De los descampados de los ochenta a las grúas de los dos mil: la España que fue y la que quiso ser
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Urbanismo y fotografía

De los descampados de los ochenta a las grúas de los dos mil: la España que fue y la que quiso ser

La exposición 'En España. Fotografía, encargos, territorios, 1983-2009' del Museo ICO en Madrid refleja los cambios en el urbanismo en las tres últimas décadas antes de la crisis

placeholder Foto: Corta de la Cartuja, margen derecha, 1991, antes de la Expo. (Pepe Morón)
Corta de la Cartuja, margen derecha, 1991, antes de la Expo. (Pepe Morón)

Estaban las huertas, las fábricas, las colmenas homogéneas de viviendas con toldos verdes. Estaban los chiringuitos playeros en los que podías aparcar casi en el margen tu 127. Estaban también los descampados. Estaban los pisos minúsculos en los que la lavadora tenía que colocarse en el saloncito. Estaban también las empleadas que se encerraban en una tienda porque les debían 18 meses de salario. Todo esto era la periferia de las ciudades españolas a comienzos de los años ochenta, como se puede ver en la exposición ‘En España, Fotografía, encargos, territorios, 1983-2009’, un recorrido por once proyectos fotográficos y su relación con el urbanismo que se acaba de inaugurar en el Museo ICO de Madrid dentro del festival PhotoEspaña. Una mirada a lo que fuimos, a lo que deseamos ser en 1992 y en lo que nos acabamos convirtiendo antes del estallido de la crisis económica ya en los 2000. Está abierta hasta el 12 de septiembre.

La iniciativa surge a partir de los ‘surveys’, una palabra inglesa que define los proyectos de fotografía encargados por las instituciones culturales y que cobraron un gran interés en la Francia de François Mitterrand en los años ochenta. Como entonces España puso su foco cultural en el país galo -con afán de modernización, el PSOE de Felipe González les intentó copiar casi todo en Cultura ayudado en buena parte por ministros como Jorge Semprún-, aquí también empezaron a desarrollarse los surveys al calor de las nuevas instituciones culturales tanto estatales como autonómicas que había traído consigo la democracia. “Son años en los que la fotografía se relanza para documentar la memoria siguiendo las ideas de los setenta que hablaban de repensar el documental. Por otro lado, en España se dio una explosión cultural con nuevos museos, festivales y eventos relacionados con la fotografía”, manifiesta Jorge Ribalta, uno de los comisarios de esta muestra. No es que antes no hubiera habido fotografía, sino que ahora estaba institucionalmente subvencionada.

Es una mirada a lo que fuimos, a lo que deseamos ser en 1992 y en lo que nos acabamos convirtiendo antes del estallido de la crisis ya en los 2000

La explosión ochentera

El primer survey que se hizo en España fue el proyecto ‘Granollers 1983’, que surgió por una propuesta de un grupo de fotógrafos para La Caixa y en el que participaron desde Joan Fontcubertá a Jordi Guillumet y Toni Cumella, y que muestran esta ciudad de la periferia con sus casas desconchadas y torres eléctricas en medio de la nada. Hay una imagen de Manel Úbeda en la que se puede ver una pequeña casa en una huerta y cómo un hombre corta el pelo a un adolescente mientras al fondo aparece toda una hilera de pisos característicos de los ochenta.

placeholder El Cangrejo de la playa de El Saler, 1985 (Vicente del Amo)
El Cangrejo de la playa de El Saler, 1985 (Vicente del Amo)

Otro de los proyectos fue ‘L’Albufera. Visió tangencial’, de 1985, del que, como dice Cristina Zelich, otra de las comisarias, “fue un reflejo de las políticas culturales de la España de las autonomías. Las comunidades empezaban a apoyar la creación fotográfica y un patrimonio local”. Los edificios de viviendas, los chiringuitos, la marisma valenciana, los nuevos hoteles y apartamentos turísticos, todo ello quedó retratado por fotógrafos como Vicentel del Amo, Rafael Navarro o Diana Block.

Al calor de la Fotobienal de Vigo, que comenzó en 1986 -otro reflejo de la ebullición cultural en esta ciudad gallega en los ochenta- se lanzó Vigovisions, que ocupó a profesionales como Xurxo Lobato, Cristina García Rodero, Gabriela Iturbide y otros foráneos como Sebastiao Salgado, Les Krims y Paul Reas, y que dejó la muestra de cómo era la ciudad entonces, sus puertos, sus fábricas, sus mujeres y sus jóvenes disfrutando de esa nueva movida y mostrando que el país, también sus ciudades medias, se desperezaba tras años de grisura y parón.

En 1992 ya éramos modernos (pero no)

Los años noventa trajeron un cambio de timón. “Llegaban los Juegos Olímpicos, la expo de Sevilla, el mercado común. Ya éramos modernos”, resume Ramón Esparza, el tercer comisario de la exposición. En esta se despliegan los proyectos que se realizaron sobre la Barcelona pre juegos, la Sevilla pre Expo y el Bilbao pre Guggenheim y que, muestran con actitud crítica, todo lo que se perdió con lo que se construyó para tan magnos eventos. Por un lado, los grandes medios pusieron todo en mostrar una imagen rimbombante de estas ciudades, por otro, estos proyectos buscaban retratar cómo era realmente la periferia en los inicios de los noventa en estas urbes.

placeholder Besòs, 1990 (Gilbert Fastenaekens)
Besòs, 1990 (Gilbert Fastenaekens)

Y lo que era en Barcelona era fundamentalmente industrial. Por ejemplo, toda la zona del aeropuerto del Prat, y cómo irá desapareciendo a medida que se construyen nuevas autopistas. O cómo se abre la ciudad al mar con la zona del puerto olímpico. “Era una ciudad que había estado de espaldas al mar, era sobre todo industrial, pero todo eso cesó”, señala Esparza. Las imágenes del proyecto del Colegio de Arquitectos de Cataluña dejan ver “cómo fueron apareciendo cosas nuevas y a la vez se fueron perdiendo las zonas de las pequeñas villas, que se llevó consigo la nueva autopista”, añade Esparza.

En Sevilla fue el Colegio de Arquitectos de esta ciudad el que impulsó la fotografía de una isla de la Cartuja muy diferente a la imagen que se quería dar de Curro, el AVE y, una vez más, las nuevas autopistas. “Lo que se ve son los bordes de la ciudad y cómo la expansión de las ciudades dejó de ser homogénea, sino que empieza a ir a saltos: la parte industrial se contrae porque empieza a haber viviendas. Deja de existir esa relación núcleo-periferia”, explica Esparza.

placeholder Sefranito. Barakaldo, 1993. (Carlos Cánovas)
Sefranito. Barakaldo, 1993. (Carlos Cánovas)

Por las mismas fechas Bilbao era una ciudad que se encontraba en su punto más bajo: había sufrido terribles inundaciones, la reconversión industrial estaba siendo una losa… “Toda la economía había colapsado. La ría era una ría de óxido. En ese momento nos pidieron que hiciéramos un proyecto fotográfico para potenciar la imagen de la ciudad. Bueno, era un poco difícil”, admite Esparza, que participó plenamente en este survey que hoy nos refleja, a partir de las fotos de John Davies, Gabriele Basilico, Carlos Cánovas o John Vink, una ciudad gris, con dársenas encenagadas y con chimeneas que convertían cualquier paisaje en una humareda. Nada que ver con los reportajes que traería no mucho después la inauguración del museo Guggenheim.

Crítica a la fiesta de los 2000

A comienzos de los 2000 lo que era raro era una ciudad sin grúas. Sobre todo en su periferia donde brotaron sin mesura las hileras de adosados. Fue también la explosión turística con los billetes de las compañías low cost. Y la aparición de los hoteles ilegales en la costa. Y, culturalmente, fue la era de los grandes espectáculos. Los mega eventos como el Forum de las Culturas de Barcelona, de 2004, o la capitalidad cultural de Salamanca en 2002. En esta última parte la exposición muestra cinco proyectos con referencias a Salamanca, Canarias, Madrid y Barcelona que intentan salirse de la imagen más propagandística de estas ciudades y visibilizar lo que quedaba fuera. “Lo que se empieza a ver es un cambio en el modelo urbano y se busca representar la cotidianidad y a la gente común”, comenta Jorge Ribalta.

placeholder Exterior de Salamanca, 2001 (Xavier Ribas)
Exterior de Salamanca, 2001 (Xavier Ribas)

El proyecto de ‘Revisar Canarias’ fue propuesto por la galerista Elba Benitez y pretendía “cuestionar el imaginario del turismo con una crítica a los iconos y estereotipos”, a partir de imágenes de las siete islas realizadas por siete fotógrafos y que buscan una perspectiva muy distinta a la de la postal. En Barcelona fue el MACBA en el que incentivó el proyecto de la ciudad post Forum que buscaba “una defensa de un modelo de producción en detrimento del del turismo potenciando la actividad de los movimientos sociales y el patrimonio industrial”, apostilla Ribalta. De ahí que aparezcan en las imágenes la fábrica de SEAT y barrios más industrializados como Poble Nou.

En 2008 con la crisis económica, todos estos proyectos que fotografiaban las ciudades se cortaron de raíz

En 2008 con la crisis económica, todos estos proyectos que fotografiaban las ciudades se cortaron de raíz. “Se hicieron cuando las instituciones tenían dinero”, admite Ribalta. Los recortes redujeron considerablemente el flujo que tenían y, como sucede muchas veces, lo que se corta no regresa. Aunque haya habido cierta recuperación. “No, ahora se hacen muy pocos. Estamos en un momento de transición”, sostiene este fotógrafo. La pandemia, en cualquier caso, tampoco ha sido la mejor ayuda para los fondos destinados a la cultura.

Joan Fontcuberta Fotografía Crisis Guggenheim Juegos Olímpicos