Los diez retos que enfrenta la humanidad
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Los diez retos que enfrenta la humanidad

Un revelador informe selecciona y disecciona una decena de desafíos a los cuales la sociedad global tiene que hacer frente en los próximos años

Foto: Molécula de ADN
Molécula de ADN

Roger Montañola e Ignasi Belda acaban de presentar '10 retos tecnológicos, sociales y políticos de la humanidad: una visión regulatoria'. Se trata de un revelador informe, publicado por la consultora de comunicación y asuntos públicos LLYC, en el que han seleccionado y diseccionado diez retos a los cuales la sociedad global tiene que hacer frente en los próximos años. Estos abarcan ámbitos muy diversos: van desde la modificación del ADN humano —y, por tanto, la transformación de la propia especie—, hasta el cambio climático, pasando por los nuevos patrones de alimentación global ante los límites de la producción agrícola y ganadera, una nueva economía colaborativa basada en innovaciones tecnológicas e ideas disruptivas y la inteligencia artificial, las nuevas formas de movilidad, los patrones sociales, los nuevos materiales, la exploración espacial o la gobernanza global. Todos ellos tienen algo en común: obligarán a los legisladores, a la clase política, a elaborar nuevas regulaciones y marcos legales para encauzar su desarrollo.

Aunque todo ello augura una nueva era, se inserta en un proceso histórico iniciado en la Primera Revolución Industrial, hace ya casi dos siglos. Y responde a una lógica que la mayoría de nosotros percibimos a diario: la aceleración de las transformaciones. Reproducimos a continuación la introducción al informe, que contextualiza estos cambios a lo largo del tiempo. El resto del texto está accesible aquí.

Las olas innovadoras disruptivas y superpuestas

Estamos viviendo el nacimiento de una nueva era de la historia de la humanidad. Toda revolución tecnológica viene motivada por la eliminación del coste de un factor de producción hasta entonces crucial. Por ejemplo, en la Primera Revolución Industrial, con el advenimiento del motor de vapor, la energía pasó a tener un coste marginal cero en comparación con la etapa previa, donde la principal fuente de energía era la animal o la hidráulica. Sin embargo, el transporte de esta energía tenía aún un coste significativo y, por ello, las industrias se debían establecer cerca de las fuentes de carbón.

En la Segunda Revolución Industrial, se desarrolla y populariza la electricidad, así como el motor de combustión interna. Con estas nuevas tecnologías, la energía ya puede transportarse con facilidad, tanto en su forma eléctrica como en su forma química (los hidrocarburos). En consecuencia, el transporte energético pasa a tener un coste marginal cero.

Lo mismo sucede en la Tercera Revolución Industrial, cuando el coste del transporte de la información pasa a ser marginal gracias a las redes de ordenadores. O en la Cuarta Revolución Industrial, cuyo surgimiento se debe a que es la inteligencia la que pasa a tener un coste marginal nulo respecto al valor añadido producido por la tecnología.

En esta secuencia de revoluciones tecnológicas, el tiempo transcurrido entre una revolución y la siguiente se reduce siempre a la mitad

En esta secuencia de revoluciones tecnológicas, el tiempo transcurrido entre una revolución y la siguiente se reduce siempre a la mitad. Del inicio de la Primera Revolución Industrial —en la década de 1760, con el nacimiento de la máquina de vapor— hasta el inicio de la Segunda Revolución Industrial —en la década de 1900, con la electrificación industrial y el desarrollo de las nuevas técnicas industriales— pasaron aproximadamente 140 años. Del inicio de la Segunda Revolución Industrial al inicio de la Tercera Revolución Industrial —en la década de 1970, con el desarrollo del ordenador personal y las primeras redes telemáticas— pasaron 70 años. Y, finalmente, del inicio de la Tercera Revolución Industrial al inicio de la Cuarta Revolución Industrial —en la segunda mitad de la década del 2000, con el desarrollo de los primeros sistemas de big data e inteligencia artificial aplicada— pasaron, aproximadamente, 35 años, de manera que de nuevo vemos la cifra reducida a la mitad.

De hecho, hay quien sostiene que el ritmo de generación y popularización de tecnologías y paradigmas disruptivos ya es continuo. Por tanto, no podemos hablar de revoluciones tecnológicas concretas, sino de múltiples olas de innovación que van superponiéndose entre ellas. Citaremos algunos ejemplos recientes, aunque heterogéneamente desarrollados, como la computación cuántica, el 5G, el 'cloud computing', el 'big data', el 'deep learning', el grafeno o el CRISPR-Cas9.

Así pues, teniendo en cuenta que lo que caracteriza al actual paradigma técnico-económico de la Cuarta Revolución Industrial es un coste marginal nulo de la inteligencia, el ritmo de las olas disruptivas superpuestas no hará más que acelerarse en las próximas décadas. El límite de todo ello es, hoy en día, difícilmente predecible.

El reto regulatorio

La tendencia natural de un Estado social es tratar de regular cada nuevo fenómeno que genere o pueda generar un impacto significativo sobre la sociedad o la economía. En épocas anteriores, cuando el desarrollo tecnológico no tenía el ritmo actual, el legislador podía observar el impacto tecnológico sobre la realidad social y, a partir de estas apreciaciones, crear una regulación bien reflexionada para tratar de evitar conflictos, desigualdades o injusticias. Por ejemplo, a mitad del siglo XIX, el Reino Unido promulgó la Locomotive Act, mediante la cual se establecía que los automóviles no podían superar la velocidad de 3 km/h en zonas urbanas y que siempre tenía que haber una persona, 60 metros por delante del automóvil, con una bandera roja advirtiendo del inminente paso del vehículo. Lógicamente, con la progresiva popularización de este medio de transporte, el legislador tuvo tiempo para reaccionar y se cambiaron las leyes para facilitar el desarrollo de la incipiente tecnología del automóvil.

El legislador, las empresas y, en general, la sociedad tienen por delante el gran reto de crear políticas regulatorias suficientemente flexibles

Sin embargo, el ritmo actual de incorporación de tecnologías disruptivas dificulta la existencia de ciclos legislativos ordenados y adaptados al desarrollo tecnológico. De hecho, a veces se da el absurdo de que, cuando se aprueba una determinada legislación, la tecnología que va a ser regulada ya está en claro desuso o incluso en inminente obsolescencia. Por ello, el legislador, las empresas y, en general, la sociedad tienen por delante el gran reto de crear políticas regulatorias suficientemente flexibles y que puedan ser adaptables a múltiples supuestos, previstos o no en el momento de elaboración de la regulación.

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