Vuelven los grandes festivales de música sin distancia social
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Hacia la normalidad

Vuelven los grandes festivales de música sin distancia social

Esta semana han comenzado los festivales de música sin distancia social, pero con test de antígenos. Tras el macrobrote de Mallorca, ¿son seguros o nos hemos precipitado?

placeholder Foto: Asistentes al Festival Vida 2021, el primero sin distancia social. (EFE)
Asistentes al Festival Vida 2021, el primero sin distancia social. (EFE)

Poco antes de las seis de la tarde de este jueves varios cientos de jóvenes se agolpaban a las puertas del festival Vida, en el municipio barcelonés de Vilanova i la Geltrú. Había ganas de escuchar música en vivo y poder moverse, bailar. Sin distancia social. Antes de entrar todos los que ingresaran en el recinto —10.000 personas, el aforo habitual de otras ediciones— tenían que pasar un test de antígenos. Entre ellos se encontraban Roberta y sus amigos, todos entre los 31 y los 43 años.

"En teoría tenías que reservar la hora para el test, pero hubo mucha gente que no debió hacer caso. Tuvimos que esperar más de hora y media. Después del test te daban una mascarilla FPP2 que tienes que llevar. Hay gente que luego la lleva y gente que no... Pero es que tampoco se trata de que haya policías que te digan que te tienes que poner la mascarilla. Nosotros no nos metimos donde la masa ahí delante. El recinto es muy grande. Es un festival al aire libre, en medio del bosque… Te sientes seguro", reconoce a modo de crónica urgente para El Confidencial después de la primera jornada de conciertos.

placeholder Cola para entrar en el Vida este año.
Cola para entrar en el Vida este año.

Estas podrían ser las impresiones de un festival normal donde la gente baila, bebe y disfruta, pero no lo es: el Vida —interesante que tenga este nombre— es el primero que se realiza en España de pie y sin distanciamiento social. Y se celebra —hasta este sábado— en un momento en el que la incidencia entre los jóvenes, sobre todo la franja entre los 20 y 29 años, ha crecido hasta los 449 casos por 100.000 habitantes (datos de este viernes). Y para una población que, mayoritariamente, no está vacunada o solo tiene la primera dosis. Y después del macrobrote masivo en Mallorca tras los viajes de fin de curso y varios conciertos descontrolados. Y con algunas medidas de relajación como el fin de las mascarillas en exteriores.

Con todos estos puntos, los interrogantes son pertinentes: ¿estamos preparados para eventos masivos de este tipo? ¿Son realmente seguros o nos estamos precipitando? Porque, aunque es verdad que algunos macrofestivales como el Primavera Sound, FIB, Madcool o Dcode han cancelado este año, otros como el Cruïlla, en Barcelona, y el Canet Rock, en Canet de Mar (Barcelona), sin ser tan grandes, también se van a celebrar con test de antígenos, en principio, con mascarilla, pero sin distancia social.

Los festivales sin distancia social se celebran en un momento en el que la incidencia entre los jóvenes alcanza los 449 casos (este viernes)

Las respuestas dependen de a quién se pregunte. Los organizadores de los festivales que, por supuesto, cuentan con el permiso de las autoridades, desde la Generalitat de Cataluña a las Consellerías de Salut, Interior y Cultura más el ayuntamiento de Barcelona y el equipo médico de la Fundació Lluita contra la Sida i les Malalties Infeccioses, sostienen que son del todo seguros. Para empezar, porque quieren dejar claro que, por la organización, "lo nuestro está en las antípodas de lo que ha sucedido en Mallorca", como señala a este periódico Jordi Herreruela, director del Cruïlla, que añade que "este no es un festival de gente joven de fiesta. Es un público más adulto". En este evento se congregan 25.000 personas al día, con una media de edad entre 30 y 50 años, en el Parc del Fórum de Barcelona.

placeholder Festival Vida celebrado estos días en Vilanova i la Geltrú. (EFE)
Festival Vida celebrado estos días en Vilanova i la Geltrú. (EFE)

Para continuar, porque defienden las medidas sanitarias que han implementado con los test de antígenos. "Hemos seguido todas las instrucciones de la Fundació, que son expertos científicos y eminencias. Estamos muy tranquilos porque hemos trabajado de forma muy rigurosa. Más que miedo a contagios tenemos respeto a hacer bien nuestros trabajo, a que se conciencien los equipos que tienen que seguir las medidas sanitarias, también los trabajadores. Tenemos personas que van a estar en el recinto por si alguien se pone enfermo. Estamos preparados", manifiesta Daniel Poveda, director del Vida, a este periódico. "La gente de la organización, los camareros, llevaban siempre la mascarilla y el gel no se gastó en todo el día", conviene, además, Roberta.

"Esto está en las antípodas de lo que ha sucedido en Mallorca. Es un público más adulto"

Sin embargo, la película parece otra si se pregunta a epidemiólogos como Daniel López Acuña, que fue adjunto al director general de la Organización Mundial de la Salud, y quien sostiene que la celebración de estos eventos "es un craso error y no deberían ser permitidos, se equivocan con este tipo de eventos". Para este experto, con la incidencia disparada entre la gente joven "no hay que relajar las medidas de distancia social y el uso de mascarillas, porque ahí es donde corremos riesgos. Si se hacen esas actividades hay que sumar todos los elementos de filtrado: antígenos, mascarillas y distancia, no una u otra". López Acuña también da el dato a partir del cual se podrían empezar a celebrar este tipo de festivales: "25 casos por 100.000. Es que ahora estamos diez veces más altos que en el verano pasado. Y basta ver la incidencia de los jóvenes, que en algunos núcleos puede estar por encima de 600".

Otros médicos como Javier del Águila, epidemiólogo en el Instituto Carlos III de Madrid, se muestran algo menos tajante. "Es una pregunta complicada, porque ya hemos relajado medidas como no llevar la mascarilla en exteriores y estamos abriendo el ocio en pubs y discotecas", sostiene. La vida comienza poco a poco a girar con cierta normalidad y no con la famosa nueva normalidad del pasado verano. Y no es malo. "Si no, seguiríamos con todo cerrado y eso tampoco puede ser", recalca. Pero a la vez destaca que hubiera sido "más coherente" cancelar este tipo de festivales, "como ha hecho el Madcool para evitar ser un foco de brote grande, diseminador. Porque si de repente tenemos otro Mallorca…", alerta, insistiendo, no obstante, en que de haber casos positivos "se debe evitar la criminalización de la conducta de los jóvenes y todos los asistentes porque si la administración ha permitido estos eventos…".

"Es un craso error. Deberíamos tener 25 casos por 100.000. Es que ahora estamos diez veces más altos que en el verano pasado"

Experimento Love of Lesbian

La celebración de estos festivales sin distancia social tampoco se ha decidido en las últimas semanas. Como dicen los organizadores, montar un evento de este tipo es "como crear una ciudad de tamaño medio, de unos 20.000-30.000 habitantes, efímera, y eso sí, con la entrada controlada", indica Herreruela. Un festival maneja música —artistas, técnicos, managers—, pero también restauración, comunicación, control de riesgos, seguridad. Y esos son también muchos puestos de trabajo, unos empleos que desde el comienzo de la pandemia, hace ya año y medio, en buena parte han desaparecido.

De ahí que, precisamente, fuera el sector musical el que empezara a moverse casi desde los inicios para evitar las cancelaciones de los conciertos y festivales. Se avecinaba desastre. "A finales de marzo-abril del año pasado nos ofrecimos a crear protocolos que nos permitieran salir del confinamiento. Entramos en contacto con científicos, con el centro de supercomputación de Barcelona y empezamos a ver si era posible generar un modelo de pasaporte sanitario o control de acceso que nos permitiera ponerlo a prueba en un festival", recuerda Herreruela. Para mayo vieron que era imposible. "En aquellos momentos los test de antígenos no tenían la calidad suficiente, daban mucho margen de falsos negativos y se podía propagar el virus", añade. Lo siguiente fueron las cancelaciones en cascada de todos los festivales de música con grandes aglomeraciones y sin distancia social. Se mantuvieron algunos en pequeño formato y con mesas separadas. Los pseudofestivales. En realidad, fue el verano sin música.

placeholder Concierto de Love Of lesbian el pasado 27 de marzo. (EFE)
Concierto de Love Of lesbian el pasado 27 de marzo. (EFE)

Para septiembre se hizo un poco de luz. Los test de antígenos se habían mejorado y comenzaron a hacer algunas pruebas con este tipo de pruebas, mascarillas, pero sin el distanciamiento. La primera fue un concierto en la Sala Apolo de Barcelona el pasado 12 de diciembre. Se congregaron 463 personas y no hubo ningún contagio, según acreditaron los doctores Josep María Llibre y Boris Rebollo, del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona. Esta prueba también había sido impulsada por el Primavera Sound que, sin embargo, a primeros de marzo anunciaría que se posponía para 2022. El siguiente experimento fue el concierto de Love Of Lesbian en el Palau Sant Jordi el 27 de marzo. Acudieron a bailar y disfrutar 4.592 personas. Salió bien: el mismo equipo médico acreditó únicamente seis positivos. Con todos estos datos, desde el Vida, Cruilla y Canet Rock se decidió seguir adelante. Con otra intención, además: "En los eventos en los que nos enfocamos a un grupo adulto joven y hacemos cribaje somos un aliado potencial para la administración para evitar la propagación. Ojalá esto se hubiera extendido, porque si extendemos este modelo estaremos controlando casos positivos. Puede servir como una medida de prevención", asegura Herreruela.

Test ¿seguros?

Los epidemiólogos no tienen tan claro el asunto de los test de antígenos. Todas las informaciones publicadas desde hace año y medio revelan que son menos seguros que las PCR. Y Javier del Águila insiste en ello: "Los test se han demostrado útiles en personas con síntomas y si es una persona con sentido común si sospecha que tiene síntomas se va a quedar en casa. Lo que ocurre es que muchos jóvenes son asintomáticos por lo que esto significa que la tasa de riesgo es más alta".

"Los test se han demostrado útiles en personas con síntomas. Y muchos jóvenes son asintomáticos"

Julio Gómez está al frente del festival Sin Sal de la isla de San Simón en Galicia. Es un evento curioso (no sabes el cartel hasta que no estás en la isla) y solo admite a 500 personas este año (ellos sí han rebajado el aforo al 60%). Se celebrará entre el 23 y el 25 de julio y contará con las medidas típicas: mascarilla y distancia social. Sin test. Y, eso sí, "si las estadísticas acompañan. Estamos todos los días mirando los datos", dice. Gómez también es técnico en riesgos laborales y ha trabajado con los protocolos covid durante todo este año. Con esta experiencia, este verano pensaron que todavía era mejor no arriesgar. Ni siquiera con los test. "Yo me tengo que fiar de lo que me aportan los científicos y son efectivos si hay síntomas. En el caso de que no haya síntomas el porcentaje del falso negativo puede ser muy alto. Se pueden hacer PCR, pero son muy caras…", sostiene.

Pese a que en este festival han mantenido las medidas entiende que haya otros eventos que hayan decidido seguir adelante con los aforos normales y sin el distanciamiento. "Todo depende de la profesionalización. Si optas por desarrollar un espacio para que las personas estén de pie, tienes que poner señalización bien visible y control de aforo de ese espacio. Todo depende de cómo te prepares", indica, aunque se muestra optimista: "Creo que estamos bastante preparados a nivel general porque la gente está muy concienciada".

placeholder Asistentes al festival Vida de este año. (EFE)
Asistentes al festival Vida de este año. (EFE)

Tampoco olvida que las razones económicas pesan mucho. "Yo tengo la suerte de trabajar gracias al covid, pero el 90% de mis compañeros hasta el mes de abril no han tenido trabajo. Otro año cancelados hubiera sido muy complicado. Estamos todos al límite. Que haya ayudas del Estado está muy bien, pero no nos conformamos con eso", manifiesta. Y si bien los motivos pecuniarios son importantes, quiere recordar los otros, los humanos, los que empezamos a echar de menos cuando nos recluyeron a todos en nuestras casas. "Esta pandemia nos ha afectado en lo más importante, nos ha limitado la convivencia entre nosotros y compartir el espacio con otras personas. También hay que reivindicar esto. Hay que cumplir las normas, pero también empujar en esa dirección y recuperar el espacio exterior", apostilla.

"Nos ha limitado la convivencia entre nosotros. Hay que reivindicar esto. Hay que cumplir las normas, pero recuperar el espacio exterior"

Eso es lo que querían Roberta, sus amigos y las 10.000 personas que cada día pasan esta semana por el recinto del Vida. "Hay muchas ganas de poder bailar, moverte, escuchar música en vivo… La gente estaba contenta. Hay buen rollo. Hay hasta familias con niños". Hay, en definitiva, ganas de vivir.

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