'Mayrit' me mata...vestigios árabes a las faldas de la Catedral de la Almudena
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'Mayrit' me mata...vestigios árabes a las faldas de la Catedral de la Almudena

La Muralla Árabe madrileña, en el Parque Emir Mohamed I, recogía la ciudad fortificada de Mayrit entre los siglos IX y XI

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Restos de la Muralla Árabe de Madrid frente a la cripta de la Almudena

Madrid en verano es un paseo sofocante. Quien diga lo contrario, miente. Si bien es de agradecer la descongestión ciudadana - menos coches transitando y, por ende, más sitios donde aparcar -, un domingo de rastro a mediados julio puede ser una experiencia abrasadora después de la una de la tarde. La Ribera de Curtidores plagada de puestos es siempre una idea brillante, pero quizá sea mejor evitar las últimas horas de la mañana para no morir en el intento de encontrar una bonita reliquia a buen precio.

La búsqueda alternativa de planes veraniegos en la capital supone a veces un gran reto. La posibilidad de encontrar una terraza bonita y barata disminuyen a la hora del vermú. ¿Cuánta de la gente que dice ir a tomarse el vermú realmente se pide un vermú? Pero ese es otro tema. La cuestión es que encontrar ‘terraza’ - la terraza ideal - es complicado; y más para aquellos que siempre son los últimos en llegar. La sensación de observar a cientos de individuos disfrutando de una cerveza fría en la Plaza de la Paja a las seis y media de la tarde provoca entre envidia y alegría. Mientras tanto, el caminante se pregunta porque no está socialmente aceptado salir a la calle en ropa interior en verano. Bebe agua porque cerveza no tiene - porque no hay terraza en ningún sitio - y maldice a los que, desde la playa, le recuerdan por mensaje lo bien que se está en Madrid durante el estío. ''Madrid en verano no está nada mal porque no hay nadie'', dicen mientras se escuchan las olas del mar de fondo.

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Decoración de las calles de La Latina en las Fiestas de la Paloma, Madrid

Pero tienen razón. Madrid en verano se transforma. Para bien. Las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Virgen de la Paloma en el mes de agosto son un regalo estival, aunque la situación sanitaria no permita las aglomeraciones características de dichas celebraciones. Aun así, en mitad de los paseos por las callejuelas de La Latina - alcanzando la Plaza del Alamillo, subiendo la calle de la Morería hasta llegar a la calle Bailén, atravesando Caños Viejos - se observa la Catedral de la Almudena, objeto de críticas para muchos y de disfrute visual para otros tantos.

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Emir Mohamed I de Córdoba, s. IX

En busca de una mejor vista de la Catedral, bajando las escaleras del Viaducto de Segovia y cruzando la calle homónima, el transeúnte acalorado se topa de frente con lo que será su mejor descubrimiento hasta la fecha. El parque Emir Mohamed I donde, camuflada entre la infinita oferta cultural madrileña, reposa desde hace siglos la Muralla Árabe de la ciudad. Ahí es. Una vía de escape del bochorno con más de 1100 años de historia.

A la sombra de la muralla

Si bien gran parte de esta ha ido desaparecido con el paso de nuevas civilizaciones, los restos de la Muralla Árabe que permanecen son de las últimas reliquias que disponemos de los orígenes de la capital. Mayrit - que así se llamó Madrid por el arroyo Matrice que atravesaba la ciudad en el siglo IX - fue fundada como fortaleza militar con la intención de frenar los avances cristianos. El alzamiento de la muralla se le atribuye al por entonces emir cordobés Mohamed I.

placeholder Ciudad fortificada de Mayrit en el s. X
Ciudad fortificada de Mayrit en el s. X

Existen evidencias de la existencia de asentamientos en la zona anteriores a ese período. La presencia de corrientes de agua, calzadas romanas y el descubrimiento del Mosaico de las Cuatro Estaciones (en Carabanchel) son algunas de estas, pero los inicios del Madrid que conocemos - abrasador en verano y gélido en invierno - data de orígenes musulmanes. La zona era estratégica: rodeada de cauces que propiciaban tierras fértiles de cultivo, con una altitud suficiente para avisar tropas enemigas y con multitud de puertas (Puerta de la Sagra, Arco de Santa María y Puerta de la Vega) con funciones diferentes. Las escasas reliquias árabes de la ciudad se deben a la destrucción de multitud de edificaciones musulmanas cuando Felipe II trasladó la corte a Madrid en el siglo XVI.

placeholder Mosaico de Carabanchel (Biblioteca Nacional de España)
Mosaico de Carabanchel (Biblioteca Nacional de España)

A dicha muralla, de la que se han ido descubriendo nuevos hallazgos con los años - como a raíz de las excavaciones de los años 50 en la Cuesta de la Vega -, se le atribuye también la leyenda del apodo de ‘gato’ a los madrileños. Ya en el siglo XI, con las tropas del rey Alfonso VI aguardando a las afueras de Mayrit para conquistar dicho territorio árabe, un soldado castellano escaló la muralla - con la agilidad de un gato - alzando la bandera cristiana sobre ella. A partir de su hazaña inicial, la ciudad pasó a formar parte del Reino de Castilla. Se dice que desde entonces los ciudadanos de Madrid adoptaron este peculiar término.

Mis muros de fuego son

Cuatro hectáreas de terreno rodeaba la muralla. En el recinto destacaban el alcázar y la almudayna, levantados entre el 850 y 886. La Madrid amurallada, aunque posteriormente gran parte de la población se afincó en los arrabales. Hoy día, es el Palacio Real neoclásico el que descansa sobre los cimientos de los orígenes árabes. Lo mismo ocurre con la mezquita mayor de la que no quedan vestigios como tal, pero sí de la Iglesia de Santa María, construida a posteriori sobre el templo musulmán y localizada entre las calles Mayor y Bailén. Aunque existen otras huellas de piedra que desvelan el paso musulmán por la ciudad - como la Atalaya en el Parking de la Plaza de Oriente - es el muro fortificado la mayor expresión cultural de la etapa andalusí madrileña.

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Mapa de la ciudad de Mayrit, s.IX

'Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y blasón’ es el lema olvidado de la actual capital del país. Mayrit, levantada sobre arroyos como el Metrice y cercana al Río Manzanares. Rodeada con muros de fuego porque la muralla se alzó a base de caliza y mampuestos de sílex. Éste último provocaba chispas al chocar con otro tipo de rocas. Cuando ejércitos enemigos atacaban la muralla con lanzas, desprendía diminutos estallidos de lumbre que aterraban al atacante. Por ello son su insignia y su blasón.

El viandante alza la vista y descubre lo desapercibida que pasa la muralla. La grandeza de la cripta de la Almudena eclipsa las miradas de cualquier turista - y cualquier local, todo sea dicho. No obstante, el descubrimiento ha merecido la pena. Y el calor se lleva de otra forma: porque ya son las ocho de la tarde y porque si una muralla ha resistido más de 10 siglos las penas y glorias de la ciudad que no duerme, malo será soportar un verano caluroso en Madrid. Quizá no sea desafortunada la opinión de que la capital en verano es una joya y el problema radique en no saber donde buscar. Museos, conciertos, fiestas patronales, bares, verbenas, tour guiados. O un paseo a los pies de una muralla que se esconde con sigilo pero tiene más hazañas que cualquier otro edificio condecorado para el mero consumo. Como decía el diseñador Óscar Mariné en tiempos de la Movida, Madrid Me Mata.

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