'La desaparición' de Julia Phillips es la novela de este verano: inquietante, oscura y adictiva
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Entrevista

'La desaparición' de Julia Phillips es la novela de este verano: inquietante, oscura y adictiva

La estadounidense ha escrito un libro que entrelaza varias historias sobre violencia contra las mujeres que ha conseguido el aplauso de la crítica y lectores en su país

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La escritora Julia Phillips

La primera escena de 'La desaparición' (Sexto Piso) es perturbadora. Dos niñas juegan solas en un pequeño bosque. No hay música, pero el lector puede sentir que algo malo va a ocurrir. Y, por supuesto, sucede. Es el primer puñetazo de esta novela que deja a cualquiera noqueado, porque después de este llega otro y después otro mientras se lee sin poder dejarlo. Todas las inquietantes y oscuras historias de violencia contra las mujeres que cuenta la estadounidense Julia Phillips (Nueva Jersey, 1989) son adictivas. De hecho, el libro, que es una ópera prima, también ha sido aclamado por la crítica, ya que ha sido finalista del National Book Award (el premio al mejor libro del año en EEUU) y del National Book Critics Circle Award (el premio de los críticos).

Y eso que, a priori, puede resultar un tanto lejano. Todo sucede en la región rusa de Kamchatka y todos los personajes son rusos. Y, sin embargo, podrían ser personajes de Madrid, Barcelona o Alicante. Hay una extraña cercanía que la escritora consigue gracias a las temáticas universales: el dolor por un hijo, el distanciamiento de alguien a quien dejas de querer, la soledad, la muerte de un ser querido, el miedo a un diagnóstico médico. Como si todo ocurriera aquí al lado. O al propio lector.

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'La desaparición'

“Mi deseo era que este libro se sintiera específico de Kamchatka en sus detalles, pero que pudiera relacionarse con muchas otras partes del mundo en sus temas. Las experiencias de las mujeres en un patriarcado, los pueblos indígenas en un estado colonizado, los inmigrantes en una cultura nacionalista y los pobres del campo en una nación obsesionada con la riqueza urbana. Estas son experiencias de personas en Kamchatka, pero también en todo el mundo”, cuenta Phillips a El Confidencial por correo electrónico. No obstante, la localización en esta lejana región rusa no es casual. Ella misma vivió allí al acabar la universidad por su deseo de estudiar ruso. Y se encontró con un lugar “cuya historia y su belleza son insuperables. Cuando estás allí una siente que está en el corazón del planeta. También observó que era un lugar ideal para una novela: “No hay carreteras que la conecten con el continente. La mayor parte de su población vive en una sola ciudad. Es como un microcosmos, un mundo en sí mismo. El escenario perfecto para una historia”.

Y es en ese paraje donde todo comienza con la historia de las niñas. Un relato que, ya desde el principio, pone los pelos de punta. La escritora consigue transmitir con crudeza la sensación de indefensión. “Cuando llegué a Kamchatka no hablaba muy bien en ruso, apenas entendía nada y contaba con una escasa red de apoyo. Estaba muy confundida y estar en esa posición me hizo pensar mucho sobre la vulnerabilidad porque me recordaba a ser otra vez una niña. Escribí ese primer capítulo con el fin de capturar esa sensación: cómo de dependientes somos de niños de la bondad de los extraños y qué pocas opciones tenemos cuando alguien quiere hacernos daño”, confiesa.

"Cómo de dependientes somos de niños de la bondad de los extraños y qué pocas opciones tenemos cuando alguien quiere hacernos daño”

A partir de esta historia pivotan todas las demás, que se van desplegando por las páginas de la novela con una polifonía que encaja a la perfección. Todos los personajes, sin conocerse entre sí, tienen algo en común con las niñas, cuyo secuestro se convierte en el más mediático de la región. Este asunto lo aprovecha la escritora para criticar por qué algunos crímenes alcanzan increíbles cuotas de audiencia y de otros apenas se informa. “En Canadá y Estados Unidos hay una epidemia de mujeres y niñas indígenas asesinadas y desaparecidas. El propio gobierno de Canadá ha calificado esto como un genocidio. Pero las desapariciones que obsesionan al público, las que se reproducen en periódicos, libros y en nuestras pantallas de televisión son las más raras. Es decir, en los Estados Unidos eso significa el secuestro de una niña o un niño blanco”, sostiene Phillips, quien añade que esto se hace con toda la intención “dañina”. “Refuerza la narrativa imperante de que gente blanca es superior, que los crímenes los cometen forasteros en lugar de los vecinos, y que la violencia, en lugar de estar ligada a nuestros sistemas de opresión, ocurre misteriosa e inexplicablemente de la nada”, afirma.

"Las desapariciones que obsesionan al público en EEUU refuerzan la narrativa dañina de que la raza blanca es superior"

Aunque ‘La desaparición’ es una novela, pura ficción, también es una enorme radiografía sobre la violencia desde diversos ángulos y todas con la mujer en la diana (en ocasiones ejercida por otra mujer). Algunos casos, como el del secuestro, son hipermediáticos y todo el mundo habla de ellos, pero a Phillips también le interesan los más mundanos, los que casi forman parte de la cotidianidad y apenas se ven, como puede ser una relación tóxica, el rechazo a tu bebé o no poder hablar abiertamente de tu orientación sexual en un lugar -o incluso una cena- en la que imperan comentarios homófobos.

La culpabilización de la mujer

Alrededor de todos estos casos,chapotea la idea de la culpa. En diferentes direcciones. Por un lado, sobre una misma. La fustigación. Por qué dejé a las niñas solas. Por qué pasé por esa calle de noche. Por qué le dije que sí a ese tipo. “La culpa es un mecanismo de supervivencia y un consuelo. Cuando alguien te hace daño a ti o a otra persona es realmente difícil —de hecho, aterrador— aceptar que no pudiste haber hecho nada para evitarlo. Pero la decisión de otra persona de hacerte daño está fuera de tu control. Podrías encerrarte en tu casa, no salir nunca, no interactuar con nadie y aun así, alguien podría acercarse a ti para hacerte daño. ¿No es aterrador lo aleatorio y cruel que puede ser el mundo? Es casi demasiado aterrador para aceptarlo”, manifiesta Phillips.

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Julia Phillips

Pero hay otro camino de la culpabilización y es el que ejercen los demás. Es el consabido “te avisé de que no fueras por allí”, “no vayas sola por la calle” etc, que para Phillips lo que hacen es controlar a las mujeres: “La culpa, la advertencia y el miedo se utilizan para reforzar el patriarcado. Es un mensaje que está diseñado para decirles a quienes se sienten vulnerables que son débiles, así como para señalar a quienes buscan el poder a quién pueden hacer daño y cómo deben hacerlo”.

“La culpa y el miedo se utilizan para reforzar el patriarcado. Es un mensaje diseñado para decirles a quienes se sienten vulnerables que son débiles"

En algunas de las historias hay consuelo, en otras menos. No es, desde luego, un libro para estómagos delicados. Se descuelgan por ahí también dardos hacia el racismo. Ahí, dice Phillips, su americanidad está muy presente. “Sí, vi racismo en Rusia, pero todo lo que vi en Kamchatka lo filtré a través de mis ojos americanos y la novela está escrita con una mano americana. No hay forma de sacar a los Estados Unidos de ese libro ni de mí. Y Estados Unidos es un país profundamente racista y eso me formó a mí a la hora de entender cómo la gente interactúa en el mundo. Al escribir sobre las tensiones de raza, etnia, clase y estado civil en Kamchatka, estaba tratando de comprender no solo esa región sino también mi país”, sostiene. Y también comprender por qué se produce la violencia. “Creo que tenemos que reconocer y hablar con honestidad sobre la violencia que sufrimos y la que ejercemos sobre los demás. Si alguien te dice: "Ten cuidado de caminar solo por la calle", ¿contra qué te advierten exactamente? ¿Y por qué nuestra calle es tan peligrosa para caminar sola? ¿De quién viene el peligro? ¿A quién beneficia esta amenaza? ¿Podemos sacar del poder a esas personas, sostenidas por la violencia, para crear un mundo mejor?”. Preguntas cuya respuesta puede ayudar a entender el peligro.

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