Eva Amaral: "Me refugio en los pájaros; la humanidad lleva una deriva de la que yo me quiero bajar"
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Eva Amaral: "Me refugio en los pájaros; la humanidad lleva una deriva de la que yo me quiero bajar"

La zaragozana, de gira con su disco 'Salto al color', habla de la necesidad de escuchar y admirar la naturaleza, de cómo vivió la pandemia y de su relación con la industria musical

placeholder Foto: Eva Amaral está actualmente embarcada en la gira 'Salto al color' con su compañero Juan Aguirre.
Eva Amaral está actualmente embarcada en la gira 'Salto al color' con su compañero Juan Aguirre.

Porque en la cuenta de Instagram de Eva Amaral, actualmente embarcada en la gira 'Salto al color' junto a su compañero Juan Aguirre, lo que más hay desde año y medio son urracas, mochuelos, garcetas, mirlos, colirrojos, estorninos, abubillas, cernícalos, milanos, ánades, pinzones, petirrojos, carboneros, gavilanes, currucas capirotadas, pico picapinos, herrerillos, busardos ratoneros, zorzales, halcones, vencejos y arrendajos, le pregunto a la cantante por el asunto. "La gente debe pensar que me han hackeado la cuenta", se ríe. "Pero esas aves son seres como nosotros: compartimos un espacio y muchas veces no las vemos. Hasta que un día empiezas a verlas: es un universo paralelo que se va abriendo ante ti".

PREGUNTA: ¿Y cuándo empezaste a verlas? ¿Hay un momento de epifanía?

RESPUESTA: Hm [se lo piensa]. No hay un día en el que "te caes del caballo"; es algo progresivo. Poco a poco te vas dando cuenta de que todos los pajarillos pequeños no son gorriones. En los viajes, en la furgoneta, empezó mi interés por las rapaces grandes, porque en los campos que hay en los lados de las carreteras españolas puedes observar un montón. Pero también en la ciudad descubres cosas: vas paseando por la calle y vas viendo cosas que te dan un poco de esperanza. Todavía queda vida en ese escenario de cartón piedra que estamos fabricando.

P. El 12 de marzo de 2020, el primer día tras el anuncio de la pandemia, mencionabas a Félix Rodríguez de la Fuente y hablabas de una pulsión “para quienes sienten la llamada de lo vivo” y “el proceso de despertar colectivo”.

R. He de reconocer que cuando comenzó la pandemia me agarré a ese universo paralelo que veía desde mi ventana (además vivo cerca de una zona verde; soy una privilegiada, porque tuvo que ser durísimo para la gente que vivía en un piso oscuro o sin ventanas). El deseo de salir a observar la naturaleza de cerca era una de mis mayores ilusiones cuando estábamos confinados. Observar a los pájaros era una forma de salir de las cuatro paredes de mi casa. Respecto al despertar de lo colectivo: yo creo que nuestro destino va unido no solo al de las personas sino a todo el engranaje que nos rodea. No quiero hablar de la naturaleza como si fuera una deidad, pero creo que nuestra mirada es muy a corto plazo. Más allá de nuestras narices no vemos el plan que tiene la naturaleza; los ciclos de la tierra y del universo se nos escapan.

placeholder En los últimos años se ha interesado por el mundo de las aves.
En los últimos años se ha interesado por el mundo de las aves.

P. Otro libro posteado en tu feed: 'Volar', de Henry Thoreau. Da la sensación de que nos agarramos —sobre todo los de ciudad— a esa fantasía colectiva de “escapar a la cabaña” que representa este escritor y naturalista. ¿Qué opinas?

R. A ver, yo vivo entre el centro de Madrid y algunos otros lugares más cercanos a la naturaleza por el norte de la geografía; estoy a caballo entre esos dos sitios y en ninguno de ellos, porque estoy de gira y voy constantemente de un lugar a otro… El mundo del músico es un poco así, donde caigas ponte a disfrutar el tiempo que puedas del lugar donde estás, de los entornos de naturaleza en mi caso. Claro, ahora mismo la fantasía de la cabaña se ha hecho más realidad que nunca porque nos hemos tenido que meter en nuestras cabañas personales para protegernos los unos de los otros, ¿no? Lo cual ha sido muy bonito porque lo hemos hecho por nosotros pero también por los que nos rodeaban: unos tenían miedo de enfermar pero otros tenían miedo de enfermar a los que querían, y por eso se encerraron y de alguna manera se sacrificaron. Hay muchísima gente que se ha ido de las grandes ciudades porque ya no te proporcionan nada; han decidido huir a los espacios naturales o donde haya un poco más de aire. Es totalmente lógico.

P: Hay algo de redescubrimiento de las actividades humanas más elementales: caminar, pasear, también nuestra relación con el mundo animal... ¿Lo ves parte de un cambio duradero, o una tendencia que se nos irá pasando a medida que vayamos dejando atrás la pandemia?


R: Hemos salido de repente de casa con muchísimas ganas de caminar y volver a respirar, todos a la vez, lo que por un lado era una especie de locura. Igual lo que es una locura es que vivamos todos tan apretados en el mismo sitio, con tan poco espacio. Yo creo que es positivo que de repente descubramos que cosas tan sencillas como salir a caminar o prestarle atención al canto de los pájaros. Y si es una moda, pues bienvenida sea. Mejor eso que darnos una pegarnos unos a otros. No le hace daño a nadie.

P: Mientras, Jeff Bezos en el espacio. ¿Qué te parece?

R: Pues una campaña publicitaria. Esto de un señor que se gasta una fortuna en subir ahí arriba solo para estar diez minutos ahí arriba y bajar, pues no me parece más que otro símbolo más de lo absurdo que es el ser humano. En fin, yo ya no me sorprendo de nada. Yo me he refugiado en los pájaros porque veo que la humanidad lleva una deriva de la que me quiero bajar.

Ella misma es la autora de las fotos de fauna y flora de su Instagram.

P: Desde ese lugar, ¿cómo ves la industria de la música y a ti en ella?

R: De la industria de la música me siento un poco alejada. Pienso en ella como un canal a través del cual hacer llegar a la gente nuestra música y las inquietudes que se vierten en ellas. Veo que algunos de los problemas que había cuando comenzamos siguen existiendo pero que hay una evolución, que la gente tiene más posibilidades para plasmar artísticamente su trabajo; ahora, aunque sea de una forma casera, tienes acceso a una tecnología que te permite plasmar de un modo más aproximado aquello que tienes en la cabeza. Nosotros cuando comenzábamos teníamos que ir a un estudio para grabar una maqueta —y eso era inaccesible si tienes un trabajito de cuatro duros—, y estas nunca reflejaban lo que teníamos en la cabeza porque teníamos muy poco tiempo y porque la falta de experiencia en el estudio hacía que no le sacáramos todo el provecho. Eso ya no existe porque ahora mismo incluso hay discos que llegan a nivel planetario que se han hecho en el salón de casa de una persona.

La industria ha ido hacia delante. Ahora, con la compañía que edita nuestros discos [Sony, a través de su sello Antártida], hay una relación que no es como antes, que daba la sensación de que eran tus jefes o algo así. Ahora la sensación es de trabajo conjunto. Pero es todo tan cambiante que en unos meses pueden aparecen nuevas plataformas, nuevas formas de llegar a la gente… todo puede ser totalmente distinto en cualquier momento.

P: ¿Te ha costado volver a los conciertos?

R: Estaba echando mucho de menos salir a hacer conciertos y volver a viajar y a estar con mi equipo, con mis músicos, con Juan haciendo canciones… Cuando aparece ese día en el que tengo que viajar y subirme a un escenario lo disfruto muchísimo. Cuando vuelvo a mi casa lo disfruto muchísimo también. Simplemente estoy disfrutando del aquí y del ahora sea cual sea, porque el futuro no sé cómo va a ser. Hay conciertos que supongo que se tendrán que cancelar —de hecho ya hemos tenido que cancelar Tarifa porque han hecho cierre perimetral del lugar—; qué le vamos a hacer. Hay que fluir un poco e intentar disfrutar del momento en el que estamos. No me siento enraizada en ningún lugar, ni aquí ni allá. Ni en lo urbano ni en lo rural ni en lo salvaje.

P: Otro de los temas de estos días: la polémica del chuletón de Pedro Sánchez. ¿Tú que dices?

R: Que es un despropósito. Muchas veces los políticos se dejan llevar por una especie de premura a la hora de pronunciarse sobre las cosas. Creo que ahora —debe ser por las redes sociales—, existe esa prisa por hablar o hacer comentarios que con una frase no pueden explicar algo tan complejo. Lo del chuletón ha pecado de querer en una sola frase, de un plumazo, estar a bien con una parte de la población. Me parece que es un tema mucho más complejo, y creo que el mundo debe modificar su forma de consumir carne y de alimentarse porque es insostenible. Habría que explicarle a la gente las cosas correctamente.

P: ¿Tú comes carne?

R: Sí. Pero voy hacia ese momento de dejarlo. No queda otra.

P: Volviendo a las aves, cuéntame alguna historia que hayas tenido con alguna.

R: Teníamos una familia de mochuelos viviendo en frente de casa, cada vez se acercaban más a nosotros. Como hemos ido cambiando de casa daba un poquito de pena irlos dejando atrás. Amo y me encanta observar pero me da mucho miedo intervenir. Los animales salvajes tienen que estar ahí y cuanta menos presencia nuestra mejor. Con nuestra mejor intención muchas veces lo hacemos mal. Unos mirlos me anidaron en la terraza de casa. Este año hemos tenido tres puestas en la terraza de casa; alucinante, la verdad. Estuve haciendo seguimiento y sé que varios mirlos han salido adelante.

P: En 2011 cantabas 'Hacia lo salvaje'. ¿Para qué música te prepara esta observación, esta experiencia ahora?

R: Creo que somos parte de una cadena y que cuanto más consiga yo plasmar esa belleza, más gente habrá que la vea de repente un día, como me pasó a mí. No solo tenemos que proteger los edificios y el arte; la naturaleza forma parte de nuestro patrimonio y eso es lo que me gustaría transmitir con mi música: esa belleza que haga que alguien más sienta el deseo de luchar por ello.

Es verdad que hay canciones en los discos pasados que de alguna manera hablan de ese contacto: 'Hacia lo salvaje', 'De carne y hueso', 'En el río'… ¿Y en canciones futuras? Pues claro que sí. Algunas que ya son parte de nuestro presente, aunque no han visto la luz para nuestro público, pues sí, está presente esa sensación. Todavía son maquetas que Juan y yo vamos poniendo en común. Ahora estamos girando y es complicado, pero nos gustaría grabar lo antes posible, porque tenemos la sensación de que lo que estamos contando forma parte del aquí y del ahora. No queremos que salga mucho más adelante, cuando ya estemos en otro aquí y otro ahora. Queremos ponerlas en común con el público cuanto antes porque creo que va a haber mucha gente que se va a sentir así.

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Antes de terminar le pregunto a Eva un poco más por el milagro, bien conocido por ella y por Juan Aguirre, de tocar la fibra del público. ¿Sabe ella, cuando compone, cuáles de esas canciones va a cantar la gente con ella en los conciertos? "Pues hay algunos momentos superemocionantes", contesta ella, "porque en la soledad de tu cuarto o donde estés, con una guitarra terminando una canción, con una melodía o con una letra, de repente tienes esa sensación de… ostras, esto que yo siento que para mí es muy importante, seguro que hay gente que desde la soledad de sus atalayas, pues de repente sientan que es suyo este mensaje también, ¿no? Y en ese momento te entran un poquito de ganas de llorar, porque es una conexión que será futura pero que tú ya la estás teniendo en ese momento". Ahí dejamos la charla.

Esa noche me entra un DM de Eva en Instagram. Dice así:

"Después de la conversación de esta mañana me he quedado pensando en algunas preguntas que me has hecho sobre cuestiones que en realidad son más corazón que reflexión por mi parte. Siempre he sentido fascinación por los animales y la naturaleza pero a la pregunta de si hubo un punto de inflexión con el tema de los pájaros ahora caigo en que por supuesto que lo hubo. La muerte de mi madre en 2007 me dejó bastante tocada. Hay gente que en momentos como ese se aferra a lo religioso intentando buscar algo que les devuelva la esperanza y le de sentido a sus vidas… Yo me aferré a los pájaros. Fueron mi conexión con la vida y llegué a imaginar que cuando estaba triste aparecía un pájaro cerca trayéndome un mensaje de ánimo de parte de mi madre. Esa etapa de ensoñación ya pasó, pero evidentemente algo de esa alegría viene conmigo en cada ave que veo. Recuerdo en aquella época entrar en el patio donde Juan y yo tenemos el estudio en Madrid y encontrar un vencejo en el suelo. Lo llevé a una veterinaria que había en la esquina que lo revisó y comprobó que no tenía ningún problema para volar. Simplemente se había colado en el patio de luces y no tenía espacio para remontar el vuelo. Me acerqué a un alto que hay en el parque de enfrente, abrí la mano y el pajarito me miró durante un largo instante antes de salir volando hacia el cielo con el resto de vencejos. Fue muy emocionante y la sensación de libertad me traspasó para siempre. Por supuesto para mí ese vencejo estaba enviado por mi madre. Era un mensaje claro de que debía volar yo también… y así hice… todo lo alto que pude".

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