Umbral, Pasolini y Camus: madres sagradas como inspiración literaria
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Umbral, Pasolini y Camus: madres sagradas como inspiración literaria

La nueva biopolítica propone el término "progenitora gestante" en vez de "madre". ¿Cuál ha sido, sin embargo, la importancia de la palabra "madre" en nuestra cultura?

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De izquierda a derecha: Pier Paolo Pasolini, Francisco Umbral y Albert Camus

Han coincidido en el tiempo dos hechos que, al producirse por iniciativa política, no deberían entenderse como una casualidad. Y, aunque lo fueran, tampoco pueden esconder un síntoma: la administración del individuo en su lado más personal, en cuerpo y alma, a través de la “biopolítica”. Se trata del control sobre comer carne y la de no mentar a la madre, o por lo menos no hacerlo con el papel casi sagrado que venía ocupando. En el primer caso es la advertencia sanitaria de que consumir derivados animales es nocivo y, en el segundo, una manera de proscribir el hecho natural de procrear por un trámite administrativo, erradicando del Código Civil, como así hará, el apelativo “madre” por el de “progenitor gestante”. “Mater”, la primera palabra en ser catalogada como indoeuropea.

placeholder Pier Paolo Pasolini en el rodaje de 'Salò'  (1974)
Pier Paolo Pasolini en el rodaje de 'Salò' (1974)

Es la verdad de la carne y no hace falta irse a la “mater dolorosa” para intuir que ,voluntaria o involuntariamente, hay una ruptura con lo sagrado entendido como aquello que se desvincula de todo orden productivo y político. Es, tal y como la definió Bataille, la 'parte maldita': todo aquello que se hace a cambio de nada, por placer, por lealtad, por amor. Hay tres autores, en los que la madre no sólo está presente como hecho biológico irrenunciable, sino como motor invisible de sus obras: Francisco Umbral, Albert Camus y Pier Paolo Pasolini.

El nacer del 'hiperyo'

Cuando a Umbral le dieron el Premio Cervantes en el año 2000, se desconocía cuál era su segundo apellido. Se sabía mucho de ese 'narciso de tinta', como lo definió su biógrafa Anna Caballé en 'Francisco Umbral. El frío de una vida' (2004), de su imagen hierática, porque “ha escrito muchísimo de sí mismo, pero lo ignoramos todo”, y se intuían todas las soledades. Nacido en la Inclusa de Madrid en 1932, inscrito en el Registro Civil como Francisco Pérez Martínez, de padre desconocido –entonces-, su madre Ana María lo fue todo, hasta ambos convalecientes de tuberculosis de posguerra. Pero su muerte en 1952 fue como empezar la vida de escritor. “Perder a la madre significa perderlo todo en su caso. Tal vez por eso se centrará a partir de entonces en ser él mismo, en imponer una especie de hiperyo, de personaje, sobre el cual tejerá su escritura literaria. Ahí está el 'nudo gordiano': ''no es la actitud vanidosa o narcisista de quien vive prendado de sí mismo, sino la señal de un yo primitivo herido, incompleto, que ha resuelto hacer de la necesidad virtud y alzarse con un yo a veces altivo y principesco con el que combatir la dolida carencia del nombre propio”, escribió Caballé en el Boletín de la Unidad de Estudios Biográficos, en septiembre de 1999, motivo de la ruptura entre biógrafa y biografiado.

placeholder El escritor Francisco Umbral junto a su máquina de escribir
El escritor Francisco Umbral junto a su máquina de escribir

Prefiero a mi madre

Camus expresó de manera radical –involuntariamente, puede que también como síntoma- esa idea con una frase que todavía hoy se sigue analizando. ¿Por qué anteponer la madre a la justicia? “Entre la justicia y mi madre, prefiero a mi madre”; lo dijo en una conferencia en la Universidad de Upsala, el 14 de diciembre de 1957, tres días después de recibir el Premio Nobel de Literatura. Fue a la enésima pregunta sobre qué pensaba sobre la Guerra de Argelia, donde él había nacido, sobre las torturas, sobre la OAS. Pero él no quiso defender los métodos terroristas del FLN, ni tomó abiertamente partido por la causa anticolonial, y dijo, en contra de lo que la izquierda en general y la inteligencia nacional, de Sartre a Malraux, pensaban: “En este momento se arrojan bombas contra los tranvías de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si eso es la justicia, prefiero a mi madre” (poco más se registra en la biografía canónica de Olivier Todd). Pero la frase, desde que fue pronunciada hasta que llegó por teletipo a París, se transformó en un manifiesto en el que Camus, quién si no, anteponía a una humilde mujer desconocida a la razón histórica.

Camus fue pobre, huérfano, aprendiz y enfermizo, pero no proletarizó su escritura

Hay que imaginarse a Camus jugando con sus amigos de Bab el Ued, en las afueras de Argel. Fue portero, el más bajito de todos siempre era el portero. En algunas fotografías aparece con una gorrilla posando con su equipo en un paraje con un sol sin sombra, incluso lleva al cuello una bufanda. Fue pobre, huérfano, aprendiz, enfermizo, pero no proletarizó su escritura, es decir, no la hizo sumisa, sino pendenciera, demasiado brillante y afilada para un hombre solo, un rebelde, un chico de suburbio que llegó a París con la sombra de su madre, aquella mujer analfabeta y silenciosa, según nos relata él mismo, motivo último de su credo político y moral. El día que le dijo a su madre, cuenta su amigo Jean Daniel, que le había invitado al Elíseo, ella le aconsejó: no vayas, no es un lugar para nosotros.

placeholder El escritor de 'El extranjero' fue un chico de suburbio
El escritor de 'El extranjero' fue un chico de suburbio

Poco autores, escritores, poetas o filósofos han quedado unidos a su madre de tal forma. A aquella Catalina Sintes de origen menorquín que se ganaba la vida como mujer de la limpieza, como Camus. Llegó a París diciéndole a los intelectuales de la 'rive gauche' que ellos conocían el hambre por los libros, mientras él sabía qué era ponerse el sol con el estómago vacío o ver a los niños de la Cabilia (se puede leer en su reportaje 'Miseria en la Cabilia') pelearse con los perros por un cubo de basura, así despuntaba el día, así cayese la noche. Es la pobreza, claro.

Desde lejos

Un caso similar en el que la madre le marca desde la lejanía el rumbo fue el de Pasolini. En su muerte en un descampado de Ostia, en las afueras de Roma, en la madrugada del 2 de noviembre de 1975, se cruzaban todos los caminos. En esos años, quién no quería matar al homosexual y provocador Pasolini. La buscó a manos de un joven que él había concebido en 'Una vida violenta'. A Pino Pilosi no es que lo hubiese inventado como si fuera un ser inexistente, sin ni siquiera tener madre, como él tuvo a Susanna Colussi (“Tú eres la única en el mundo que sabe, de mi corazón, / lo que ha sido siempre, antes de cualquier otro amor”, escribe en un poema de 1962), o más que una madre, la que la transmitió el saber campesino friulano, sino que le abrió la puerta para que entrase y ocupase el papel que tenía predestinado: acabar con la vida de Pasolini.

En esos años, ¿quién no quería matar al homosexual y provocador Pasolini?

En ese mismo poema dedicado a su madre confiesa que Susanna Colussi es insustituible: “Por eso condenada a la soledad estaba la vida que me diste”. ¿Quién si no un hombre solo es capaz de citarse en un descampado de Ostia al anochecer? Tal vez ese hombre que confiesa: “Y no quiero estar solo. Tengo un hambre infinita / de amor de cuerpos sin alma”. En la última entrevista de Pasolini, un día antes de su muerte, nada hacía presagiar que su final era inminente, que le quedaban horas, minutos, segundos, una última cena. Este fue el titular: “Estamos todos en peligro”. Estaba llamando a la puerta un mundo en el que los burgueses querían ser como trabajadores y los trabajadores querían ser como burgueses, procreando una nueva clase: esta que ahora quiere hacer desaparecer la palabra “madre”. Querían intercambiar los papeles. A eso tenía miedo Pasolini. Ante la pérdida de la humildad –tan católica como comunista, pero, sobre todo, de una cultura popular superviviente- y ante la perspectiva de convertirnos todos en portadores de un progreso rutilante, vacío, patéticamente berlusconiano, fríamente nacido en un “progenitor gestante”.

Camus y Pasolini eligen el lugar más incómodo de la historia

Ambos, Camus y Pasolini, eligen el lugar más incómodo de la historia, como “pied noir” y como un “frocio” en busca de un “ragazzo di vita”, pero son leales hasta la muerte a quienes les dieron la vida. Hay algo sagrado en sus textos, en sus propias vidas heterodoxas, que obstaculizaron el río de sangre de la Historia.

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