La lección de Rosa Regàs a Pere Aragonès en el premio literario más cuantioso del mundo
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La lección de Rosa Regàs a Pere Aragonès en el premio literario más cuantioso del mundo

El 'president' boicoteó el Planeta mientras los empresarios se quejan de que “o la Administración cambia el chip o nos vamos al carajo”

Foto: El presidente de Planeta, José Creuheras, junto a Rosa Regás y el resto del jurado. (EFE)
El presidente de Planeta, José Creuheras, junto a Rosa Regás y el resto del jurado. (EFE)

El Premio Planeta volvió a Barcelona tras la pandemia, con más vitalidad que nunca. Su 70 cumpleaños fue celebrado con la presencia de los Reyes (el último Planeta al que asistieron fue el de 2015, en pleno ‘procés’), con los ministros de Cultura y Educación, Miquel Iceta y Pilar Alegría respectivamente con la consejera de Cultura de la Generalitat, Natalia Garriga, y con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. El acto se celebró, como en el 2019, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MANC).

En otras palabras: volvió la normalidad al evento. Tanto es así que aunque el Planeta es el premio literario más cuantioso del mundo (este año está dotado con un millón de euros para la obra ganadora y con 200.000 euros para la primera finalista) no estuvo presente el presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès. El Govern resolvió enviar este año a la consejera de Cultura y no a un emisario de tercera o cuarta fila, como había hecho durante las últimas ediciones. Algo es algo. Pero el desplante del republicano Aragonès queda para la historia y eso confirma que la normalidad ha vuelto.

Foto: Los Reyes entregan el Premio Planeta de novela a los guionistas y escritores Agustín Martínez (2i), Jorge Díaz (c) y Antonio Mercero (2d). (EFE)

Hubo 650 invitados, una cifra menor a otros años (a la cena de la concesión del premio han llegado a asistir más de 1.000 personas), pero nada desdeñable. La noche del premio es un escaparate para que políticos, empresarios y famosos de todo pelaje vean y se dejen ver. La cena de Semon rezumaba cierta calidad. Pera empezar, se suprimió el tradicional aperitivo inicial y fueron servidos media docena de canapés en platillo a cada invitado ya en las propias mesas. Es la única concesión a la pandemia que hubo, aparte del uso masivo de las mascarillas fuera de las mesas. Los platos no defraudaron a casi nadie: ensalada de fideos de calabacín, tomate cassé y langostinos, regados con un blanco ‘Miranda d’Espiells’, del Penedès; lubina asada con velouté de cítricos, zanahorias baby, cebollitas caramelizadas y espárragos trigueros, regado con tinto ‘Semon 1962’, de Costers del Segre; y pan con chocolate, aceite y sal de postre. Todo con un aire genuinamente catalán.

Coincidieron antes del ágape los presidentes del Círculo de Economía, Xavier Faus, y el de Fomento del Trabajo, Josep Sánchez Llibre, las dos instituciones que recogen las inquietudes de la clase empresarial ante la decadencia de la economía catalana. El primero acaba de dar sendos tirones de orejas al Govern de Aragonès y al Ayuntamiento de Colau por su política económica que nos lleva a la teoría del decrecimiento que a medio plazo empobrecerá Barcelona y Cataluña y las hará aún más decadente. De motor de España, a simple bujía. Eso es lo que mete miedo a la empresa.

Un candidato cortejado

Algunos ojos se posaban en Sánchez Llibre, recién operado de la rodilla (lleva más tornillos en sus huesos que un ‘transformer’), pero no por esperar otro varapalo a los políticos como el del Círculo, sino porque hay cada vez más insistentes rumores de que podría optar a encabezar una candidatura al Ayuntamiento de Barcelona para desalojar a Colau. Sería una candidatura transversal y catalanista, alejada de tentaciones unilateralistas y enfocada a la mejora de la economía. “Mira si tengo intención de presentarme que me he vuelto a poner gafas hoy para ganar en imagen”, bromeaba ante las insinuaciones. Pero es conveniente no perderle de vista, porque hay movimientos tácticos de varios partidos que pueden estar interesados en él. Ajeno a ese interés, Sánchez Llibre, que sabe como nadie cómo comportarse en la arena política, echaba balones fuera. “Es que Gerard Esteve es mi tapado”, reía. Esteve, ya lo publicó El Confidencial, es un candidato en el que habían pensado varias fuerzas para ser el comodín con el que desbancar a Colau.

También estaban presentes desde el presidente del Banc Sabadell, Josep Oliu, hasta el exjefe de la CEOE, Joan Rosell; Aurora Catà (presidenta de Barcelona Global y miembro de un sinfín de consejos de administración, entre ellos Atresmedia, Banc Sabadell o Repsol); Pedro Fontana (vicepresidente del Banc Sabadell y miembro de varios consejos de administarción); Pau Guardans (empresario hotelero y cónsul honorario del Vietnam); Josep Maria Xercavins (gestor de fondos de inversión); Cristina Guiral (Tradisa); la familia Godó (Javier y sus hijos Carlos y Ana Godó), Enrique Tomás (empresario de la industria agroalimentaria y de restauración), Enrique Lacalle (presidente del Salón Automobile); o Esteban Rabat (joyero). Y políticos como el primer teniente de alcalde de Barcelona, Jaume Collboni o el exconsejero de Territorio Santi Vila, expulsado por Carles Puigdemont de su Gobierno y ahora demonizado por el independentismo. No faltaron otras caras conocidas, como el expolítico reconvertido en abogado Miquel Roca i Junyent, el periodista Luis del Olmo, el escritor Eduardo Mendoza o los televisivos Boris Izaguirre y Manel Fuentes.

Foto: Los Reyes entregan el Premio Planeta 2021. (Efe)

Los empresarios dejaban traslucir su preocupación por la marcha de la economía, por la poca estabilidad política, social y económica y por la posibilidad de que vayamos no solo hacia un decrecimiento, sino hacia una falsa autarquía que nos lleve a un precipicio económico. “Escribe, escribe. Estamos muy preocupados. No sabemos si esto puede acabar bien, porque cada día estamos peor. O las Administraciones cambian el chip o nos vamos al carajo”, apuntaba uno de los empresarios presentes, temeroso de que salga su nombre.

El optimismo de Laporta

También se paseó por el MNAC Joan Laporta, presidente del FC Barcelona, nada preocupado por el futuro del club. Parece que la marcha de Messi, la desastrosa situación económica y la falta de acierto deportivo no afectan a la marcha de una de las instituciones con más solera de Barcelona. O, al menos, así lo dejó caer en su mesa, en la que también estaban Josep Maria Xercavins y Carlos Godó. Él sabrá lo que se trae entre manos, peor no todos lo tienen tan claro.

Fue una celebración por todo lo alto. El presidente del Grupo Planeta, José Crehueras, recordó que en toda su historia se presentaron 25.000 originales al premio y solo este año llegaron 654 novelas, un récord absoluto. Pero en medio de su discurso metió una bomba: “Quiero hacer un reconocimiento especial a dos personas que tienen un compromiso para hacer nuestra sociedad mejor. Tienen problemas de Estado, pero en su quehacer también tienen un gran empeño y firmeza en mejorar la sociedad (…) mostremos, de corazón, cariño, admiración y agradecimiento. Por eso pido un aplauso para sus majestades los Reyes”.

Crehueras, recordó que en toda su historia se presentaron 25.000 originales y solo este año llegaron 654 novelas, récord absoluto

Nombró la soga en casa del ahorcado, pero toda la sala se puso en pie para aplaudir a los monarcas. ¿Todos? Los miembros del jurado, en la tribuna, eran los más visibles. Se levantaron y aplaudieron, excepto Rosa Regàs, que permaneció sentada, sin aplaudir, con un pin de la bandera republicana prendido en la solapa. Al final, no obstante, se levantó de la silla (su salud no es muy buena), pero siguió sin aplaudir. Una actitud de respeto institucional aunque con protesta política ostensible. De seguir la ‘doctrina Aragonès’, no hubiese ni asistido a la ceremonia. Pero quizá Pere Aragonès debería de aprender de Rosa Regàs a la hora de tomar decisiones.

Hubiese sido interesante que el ‘president’ hubiese asistido al Planeta aunque solo fuese para escuchar una frase de Paloma Sánchez Garnica, cuya obra ‘Últimos días en Berlín’ quedó finalista: la novela explica “las consecuencias que provocan los totalitarismos y cómo influye la historia en los individuos”. Es cierto que los que olvidan su pasado están condenados a repetirlo, pero también decía Miguel de Unamuno que más vale ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado. Aun así, su libro es, según dijo su autora, una historia de amistad, una virtud que todavía necesita la clase política catalana para reconciliarse con la mitad de la ciudadanía.

Foto: Los reyes Felipe y Letizia en la entrada de los Premios Planeta de este viernes por la noche.(LP)

Para colmo, la ganadora del galardón, Carmen Mola, no era quien decía ser: eran tres en uno. El ‘colectivo fantasma’ que decía Paula Corroto en El Confidencial. Tres guionistas (traviesos) que comenzaron a escribir a seis manos hace unos años: Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero. De una historia pasaron a otra, han ido escribiendo libros que se han contado por éxitos en Alfaguara (rival de Planeta) y así hasta llegar al mayor premio literario del mundo, que ganaron. La historia ganadora está ambientada en el Madrid de 1834. Un tiempo muy lejano, o no: en aquel momento, había en la capital una epidemia de cólera y las restricciones, afirman los guionistas, “eran muy similares a las de estos tiempos. Para colmo, había una guerra carlista, aunque nosotros nos inventamos unos crímenes para hacer un thriller”. No sería descabellado que Carmen Mola escribiese un guion que sirviese de guía la política catalana. El ‘president’ Aragonès podría aprovecharlo si no le gusta la ‘doctrina Regàs’.

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