Adam Tooze, el cronista estrella de las crisis: "Volver a la austeridad nos llevará al desastre"
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ENTREVISTA

Adam Tooze, el cronista estrella de las crisis: "Volver a la austeridad nos llevará al desastre"

Adam Tooze, el historiador económico más en forma del momento, publica una crónica vertiginosa sobre cómo un puñado de técnicos de bancos centrales salvaron al mundo del colapso durante la pandemia

Foto:  Adam Tooze. (Fotografía cedida)
Adam Tooze. (Fotografía cedida)

Es poco probable que haya un historiador económico en el mundo más en forma que Adam Tooze. Si en 2018 dejó a los expertos boquiabiertos con su monumental 'Crash', un libro en el que desgranaba las causas y consecuencias de la crisis financiera, ahora publica 'El apagón: cómo el coronavirus sacudió la economía mundial' (Crítica), una vibrante crónica sobre lo sucedido durante la pandemia, "la primera crisis integral de la era del Antropoceno".

Tooze narra con precisión de cirujano lo cerca que estuvimos del colapso financiero y asegura que, aunque conseguimos esquivar una debacle gracias a un puñado de economistas, bancos centrales y a la respuesta fiscal de los gobiernos, puede que aún no hayamos aprendido la gran lección de la crisis. "Esto solo era un ensayo", afirma este profesor de la Universidad de Columbia. En este entrevista, Tooze, que fue nombrado uno de los pensadores más importantes del mundo por la revista Foreign Policy en 2019, habla de por qué el dogma de la austeridad ha quedado definitivamente desacreditado, de su pesimismo en la lucha contra el cambio climático y del miedo "infundado" de la inflación.

PREGUNTA. ¿Cómo de cerca estuvimos del colapso económico y financiero durante la crisis de la pandemia?

RESPUESTA. Muy cerca. No creo que nadie hubiera querido saber lo que habría pasado en marzo de 2020 si no se hubiera intervenido de forma excepcional. Es como si le preguntas a alguien: ¿cómo de cerca has estado de la muerte? En este caso, hay consenso de que estuvimos cerca de la muerte. Una prueba es la monumental respuesta de los bancos centrales: inyecciones de millones de dólares por segundo, casi ocho mil millones cada día… Solo haces eso si estás extremadamente preocupado de lo que está ocurriendo en el mercado financiero. Cuando he hablado con gente que estuvo en primera línea, muestran síntomas de estrés postraumático.

P. ¿En serio?

R. De verdad, no pueden dejar de hablar de eso. Tienen 'flashbacks' recurrentes. Si estás en el negocio de fondos de inversión donde manejas cantidades de dinero muy grandes, donde la liquidez del Mercado del Tesoro es una preocupación constante, lo que ocurrió en marzo de 2020 fue algo inédito en su vida. Peor que 2008.

P. Escribe que si los bancos hubieran sido los de 2008, la crisis habría sido devastadora. Pero ahora estaban mejor preparados.

R. Habría sido una matanza. Si la capitalización hubiera sido tan mala como lo era en 2008 y con el ritmo de contagio del covid, habríamos presenciado una auténtica catástrofe. Por supuesto, dos cosas han cambiado: los bancos estaban mucho mejor capitalizados y la crisis no podía irse de las manos. Las políticas fiscales que llevaron a cabo los gobiernos, especialmente Estados Unidos, se pusieron en marcha muy rápido. Hubo muy pocos niveles de bancarrotas o de impagos.

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P. En el libro explica que hemos vivido en un año muy contradictorio donde gobiernos e instituciones tradicionalmente conservadoras les decían a ejecutivos progresistas que debían ser más atrevidos con su política fiscal. Pero ahora muchos de ellos ya están pidiendo una vuelta a la moderación. ¿Qué cree que va a pasar? ¿Vamos a volver a una senda fiscalmente conservadora?

R. Estamos narrando los acontecimientos según los vivimos. En este momento, esa pregunta que me has hecho sigue vigente. También en Europa. Se está discutiendo entre los verdes y los liberales en Alemania para decidir el futuro programa económico en Berlín, que tendrá unas consecuencias enormes en el continente. Todavía no sabemos hacia dónde va a ir. Incluso en el FMI están teniendo lugar varios debates sobre el tema según cada departamento. Es muy polémico.

P. Usted se muestra muy crítico con la "ingenuidad" conservadora de volver a un pasado económico que ya no existe. ¿Qué debemos hacer para evitar una nueva crisis? O mejor dicho, ¿qué debemos evitar para no caer en los mismos errores del pasado?

R. En 2020 hubo muy poca gente conservadora. La verdadera prueba de si hemos aprendido algo lo veremos en 2022 y 2023. El argumento actual de los conservadores es el mismo de siempre: tenemos que defender la sostenibilidad y volver a la estabilidad. Tenemos que restaurar las viejas leyes de la economía. Pero la pregunta es: ¿Qué leyes? ¿Tiene sentido volver al criterio de Maastricht donde el 60% de los ciudadanos europeos viven en países que tienen más del 100% de la deuda sobre el PIB? Volver a esas reglas fiscales conservadoras no nos llevará de nuevo a los prósperos años noventa, sino a un sitio terrible en el que aún no estamos... pero podríamos acabar ahí. La visión conservadora ya no es conservadora porque nos llevará a un sinfín de crisis y provocará que muchos movimientos políticos se radicalicen.

placeholder El apagón: cómo el coronavirus sacudió la economía mundial. (Crítica)
El apagón: cómo el coronavirus sacudió la economía mundial. (Crítica)

P. ¿A qué se refiere?

R. En un momento de crisis, incluso los conservadores se dan cuenta de que todo tiene que cambiar para que todo siga igual. Cuando pasa la crisis, los conservadores se vuelven más ingenuos: quiero que las cosas sean como eran antes. ¡Es totalmente irrealista! No se puede volver al pasado haciendo las mismas cosas que antes. Desde un punto de vista económico tenemos que encontrar un nuevo equilibrio. Ese equilibrio será definido por nuevos parámetros. Y reimponiendo por la fuerza los antiguos parámetros con el objetivo de lograr el antiguo equilibrio no va a funcionar.

P. Usted dice que una de las principales lecciones de la crisis de 2020 es que la política fiscal es una elección política y no técnica.

R. Hasta ahora nos decían que solo se podía alcanzar la sostenibilidad de la economía a través de una política objetiva, normativa y positivista. Es decir, que la austeridad y las medidas conservadoras eran inevitables. No teníamos otra opción. Pero eso no es así. Es lícito que la austeridad sea tu preferencia, pero la evidencia empírica ya no sostiene esa tesis. Si decidimos volver a la senda de la austeridad no es por lo que nos diga lo empírico, sino por nuestra posición política. La política es decisiva. Gran parte de la crisis de la eurozona es inducida por la política. Está en nuestras propias manos dirigirnos a un nuevo desastre.

P. Tanto en su libro 'Crash' como en este dedica muchas páginas al papel de la Reserva Federal de EEUU para salvarnos de una crisis aún mayor tanto en 2008 como 2020. Incluso lo llama el Banco Central del mundo.

R. Alrededor del 50% o 60% de la economía mundial se mueve en dólares. Muchas exportaciones de 'commodities' tienen los precios en dólares, muchos balances por todo el mundo tienen deudas en dólares... porque es más barato tomar prestado en esta moneda. Porque, ¿quién no está dispuesto a prestar en dólares? Evergrande, por ejemplo, tiene mucha financiación con moneda estadounidense. Por eso, lo último que Evergrande y todas las compañías similares querrían ver sería un aumento de los tipos de interés en Estados Unidos.

Si decidimos volver a la austeridad no es por lo que nos diga lo empírico, sino por nuestra posición política

Evergrande tiene alrededor de 20.000 millones de deuda en dólares. De hecho, un aumento de los tipos de interés en EEUU tiene un efecto inmediato y devastador para el resto del mundo. Significa que la moneda que usa todo el mundo se vuelve más cara. Cómo actúa la Reserva Federal es decisivo para el resto. En marzo de 2020, por ejemplo, el valor del dólar empezó a subir provocando unas repercusiones muy negativas para la economía global. Eso solo se alivió cuando la Reserva Federal empezó a inyectar dólares en el sistema y hubo un efecto de expansión. Y, gracias a esto, a final del año un país como Perú puede prestar a un tipo de interés aceptable a 100 años gracias a la acción de la Fed.

P. Uno de los efectos negativos que tiene este tipo de actuaciones es la desigualdad, ¿no?

R. La Fed es muy poderosa pero, al mismo tiempo, tiene efectos secundarios porque actúa a través de las finanzas. El dinero nunca es neutral. Cuando entra en el sistema, lo hace en un sitio en concreto. Después se empieza a expandir pero con menos fuerza. Cuando hablamos de política monetaria solemos pensar en agregadores macroeconómicos, pero no pensamos: ¿quién es el primero que recibe la primera inyección de dinero y a quién se lo pasa? A nivel macro, el objetivo de políticas como QE (Quantitative Easing, expansión cuantitativa en español) es estimular la economía, bajar los tipos de interés y aumentar la inversión. Y, el punto más importante, evitar crisis.

P. Es decir que, aunque tiene efectos negativos, los efectos positivos son mucho más grandes.

R. Evitar las crisis económicas es imperativo porque tienen efectos muy perjudiciales que duran años y décadas. Y, segundo, el QE estimula la actividad económica. Y eso beneficia a todo el mundo. Cuando el dinero llega al mercado financiero, lo primero que hace es salvar a los 'hedge funds' de muchísimas pérdidas. Muchísimas. De una forma muy marginal, reduce el coste del préstamo en Perú. Y de una forma muy, muy marginal ayuda a un pequeño autónomo a mantener su negocio durante la crisis en Florida. Pero en el primer día que el dinero entra al mercado financiero, un millonario de un Hedge Fund se quita el sudor de la frente porque ha sido el primero en beneficiarse. "Gracias, Reserva Federal". Cualquier gestor inteligente de un fondo entendió lo que había que hacer cuando la Fed salvó a la economía en marzo de 2020.

Foto: El portavoz del Parlamento Europeo, Jaume Duch. (EFE)

P. ¿Qué opina de la gente que critica estas actuaciones de la Fed?

R. Que tengan consecuencias perjudiciales no significa que el mundo fuera mejor si no lo hubieran hecho. Todo lo contrario. Si no lo hubieran hecho habría habido una crisis devastadora en todos los sentidos. La economía se habría venido abajo. Salvar la economía significa cosas muy distintas para diferentes personas. Sabemos que este tipo de política monetaria expansiva tiene un efecto que beneficia más a los dueños de activos financieros. En EEUU el 10% de la sociedad más rica tiene la inmensa mayoría del S&P 500. Y el 1% tiene muchísimas acciones del S&P 500. Hubo gente que hizo muchísimo dinero durante la pandemia.

P. Otra de las ideas que desarrolla en su libro es que la pandemia ha acabado de una vez por todas con algunas creencias neoclásicas sobre cómo funciona la economía. Me refiero, sobre todo, a cómo entendemos la inflación y los tipos de interés.

R. Si te interesa la economía es imposible que no te estés preguntando qué hay detrás de las fuerzas actuales. ¿Por qué los tipos de interés bajan? ¿Por qué la inflación no se recupera? Hay muchos factores a largo plazo. La incorporación de cientos de millones de trabajadores asiáticos a las cadenas de suministro globales desde los noventa ha podido influir. También el hecho de que no haya habido grandes planes de inversiones en los países ricos desde hace mucho tiempo. Ha habido un desequilibrio entre inversiones y ahorro en muchos de los países ricos. Y si eres keynesiano nunca te creíste que realmente los neoclásicos tuvieran una buena explicación sobre los tipos de interés. Si lees Keynes, ves que él no dice eso. La inversión se mueve por los "animal spirits” ("espíritus animales", en referencia a las emociones) de los que hablaba Keynes. Y los tipos de interés se mueven según los mercados del dinero. Los economistas nunca se han puesto de acuerdo en los tipos de interés.

P. Ahora está repuntando, pero muchos economistas insisten en que es por razones coyunturales. ¿Cómo ve los titulares y las declaraciones alarmistas sobre la inflación?

R. Nunca habíamos tenido estos cuellos de botella masivos en las cadenas de suministro que han surgido por la pandemia. Estamos navegando a ciegas. Sabemos desde 2008 que tú puedes cambiar por completo la hoja de balance del sistema financiero, puedes coger bonos de los balances de los bancos e inyectar un montón de efectivo. Y su impacto en la inflación es cero. Antes pensábamos que, al aumentar la oferta del dinero, aumentaría la inflación. Pero eso no ocurrió hace años y esta vez hemos hecho lo mismo.

La inflación actual son ajustes por el reequilibrio del mercado después de un 'shock' como el de la pandemia

Hay un 'shock' grande con temas específicos en los mercados de energía de petróleo y gas que tiene que ver con inversiones complejas y temas políticos. Hay una demanda muy grande para la recuperación empujada por el crecimiento en Asia y EEUU. Hay demasiado alarmista, sobre todo en Alemania, que hablan de una inflación devastadora. No hay evidencia de que eso vaya a pasar. Son ajustes por el reequilibrio del mercado después de un shock como el de la pandemia. No hay ninguna razón por la cual debamos tener miedo a la inflación.

P. Usted se muestra muy pesimista con el esfuerzo global desde un punto de vista económico para frenar el cambio climático. ¿Por qué?

R. No hay ninguna razón para ser optimistas. En EEUU, en Reino Unido y en Europa solo se habla de que los precios de energía son demasiado altos. La pandemia ha demostrado la inconsistencia de los argumentos que nos han prohibido formular una respuesta coherente contra el cambio climático. ¡Pero también contra la pandemia! Ocho mil personas en el mundo están muriendo por covid cada día. 2.000 en EEUU. Y no tenemos un programa global coherente que vacune al resto del planeta. No estamos considerando la posibilidad de que todas las nuevas infecciones acaben en una nueva variante.

Si no podemos solucionar eso, que está delante de nuestra cara, imagínate los efectos del cambio climático que puede haber en 20 o 30 años. Y eso nos enseña lecciones muy agrias sobre nuestro futuro y los límites de nuestra habilidad para tener una respuesta colectiva. En este caso al menos teníamos una bala de plata: ¡La vacuna! Imagínate que alguien desarrollara una tecnología que acelerara muchísimo la descarbonización de nuestra economía y cuesta unos cuantos miles de millones. ¡No tengo claro que todos se pusieran de acuerdo para pagarlo! No soy nada optimista. De hecho, conforme pasa el tiempo, más pesimista soy.

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