'Eva contra Eva': Ana Belén se come Madrid en la reinvención de 'Eva al desnudo'
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'Eva contra Eva': Ana Belén se come Madrid en la reinvención de 'Eva al desnudo'

A la actriz le sienta como un guante esta actualización del papel que interpretó Bette Davis en el cine y que estará hasta el 12 de diciembre en el Teatro Reina Victoria de Madrid

Foto: Escena de 'Eva contra Eva', en el Teatro Reina Victoria de Madrid. (Javier Nadal)
Escena de 'Eva contra Eva', en el Teatro Reina Victoria de Madrid. (Javier Nadal)

Ana Belén tiene 70 años, está estupenda y no para. Como si hubiera cogido carrerilla. En los últimos meses, ha sacado un recopilatorio con sus grandes éxitos, ha estrenado en el Festival de Mérida ‘Antonio y Cleopatra’ y lleva paseando por toda España ‘Eva contra Eva’, un texto de Pau Miró dirigido por Silvia Munt que ahora acaba de recalar en el Teatro Reina Victoria de Madrid bajo el paraguas de la compañía Pentación, de Jesús Cimarro. “¿Por qué no dices tu edad?”, le recrimina un personaje al de Ana Belén en esta obra. La de verdad no se oculta y pone todos los años y toda la veteranía en el escenario. Y todo eso al público madrileño le gusta.

Tiene fans la actriz en la capital. Poco antes del estreno, en la entrada del remodelado Reina Victoria —posiblemente una de las fachadas teatrales más bonitas— se agolpaban los espectadores que iban a llenar el patio de butacas. Y no todos eran los de su generación que han tarareado hasta la saciedad ‘La puerta del Alcalá’. Había un buen número de veinteañeros y treintañeros. No funcionaba aquí lo del choque generacional de 'millennials' contra 'boomers', que quizás es una cosa de redes sociales.

La propuesta era interesante, pero arriesgada: una vuelta al archiconocido planteamiento de ‘Eva al desnudo’ (1950), la película de Joseph L. Mankiewicz con Bette Davis y Anne Baxter que narra cómo una joven actriz le hace totalmente la cama a la diva veterana, le levanta los papeles y prácticamente la entierra en vida en gran parte gracias a la crítica y la prensa que solo quiere chupar de la fuente de la juventud. Sí, todos conocemos este argumento, pero es muy agradable ver cómo el nuevo texto de Miró funciona.

A Ana Belén le sienta como un guante convertirse en esta Margo Channing actualizada. Es imposible no sentir simpatía por su personaje

Lo hace porque, en primer lugar, a Ana Belén le sienta como un guante convertirse en esta Margo Channing actualizada. Además, representa a una diva más o menos cercana. Es imposible no sentir simpatía por su personaje. Quizá porque le resta dramatismo e histeria al tema del paso del tiempo y sabe reírse de sí misma. Quizá porque sabemos que llegará un momento en el que todas seremos “las viejas” en el trabajo. El lenguaje sarcástico de la obra —“Me voy a dormir al sarcófago”— ayuda y la actriz consigue dar el tono tragicómico. Quien esto escribe también la vio como Cleopatra este verano y, sin embargo, la reina egipcia no estaba tan bien perfilada. Aquí tiene mucho más pillado el papel: sí, soy mayor, pero no estoy ni mucho menos acabada.

También contribuye que esta nueva versión es a la vez una crítica a ‘Eva al desnudo’ apoyada en la conversación que ahora está en la calle y que no estaba en los años cincuenta. Para empezar, ya sabemos todos que estamos ante clichés: la joven, la vieja, el amante de la vieja que la deja por la joven, el crítico (hombre) que va a masacrar a la vieja para ensalzar a la joven. Y así. Pongámoslos sobre la mesa como tal. Se cuela una pizquita de sororidad: “Para las mujeres nada es fácil”, le suelta el personaje de Margo a su rival, la joven actriz Eva. Ni en el teatro ni en nada, vete aprendiendo. Y la obra tiene un puntito placentero que te lleva a reflexionar: ¿hablamos acaso de la decadencia como actores (y hombres), qué sé yo, de José Sacristán o Josep Maria Pou (por poner un par de ejemplos)? Un buen tema para debatir si van con alguien y se toman algo después. ¿Es feminista la obra? Sí, claro que lo es.

placeholder Mel Salvatierra y Ana Belén, en un momento de la obra. (Javier Nadal)
Mel Salvatierra y Ana Belén, en un momento de la obra. (Javier Nadal)

Otro asunto metateatral que aborda el texto es el lugar del teatro en los tiempos en que lo que lo peta son las series. Probablemente, los lectores lean más la crítica de la serie de este periódico que la de la obra de teatro simplemente porque la van a conocer más. El personaje de la actriz Ana Goya, la representante de Margo, que tiene las frases más cómicas de todo el texto (pese a ocultar una tragedia) y que sabe levantar las risas del público, es la que se encarga de recordarlo todo el tiempo: “Te voy a dejar y me voy a dedicar a las series”. Pequeña victoria teatral: cuando dijo esa frase, el teatro de verdad estaba lleno.

Sobre el escenario también acompañan a la protagonista los actores Manuel Morón, Mel Salvatierra y Javier Albalá. El primero es el crítico teatral y también la conciencia de Margo. A día de hoy choca un poco que un crítico pueda elevar o sepultar carreras —en el tiempo de lo efímero las malas o buenas críticas no duran ni dos telediarios si acaso alguien las lee—, pero Morón salva muy bien al personaje. Albalá es el dramaturgo y amante de Margo y, quizá, el papel más feo y con el que cuesta conectar. Salvatierra, superentusiasta y solvente, es Eva, la actriz joven que, en esta ocasión, carece de la perfidia de Anne Baxter (por lo que tampoco nadie desea que acabe mal).

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Ana Belén, en la obra. (Javier Nadal)

Hasta aquí lo bueno, que ya es mucho en esta propuesta de teatro de índole convencional, para todos los públicos, teatro con gusto —para teatro experimental, alternativo y de doble pirueta vayan a otro caladero— que se ve muy bien y se disfruta. Una propuesta que también juega con la cámara de cine y que te lleva al ritmo de Led Zeppellin. Solo hay un par de escenas oníricas algo confusas para el espectador que, por suerte, pasan pronto. Después la obra enfila muy bien y te crees a esa Margo empática, que no le queda otra que asumir el paso del tiempo y decirle al público: ¿Y por qué solo se habla de la decadencia femenina? Si de eso se trataba la idea de Silvia Munt con este montaje, queda bastante clara.

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