Catarsis de Silvana Estrada en el Palacio Real
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Catarsis de Silvana Estrada en el Palacio Real

La cantante mexicana, partícipe en el Festival de Jazz del Palacio Real 2021, tocó ayer en la Plaza de la Armería de Madrid ante un público entregado y en silencio

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Silvana Estrada, anoche en el Festival de Jazz en el Palacio Real (EFE)

Silvana Estrada sube al escenario en la Plaza de la Armería de Madrid. El rojizo del oeste se filtra entre las columnas de Pascual Colomer: refleja sobre un Palacio Real que, a pesar de su relevancia en la historia del arte, no es ahora el foco de atención del público.

El espectador camina sentado de la mano -de la voz- de la cantante. Afrontando la ‘Tristeza’, a quien le pregunta ‘cuánto más hay que esperar’. Le pide respuestas y Silvana responde con ‘Carta’; un escrito personal hecho canción, reciclaje de emociones de la artista y un regalo para quienes agradecen la escucha.

De pronto, Madrid se pliega como un libro al que le debes un descanso. Los asistentes ponen los pies sobre Veracruz. Un jarocho - estilo musical tradicional del estado mexicano - versionado por la cantante. Instrumentos de cuerda se cuelan en armonía a pesar de la ausencia de estos en los jarochos clásicos.

Poesía cantada

De vuelta en la ciudad. Aplausos. Silvana se dirige al público agradecida -es la primera vez que toca en directo sus canciones tal y como pensó que sonarían al escribirlas- y los más observadores se percatan del detalle. Un nuevo micrófono se mantiene a su izquierda. Sobre este, se posa un pañuelo que cae hasta el suelo. Era tan evidente que no podía ser cierto. Silvana confiesa su nerviosismo: admira al invitado al que espera.

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Silvana Estrada, ayer (EFE)

Pitillos, camisa holgada y sombrero. Leiva aparece en el escenario pidiendo disculpas por actuar en un Festival de Jazz. Juntos tocan ‘Corriente’. Estrada ha confesado con anterioridad lo especial que es esa canción para ella. Poesía cantada que va acorde con la versión más melancólica de Leiva. Apenas se oye un suspiro más allá de la música: el público apenas se inmuta, prefiere escuchar. Por el momento, tiene la capacidad de decidir sus interacciones; no entona porque no quiere. No siempre será así.

Cae la noche sobre la Plaza de la Armería. La iluminación del escenario es ahora la luz entre las sombras de Madrid nocturno. La cantante agradece de nuevo al público haber acudido a la cita: ‘’Después de tanto tiempo encerrados, es un sueño poder tocar aquí’', dice al micrófono.

Lo bueno de acudir a un concierto sentado es que puedes cerrar los ojos sin perder el equilibrio

Vuelve a colocar las manos sobre la guitarra. ‘’Esta es una versión del tema ‘Forever’ de CHVRCHES’’, explica. ¿Es válido que guste más una versión ajena que la original? De ser así, el público se hizo su cómplice. Nadie diría nada, no está bien hacer tal sentencia en público. Más de uno y más de dos se guardó su juicio para sí quizá ‘Para siempre’.

Acompañada por un excepcional equipo de músicos -cuerda, viento y percusión-, todos abandonan sus compañeros (instrumentos) de trabajo durante unos minutos. Recurriendo a las manos y los pies, regalan ‘Un día cualquiera’ a los espectadores. En las cuatro primeras filas no hay nadie que no se haya emocionado. El resto parece haberse transportado a algún lugar dentro de sí. Lo bueno de acudir a un concierto sentado es que puedes cerrar los ojos sin perder el equilibrio.

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Estrada junto a Leiva (EFE)

Varios críticos han apodado a Silvana Estrada como la Chavela Vargas millenial. Para lucir con orgullo tal prodigioso nombre, hubo de homenajear a la artista. 'La Llorona' -entonada con el mismo desgarro que Vargas cuando se aferraba a la vida a través de esta canción- hizo temblar el Palacio. La acústica permitía transportar el sonido a la perfección. Una nueva versión del folklore mexicano que no pasará desapercibida.

‘’Qué callados estáis’’, exclama. ‘’Es que estamos llorando’’, dice una joven. Qué razón tenía. Llegados a este punto- y como venía avisando al inicio de este texto- el público no habla porque no puede. Silvana Estrada mantiene a un exigente y crítico Madrid en silencio. Nos ha superado, gana ella. Ha vencido cualquier atisbo de juicio de valor.

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Silvana Estrada en Madrid ayer (EFE)

En mitad del caos emocional, arranca con ‘Te Guardo’. Y se marcha. Y los aplausos le ruegan que regrese. Y lo hace pidiendo una voluntaria. Sube al escenario una chica de Canarias -entre lágrimas- y se sienta en una silla frente a la artista. Silvana canta, cara a cara, ‘Si me matan’. ‘’Todas las veces que canto esta canción a una mujer, sea del país que sea y de la edad que sea, se emociona’’, confiesa. Porque, explica, ‘’todas hemos tenido miedo’’.

Se despide de la mano de El Kanka y Fetén Fetén. Agradece de nuevo. El público se levanta y aplaude. Y se va pensando que no sabe muy bien cómo digerir todo aquello. La música es lo más íntimo después del sexo; Silvana Estrada es la catarsis.

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