De los Iluminati a Soros: la conspiranoia es un virus mental... y nadie está a salvo
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De los Iluminati a Soros: la conspiranoia es un virus mental... y nadie está a salvo

El periodista Noel Ceballos publica 'El pensamiento conspiranoico', un ensayo sobre la historia de las teorías más irracionales y cómo estas han explotado con la pandemia

placeholder Foto: Asalto al capitolio el pasado mes de enero (EFE)
Asalto al capitolio el pasado mes de enero (EFE)

El ser humano prefiere el orden al caos. Una alternativa, por muy irracional que parezca, a la ausencia de un porqué. Y lo complicado a lo simple. La navaja de Ockham -la explicación más sencilla de cualquier suceso suele ser la correcta- no vende (y esto lo sabemos bien en los medios). Por eso, desde hace siglos, nos inventamos dioses. Y manos negras. Y sociedades secretas. Y creamos todo tipo de conspiranoias. Así lo cuenta el periodista y director de la revista 'GQ' Noel Ceballos en 'El pensamiento conspiranoico' (Arpa), un ensayo que recoge las más famosas teorías conspiranoicas desde que el mundo es mundo y que al autor casi le explotó en la cara mientras lo escribía poco tiempo antes de que se iniciara la pandemia. Porque pocos meses después todo se desparramó: Bill Gates, el 5G, Miguel Bosé, Enrique Bunbury y los cuernos de Qanon en Estados Unidos. Lo terminó, se editó y llega ahora en el momento preciso: la edad de oro de la irracionalidad. En definitiva, faltaba una enfermedad mundial para bingo.

Alerta Ceballos: en este pensamiento hoy en día -quizá el gran cambio con respecto a otras épocas- puede caer cualquiera. “Me di cuenta de que a partir de la pandemia ya no hay un perfil. Es un virus mental que infecta a mucha gente, incluso a gente de la que no sospecharías”, comenta a El Confidencial el periodista, que ve en el coronavirus una máquina de crear conspiranoicos: “La pandemia ha servido como acelerador, como napalm para la conspiranoia. Lo que nos ha pasado es tan imposible de racionalizar que muchas veces preferimos explicaciones irracionales. La soledad y la magnitud de lo que nos ha ocurrido puede llevar a mucha gente a pegar ese salto. Esa es la conspiranoia: partir de datos objetivos y encajarlos en unas conclusiones que van mucho más allá”. ¿No conocen a nadie que dice que no se fía de los datos y explicaciones oficiales?

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'El pensamiento conspiranoico', de Noel Ceballos

El inicio: la revolución francesa

Que el ser humano siempre se ha perdido en el pensamiento mágico es una realidad ya sabida, sin embargo, el común de los mortales no siempre estuvo tan preocupado por la existencia de clubs secretos que movían realmente los hilos del universo. Y no lo estuvo porque, como cuenta Ceballos en el libro, no tenía ningún tipo de relación con las esferas de poder. Con comer y mantenerse vivo era más que suficiente. Pero todo esto comienza a cambiar a raíz de la revolución francesa, es decir, más o menos con la llegada de una cierta democracia: el pueblo empieza a contar, a pensar… Y a pensar demasiado.

“El asesinato de Julio César fue un complot, pero ahí el pueblo llano no tuvo nada que ver. Con la revolución francesa, el pueblo por primera vez es protagonista y en ese momento en el que te sientes protagonista empiezas a pensar: que si el acceso al poder no es el mismo para todos, que hay pasillos a los que no puedes acceder… Aquella década hubo cambios sociales tan traumáticos que mucha gente pensó que debía haber alguien detrás orquestándolos porque esa era la explicación sencilla. Es la explicación de la sociedad secreta que tiene un gran plan y eso a mucha gente le tranquiliza mucho más que pensar que son procesos históricos complejos con explicaciones muy diversas porque muchas veces estamos en manos del caos”, manifiesta Ceballos. El azar, las carambolas y las casualidades, y las torpezas de unos y otros no nos gustan. Siempre tiene que haber un demiurgo.

placeholder El periodista Noel Ceballos
El periodista Noel Ceballos

De esta manera, desde finales del XVIII el pensamiento conspiranoico se fue extendiendo. Aparecieron los Illuminati - “en los que todavía hay jóvenes que cuelgan vídeos en YouTube afirmando que están detrás de todo”, apostilla el periodista- el famoso documento (falso) de Los Protocolos de los Sabios de Sión - “un bulo para hacer daño a la comunidad judía” con terribles consecuencias - que inflamó el antisemitismo y que llega hasta hoy con todos los comentarios que se hacen contra George Soros, y otras tantas teorías, algunas de las cuales desembocaron el pasado 6 de enero en el asalto al Capitolio de los Estados Unidos. Porque si bien hace unos tres siglos la conspiranoia comenzó a tener fuerza ha sido esta última década en la que todo se ha disparado hasta llegar al boom conspiranoico de 2020 y 2021.

2010: las redes sociales

Por supuesto, gran parte de la responsabilidad la tienen las redes sociales y su capacidad para conectar a diversos usuarios y multiplicar los discursos, aunque estos sean más falsos que un euro de madera. El mejor ejemplo es el terraplanismo, que lleva existiendo siglos, pero que estaba muy refutado por la ciencia y los viajes. Hasta que la teoría comenzó a moverse por la red “y mucha gente que creía en eso se puso en contacto con otra. En el fondo lo que se crea con el terraplanismo es como una comunidad de fans, como pueden ser los Star Trek o Harry Potter, pero ellos son fanáticos de la tierra plana. Y son gente con visiones comunes que se han encontrado los unos a los otros y que han creado una comunidad de creyentes”, manifiesta Ceballos.

"La conspiranoia es posicionarte en rebeldía contra la versión oficial que quiere volverte un borrego más. Es una manera de sentirte especial"

Se lo cree y, además, están en el bando de los rebeldes. Y eso a un conspiranoico le encanta. Todas estas teorías de sociedades secretas y los planes ocultos no son sino una alternativa al establishment, a las versiones oficiales. “Y eso es posicionarte en rebeldía contra la versión oficial que quiere volverte un borrego más. Es una manera de sentirte especial y encontrar a compañeros de viaje que comparten contigo una posición. Es como las sectas”, sostiene el periodista. Como los que se reunieron el 14 de junio de 2020 en Callao para gritar “Bill Gates a prisión, a prisión, a prisión” con la creencia de ser quien está detrás de la pandemia (y haciéndose aún más millonario con la vacunación).

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Al periodista no se le escapa -y tampoco sucede en su ensayo- que esto ha sido -y es- la gran golosina de la ultraderecha estadounidense de la última década (ya con el Tea Party) para captar nuevos adeptos. “Esta nueva derecha, la alt-right, es conspiranoica. Y lo hacen para captar a gente que está desencantada con el sistema, que desconfían de toda forma ortodoxa de poder y que abrazan toda una serie de ideas muy peligrosas, pero que sí se las vendes como una rebelión de la gente común contra una élite poderosa suena de una forma mucho más seductora”, afirma Ceballos. Desde hace tiempo las marcas se gastan una buena cantidad de dinero en pensar cómo mejorar los envoltorios y no lo hacen para tirarla a la basura.

Las conspiranoias han sido la gran golosina de la ultraderecha estadounidense de la última década (ya con el Tea Party) para captar nuevos adeptos

No obstante, el gran crujido cerebral no es tanto esta forma de proceder, que se ve a la legua, sino que sean los propios poderosos quienes la hayan incitado, ya que ¿quién tiene menos poder que el presidente de Estados Unidos? Y lo más alucinante es que, a priori, teorías como Qanon - dice que hay un grupo de actores progresistas y políticos demócratas pedófilos liderados por Obama, Hillary Clinton y Soros contra Trump- movilizaran a millones de personas. “Sí, es que era el propio Donald Trump quien movía bulos de la teoría de la conspiración contra él. Normalmente las conspiraciones son de abajo-arriba: tú crees que la gente que está gobernando tiene intereses ocultos y que te está manipulando. Pero que el mayor conspirador del mundo durante cuatro años fuera el presidente de EEUU… Es que era él quien decía: “Cuidado, soy yo el que os avisa de que van a por mí”. Una auténtica locura que el día 6 de enero acabó en un carnaval estrambótico, pero que durante horas mantuvo al mundo en vilo.

placeholder Miguel Bosé, en su entrevista en 'Lo de Évole'. (Atresmedia Televisión)
Miguel Bosé, en su entrevista en 'Lo de Évole'. (Atresmedia Televisión)

Fake news, algoritmos, clickbaits

¿Pueden adaptarse estas teorías a España? Ceballos cree que lo de Qanon “es una conspiranoia demasiado norteamericana, aunque sí hay intentos de adaptar lo que en el fondo es una secta”, de la que, en realidad, “el Partido Republicano se ha tenido que desvincular. Pactaron demasiado con el diablo al asociarse con gente tan volátil”.

Sin embargo, donde sí se ha seguido una línea muy parecida en los últimos años ha sido en los medios de comunicación, donde el periodista reconoce que se han fomentado las conspiranoias “con todos los titulares clickbait y la necesidad de atrapar al lector con noticias llamativas”. Al final el asunto de los algoritmos se da en todas partes y hoy se sabe perfectamente que una noticia sensacionalista rayana en la falsedad se mueve mejor en las redes que un texto complejo y riguroso. “Sabemos que Facebook prima los contenidos más sensacionalistas porque atraían más visitantes. Igual que Google. Y se ve muy bien en Youtube. Si entras y buscas cualquier cosa lo más normal es que te recomiende antes los videos que tienen más visitas y los que tienen más visitas suelen ser los más sensacionalistas, amarillistas y, a veces, los menos rigurosos. Tenemos responsabilidad con este sensacionalismo clickbait que nos ha llevado a simplificar la realidad o simplemente a buscar el espectáculo”, sostiene el periodista.

"Si entras en YouTube lo más normal es que te recomiende antes los videos que tienen más visitas, es decir, los más sensacionalistas"

Ante este esplendoroso momento de la conspiranoia -el abono de la pandemia, con sus vacunas, con los contagios etc, también ha sido fabuloso- la cuestión es qué se puede hacer. Ceballos no cree en una regulación de los mensajes fake “porque en el momento en el que lo intentaran, los conspiranoicos iban a decir: veis, teníamos razón, el Gobierno intenta controlar el acceso de los ciudadanos a la información”. Pese a ello sí cree que hay que confrontar las teorías absurdas: “Una actitud sana es poner contra las cuerdas las creencias de otros y las tuyas propias. Por ejemplo, preguntar donde han leído esa información… Ahora podemos ver que las conspiranoias de los siglos XVIII, XIX eran claramente exageradas. El problema es que viviendo hoy tiempos tan convulsos y con tanta sobrecarga de información es difícil”, sostiene.

Pero se siente optimista y cree que después de esta década (y los dos últimos años) loca e irracional vendrán tiempos más sensatos: “El aislamiento y la soledad es lo que ha dado pie a que mucha gente caiga en esto. La mayoría de las veces la explicación oficial y la más simple, es la real. No pensemos demasiado, creo que hay un peligro inherente en pensar demasiado”. Así empezó todo.

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