Sin este profesor la Generación Beat no tendría sentido y él jamás lo supo
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Sin este profesor la Generación Beat no tendría sentido y él jamás lo supo

Raymond Weaver compartió la literatura zen con Kerouac e impartió clases de literatura a los Beat más reputados

Foto: Fotografía de Raymond M. Weaver junto a su obituario. (Archivo Universidad de Columbia)
Fotografía de Raymond M. Weaver junto a su obituario. (Archivo Universidad de Columbia)

Hay eruditos que pasan desapercibidos en la historia. Raymond Weaver fue profesor de la Universidad de Columbia en la época en que ni siquiera la Generación Beat había levantado sus muros ideológicos, literarios y (contra)culturales. En Columbia se conocieron Kerouac, Ginsberg, Burroughs y Carr: el inicio de una era, sin saberlo. En ‘Las mejores mentes de mi generación’ descubrimos -en las muy escasas líneas que le dedica la obra- la existencia de este profesor. Anagrama publica una recopilación de textos de Allen Ginsberg -recogidos por su editor y archivista personal Bill Morgan- donde explica la 'Historia literaria de la Generación Beat' que el autor de ‘Aullido’ impartía a sus alumnos hasta su fallecimiento en 1997.

A través estas páginas descubrimos algunas anécdotas y personajes interesantes que dejaron huella en el peculiar y estrambótico conjunto de escritores. Nos topamos con Raymond Weaver, quien además de influir en el orientalismo léxico de los Beat, fue el primer biógrafo de Melville. Reconoció el talento del auto de ‘Moby Dick’ antes de que nadie se preocupase por su literatura.

placeholder 'Las mejores mentes de mi generación. Historia literaria de la Generación Beat', disponible desde el 29 de septiembre. (Anagrama)
'Las mejores mentes de mi generación. Historia literaria de la Generación Beat', disponible desde el 29 de septiembre. (Anagrama)

Localizamos pinceladas informativas en internet, pero poca cosa. Desde El Confidencial nos hacemos preguntas. ¿Pero quién narices era este tío? Y la Biblioteca de Columbia nos responde: “The 'Raymond Weaver Papers' have not been digitized so this collection is not available online / Los 'Papeles de Raymond Weaver' no han sido digitalizados por lo que esta colección no está disponible online”. Pasó tanto desapercibido que ni siquiera había interés en escanear la escueta documentación que había. Porque otra cosa no, pero escasa sí era. Lo sabemos porque conseguimos ponernos en contacto con el Archivo Oficial de la Universidad de Columbia. Bingo. Existían algunos papeles de principios del siglo XX que nos enviaron digitalizados, una labor realizada a propósito de nuestra solicitud.

Lo más reseñable de todo fue lo siguiente: Raymond Weaver murió el 4 de abril de 1948. Antes de que la Generación Beat se convirtiese en todo un fenómeno en los cincuenta. Antes de saber que el alumno que había compartido con él una novela titulada ‘The Sea Is My Brother’, la cual le había gustado bastante, era Jack Kerouac. Antes de que el Beat ignorase sus consejos con la novela y se quedara varada en el olvido hasta su publicación póstuma en 2011, pero también antes de saber la influencia que tuvieron las recomendaciones literarias que aportó al joven Jack.

placeholder Docencia de Raymond Weaver en Columbia. (Archivo de la Universidad de Columbia)
Docencia de Raymond Weaver en Columbia. (Archivo de la Universidad de Columbia)

Superprofe

“Weaver fue seguramente, desde el punto de vista del profesorado académico, el superprofesor de todos los profesores de Estados Unidos”, destaca Ginsberg. Kerouac compartió con él ‘The Sea is my Brother’, novela de la que se avergonzó y jamás publicaría, pero se atrevió a revelarle su existencia. Se llevaban bien. Había vivido en Japón y balbuceó una serie de recomendaciones literarias a Kerouac, quien las compartió con sus compañeros y fomentó el interés de todos por lo zen y lo místico. Raymond Weaver fue el disparatazo de salida del carácter onírico ancestral de los Beats y lo hizo sin querer.

Leyó a un desconocido y le consagró como una figura indispensable en la literatura

Weaver, el compañero de despacho del reputado Van Doren era un hombre peculiar y el primer biógrafo de Herman Melville. El profesor se ganó la confianza de la nieta del escritor y le facilitó el camino hasta el manuscrito de ‘Billy Budd’ -inacabado por la muerte de Melville- y se fascinó. Raymond Weaver leyó a un desconocido y le consagró como una figura indispensable en la historia de la literatura norteamericana. Antes de que Melville fuera Melville, Weaver supo ver la destreza y exquisitez de su prosa.

Abrimos la documentación. Un amplio listado del recorrido de Weaver como docente. Encontramos datos como que el 8 de octubre de 1917 impartió clases, que el 3 de abril de 1922 le alistaron en las ‘Summer Sesions’ -los cursos de verano que hacen las Universidades, especialmente las yankees- o que el 6 de abril de 1931 le subieron el sueldo. Es interesante apreciar el paso de la escritura a mano a la mecanografía de la máquina. Y descubrimos que murió con 59 años y tras estar enfermo durante 3 meses, en su casa de Manhattan, a escasas manzanas de Columbia.

placeholder Archivo mecanografiado sobre Weaver. (Archivo de la Universidad de Columbia)
Archivo mecanografiado sobre Weaver. (Archivo de la Universidad de Columbia)

Un obituario de prensa recuerda la trayectoria de Weaver, que nació en Baltimore en 1888 y se graduó en Artes por Columbia en 1912. Durante los 3 años posteriores fue profesor en la Universidad de Hiroshima, en Japón. De ahí su interés por la literatura asiática; de ahí las recomendaciones a Kerouac. En 1921 publicó la primera biografía de Melville - ‘Herman Melville, Mariner and Mystic’- y en 1935, la publicación trimestral literaria ‘The Colophon’ publicó una edición limitada de ‘Journal Up the Straits’ de Melville. Weaver fue el encargado de editar la obra y no fue tarea fácil: catorce años de trabajo ayudado por amigos y especialistas de la literatura. Otros estudiosos de Melville intentaron “descifrar su escritura errática” pero se rindieron por la dificultad de entender la letra en puño del autor.

Con 38 años publicó ‘Dark Valley’ -la encontramos como ‘Black Valley’ en algunas librerías de antigüedades-, reseñada por el New York Times como “una novela extraña donde muchas dudas inexpugnables parecen estar resueltas”. El escritor se aisló durante el verano de 1925 en una isla del estado de Maine para sumergirse en la escritura de su única novela, ambientada en Japón. Fue el autor de multitud de prefacios y traducciones como ‘Thäis’ (1889) de Anatole France, ‘Los monederos falsos’ (1925) de André Gide y ‘La cabaña del tío Tom’ (1852) de la escritora Harriet Beecher Stowe.

placeholder Primera página de 'Black Valley'; cuesta 174 euros. (Viking)
Primera página de 'Black Valley'; cuesta 174 euros. (Viking)

Los reportes de prensa de la década de los 40 le definen como un estudioso gramatical confiado en el devenir de las lenguas. “Creía en la fluidez y el crecimiento del inglés”. Es por ello que reivindicó la expresión del por entonces ex Primer Ministro británico, “This is me, Winston Churchill”. Lo gramáticamente correcto es decir (todavía a día de hoy) “This is I”, pero coincidimos con Weaver en que suena terrible. “‘This is I’ es una defensa del analfabetismo, usado solo por aquellos aferrados a las leyes gramaticales que temen cometer errores”.

Alumnos de calibre

Filosofía oriental, contracultura, espiritualidad, renovación literaria, drogas y despertar sexual. La Generación Beat revolucionó el panorama cultural estadounidense de los cincuenta y los sesenta. Aunque en los cuarenta empiezan a plantarse las semillas de obras interesantes, no será hasta la década posterior que ‘En el camino’, ‘Aullido’ o ‘El almuerzo desnudo’ vean la luz. Kerouac, Ginsberg y Burroughs -respectivamente- se conocieron en Columbia, donde también coincidieron con Lucien Carr. El futuro periodista “fue tan fundamental en la mitología de todos [los miembros de la Generación Beat] que es difícil no presentar su lengua como parte del paisaje literario”. Ellos, unos críos; Weaver, por entonces, más experimentado en el contexto de la literatura.

Allen Ginsberg describe al biógrafo de Melville como “un personaje muy raro que en la actualidad no conoce casi nadie”, pero brillante. Compartía despacho con Van Doren -otro reputado docente que hablaba con los chicos sobre experiencias alucinógenas- y pasaba desapercibido entre las caras y los nombres más populares de la institución académica. Fue el docente del docente: impartió clases a Lionel Trilling, que con el tiempo trataría con la Generación Beat en calidad de maestro. Adoraba a Carr, sospechaba de Kerouac y Ginsberg y le acogieron dentro del grupo The New York Intellectualls.

Estos bohemios estadounidenses narraban la América subterránea (pero con dinero); alcohol, drogas, orgías y buen dominio de la palabra. Lo dicho, los underground incomprendidos que estudiaron en Columbia. Y no fueron solo fruto del contexto socioeconómico que les engullía, sino del despertar de una generación con ambiciones frustradas educados por docentes como Weaver. Raymond devolvió a la literatura universal la obra de Melville e influyó en la existencia de los Beat. Pocos pudieron apreciar su excelencia; no le hicieron fijo en Columbia hasta 1947, ¡un año antes de morir! Lo cierto es que si no fuera por la mención edulcorada de Allen Ginsberg, jamás habríamos caído en la existencia del autor.

Winston Churchill