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'How to with John Wilson': Nueva York es muy cutre y está llena de zumbados, no vayas
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'How to with John Wilson': Nueva York es muy cutre y está llena de zumbados, no vayas

La serie de HBO Max retrata la sofisticada metrópoli como un lugar sórdido

Foto: 'How to do with John Wilson'. (HBO)
'How to do with John Wilson'. (HBO)

Con el patrocinio de la propia ciudad de Nueva York, un tipo llamado John Wilson ha salido a grabar todo lo que en ella da un poco de asco. Su minuciosa labor de recogida de residuos visuales dio lugar en 2020 a la serie documental 'How to with John Wilson' (HBO), integrada por seis breves episodios. Como Nueva York es grande, John Wilson acaba de estrenar la segunda temporada, pues quedaba mucho que mostrar (malo) y decir (tierno) sobre la capital del mundo contemporáneo.

Se trata de piezas de apenas media hora de duración donde John Wilson graba y narra su vida miserable y bohemia en la ciudad que todos recordamos luminosa. Por momentos, el Nueva York de John Wilson parece Palencia, en la posguerra. También hay episodios enteros que uno diría grabados en Hungría o Polonia, en un año no especialmente dichoso en Europa del Este. El propio John Wilson tiene una voz como de haber pasado mucho tiempo hablando solo, y contestándose.

La premisa de 'How to' recuerda a la de otra serie pseudo-documental y falsamente práctica. Si en 'Review Andy Daly' probaba cosas y puntuaba la experiencia (la cocaína, la infidelidad o divorciarse fueron algunos de sus grandes momentos), John Wilson se propone enseñarte a hacer algo ('How to'), ya sea comprar una casa, preparar un 'risotto' o mantener conversaciones inanes con desconocidos. Lógicamente, uno no aprende a hacer nada de lo que Wilson enseña a hacer, dado que él mismo fracasa calamitosamente en su propio aprendizaje.

La serie es tristísima, se enfocan retretes, ratas muertas, gente fea y muchos espacios desordenados y lúgubres. La narración de John Wilson consigue que el hecho de que la vida no merezca la pena sea incuestionable, al tiempo que ver su serie ayuda a reírte de que la vida, incuestionablemente, no merezca la pena.

'How to with John Wilson' es en buena medida un cruce entre Woody Allen y Borat, de los que toma o hereda todo aquello que apunte a lo marginal y estrafalario y (de Allen) cierto vuelo filosófico nihilista ligero. Casi en cada episodio, Wilson nos descubre a un zumbado de la ciudad, ya sea un hombre al que le gusta contaminar con su vehículo, y cree que está en su derecho (ojo, no niega el cambio climático, solo echa una mano a que este se produzca a la mayor velocidad posible), ya otro cuyo 'hobby' es “cazar pederastas” haciéndose pasar por un chaval de 15 años. Todo parece real, demasiado real, y supongo que estos incautos especímenes neoyorquinos habrán firmado en algún un momento un papel donde ceden los derechos al director de la serie de ponerlos en ridículo ante el planeta entero.

La narración de Wilson consigue que el hecho de que la vida no merezca la pena sea incuestionable

La primera temporada acababa en Hungría, ya digo, o en Polonia. O sea, en la casa de John Wilson en el extrarradio de la ciudad. Su casera, una vieja tocada con un pañuelo, laboriosa y muy dada a cocinar platos contundentes con patatas, vive atemorizada ante el avance del coronavirus, y Wilson solo desea hacerle un buen 'risotto'. La nueva temporada arranca ahí mismo, con esa vieja señora ofreciéndole a su inquilino comprar el edificio entero donde viven (él, en la planta superior; ella, abajo) por 900.000 dólares, pues la anciana se muda a Las Vegas. John Wilson, inopinadamente, puede comprarlo, de hecho.

Su serie, en fin, es un éxito, aunque él mismo reconoce que HBO no le ha dicho cuánta gente la ha visto. En todo caso, en el banco ven sus cuentas saneadas, solo que no saben si su buena suerte (vender series a HBO) seguirá. Para darles confianza, John Wilson les enseña las buenas críticas que ha recibido por 'How to', lo que, lógicamente, el banco no considera prueba suficiente de que en el futuro no acabará pidiendo en el metro.

Foto: Imagen: Irene de Pablo.

En medio de esta incertidumbre, y sabiendo que la compra de un “trocito de Nueva York” a precio por debajo de mercado no es una oportunidad que le vaya a llegar a uno todos los días, John Wilson sale a la calle a grabar lo que la gente está viendo en sus grandes pantallas de televisión, a fin de darse ánimos a sí mismo si alguien está viendo precisamente su 'show'. Para ello, va enfocando impunemente por la ventana el salón de todas las casas que ve iluminadas, y sus televisores, donde por supuesto nadie está viendo 'How to with John Wilson'. Varios capítulos antes, nuestro hombre había comprado una bolsa de patatas y se había subido a un helicóptero para ver si la bolsa, que se iba inflando a causa de la altura, explotaba finalmente.

Locuras, arte, pequeñas exploraciones de las mecánicas cotidianas en la línea de Miranda July es lo que ofrece esta serie, tan cutre que resulta moderna, y tan enternecedora que solo puede despedirse con el inocente y angelical: “Gracias por ver mi 'show”.

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