Daniel Ramírez: "El nivel cultural del Congreso es lamentable"
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ENTREVISTA

Daniel Ramírez: "El nivel cultural del Congreso es lamentable"

El periodista pamplonés publica 'Es sólo vivir' (Aguilar), un poemario costumbrista con una fuerte reivindicación generacional

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Daniel Ramírez García-Mina, en una foto promocional. (Paloma Toscano)

Entre pleno y pleno, corriendo del Congreso de los Diputados a la redacción, Daniel Ramírez García-Mina (Pamplona, 1992) ha encontrado el tiempo para tomar aire, sentarse en el metro y mirar. En el metro o donde sea, pero ha conseguido salirse del torbellino mediático del periodista que cubre la información de la Cámara Baja y escribir en sus ratos libres un poemario, que en el arte de las letras es la antípoda exacta de la crónica parlamentaria. Entre tanta promesa y pirueta retórica, un momento para encontrar la verdad en la sencillez, en los gestos inesperados. 'Es sólo vivir' (Aguilar, 2021), es el primer poemario del ganador del Premio Nacional de Periodismo Francisco Valdés 2019, quien sin rozar aún la treintena ya tiene publicados cinco ensayos con temática tan diversa como la pandemia, su abuelo Eusebio -"uno de los críticos musicales mejor relacionados del pasado siglo"-, y la historia del Club Atlético Osasuna.

Para Ramírez, componer versos supone un descanso, para nada un sufrimiento añadido a la dinámica periodística. "El razonamiento de una persona equilibrada sería: este tío es un psicópata porque trabaja en un periódico, que es trabajar media jornada -es decir, 12 horas diarias- y se pone a escribir. Ése es el razonamiento correcto. Cuando te metes en un libro que te gusta y te engancha se convierte en motor vital. Es verdad que con la escritura se sufre, pero porque no te salen las cosas, pero no por dedicarle tiempo". Y cita a Umbral: "el libro pone argumento a la vida".

Al parecer, dentro del hemiciclo no comparten la misma opinión que Umbral y Ramírez. "El nivel cultural del Congreso es lamentable. Casi ninguno ha leído nada. Esto vale que es una generalización que queda muy bien, que parece que te sitúas por encima, pero en absoluto; hasta los diputados más mayores te hablan de la mediocridad de los políticos de ahora", reconoce. "Hace poco hablaba con un escritor muy conocido de este país que ayudaba o intentaba darle ideas a un dirigente político y su desesperación venía porque no conseguía que leyese nada. Y eso que le daba las píldoras justas: 'Léete este libro concreto o esta parte que te va a resultar útil'. Y nada de nada. Hay un desconocimiento de la historia y de la literatura que es palmario. Hay grandes excepciones que confirman la regla. Pero es que se hace noticia cuando, de repente, se descubre que un diputado tiene una gran biblioteca y eso creo que tiene que ver con un aspecto generacional. Antes los políticos, quizás por falta de otro tipo de entretenimiento, leían más. Es muy fácil testarlos. Una persona que lee no puede utilizar los adjetivos ‘fascista’ y ‘comunista’ con tanta irresponsabilidad. Una persona que lee con cierta frecuencia sabe de la importancia de las palabras y de lo que significan. Alguien que tiene cierta preparación no puede decir tantas tonterías en un lugar tan solemne como es el Congreso". Entre dichas excepciones cita a Guillermo Díaz, de Ciudadanos, a la vicepresidenta Yolanda Díaz y a Mónica García, que, al parecer, es una "enamorada de Jardiel Poncela".

placeholder Portada de 'Es sólo vivir'. (Aguilar)
Portada de 'Es sólo vivir'. (Aguilar)

Con una libreta siempre a cuestas, como todo periodista que se precie, Ramírez comenzó a apuntar en ella pequeñas escenas cotidianas que al final han acabado germinando en 'Es sólo vivir'. "Eran escenas que apuntaba porque realmente me impactaban. Pero se quedaban ahí; no encontraba salida, porque no me encajaba en la columna del periódico ni en los otros libros que he escrito, que son reportajes. Un día tontorrón cogí una y la estiré en forma de verso. Pensé: voy a organizarla, voy a cuidar la musicalidad. Quedé satisfecho con ese desarrollo y me di cuenta de que podía ser el camino para dar salida a todas estas ideas, que son muy cotidianas. Vas en el tren y la chica de al lado se queda dormida y puede ser el comienzo de una historia y se cae sobre tu hombro o ves por la calle a un vagabundo que está dormido, pero que agarra su maleta con toda la tensión. Intento partir de una escena muy cotidiana para transmitir una emoción trascendente".

En sus poemas, el autor retrata un Madrid de transporte público, encuentros furtivos y cierta impersonalidad. Pero también el calor del hogar de vuelta a Pamplona, su ciudad natal, adonde vuelve para visitar a su familia. "Por un lado está Madrid como territorio fértil de creación porque vivo y trabajo en Madrid -y aquí pasan muchas cosas y realmente creo que es una ciudad de las oportunidades-. Y también están esos otros poemas en los que hay una vuelta a casa, un viaje al país de los recuerdos, que los escribo porque mi manera de disfrutar Madrid es ser un niño de provincias". Perder la mirada ingenua del que todavía se sorprende sería la muerte del poeta. "Yo no quiero que esa mirada desaparezca nunca. Yo quiero ir cumpliendo años y que esa mirada se mantenga intacta. Hay un poema que dice: 'No quiero que dejen de impresionarme las chicas del pelo rosa, los restaurantes vietnamitas, las carreteras de cuatro carriles'. Cuando me doy cuenta de que me estoy metiendo en el ritmo atosigante de la gran ciudad intento escribir un poema de esos para limpiar las gafas empañadas de ese niño de provincias".

Cuenta, divertido, cómo hace un par de años entrevistó a José Luis Moreno en su mansión de Boadilla del Monte. "Recuerdo haber ido a entrevistarlo y entrar por la puerta y andar y andar hacia la casa y nunca llegar a ella. Me llamó mucho la atención que tenía una pista de tenis de tierra batida. Y, para un niño de provincias, ver en una casa particular una pista de tierra batida impacta".

Somos una generación que puede seguir batallando, pero siempre con trabajo, no desde la simple queja sin sudor

Tampoco falta en su poemario el sentimiento generacional, la visión colectiva de quienes ahora cumplen treinta años y empiezan a dejarse oír en los medios y en la literatura. "Hay un caldo de cultivo que siempre ha estado ahí, pero que ahora ha dado un salto a la palestra con obras como ‘Feria’, de Ana Iris Simón, que me gusta porque no es sólo una queja, sino que hace una construcción de un mundo posible por el que se pelea. Yo creo que ese canto generacional es potente. En mi poema ‘La generación encontrada’ hay un diagnóstico de la precariedad, pero también hay un canto reivindicativo que huye de la autocomplacencia, de las quejas sin sudor. Es verdad que hay un escenario que nos ha encasillado en lo que llaman la ‘generación perdida’ -por eso hablo de la ‘generación encontrada’-, que se incorporó al mercado laboral cuando éste estaba muy magullado, para la que comprarse una casa -incluso un coche- se ha convertido en un sueño imposible".

"Yo intento hacer ver que, pese a ese contexto, es una generación que puede seguir batallando, pero siempre con trabajo, no desde la simple queja sin sudor, que es algo que me enerva bastante", prosigue. "Más allá de lo material, me interesaba hacer un canto reivindicativo complementario al de la precariedad de una generación vinculada a las artes, literatura, el teatro, la música y el cine. Creo que se nos dibuja como una generación indolente, ‘millennials’ a los que de manera despectiva se achaca la falta de lectura, despegada de la creación, gente que encuentra en el entretenimiento barato anestesia para seguir adelante. Creo que es un retrato que hace la gente de cuarenta y tantos para arriba de nuestra generación muy injusta".

Los planes de estudio que favorecen la idea de que la poesía es algo muy solemne, lleno de endecasílabos y alejandrinos

Aplaude que en la colección Verso&Cuento a la que pertenece su poemario coincidan poetas jóvenes como Loreto Sesma y Holden Centeno y nombres consagrados como Karmelo C. Iribarren y Luis Alberto de Cuenca. Porque, de esa manera, se produce una sinergia que acerca los primeros a los lectores de los segundos y viceversa. Gracias a muchos de los autores jóvenes la poesía está viviendo un repunte de éxito que hace años era impensable. "Yo voy en el metro y veo mucha gente de nuestra edad leyendo poesía, porque encaja muy bien con la economía del tiempo. Vas en el metro y tienes veinte minutos y te da tiempo a entrar y salir, mientras que en una novela tienes que releer, acordarte de dónde te habías quedado, etc...", razona.

Pero, ¿por qué ha estado tanto tiempo la poesía apartada del éxito de ventas? "Creo que en los últimos años ha habido un error grave en los programas educativos a la hora de mostrar al alumno -del colegio a la universidad- de lo que es la poesía. ¿Qué poesía se muestra a los niños? Una muy alambicada, muy abstracta, difícil de leer. Yo leí a Cernuda siendo muy chaval y no lo disfruté. Luego volví diez años después y me apasiona. Hay grandes poetas, como Machado, que se pueden disfrutar desde el principio, pero hay otros que se incluyen en los planes de estudio que favorecen la idea de que la poesía es algo muy solemne, lleno de endecasílabos y alejandrinos. Y no tiene por qué ser así".

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