Georgia O’Keeffe a lo grande: la primera gran retrospectiva llega al Thyssen
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Georgia O’Keeffe a lo grande: la primera gran retrospectiva llega al Thyssen

El museo inaugura una muestra de la artista estadounidense que recorre su larga trayectoria pictórica a través de 90 lienzos y hasta el 8 de agosto

placeholder Foto: Exposición de Georgia O’keeffe en el Museo Thyssen-Bornemisza (EFE)
Exposición de Georgia O’keeffe en el Museo Thyssen-Bornemisza (EFE)

Le dijeron que, siendo mujer, por mucho que se esforzara no pasaría de ser una mera profesora de arte en un colegio. Algún importantísimo crítico deslizó, como quien mira de soslayo, que sus cuadros eran una cosa kitsch que no iba a ningún lado. Sin embargo, la estadounidense Georgia O’Keeffe (1887-1986) les dio a todos un capón: se convirtió en la pionera de la vanguardia en Estados Unidos en una época en la que el gran referente de la pintura era Europa, inauguró el modernismo, la psicología estudió sus cuadros por sus múltiples interpretaciones sobre la sexualidad femenina y las feministas de los sesenta la aclamaron como su musa. Y, además, vivió casi cien años de las ventas de sus cuadros (y bastante bien). Por si alguien quería seguir rebatiéndola.

"Las feministas de los sesenta la aclamaron como su musa"

Después de veinte años de esfuerzos -y uno paralizado por la pandemia-, el museo Thyssen-Bornemisza inaugura este martes la primera gran muestra sobre O’Keeffe en España. Es extraño, ya que es una autora bastante mainstream (por ejemplo, como un Hopper). En total son 90 obras, cinco de ellas del propio museo -es la pinacoteca que más obra tiene de la artista fuera de EEUU- más de treinta prestadas por el Georgia O’Keeffe Museum de Santa Fe, en Nuevo México, y el resto procedentes de diferentes instituciones internacionales. Casi un centenar de lienzos que recorren la larga trayectoria de la pintora, desde la década de los diez, cuando le dijeron aquello de que no vendería ni medio cuadro, hasta los años setenta, cuando casi ciega pintaba cotizadísimos óleos. Además, también se pueden ver imágenes de su taller en Abiquiú (Nuevo México) con su catálogo de pinceles, pinturas y fotografías de los huesos que luego se convertían en material pictórico. La exposición tiene un carácter internacional, ya que después pasará por el Pompidou de París y por la Foundation Beyeler de Basilea, que también son organizadores de la muestra.

Libre y determinada

“No puedo vivir donde quiero, no puedo hacer lo que quiero, pero pintaré al menos como quiero, eso es asunto mío”. Esto escribía O’Keeffe en 1921, a los 34 años de edad. Había nacido en una granja en Wisconsin, en el Medio Oeste americano, un lugar que no era precisamente el adalid de la intelectualidad y la cultura como podía ser el París de aquellos años. “Libre y determinada, decidió hacer las cosas a su manera”, comenta Marta Ruiz del Árbol, comisaria de la muestra junto a Clara Marcellán, responsable del Área de Pintura Moderna del Museo Thyssen. A los 18 años se marchó a Chicago y a Nueva York a estudiar pintura (estudios que se costeó trabajando como ilustradora comercial) y durante la década de los diez se ganó la vida como profesora. Luego las cosas cambiarían de forma abrupta.

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Georgia O'Keeffe retratada por Alfred Stieglitz

Precisamente, la exposición comienza con esas primeras obras en las que O’Keeffe repartía su tiempo entre los alumnos y su propia pintura. Son obras abstractas en las que huye del color y destaca la importancia que le daba a la técnica. En ellas habla de las emociones, de los pensamientos, de los sonidos, incluso de un dolor de cabeza. Hacia finales de la década de los diez empezaría a pintar los detalles de las flores que la pondrían en el disparadero freudiano. Pétalos que se abren y se cierran. Lo que después el cine ha utilizado infinitas veces para poetizar determinadas escenas ya lo había hecho O’Keeffe antes. La pintora siempre negó que hubiera una intención de retratar el sexo femenino, pero que juzgue cada espectador.

placeholder 'Desde las llanuras'
'Desde las llanuras'

Estos cuadros no solo la ponen en el centro de la psicología sino que también le dan un enorme impulso dentro del mundo del arte. Hoy se venden por millones de dólares. En la muestra se puede ver el ‘Estramonio floral’, una flor venenosa que florece de noche y muere a las horas, que se vendió en 2014 por 44 millones de dólares en una subasta. No obstante, ya entonces comenzaba a crecer su cotización y podía vender cuadros por 25.000 dólares, lo que era una cifra bastante notable.

placeholder Estramonio nº1. Este cuadro se vendió por 44 millones de dólares
Estramonio nº1. Este cuadro se vendió por 44 millones de dólares

En esa época vive ya parte del tiempo en Nueva York y pinta los rascacielos que se encontraba a su paso en las caminatas que daba de noche por la ciudad. Iba con su cuaderno, pergeñaba esbozos de los edificios que luego convertía en lienzos. Como ocurre con ‘Calle de Nueva York con Luna’, que pertenece a la colección de Carmen Thyssen. Es probable que uno pueda tener imágenes de la ciudad por las películas, pero muchos encuadres famosos estaban ya en la obra de O’Keeffe. También pinta graneros que le recuerdan a su infancia en Wisconsin. En definitiva, es un paisaje muy americano . Una imaginería que ha persistido durante décadas como la imagen exportable de EEUU.

Nuevo México

En 1929, a los 42 años, hace el viaje fundamental de su vida junto a su amiga Rebecca Strand. Se planta en la luz y el color de Nuevo México y se enamora de la herencia hispana. “En cuanto llegué a Nuevo México supe que era mío”, escribió entonces. Pinta abstracciones de las danzas nativas y, al igual que había hecho antes con las flores y las hojas, esta vez toma los huesos de los animales que se encontraba en el paisaje -como pelvis, calaveras de vacas- para pintar cuadros que son un estallido del color luminoso del día o del atardecer. Durante dos décadas viajó a este estado para nutrirse de sus horizontes. Aprendió a conducir y se compró un coche que convirtió en un taller. Se quedaba de acampada. Finalmente, en 1949 se instaló allí. Sus lienzos de esta época tienen un cierto aire daliniano. Ella decía que eran como las imágenes que se veían desde un avión: “El mundo es precioso desde la ventana de un avión. El avión elimina lo anecdótico”, afirmó.

placeholder Cabeza de carnero
Cabeza de carnero

En esta década los cuarenta ya era una pintora famosa y cotizada con retrospectivas en el Art Institute de Chicago o en el MoMA de Nueva York. A partir de los cincuenta, es decir, cuando tenía más de sesenta años de edad, comenzó a viajar fuera de EEUU. En 1953 y 1954 visitó España. Era un viaje que siempre decía que tenía pendiente, puesto que la cultura y el paisaje español le parecía fascinante por la luz y el colorido (también por las costumbres religiosas). La exposición recorre esta última parte viajera y los cuadros del final de su vida, más minimalistas. Prácticamente muestran el horizonte por encima de las nubes. Algunos de ellos los pintó poco antes de morir.

La muestra no incluye en esta ocasión las famosas fotografías que le hizo su pareja durante sus primeros años Alfred Stieglitz. Solo hay una, que cierra el final de todo el recorrido. Se ha hecho a propósito con el fin de no opacar a la artista. “Queríamos presentarla a ella como pintora y no mostrar la relación con su pareja”, explica Marta del Árbol. Con todo, cuando acaba, una quiere seguir disfrutando más de la pintora. La exposición, con sus 90 lienzos, se queda corta.

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