La cruz y la esvástica: hoy no se podría rodar 'La vida de Brian'... y en su tiempo tampoco
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La cruz y la esvástica: hoy no se podría rodar 'La vida de Brian'... y en su tiempo tampoco

Los cómicos decidieron cortar muchas de las escenas que habían rodado

Foto: Fotograma de 'La vida de Brian'
Fotograma de 'La vida de Brian'

‘La vida de Brian'' era, durante el rodaje, una película distinta a la que finalmente se estrenó. Al menos por algunas escenas que los Monty Python decidieron suprimir para evitar molestar y ofender a ciertos colectivos. Una de ellas estaba protagonizada por un escuadrón de judíos suicidas que quiere instaurar un nuevo reino judío milenario. Y por ahí, mientras Brian estaba crucificado, aparecía un símbolo que mezclaba la cruz de David y una esvástica. Los cómicos no se atrevieron a tanto. “Eric tenía miedo de que la escena ofendiera a los grandes productores de origen judío”, contó Terry Gilliam tiempo después. Él mismo se lamentaba de haberla quitado. “En retrospectiva, creo que la teníamos que haber dejado”. Pero no fue así. En 1978, mientras rodaban en Túnez, los Monty Python se autocensuraron. Quizá no eran momentos de tanta libertad creativa como se insiste hoy. Y quizá hoy tampoco se hubieran cortado.

“Sabéis, puede que haya algún fanático religioso a quien le apetezca usarnos de diana en sus prácticas de tiro”

Esta es una más de las anécdotas sobre esta mítica película que estos comediantes cuentan en su famosa autobiografía ‘The Pythons’, editada Bob McCabe a partir de entrevistas y fragmentos de sus diarios, y que ahora se puede encontrar publicada por Libros del Kultrum. Resulta interesante volver a ella para comprobar cómo no fue nada fácil sacar aquella cinta adelante. Y cómo, pese a la prudencia, hubo quien se molestó. Y bastante.

Rabinos, monjas y políticos

Justo antes de la premiere en Nueva York ya se encontraron con una manifestación. Más de mil rabinos salieron a la calle en señal de protesta. Se quejaban del uso del manto ritual de plegaria judío en la escena de la lapidación. Los Python ya se lo temían. “Recuerdo que mientras escribíamos el guion yo les decía, “sabéis, puede que haya algún fanático religioso a quien le apetezca usarnos de diana en sus prácticas de tiro”, cuenta Terry Jones.

placeholder  'La vida de Brian' (Terry Jones, 1979)
'La vida de Brian' (Terry Jones, 1979)

Después de los judíos llegaron los católicos. Unas monjas se pasaron varias noches rezando delante de uno de los cines. Los cristianos estaban ofendidos porque pensaban que la película se reía de ellos. Los cómicos les dieron la razón. “Se burlaba de todos aquellos que un buen día se invistieron de autoridad y dijeron que hablaban por boca de Dios y fue esa misma gente la que por fortuna salió a la calle y se identificó con el objeto de toda la burla que podía haber en ‘La vida de Brian’, un detalle que no dejamos de agradecerles”, señala Eric Idle con bastante sorna.

Donde más sufrieron los ataques fue en Estados Unidos. Allí se hablaba de película blasfema, había personas con pancartas a las puertas de los cines. “Había hasta monjas con pancartas”, recordaba Michael Palin, que también tenía claro que “era lo mejor que pudo haber pasado”. El áurea de buena comedia comenzó a crecer y cada vez era más gente la que quería ver la película.

En Swansea nadie la pudo ver en el cine ya que a los concejales no les había gustado. En toda Noruega se prohibió

Aunque a algunos políticos no les gustase. Los hubo también que intentaron prohibirla. Como un concejal de Devon, en Reino Unido, que llegó a proclamar: “No hace falta acercarse a una pocilga para saber que apesta”. Quería prohibirla sin haberla visto. No es difícil inferir qué hubiera podido escribir en tiempos de Twitter. Lo de Devon se quedó en intento, pero en Swansea nadie la pudo ver en el cine porque fue prohibida porque a los concejales no les había gustado. En toda Noruega se prohibió. Y Suecia la publicitó como “una película tan graciosa que la han prohibido en Noruega”. Hubo quien se aprovechó de todo lo que estaba pasando.

A los Python, que se manifestaran “chalados ultraderechistas” les daba un poco igual. Lo que ya les molestó fue que la polémica saltara a la televisión. En programas televisivos aparecieron obispos criticando la cinta y diciendo que esperaban que los cómicos hubieran cobrado sus 30 monedas de plata por ella. Y eso que sabían que o no la habían visto o la habían visto a medias. “En ningún momento se niega su existencia (de Dios). Lo único que se cuestiona es el poder de la Iglesia, eso es todo”, decía Eric Idle. “La película planteaba la oposición a la gente que le dice a uno lo que debe hacer y lo que no. La esencia de nuestro humor era la libertad, la independencia. Ese tipo de humor nos llevó a hacer una película sobre la autoridad, sobre el dominio. Era un mensaje perfectamente meditado”, afirmaba a su vez Palin.

placeholder Protestas en la puerta del cine
Protestas en la puerta del cine

La 'rajada' del presidente de EMI

Más recordada es la parte en la que cuentan cómo consiguieron el dinero para financiar la película. También tuvo que ver con la censura. En un principio lo iba a poner EMI Films. Ya estaba todo acordado y comenzaron a trabajar. Cuando llevaban 50.000 libras gastadas en el rodaje en Túnez, la empresa se echó para atrás. El presidente de EMI, Bernard Delfont, leyó el guion y le pareció ofensivo. Y cortó de cuajo el dinero. Al rescate salió su amigo, el beatle George Harrison, que había actuado alguna vez con ellos en EEUU. Fue él quien puso cuatro millones de libras -para lo que tuvo que hipotecar su casa-. Como diría después Eric Idle, “debió ser la entrada de cine más cara de la historia”.

Sin embargo, los Python se la guardaron bien a Delfont. Demandaron a EMI (y ganaron) e incluyeron una frase al final de la película enigmática, pero en realidad muy significativa: 'Bernie, jamás recuperarás tu dinero'. Bernie era Bernard Delfont, quien había dejado escapar una de las grandes películas de culto de toda la historia del cine.

La vida padre en Barbados

No obstante, si estos fueron los obstáculos, hubo una parte en el proceso de creación de la película que los cómicos disfrutaron con mucha alegría. Escribieron el guion en la mansión que Winston Churchill tenía en Barbados y a menudo tuvieron visitas de personajes como Mick Jagger y su mujer Jerry Hall, con quienes jugaban a las adivinanzas y otros juegos de palabras. Casi nada.

placeholder Hubo prensa que también criticó la película
Hubo prensa que también criticó la película

“No sé por qué me cuesta tanto hacerle entender a mi mujer la necesidad de este viaje a las Barbados para acabar de retocar el guion. Es evidente que allí la temperatura es la óptima para que fluya la tinta de la pluma sin apelmazarse a causa del frío o licuarse por el calor. Puede que resulte difícil de creer, pero con este viaje lo único que queremos es ahorrar tiempo y dinero”, escribía con finas dosis de ironía Terry Jones el 7 de enero de 1978. El propio Jones se sorprendía de que Churchill se hubiera comprado aquella enorme casa en 1948. “Mientras el país entero se apretaba el cinturón y se mentalizaba para afrontar unos años de austeridad, aquel diputado tory se construía una mansión fabulosa en el Caribe”, analizaba no sin razón el cómico.

"Es increíble como el mar, el sol y el lujo agilizan el proceso de creación”. Lo de la creatividad en una lúgubre buhardilla es un mito

“¡De modo que así funciona la industria del cine! Desayuno, bañito, un poco de sol en la playa y luego un paseo por la orilla hasta la hora de comer”, continuaba Jones. Pero, precisamente, aquello funcionó: “Es increíble como el mar, el sol y el lujo agilizan el proceso de creación”. Un resultado que echa por tierra el mito de la creación en una lúgubre buhardilla y sin casi nada de comer. “En las Barbados nos pasamos dos semanas juntos y trabajamos a un ritmo que no conseguíamos desde los primeros episodios de Flying Circus”, manifestaba también Michael Palin.

Y fue así como vio la luz Brian y toda su historia. Por cierto, John Cleese quería el papel, pero se lo dieron a Graham Chapman, quien dejó la bebida para interpretarlo. Hoy sería imposible imaginarse a otro actor en ese personaje. Y si no, vuelvan a verla, que está en varias plataformas y la suelen echar por la televisión de vez en cuando. Ahora resulta mucho más fácil que hace cuarenta años.

Reino Unido Winston Churchill Desayuno