Un país mejor: ¿y si los hermanos Antonio y Manuel Machado se hubieran reconciliado?
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Un país mejor: ¿y si los hermanos Antonio y Manuel Machado se hubieran reconciliado?

La estupenda obra 'Los hermanos Machado' aborda una conversación ficticia entre Antonio y Manuel. Se puede ver hasta el 6 de junio en el teatro Fernán Gómez de Madrid

placeholder Foto: Carlos Martín (izquierda) y Félix Martín (derecha), como Antonio y Manuel Machado.
Carlos Martín (izquierda) y Félix Martín (derecha), como Antonio y Manuel Machado.

Uno era un sevillano hiperbólico, el otro tenía trazas de castellano apocado, metido para adentro. Uno era mujeriego, el otro sopló los vientos por una mujer que se le murió pronto y por otra que no le dio más cobertura que ser la musa de su obra. Uno se bebía la vida y le cantaba coplas al caudillo, el otro se lamentaba mientras le dolía España como les dolía a algunos a finales del siglo XIX. Uno abrazó la dictadura y el otro se consumió mientras defendía la República. Uno se llamaba Manuel y el otro Antonio, y eran hermanos. Y fueron también, según la Historia, metáfora de esas famosas dos Españas irreconciliables. Ahora, el teatro sirve de redención. Carlos Martín y Félix Martín —ellos sin parentesco—, de la compañía Teatro del Temple, interpretan a los dos poetas en 'Los hermanos Machado', un texto escrito por Alfonso Plou sobre una preciosa ucronía: ¿y si los hermanos hubieran podido tener una última conversación y exponer cada uno sus ideas? ¿No puede imponerse el amor a todo lo demás? La obra, que es una delicia, se puede ver hasta el 6 de junio en el teatro Fernán Gómez de Madrid, pero tiene prevista gira por el País Vasco, varias localidades madrileñas, Aragón y ciudades machadianas como Segovia y Baeza. Eso, de momento.

¿Y si los hermanos hubieran podido tener una última conversación y exponer cada uno sus ideas? ¿No puede imponerse el amor a lo demás?

“Es un espectáculo que aborda un tema necesario con esa metáfora de las dos Españas que tiene un eco inmediato con lo que está pasando. Es algo que llevamos mucho tiempo arrastrando y se nota en los espectadores. A la gente se le arrasan los ojos. Sigue presente en todas las personas que quieren que este país nuestro siga avanzando y se modernice y sea socialmente avanzando, en vez de las eternas peleas de los partidos”, cuenta a El Confidencial Carlos Martín, que interpreta a Antonio y que también dirige este montaje, que consigue que sobre el austero escenario —apenas un escritorio, una mesa y una butaca— no se vea a los actores sino a los dos poetas. “Es que una vez que dices que eres Antonio y Manuel y te lo crees, ya lo eres, no es que lo representes, sino que es así, y esa es la fuerza del teatro”, añade.

placeholder El cartel de la obra 'Los hermanos Machado'.
El cartel de la obra 'Los hermanos Machado'.

No obstante, la idea en un primer momento no era retratar a los dos hermanos, sino indagar en la figura de Antonio. La compañía aragonesa Teatro del Temple, que lleva en pie y con grandes éxitos desde 1994, ya había tocado otras figuras como las de Goya, Picasso o Dalí. Sin embargo, como dice el dramaturgo Plou, Manuel, hoy mucho más olvidado, se acabó imponiendo: “En el proceso de investigación, me quedé con una historia que no está muy contada. Manuel se pasó al franquismo y los hermanos dejaron de hablarse, pero Manuel intentó llegar a Colliure, donde estaba Antonio, pero cuando llegó ya había muerto. Esta historia era una forma de ir más allá para tratar de explicar qué sucedió en la Guerra Civil y cómo se sufrió en la guerra y los traumas que ha dejado porque hay tendencia al frentismo”. “En realidad, el motor de la historia es el remordimiento que arrastra Manuel”, apostilla Martín.

Humanistas y republicanos

Porque, en realidad, los dos hermanos no estuvieron siempre separados y hasta mediados de los años treinta no mantuvieron grandes discrepancias. Así se cuenta en la obra que recrea una conversación en la que van pasando diversos capítulos de su biografía. Procedían de una familia humanista de investigadores de la naturaleza y la copla y, como señala Plou, fue Manuel, el hermano mayor, quien inició a Antonio en la bohemia. Ambos se relacionaron con los jóvenes modernistas. Manuel viajó a París y dio a conocer a Rubén Darío. Era, al principio, un poeta mucho más apreciado que Antonio, a quien no le llegaría cierta consagración hasta ‘Campos de Castilla’. Pero incluso los dos firmaban obras de teatro a cuatro manos como la exitosa 'La Lola se va a los puertos', de 1929. Y, políticamente, tampoco diferían. Ambos abrazaron la llegada de la II República el 14 de abril de 1931, Manuel intentó escribir una letra para el himno republicano y llegó a fundar la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Efectivamente, las vueltas que puede llegar a dar la vida.

Ambos abrazaron la llegada de la II República el 14 de abril de 1931 y Manuel fundó la Asociación Amigos de la Unión Soviética

“Ambos venían de una familia republicana, y lo normal es que buscaran esa posibilidad de transformación en el país. Nada indicaba que Manuel pudiera irse al otro bando, aunque sí empezó a girar hacia una poesía más popular marcada por las coplas, mientras que la de Antonio tenía esa reflexión sobre el dolor por España”, manifiesta Plou. Esta cosa de la diversión y lo triste que creíamos superada, pero igual no aunque el sentido común lleve a pensar que ambas posturas son compatibles.

Foto: El historiador Ian Gibson (EFE)

En la obra, no se esconde que la posición que tomó Antonio en la Guerra Civil fue la correcta, pero la figura de Manuel no queda ni mucho menos tratada con brochazos. Al contrario, hay un esfuerzo por entender por qué tomó la postura de defender al bando franquista. Así, aunque por entonces ya había comentado sus filiaciones por un cambio de rumbo de la República se cuenta cómo a las pocas semanas del golpe de Estado se encontraba en Burgos, donde fue detenido por la policía franquista junto a otros intelectuales y pasó un par de días en el calabozo. Salió gracias a varios intercesores, aunque no se sabe bien quiénes. En la obra, la idea es de su mujer, Lali —católica, apostólica y bastante devota del caudillo—, quien le propone que escriba varias loas a Franco, por supuesto, muy bien recibidas.

placeholder Escena de la obra.
Escena de la obra.

“A Manuel podían haberlo matado y se muestra cómo el miedo puede cambiar a las personas. De hecho, se dice: qué arma tremenda es el miedo. Este tipo de reflexiones tienen relevancia porque es fundamental que las figuras sean seres humanos con sus contradicciones y sus miedos, eso revitaliza todo tipo de discursos”, sostiene Martín, quien insiste en que después de saber que su madre y su hermano habían muerto en Colliure y que su otro hermano, José, le había retirado la palabra para siempre tras una bronca monumental, “Manuel ya nunca fue el mismo. Es importante que notemos esto también”. Además, para Plou también es relevante que el estallido de la guerra le pillara en Burgos, que enseguida se convirtió en ciudad del bando que se alzó contra el régimen legítimo. “Eso le pasó a muchísimas personas de este país, que estaban en un lugar que les situó en un sitio o en otro”.

Contra la polarización

La conversación entre los Machado se hilvana a su vez a través de la presencia de diferentes mujeres, todas ellas interpretadas de forma genial por Alba Gallego. Ella pone voz y cuerpo a Lali, la mujer de Manuel, a la actriz Lola Membrives, a Leonor, la mujer de Antonio, a su musa Guiomar, a una prostituta, a Ana, la madre de ambos, y a Paca, la criada que se pasó cada día por el piso que tenían en Madrid durante la guerra para que no quedara abandonado. Es un recurso muy teatral que en esta ocasión encaja a la perfección.

Foto: Foto: iStock. Opinión

Todo ello para que el espectador se quede con esta copla: si bien nunca hubo reconciliación entre los hermanos, “el teatro puede provocar que al menos hablen. El no poder despedirte de alguien con quien estás enfrentado es algo que nos ha pasado a muchos. Manuel se murió sin renunciar al bando en que estaba, el franquismo, y no queríamos negarlo, pero sí darle la oportunidad de tratar de explicarse”, comenta Plou.

"No olvidemos cómo en Cataluña muchas familias han dejado de hablarse y aquí en Madrid también está ocurriendo"

Con el objetivo de abundar en la unión y no en la polarización, y de “entender que hay ideas diferentes, pero que si se explican desde el respeto y fuera del insulto este país cambiaría”, añade a su vez Carlos Martín que, no obstante, tampoco cree que ahora estemos en una época como la de los años treinta: “No, no, aquello fue la locura, la demencia. Cuando un pueblo se desgarra, es que ya ha entrado el delirio. Pero no olvidemos cómo ha estado con el tema de Cataluña, cómo muchas familias han dejado de hablarse y aquí en Madrid también está ocurriendo”. Por este motivo, invita a que se pase por el teatro “un representante de cada partido político. Que venga y luego hacemos un coloquio. Así miran a los ojos del público y bajan a la tierra, que es importante para que la política no pierda su sentido, que es estar con las personas”. Porque una lágrima sí que se cae.

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