Terroristas, drogas y extraterrestres: ¿por qué el siglo XX fue tan sorprendente?
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Terroristas, drogas y extraterrestres: ¿por qué el siglo XX fue tan sorprendente?

El periodista Eduardo Bravo ha recopilado algunas de las historias más raras de un siglo con personajes muy estrafalarios en el que se creyó en la magia

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En el siglo XX, creíamos en lo paranormal.

Quienes hemos vivido el siglo XX, aunque solo fueran sus décadas finales, creíamos que Superman podía volar. O que podían venir ovnis de otros planetas. Hemos convivido con líderes de todo pelaje, desde un Ceaucescu a una Imelda Marcos y una Eva Perón. Algunos incluso conocieron un Franco, y hasta un Hitler, un Stalin y un sah de Persia. Otros —muchos— vivieron un magnicidio en directo en Dallas. Ha habido terroristas que se convirtieron en iconos pop y nacieron los primeros 'reality shows' de la televisión, que por supuesto acabaron con la vida de los que aparecieron en ellos (y no por ello se dejaron de hacer). Como dice el periodista Eduardo Bravo, “el XX fue un siglo muy raro, muy rico. Y en cuanto a personajes y situaciones, es imbatible”. Ahora ha reunido algunas de estas historias, las más sorprendentes, en el volumen ‘Historias raras del siglo XX’ (Clave Intelectual) y lo primero que se piensa tras leerlo es que el siglo XXI, pese a que ya tiene una pandemia, todavía está medio en pañales.

“El XX fue un siglo muy raro, muy rico. Y en cuanto a personajes y situaciones, es imbatible”

En el prólogo, la periodista Raquel Peláez sostiene que lo que hace realmente singular estas historias es que, por muy rocambolescas que parezcan, son verdad. Ocurrieron, y a día de hoy todavía muchos de sus protagonistas están vivos. Son todo lo contrario de las historias conspiranoicas que ahora tanto pululan por las redes sociales. Y tiene razón. Lo que lo cambió todo fueron los medios de comunicación social. “Las cosas que en el siglo XIX o XVIII hubieran pasado desapercibidas, en el XX las veíamos. Y con imágenes. El asesinato del archiduque lo hemos visto en grabados, pero el de Kennedy lo vimos en directo”, resume Bravo.

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En los noventa, todos sabíamos quién era este chico.

Otro factor que destaca es que fue un siglo más lento que este en el que ahora vivimos, lo que daba lugar a que se creara una cultura compartida y común. Todos asistíamos a los mismos estrenos de cine, conocíamos los mismos grupos de música y, prácticamente, veíamos las mismas noticias. “Antes, también había otros productos muy efímeros. Había mucho 'one hit wonder'. Lo que pasaba es que duraba varios veranos y luego salía en los programas de Nochevieja. Había menos contenido y se repetía mucho más, y ahora lo que hay es mucho contenido y se repite mucho menos. La oferta es inmensa”, sostiene. Con todo este mar de productos culturales e incluso políticos (que duran tres telediarios), ¿qué iconos quedarán del siglo XXI?

"Antes había menos contenido y se repetía mucho más, y ahora lo que hay es mucho contenido y se repite mucho menos. La oferta es inmensa"

Las 32 historias que este periodista ha recopilado se dividen en varios epígrafes que recorren desde la historia reciente de España a las miserias de criminales, totalitarios, maestros del exceso, fracasados y unos cuantos argentinos. Precisamente, esas estampas argentinas son las que más le gustan a Bravo. “Es que llevan al extremo algunas situaciones… Toda la parte de Perón, López Rega, el cadáver de Evita, los ritos mágicos y luego toda la Triple A. Toda esa mezcla de esoterismo, violencia y política es fascinante”, sostiene.

Julio Matito y el PSOE irreconocible

De la historia española destaca personajes como el mítico Jarabo, “carnicero y señorito”, el doctor Rosado “y sus remedios delirantes”, como apagar cigarrillos en la cabeza de un ahogado para salvarle la vida (que se hizo muy famoso en la televisión de los setenta: así éramos), y, por supuesto, el Dioni, que se llevó 298 millones de pesetas en un furgón blindado y que acabó grabando discos y como actor de cine porno. Pero hay otro personaje menos conocido y que es increíblemente fascinante por su relación con el PSOE de finales de los setenta: Julio Matito. Era el guitarra y la voz del grupo sevillano Smash y en 1976 acabó grabando un disco —‘¡Salud!’— que fue financiado por el PSOE y en el que se cantaba a “la lucha de clases, el socialismo y se reclamaban pistolas para acabar con la oligarquía”, escribe Bravo. Todo había empezado con unas cañas y quién sabe si unos chopitos y unas gambas después de conocer a Felipe González, que entonces solo era un abogado que había sido elegido secretario general de una organización que aún no era legal, en el chiringuito que acababa de montar en Chipiona (Cádiz). “Es verdad que parece un PSOE irreconocible pero que ya apuntaba maneras. Un Felipe González ya muy estratega…”, comenta Bravo. Años después, cuando el PSOE vio que podía llegar al poder, nadie volvió a hablar de aquel disco. Demasiado incómodo.

placeholder El joven Felipe González.
El joven Felipe González.

Entre el repaso que Bravo da a los dictadores, uno especialmente llamativo es el de la filipina Imelda Marcos. Sobre todo por la relación que tuvo con la España franquista, que tanto la loó, como hacía Tico Medina en sus crónicas del 'ABC'. “Si es que hasta le mandaba flores”, afirma el periodista. En la investigación sobre Ferdinand e Imelda Marcos, Bravo se topó con cómo van cambiando las hagiografías según la posición del personaje. “En EEUU, durante un tiempo se dijo que Ferdinand era un héroe de guerra, pero cuando los Marcos perdieron el favor de EEUU, todo eso empezó a caer. Pero son los mismos medios que construyeron el mito, como 'The New York Times'. Aquí lo hemos visto durante años con José Luis Moreno, que durante años en EFE su biografía decía que sabía ocho idiomas y tal. Y, claro, eso hace que esa información se perpetúe”, señala.

El siglo de las drogas

Las drogas tuvieron un protagonismo esencial en el siglo XX. Fueron consumidas por todo tipo de personajes, incluso aquellos que hoy menos casan con la imagen de un drogadicto. “El siglo XX fue muy salvaje en todos los sentidos. Quizá porque había cierta irresponsabilidad o falta de perspectiva de lo que eran los problemas. Nosotros vivimos la droga de los ochenta, pero la droga se usaba desde mucho tiempo atrás con muchos excesos”, comenta.

placeholder Gino Paoli, en un concierto en 2012. (EFE)
Gino Paoli, en un concierto en 2012. (EFE)

Uno de estos personajes fue el cantante italiano Gino Paoli, intérprete de canciones míticas como ‘Sapore di sale’, ‘Senza fine’ o ‘Il cielo in una stanza’, que aunque no te puedas imaginar que estaba más asalvajado que un John Belushi, en los sesenta se pegó un tiro en el pecho y llegó a beberse una botella de whisky al día combinada con cocaína y anfetaminas. A día de hoy, sigue vivo y con la bala en el pecho. “Todo eso también sucedía con cantantes de copla. Las drogas estaban más normalizadas de lo que pensamos. Gino Paoli tuvo problemas con la cocaína, pero las anfetaminas, hasta los años setenta, ochenta, eran de consumo libre, sin receta en las farmacias. Para que ‘Cuéntame’ dedique una línea argumental a que Antonio Alcántara está enganchado a las anfetaminas, fíjate si era una cosa cotidiana”, cuenta Bravo, que también recuerda que había cosas que hoy nos parecen muy locas, "y yo no digo que sean mejores o peores, pero si miras la cartelera de los ochenta, había espectáculos que empiezan a la una de la mañana. Un martes. La gente salía, cenaba, a la una se iba a un espectáculo, a las tres se iba a dormir y a las ocho a trabajar". Un poco de vértigo hoy sí que da.

La tele carnívora

Otro invento absolutamente del siglo XX es la tele. La caja tonta, como se llegó a decir con buen criterio. Y la tele enseguida creó uno de sus productos estrella, aunque parezca más cercano en el tiempo: el 'reality show'. Fue en 1971 en EEUU con ‘An American Family’, un programa que grababa a los Loud, una familia corriente y vulgar elegida al azar, durante casi todo el día, si bien no se emitía en directo. Sin embargo, dio igual. Los efectos fueron brutales. El matrimonio acabó divorciándose, el hijo mayor salió del armario —lo que causó un cisma familiar—, vivió toda la época de liberación y drogas de los setenta y ochenta en Nueva York, se infectó con el VIH y acabó devorado por la televisión. Murió en 2001 justo cuando en España daba comienzo 'Gran Hermano 1'. La historia demuestra que no siempre aprendemos.

placeholder Los Loud, la primera familia en un 'reality show'. A la derecha, el hijo mayor, Lance Loud.
Los Loud, la primera familia en un 'reality show'. A la derecha, el hijo mayor, Lance Loud.

“La televisión es muy pornográfica, muy explícita, se mofa de los personajes, los quema y los destruye. Y luego los vuelve a sacar y los vuelve a quemar. Y en el caso de los Loud fue así. Además, con todas las limitaciones técnicas que tenía. Se rodó en cine durante mucho tiempo, con la cámara al lado… Y se cargó a la familia, pero igual que se han cargado a la gente de 'Gran Hermano', a los de 'Sálvame”, comenta Bravo. Este periodista cree que la fórmula del 'reality' se ha ido derramando por todo el planillo televisivo y ya aparece incluso en las tertulias, que han creado sus propios personajes. “La tele necesita carne. Es una chacinería. Te va a atender mientras tú seas capaz de aceptar sus exigencias. Ahora ves a gente que tiene ya un nombre y ves que lo que están diciendo no lo dicen ellos sino un teleprompter que ha escrito un guionista. ¿De verdad te merece la pena? ¿Hasta dónde quieres jugar con tu vida, con tu realidad, con tu personaje?”, se pregunta.

El siglo idealista

Los rostros de los guerrilleros han llegado a estampar camisetas. El siglo XX fue verdaderamente romántico. “Y en los setenta se creía que la lucha armada era una forma válida de conseguir el poder”, manifiesta Bravo. De ahí la revolución en Cuba, los sandinistas en Nicaragua, los tupamaros en Uruguay, y en Europa las Brigadas Rojas, ETA y la RAF, de Baader y Meinhof.

placeholder Ulrike Meinhof.
Ulrike Meinhof.

Esta última fue fundada por Ulrike Meinhof, una periodista de la RFA que tomó las armas y que, según Bravo, “mostró que dentro de esa Alemania brillante y próspera, también había sus fallas”. El periodista destaca que, pese a la violencia y la crítica y condena que puede haber, aquellas historias eran tratadas entonces “con más honestidad que ahora. En el siglo XXI, interesa otro mensaje, y es el de que lo que tenemos ahora es lo único que vale”.

Para Bravo, casi toda esta cuestión se resume en la pérdida de la imaginación. Ni siquiera cree que el movimiento más paradigmático del XXI, el 15-M —expandido también por otras ciudades—, fuera especialmente imaginativo. “Al final, lo que se pedía era una casa”, apostilla. Y este terreno yermo de imaginación lo observa, precisamente, en que hemos dejado de creer en lo paranormal, todo lo contrario a lo que hacíamos en el siglo XX, cuando pensábamos que casi sería normal que apareciera un ET en nuestras vidas.

"El siglo XX ha sido muy narrativo, en el sentido de que era menos pragmático y quizá más idealista. Uno de los logros del siglo fue el LSD"

“El siglo XX ha sido muy narrativo, en el sentido de que era menos pragmático y quizá más idealista. Uno de los logros del siglo XX, para mí, es el descubrimiento del LSD y lo que genera como cambio social idealista de otras posibilidades imaginativas. El ecologismo y el hippismo nacen de ese cambio social que apela al feminismo, la apertura de mentes y de conciencias… Y en eso entran la magia, el horóscopo, los brujos y los extraterrestres…”, sostiene.

Todo el mundo sabía que no existían. Todo el mundo sabía que el horóscopo lo había escrito uno cualquiera en el periódico o la revista. Pero daba igual. Ese era el juego. “En ocasiones sana, sirve de bálsamo, de diversión… Hemos perdido la parte lúdica de los relatos, y eso sí que creo que estaba en el siglo XX. Sabíamos que era mentira, pero era divertido. Sabíamos que Superman no volaba, pero mola que vuele”, sentencia Bravo. Lo cierto es que sí.

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