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El patrimonio cultural afgano, en peligro: todo lo que los talibanes no pudieron destruir
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El patrimonio cultural afgano, en peligro: todo lo que los talibanes no pudieron destruir

Durante el régimen de 1996-2001 los talibanes acabaron con muchas reliquias y antigüedades históricas; con su regreso al poder, esta amenaza vuelve a estar sobre la mesa

Foto: Los talibanes destruyeron los budas de Bamiyán durante el régimen de 1996-2001 (EFE)
Los talibanes destruyeron los budas de Bamiyán durante el régimen de 1996-2001 (EFE)

Los talibanes han tomado el control de gran parte de Afganistán, la capital incluida, con todo lo que ello conlleva. Con la experiencia del régimen talibán previo a la invasión estadounidense (1996-2001), no se espera un futuro halagüeño para gran parte de la población, especialmente para las mujeres y niñas, pero tampoco para el abundante patrimonio cultural del país. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) se ha mostrado "especialmente alarmado" por las amenazas a las que se enfrenta la población civil y "los hombres y mujeres que dedican su vida a proteger el rico y diverso patrimonio cultural de esta histórica nación".

Desde el ICOM esperan que "todas las autoridades de Afganistán sigan respetando la integridad de los museos, de sus colecciones y de los sitios patrimoniales, así como de los profesionales del patrimonio que conservan y salvaguardan este rico patrimonio material e inmaterial en custodia para todo el pueblo afgano sin distinción de etnia, género u opinión política". Sin embargo, la experiencia previa apunta a una dirección completamente diferente, si se recuerda la actuación de los talibanes hacia todo el patrimonio cultural ajeno al Islam.

Antes incluso de que Estado Islámico demoliera hace algo más de un lustro lugares emblemáticos como las ruinas o el templo de Baal, en Palmira (Siria), los insurgentes acabaron, poco antes de la llegada de los estadounidenses, con los famosos Budas de Bāmiyān. Precisamente en este entorno es donde se encontraron las pinturas al óleo más antiguas del mundo. Afganistán cuenta con dos importantes lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: el minarete y los vestigios arqueológicos de Jam y el paisaje cultural del valle de Amiyán, ambos en la lista del patrimonio mundial en peligro. El minarete, ubicado en una zona de difícil acceso de la provincia de Ghor y el que se cree que es el segundo minarete de ladrillo más alto del mundo (65 metros), está amenazado por causas naturales, agravadas por la inacción del Gobierno afgano que, ya en 2014, reconoció a la cadena británica BBC no tener financiación suficiente para su protección.

Sin embargo, detrás de la amenaza del valle de Bāmiyān, donde se encontraban los Budas gigantes (تندیسهای بودا در باميان), sí se encuentran los talibanes. Su intransigencia hacia la cultura budista los llevó a colocar dinamita en el lugar donde se encontraban las estatuas, que también recibieron disparos de tanques. Tras 1.500 años en pie, los talibanes hicieron desaparecer lo que ellos consideraban ídolos contrarios al Islam. Ahora, la provincia de Samangan, vecina de Bāmiyān, corre el mismo peligro.

El 9 de agosto de 2021 la insurgencia talibana anunciaba el control de Aybak, la capital de Samangan, que colinda por el sur con Bāmiyān. Con algo menos de medio millón de habitantes y una población fundamentalmente rural y multiétnica, Samangan fue un conocido centro budista en los siglos IV y V, durante el Imperio kushán. A pocos kilómetros de la capital se encuentran las ruinas de la estupa de Tajt-e-Rostam, un complejo en el que aún pervive un monasterio excavado en la roca. Este complejo budista representa el más antiguo vínculo con la evolución de la arquitectura budista de Afganistán, y a él llegaron árabes mongoles cuando ya era famoso como centro budista.

Aunque sí hubo presencia de la insurgencia en la provincia durante el primer régimen talibán, ya casi hacia el final, el Gobierno de Hamid Karzai recuperó el control de la zona y desde entonces la seguridad en la provincia ha sido relativamente alta. Según el Departamento de Seguridad de Naciones Unidas (UNDSS, por sus siglas en inglés), la situación de la provincia ha sido de "calma y seguridad". Aun así, se han dado varios ataques en la zona en la última década: en 2011 murió un miembro finlandés de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), en un ataque con bomba junto a una carretera próxima a Aybak, y en julio de 2012 lo hizo en político afgano Ahmad Kan Samangani, un diputado uzbeko, junto a una veintena de personas que asistían a una boda también en la capital. Pese a la no tan potente presencia de los talibanes, la principal amenaza de Samangan es de carácter natural: inundaciones y deslizamientos de tierra provocados por fuertes lluvias, y también agresivas sequías.

Otros objetos bajo amenaza

Más allá de los sitios culturales en suelo afgano, el país cuenta con una valiosa, aunque más reducida de lo que fue antaño, colección de obras y objetos que han sobrevivido a los años. El Museo Nacional de Kabul, uno de los mayores testimonios de la antigüedad del mundo, ha guardado entre sus muros muchos pedazos de historia de todo el mundo: "Afganistán conectó Asia central con el sur del continente y Oriente Próximo. Toda esa diversidad estaba aquí y sus pueblos han dejado aquí su legado", señalaba a la BBC el director del museo, Fahim Rahimi, hace solo un año. El centro ha tenido que tratar de salvar muchas de sus reliquias desde la invasión soviética hasta el régimen talibán: a finales de los noventa el 70% de los objetos que quedaban en el Museo habían sido destruidos o saqueados.

"Los talibanes acababan, con hachas y martillos, con todo lo que consideraran blasfemo"

No obstante, durante la guerra afgano-soviética los empleados del Museo Nacional lograron retirar y ocultar en lugares secretos parte de la colección original, algo que tuvieron que repetir entre 1996 y 2001, cuando los talibanes llegaron al poder. Después de la destrucción de los Budas de Bāmiyān, los talibanes fueron a las bóvedas del museo, y con hachas y martillos, destrozaron todo lo que tuviera forma animal o humana y que fuera considerado como blasfemo. "Los talibanes iban habitualmente y destrozaban las muchas estatuas históricas que teníamos en exhibición, y también en los almacenes, entre ellas muchas estatuas budistas consideradas no islámicas", señaló entonces a la BBC un funcionario identificado como Mohamed Asif, un pseudónimo necesario para salvaguardar su identidad.

Sin embargo, Asif y otros de sus compañeros que trabajaban en el museo recopilaron parte de los restos de las estatuas, los escondieron y salvaron para, en el futuro, poder "restaurar parte de la historia". Ya entonces el personal del museo temía el retorno de los talibanes al poder, con el consiguiente obstáculo en los esfuerzos de conservación histórica. El mismo Rahimi aseguró recientemente, antes de la llegada de los talibanes a Kabul, que la preocupación había regresado al museo, no solo por su personal sino también por las colecciones que el establecimiento alberga.

En febrero, los talibanes aseguraron que todas las reliquias y antigüedades presentes en Afganistán "forman parte de la historia" y que serían "protegidas, supervisadas y preservadas enérgicamente", ordenando entonces, ya en febrero, la prohibición "de todo tipo de comercio, contratación, transporte y cesión de bienes antiguos". Ahora bien, los expertos en patrimonio no confían en esta postura moderada de los 'muyahidines' y consideran que han estado "blanqueando su imagen": "Pero siguen siendo un grupo muy radical", señala a 'National Geographic' el profesor de Ciencias Sociales de la Universidad Estadounidense de Afganistán Omar Shairi, quien hace solo unos días, antes de la toma de la capital, abandonó Afganistán tras recibir amenazas de la insurgencia.

¿Cómo sacar el patrimonio del país?

Entretanto, los encargados de la conservación de todas estas reliquias buscan la manera de exportar muchos de estos objetos fuera del país. El director de la delegación arqueológica francesa en Afganistán, Philippe Marquis, espera poder llevar a París (Francia) una parte de los objetos para una exhibición programada en la capital francesa, pero sabe que "la situación es impredecible". Desde el ya caído Gobierno afgano no saben cómo proteger las reliquias del Museo Nacional afgano. "Tenemos que protegerlo, pero la pregunta es cómo encontrar un lugar seguro", indica a 'National Geographic' una fuente del Gobierno "No hay manera de sacar del país ni los objetos ni al personal [del museo]", dice otro.

El ICOM por su parte ha elaborado una extensa lista de artículos en peligro bajo el control talibán, teniendo en cuenta que para la insurgencia del país todo lo preislámico no tiene cabida en la cultura: copas de cerámica de unos 3.000 años a.C.; estatuas de clorito y calcita, posiblemente procedentes de Afganistán, Irán o Turkmenistán, de la misma época; recipientes y estupas en miniatura, hechos de piedra, bronce o metales preciosos del siglo I; monedas de oro, plata y bronce estampadas a mano o fragmentos de pinturas budistas, así como esculturas también budistas, de los siglos I, II y III.

Los talibanes han tomado el control de gran parte de Afganistán, la capital incluida, con todo lo que ello conlleva. Con la experiencia del régimen talibán previo a la invasión estadounidense (1996-2001), no se espera un futuro halagüeño para gran parte de la población, especialmente para las mujeres y niñas, pero tampoco para el abundante patrimonio cultural del país. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) se ha mostrado "especialmente alarmado" por las amenazas a las que se enfrenta la población civil y "los hombres y mujeres que dedican su vida a proteger el rico y diverso patrimonio cultural de esta histórica nación".

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