Muere la escritora Almudena Grandes semanas después de anunciar que padecía cáncer
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a los 61 años

Muere la escritora Almudena Grandes semanas después de anunciar que padecía cáncer

Galardonada con el Premio Nacional de Narrativa, se dio a conocer como una de las firmas más importantes del panorama literario español con 'Las edades de Lulú'

Foto: Almudena Grandes. (EFE/Pablo Martín)
Almudena Grandes. (EFE/Pablo Martín)

La escritora Almudena Grandes (Madrid, 1960) ha muerto este sábado a los 61 años. Grandes anunció en una columna del diario 'El País Semanal' que padecía cáncer desde hace poco más de un año.

Según ha adelantado la 'Cadena SER', la escritora ha fallecido como consecuencia de la enfermedad. Galardonada con el Premio Nacional de Narrativa, se dio a conocer como una de las firmas más importantes del panorama literario español con 'Las edades de Lulú', publicada en 1989. Su primera novela obtuvo un gran éxito y se tradujo a 20 idiomas. Con ella obtuvo el premio Sonrisa Vertical y el director Bigas Luna la adaptó al cine.

Foto: Imagen de 'Las edades de Lulú', basada en la novela de Almudena Grandes

'Malena es un nombre de tango' fue su tercer título publicado, también llevado al cine por Gerardo Herrero en 1996 y protagonizado por Ariadna Gil. A través de un personaje femenino contaba la historia de una familia burguesa (y la de España) desde los años sesenta hasta finales de los noventa. No tiene la carga erótica de Lulú, pero es también una historia sobre cómo este país se quitó la funda nacionalcatólica y despertó a la modernidad. Del mismo estilo fueron sus siguientes novelas 'Atlas de geografía humana' y 'Castillos de cartón'.

Foto: Almudena grandes firmando ejemplares en la Feria del Libro. (EFE) Opinión

El giro hacia la historia contemporánea, la guerra civil y el franquismo lo inició con 'Los aires difíciles', publicada en 2002. Es la novela de transición entre toda su producción anterior y la futura. Los protagonistas son Juan y Sara. Ambos, muy distintos, se encuentran y se entienden mientras sopla el viento de levante y poniente en la costa gaditana. Y de ahí llegó 'El corazón helado' (2007), una de las novelas más exitosas de estas dos décadas del siglo XXI. Versionando el famoso verso de Antonio Machado, Grandes contaba la historia de los dos bandos de la guerra a través de dos personajes, Álvaro Carrión, cuya familia es de tendencia falangista, y Raquel Fernández, hija de republicanos exiliados. Y los dos se enamoran. Se convirtió en todo un bestseller y le dio numerosos premios a su autora -como el del Gremio de Libreros de Madrid-. 'El corazón helado', de casi mil páginas y un verdadero catalejo sobre la ciudad de Madrid, fue un antes y un después. Hasta entonces, Grandes había sido una autora más del presente ('Las edades de Lulú' es una historia sobre el Madrid punki y la España sin mojitarerías de despúés del franquismo), pero ya había iniciado un cambio de la mirada hacia nuestro pasado.

Los episodios nacionales

En 2010 comenzó su proyecto más ambicioso: las seis novelas de los Episodios Nacionales mediante las cuales pensaba contar la historia contemporánea de España desde la narrativa. Lo hizo a modo de espejo de su admirado Benito Pérez Galdós, quien ya lo hiciera en el siglo XIX. Sabía que era una tarea titánica (y los libros no tienen menos de 500 páginas). "Empecé esta serie porque encontré un filón, descubrí que los españoles vivíamos encima de una mina de oro. Un filón extraordinario de héroes, villanos, sacrificios, también de estupideces..., para un narrador no hay nada mejor que toparse con algo así", señaló en una de esas entrevistas en las que se enfrentaba al periodista con generosidad, explicando la novela, sus puntos de vista y también su posicionamiento ideológico, que no solo no ocultó sino que habló y escribió sobre él con toda libertad. Y siempre con esa voz tan característica, ronca y grave, que asustaba un poco de primeras.

"Empecé esta serie porque encontré un filón. Un filón extraordinario de héroes, villanos, sacrificios, también de estupideces..."

Inició la serie con 'Inés y la alegría' en la que relataba la invasión del valle de Arán por 4.000 militantes comunistas con el fin de derrocar a Francisco Franco en octubre de 1944. Una especie de batalla de las Termópilas a la española. En ella, la escritora cruzaba personajes inventados como la joven militante Inés con históricos como Dolores Ibárruri. 721 páginas. Esta mezcla de verdad y mentira es el traje de la literatura y no de la Historia. A Grandes le gustaba abordar nuestros hechos históricos con el material de la narrativa. Le daba más juego. "La literatura ofrece una aproximación muy interesante a la reconstrucción histórica. Yo estudié Historia en la universidad, pero no hice Contemporánea por pura novelería. Hice Prehistoria. Siento que los historiadores son aliados, cómplices y no competidores. Y espero que ellos sientan lo mismo", comentó cuando comenzó esta serie. Ahora bien, también sabía las armas que tiene la literatura. No es una cosa baladí. "La literatura puede no tener que ver con la política. Pero la literatura siempre tiene que ver con la ideología. Escribir es tomar posición en el mundo. La escritura en sí misma es un acto ideológico", reconocía.

placeholder Almudena Grandes junto a su pareja Luis García Montero. (EFE)
Almudena Grandes junto a su pareja Luis García Montero. (EFE)

En 2020 llegaría 'La madre de Frankenstein', la quinta y penúltima. En ella hablaba del doctor Vallejo Nájera y la eugenesia nazi. Y en las entrevistas, como la que le hizo este periódico en febrero de aquel año, poco antes del inicio de la pandemia, explicaba acerca de cómo empezó a leer sobre nuestra historia más reciente, la guerra civil y la posguerra. "Me enganché a la Historia de la España Contemporánea como se engancha un niño a un videojuego. Durante más de diez años, porque empecé a leer para ‘El corazón helado’, he estado metida en una burbuja en la que solo he visto cine español, solo he escuchado música española y solo he leído libros de República, guerra y dictadura, de ficción o no ficción", afirmaba.

A estas alturas ya era bastante conocida su militancia en la izquierda y decía no temer nada en las entrevistas. Así hablaba de la izquierda y la derecha. "Cuando la izquierda llega al poder, la derecha no se comporta como si hubiese perdido, sino como si le hubiesen robado el poder. Una cosa es perder en buena lid y otra un robo. Y eso ocurre porque la derecha española tiene la sensación de que este país le pertenece y de que lo han heredado de sus abuelos". Y también tenía su opinión con respecto al Gobierno de coalición PSOE y Podemos: "La izquierda también lo cree porque llega al poder y se acompleja, les sale un complejo de realquilados, “toco pero no rompo”. Y yo creo que en una coyuntura como esta, con la derecha armada hasta los dientes y dispuesta a alterar cada día de la legislatura que nos espera por todos los medios posibles, sería fundamental que este Gobierno sea valiente y se sacuda este complejo. No hay otra supervivencia posible para el Gobierno".

"No sólo tengo muchos lectores de derechas sino que tengo lectores contrarios a la memoria histórica", decía en 2017

Y, sin embargo, fue una escritora que tuvo lectores de todas partes y todas las ideologías. Si solo te leen los tuyos no te conviertes en una de las autoras más leídas en este país. Ella misma lo reconocía en otras de las entrevistas que tuvo con El Confidencial en 2017. Fue cuando presentó 'Los pacientes del Doctor García' donde este doctor era un superviviente republicano que vive en Madrid con una identidad falsa y que de pronto se ve infiltrado en la organización mediante la que Clara Stauffer evade a prófugos del Tercer Reich. "Yo también soy una figura transversal dentro de una izquierda española que nunca se ha caracterizado precisamente por su unidad. No solo tengo muchos lectores de derechas, sino que tengo lectores contrarios a la memoria histórica. Ya sabe que en España existe una figura particular que no existe en ninguna otra parte, que es "el enemigo de la memoria". Pero defiendo que todos los lectores son soberanos y tienen completa autoridad sobre lo que leen", señalaba en aquellos momentos.

Sobre todo, sabía bien para quién escribía. No era ni para unos ni para otros. Y le daba igual si algún lector la había dejado de leer. "Habrá gente que no me lea porque les parezca ideológicamente repulsiva. Pero eso me da igual. Yo procuro escribir los libros que creo que tengo que escribir. Escribo para la lectora que soy yo. Y ya está". Y se la seguirá leyendo.

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