Juan Ramón Lucas: "Me gusta la dialéctica del enfrentamiento verbal en las redes"
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Entrevista

Juan Ramón Lucas: "Me gusta la dialéctica del enfrentamiento verbal en las redes"

El periodista publica su segunda novela, 'Agua de luna', la historia de una joven española captada por el terrorismo islámico

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Juan Ramón Lucas. (María Villanueva)

Dice Juan Ramón Lucas (Madrid, 1958) que escribir una novela es como subir un ochomil. Que te llena de inseguridad, pero quieres seguir subiéndolos. Ya lleva dos. La última es 'Agua de luna' (Espasa), la historia de una joven española captada por las redes del terrorismo islámico. Pero también el drama de un padre que se vuelve loco yendo en su busca. En este asunto de las relaciones con los hijos hay mucho de las inquietudes y preocupaciones de este periodista, que lleva más de cuatro décadas al frente de programas, ya sean informativos o de entretenimiento, en la televisión y en la radio.

Esta entrevista tiene lugar en la terraza del Café Gijón una mañana luminosa. Es el momento del día en que se encuentra más fresco, según cuenta, aunque ahora la profesión le haya llevado a trabajar de noche. Dirige y presenta 'La Brújula', en Onda Cero, el programa nocturno de análisis y reflexión con un ritmo muy distinto al que se suele imprimir en los matinales. Pero sabe bien de qué va esto: "Aprendí hace mucho tiempo que en este oficio tienes que adaptarte".

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'Agua de luna', de Juan Ramón Lucas.

PREGUNTA. Esta es una historia de una española captada por el terrorismo islámico. Hemos leído ya algún reportaje al respecto. ¿Por qué elegir este tema para una novela?

RESPUESTA. Sé que llama la atención, pero es un recurso literario para contar una historia. Si hubiera querido hacer un trabajo de tipo periodístico o científico, no hubiera escrito una novela. Lo que he intentado con este viaje al mundo islámico es crear un escenario para contar la relación entre padres e hijos, nuestra vulnerabilidad como seres humanos ante las redes sociales. Por eso, decidí construir un 'thriller' que va jugando con elementos muy presentes en nuestra vida cotidiana y que tienen que ver con la verdad y la mentira y con la frontera entre el bien y el mal. Y me llama la atención como escenario de todo eso un mundo que es muy cercano, desasosegante y tremendamente cruel. Un mundo que te destroza tanto que todo lo que puede salir de ahí es una mirada interior y un repaso a las cosas que has hecho bien o has hecho mal.

Foto: Nao. (EC)

P. Suelen ser perfiles de personas vulnerables, pero aquí la protagonista es una joven guapa de clase media-alta, hija de padres famosos... Tiene una relación regular con sus padres, pero tiene una vida extraordinariamente confortable. ¿Por qué ese salto al lado oscuro?

R. El perfil de personas que se pasan al Estado Islámico desde una posición cómoda en Occidente tiene que ver con algo que me preocupa: la inseguridad, la insatisfacción, la falta de horizontes, la baja autoestima, y cómo todo eso nos hace vulnerables. Lo que yo he querido contar es una metáfora de nuestra propia vulnerabilidad. Es una historia que te propone mirarte dentro para salir de la oscuridad. En realidad, todos somos tremendamente vulnerables ante las redes sociales o ante el ciberterrorismo y el ciberacoso.

"Esta novela no es una petición de perdón porque no me siento culpable, pero sí es una forma de preguntarme a mí mismo, ¿he hecho todo bien?"

P. “Decidí redimir el pasado con mi conducta futura, y puedo decir con toda franqueza que mi decisión dio fruto”. Abre el libro con esta cita de Stevenson y le noto muy interesado en este asunto de la instrospección, mirar lo que uno ha hecho bien o no, la inseguridad y la vulnerabilidad. ¿Su novela es una petición de perdón a alguien?

R. Puede ser. He aprendido de los escritores profesionales, de los buenos, que escribir una novela es un trabajo de ordenación de tu mundo interior. Luego ya investigas el exterior, buscas el escenario ideal y lo colocas ahí. Pero es tratar de entender cosas. Y quizá sí, no creo que llegue al extremo de la petición de perdón porque no me siento culpable, pero sí es una forma de preguntarme a mí mismo, ¿he hecho todo bien? Y que el lector o la lectora se pregunten, ¿hemos hecho todo bien con nuestros hijos? Y al mismo tiempo, ¿sabemos dónde se mueven? No solo el terrorismo islámico, sino la desconexión brutal con la realidad a la que puede llevarte la conexión excesiva con internet y las redes.

Foto: Las conversaciones entre los yihadistas y los agentes encubiertos informáticos. (El Confidencial Diseño)

P. Conexiones que te van envolviendo de forma muy sutil, no de golpe ni con un cuchillo. En el caso de esta historia, la protagonista entra en la red islámica por un novio, una buena amiga.

R. Me obsesiona el mal como actitud vital, como algo que está presente en nosotros y en casi ningún otro ser vivo. El mal nos atrapa y no nos damos cuenta hasta que nos hemos librado de él o hemos caído en sus garras. Eso llega muy poco a poco. Los terrroristas avanzan en el pasillo de nuestra casa mediante las puertas que abrimos en las redes sociales. Del mismo modo que a las cosas que nos afectan les damos paso sin darnos cuenta porque no somos conscientes hasta que las tenemos encima. Al mismo tiempo, la novela habla de esperanza, porque todo eso que nos produce dolor es posible solucionarlo con atención y si eres capaz de confiar en tus posibilidades, en este caso, como sociedad, en los servicios de inteligencia de la policía, de quienes velan por muestra seguridad.

"El periodismo es un espacio de opinión e influencia que tiene un enorme valor y afilas los dientes seguramente con más frecuencia"

P. El periodismo es un gremio que conoce bien el mal, ¿no?

R. Sí, como todos los ámbitos. Mucho más cuando tienes que pelear por tu espacio. Los lobos y cualquier animal que sea territorial se pelean por su espacio, matan y mueren por su espacio. Eso lo tenemos en la sociedad en general y en el periodismo en particular, porque el periodismo es un espacio de opinión e influencia que tiene un enorme valor y afilas los dientes seguramente con más frecuencia y das dentelladas más a menudo.

P. Y en estos momentos, ¿se siente más seguro en el terreno de la novela o en el periodismo?

R. Llevo cuarenta y tantos años ejerciendo y me siento seguro. En la novela, me siento muy inseguro. Yo soy un tipo que es un periodista que ha escrito su segunda novela. Lo comparo con un alpinista novato que ha subido su segundo ochomil y quiere seguir subiendo ochomiles, pero todavía se siente inseguro. Es verdad que esta novela tiene algo de mejora de técnica sobre la primera. He procurado aprender a escribir, desarrollar cierta técnica y aplicarla en el trabajo diario, porque escribir es un trabajo diario. En ese sentido, está mejor. Pero donde me siento menos vulnerable es en el periodismo.

placeholder Juan Ramón Lucas. (María Villanueva)
Juan Ramón Lucas. (María Villanueva)

P. Hay bastante documentación sobre el tema de la captación por parte de los yihadistas. ¿Qué ha aprendido? Muchas veces, los periodistas hacemos reportajes para saber más de un tema del que no tenemos ni idea.

R. Mucho. El ser periodista, para esto, tiene un problema, y es que te cuesta mucho despegarte de la realidad. Yo quiero que las novelas sean verosímiles, por lo menos las mías. Que tengan un escenario que resulte creíble, y para eso necesito un trabajo de documentación. He aprendido mucho de lo poco que sabemos y del valor de la gente que nos quita el miedo. Los buenos son los que nos quitan el miedo y esos son los que están en la lucha antiterrorista.

Foto: La policía alemana investiga un edificio residencial en Aachen, donde vivía un sospechoso islamista vinculado con los atentados de París, en noviembre de 2015. (Reuters)

P. Se cita en un momento en la novela el atentado de El Descanso, y, por supuesto, tuvimos el 11-M y los atentados de la Rambla de Barcelona y Cambrils en 2017. Pero en los últimos tiempos, en España, en realidad con las amenazas del terrorismo surgen los chistes como el del hijo de la Tomasa. ¿Está la sociedad española más anestesiada? ¿O es eso mejor que vivir con miedo?

R. No sé si podría responderte a esa pregunta. Conocemos bastante poco de la amenaza que tenemos, pero al mismo tiempo sí somos conscientes de que hay un enemigo que no vemos y está ahí. Creo que nos falta información, pero está bien que nos falte información, porque tenemos que vivir la vida que vivimos. Ya hay otra gente que se está sacrificando, que está renunciando por eso. Creo que con el terrorismo islámico la información que hemos contado sí hace que se perciba ahora como una amenaza. No sé si en estos tiempos de pandemia nos hemos relajado, pero si volviera otro atentado terrorista, volveríamos a ponernos en guardia.

"Creo que nos falta información [sobre el terrorismo islámico], pero está bien que nos falte porque tenemos que vivir la vida que vivimos"

P. En estos momentos, dirige y presenta 'La Brújula', el programa nocturno de Onda Cero… ¿Le pide el cuerpo más relajación que cuando hacía las mañanas en Radio Nacional hace ya años?

R. Yo me he habituado al ritmo y horario de 'La Brújula', pero aprendí hace mucho tiempo que en este oficio tienes que adaptarte. Yo escribo por la mañana porque por la tarde estoy más cansado. Me gusta levantarme pronto. Soy de mañana. Ahora, también soy un profesional y entiendo que por la noche el ritmo es distinto, el tono es distinto y el contenido es distinto a lo que yo hacía por las mañanas. Pero trato de hacerlo lo mejor posible, porque es mi trabajo y sé lo que tengo que hacer.

P. Me he dado una vuelta por su cuenta de Twitter. Le dicen que es de derechas, de izquierdas… ¿Le molesta?

R. Me divierte mucho, porque hay tanto torpe… Y algunos vuelven y vuelven. Normalmente, lo leo todo. Algunas referencias me parecen interesantes, otras dignas de respuesta y otras de un zasca. Pero entro en el juego porque es una forma de estar ahí. Ayer me criticaban muy duramente porque había dicho que la decisión de Sánchez de viajar a Ceuta y Melilla era políticamente muy positiva. Me parecía que Sánchez había reaccionado bien ante la crisis. Y bueno… me pusieron a parir. Pero lo llevo bien. No espero lo que no dan, pero utilizo las redes como creo que hay que utilizarlas: como fuente de información o escenario de batalla. Me gusta mucho la dialéctica del enfrentamiento verbal en las redes. Pero, aunque me gusta, procuro que no me distraiga de lo que me toca, que no está en redes sociales, sino en el contacto directo, en antena y en un programa de radio. Lo que he aprendido de las redes es lo ignorantemente vulnerables que somos ante ellas. Yo creo que el mayor riesgo para nuestro sistema democrático está en el ciberespacio. No porque nos vayan a atacar, sino porque el poder real está cada vez más en los algoritmos y las personas que controlan nuestros gustos y modifican nuestra ideología. Y luego en la capacidad que tienen de actuación sobre nosotros, nuestros intereses, economía y nuestro ánimo.

"Las redes me divierten mucho porque hay tanto torpe... Algunas referencias son interesantes, otras dignas de respuesta y otras de un zasca"

P. ¿Qué ha aprendido de todo este tiempo de pandemia? ¿Es un antes y un después?

R. Sin duda. De entrada, yo tengo medio equipo trabajando en casa. Hemos aprendido lo que ese ciberespacio tiene de capacidad de comunicación cuando estás solo, porque esa es la otra cara, y nos va a cambiar porque hemos aprendido el valor de los abrazos, la compañía, el mirarse a los ojos. Y, o somos muy tontos, o lo aplicaremos cuando podamos regresar a algo parecido a la normalidad. Ahora bien, hay otra enseñanza que no sé si calará y es que puede venir otra pandemia, y no estoy seguro de que los responsables de gestionarla, los que sean en un futuro, van a haber aprendido esta lección. Los dirigentes políticos siempre están lejos de la realidad incluso cuando la realidad les sobrepasa o porque les sobrepasa.

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