento creciente sin discurrir sobre el porqué de estos fenómenos sociales que rechazan los consensos más básicos. Más allá de una premisa prometedora, 'No mires arriba' no remata las situaciones de manera original, sino que cae en lugares comunes que nada tienen que ver con la comedia afilada y absurda a la que acostumbra el director. Aun así, McKay cierra una película entretenida, amable, con algunos momentos memorables, como el 'gag' recurrente del personaje de Jennifer Lawrence, el general de las Fuerzas Armadas y la bolsa de aperitivos. Otro recordatorio más de que, si de algo morimos, es de gilipollez.

Nos despeñamos directamente hacia la idiocracia como ya avisó en 2006 Mike Judge en aquella película con guion de Etan Cohen, que no Ethan Coen (en este caso la colocación de la hache es crítica). El estadounidense medio del presente se aventura a proclamarse como un genio en un futuro distópico de cerebros carcomidos por el consumismo, la pereza y la estulticia más monda y lironda. Cuatro años después, cuando aún no se había democratizado la distribución a domicilio inmediata de absolutamente todo —"Telecoca, dígame"— ni los turistas del palo selfi morían despeñados por los barrancos ni los terraplanistas osaban a salir de sus cuevas, 'Wall-E' también auspiciaba un porvenir en el que el cretinismo se hacía norma y moda. Todavía no hemos llegado a ese futuro y los vaticinios se acumulan peligrosamente. Y 'No mires arriba' se une a estas profecías fílmicas en las que la extinción por abulia y sinsentido de la especie humana empiezan a plantearse como un escenario más que posible.

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