Gaspar Noé advierte en 'Vortex': tú, yo y todos vamos a morir
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69 EDICIÓN DEL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

Gaspar Noé advierte en 'Vortex': tú, yo y todos vamos a morir

Después de 'Clímax' (2018) y de 'Lux Aeterna' (2019), dos de las películas más radicales de los últimos años, Gaspar Noé presenta en San Sebastián 'Vortex'

Foto: Gaspar Noé presenta 'Vortex' en el Festival de San Sebastián. (Efe)
Gaspar Noé presenta 'Vortex' en el Festival de San Sebastián. (Efe)

Después de 'Clímax' (2018) y de 'Lux Aeterna' (2019), dos de las películas más radicales de los últimos años, Gaspar Noé ha dado un volantazo brusco en su carrera. No es que a 'Vortex' le falte la audacia en la puesta en escena -más bien al contrario- ni que la conversación sobre "una sociedad drogadicta" falte, ni que la visión, si no pesimista, sí incómoda de una sociedad epiléptica y destructiva haya desaparecido, sino que ahora la mirada se centra en una cuestión mucho más dolorosa y universal: la degradación de los cuerpos, la muerte del yo en vida. Para ello, Noé ha dirigido como intérprete a Dario Argento en su primer papel protagonista y a Françoise Lebrun -la protagonista de 'La mamá y la puta'-, en un reparto de leyendas vivas.

placeholder Dario Argento y Françoise Lebrun en 'Vortex'. (Filmin)
Dario Argento y Françoise Lebrun en 'Vortex'. (Filmin)

"La vida -valga la redundancia- es una fiesta que pronto será olvidada" es la sinopsis de 'Vortex', que ha presentado Filmin -su distribuidora en España- en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián y la que el director franco-argentino entra en la que considera su "película más comercial, aquella que pueden ver por fin los niños". Una pareja de ancianos -ella nacida en 1944, él en 1940- se enfrenta a la vejez en un mundo que ya no tolera a los viejos. Intelectuales -aquellos que salieron a protestar en el mayo del 68-, son ahora dos personas solitarias que conviven en un piso en el centro de París y que se tienen que enfrentar a su propia decadencia. Y Noé no ofrece concesiones. No hay un espacio para la esperanza, aunque él mismo considere su película como una visión "optimista" sobre el final irremediable de todos y cada uno de nosotros.

PREGUNTA. ¿Por qué, después de 'Clímax' y 'Lux Aeterna', películas espídicas, contar una historia como la de 'Vortex'? ¿Qué necesidad le ha llevado ahora a hablar sobre la vejez?

RESPUESTA. Vi a mi abuela perder su cabeza cuando era adolescente. Luego vi a mi madre perder su cabeza y luego falleció, con la cabeza en otra dimensión. También estaba muy cerca de Fernando Solanas cuando falleció [en 2020] en París. Y había una presencia, una reproducción de las muertes, de los entierros, de las casas que hay que vaciar. Lo he visto muy de cerca en los últimos años. Y pienso que es una cosa cotidiana en la vida, pero que no se ha representado en el cine. Está el caso de la película ‘Amour’, que está muy presente y que se llevó todos los premios y que tuvo mucho éxito en salas. Pero es una. Películas de asaltos hay cien mil. Y los asaltos nunca ocurren. El Alzheimer ocurre en todas las familias. ¿Por qué no se representa más? Porque la gente no quiere ver ese tipo de temas. En inglés hay un género que se llama survival en el que ves a gente que, como en 'Apocalypto', tiene que salir de una isla. Aquí vemos a dos ancianitos que tienen que sobrevivir al día a día.

P. ¿Por qué una propuesta de un realismo extremo, de cotidianidad, casi sin guión y basado en la improvisación?

R. El guión era una descripción simple de las secuencias. 'Es lo mismo que hice para 'Irreversible'. Yo escribo la historia en cinco, siete, diez páginas. La historia está montada, pero sin diálogos y sin saber cuál es el decorado. Después la secuencia se crea a partir de los actores o no profesionales que has elegido, y ahí te das cuenta si la secuencia dura tres minutos o quince minutos. Últimamente las películas las estoy haciendo de manera colectiva, sin que yo imponga ni las palabras ni el camino del actor dentro del espacio. Eso lo buscamos juntos.

placeholder Otro momento de 'Vortex', de Gaspar Noé. (Filmin)
Otro momento de 'Vortex', de Gaspar Noé. (Filmin)

P. 'Vortex' retrata una generación que ha vivido una guerra, que ha presenciado Mayo del 68, que tienen una estructura familiar tradicional. ¿qué pasa con las nuevas generaciones que no cuentan con esa estructura familiar?

R. Y que no leen. Ahora los adolescentes lo único que leen es Instagram y Tik Tok. Mi padre, efectivamente, pertenece a una generación que lee dos o tres diarios y compara las noticias. Hoy, ¿quién? Vine a San Sebastián y uno de mis placeres era ir a la librería 'Metrópolis', especializada en cine, y ahora es una tienda de ropa. No sé lo que pasará cuando no haya una estructura familiar fuerte. En mi casa, mi madre y mi padre tuvieron dos hijos. La representación familiar de mi película se parece mucho a la de mi familia, sólo que nosotros éramos dos hermanos en vez de uno. Mi padre y mi madre tenían tantos libros que se le caían encima. Hoy eso ya no pasa.

P. Hacía mucho tiempo que Dario Argento no actuaba...

R. Dario Argento nunca actuó. Hacía pequeños papeles en sus propias películas, como las manos del asesino. Cuando había que estrangular a una actriz él siempre quería hacerlo con sus propias manos. Cuando había que dar un hachazo al otro actor, la mano que sostenía el hacha era la suya. Pero, hsta mi película, él había sido director, guionista, crítico de cine y manos de asesino.

P. Entonces, ¿cómo lo convenciste? ¿Cómo pensaste en él?

R. Porque, aparte de ser un gran director, es simpatiquísimo. Tiene un carisma tremendo. Puede presentar sus películas durante una hora y la gente aplaude y se ríe. Quería que los dos personajes de la película fuesen muy queribles. Si ves 'Amour', el personaje de Emmanuelle Riva es muy querible y, por eso, te atas a ella. Pero Jean-Louis Tringtignant es más seco, más distante. Yo queía que fuese un personaje como 'Umberto D.' de De Sica, personaje al que quieres abrazar. Los dos primeros en los que pensé, cuando tuve claro que eran personas de ochenta años, fueron Dario Argento, al que conozco desde hace 30 años, y Françiose, a la que no conocía, pero a la que admiraba a través de sus películas.

P. ¿En qué momento decides que tu película tenga una pantalla partida? ¿Es porque necesitabas mostrar los dos puntos de vista de una enfermedad como la demencia, en la que sufre quien lo vive y quienes están alrededor?

R. Empecé a editar las películas con pantalla partida mucho antes. En 'Lux Aeterna' no estaba previsto. Lo había filmado con varias cámaras para hacer planos secuencia -como en 'Climax' con una única cámara, pero no me salió bien- y luego fue en medio de la filmación y en proceso de montaje cuando decidí hacerlo en pantalla partida. Después hice otro corto de unos ocho minutos para Sain Laurent con dos cámaras -aunque era una pero en el montaje hice creer que eran dos- y cuando empecé con 'Vortex' sabía que iba a utilizarlo en algún momento, pero no creía que lo iba a utilizar en todo momento. Al cabo de dos días de filmación me di cuenta de que funcionaba muy bien que una cámara acompañase al hombre y la otra a la mujer. Incluso refilmé cosas desde el primer día. Lo que es extraño es que estos conceptos gráficos pueden pesar y pueden resultar muy artificiosos, pero aquí uno entiende que es una manera de representar las dos experiencias humanas y desde el minuto uno ya te parece natural.

placeholder Gaspar Noé presenta 'Vortex' en Locarno. (Efe)
Gaspar Noé presenta 'Vortex' en Locarno. (Efe)

P. Rodasteis en pleno Covid, en un piso. ¿No fue claustrofóbico? ¿No se creó un clima asfixiante dentro de aquella casa?

R. Era muy difícil filmar en tiempo del Covid, sobre todo cosas así de íntimas. En el caso de esta película encontramos el departamento con el techo más bajo del mundo -con la mano tocabas el techo- además de que había como quince técnicos a nuestro alrededor. Nos sentimos todos como enjaulados. El hecho de filmar todos -salvo los actores- con mascarilla hizo muy asfixiante la filmación. Pero sin haber ningún drama entre los actores: el clima humano era buenísimo.

P. La película toma prestado el videoclip de Françoise Hardy, que canta 'Mon amie la rose', una canción sobre el envejecimiento y la muerte que cantó cuando tenía veintidós años y que ahora, cuando está enferma y aboga por la eutanasia, cobra un sentido todavía más profundo.

R. Le pedí a mi montador que me bajase este clip de Youtube, que era algo hecho para televisión, un primer plano de ella hermosísimo. Es impresionante verla a ella tan joven cantando una canción sobre cómo el tiempo lo destruye todo. Me gustó tanto su imagen y decidí ponerla como prólogo de la película. Fue una idea que surgió durante el montaje, no era nada preconcebido. El mejor amigo de Françoise Hardy, un fotógrafo que había sido su novio de juventud, que es el padre de una amiga mía. le mandamos un mensaje y en seguida nos dijo quién tenía los derechos. Intercambiamos mensajes. Y no sé cuándo va a desaparecer de este mundo, pero no sale de su casa, defiende la eutanasia -defiende haber ayudado a su madre a irse-, y el fin de sus días es inminente. me pareció todavía más dramático poner esa secuencia.

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