'Puertas abiertas': viaje al horror de la noche de Bataclán y al amor hacia el diferente
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'Puertas abiertas': viaje al horror de la noche de Bataclán y al amor hacia el diferente

Cayetana Guillén Cuervo y Ayoub El Hilali protagonizan este texto en el Teatro Español de Madrid que reflexiona sobre la empatía y el poder del diálogo frente a cualquier acto de violencia

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Escena de 'Puertas abiertas' (JOAN RIEDWEG)

Es la noche 13 de noviembre de 2015. La gente cena en los bistrós, baila en los bares, disfruta, escucha a los Eagles Of Death Metal en Bataclán, una sala que abrió a finales del siglo XIX y que desde sus inicios alojó vodeviles, revistas y todo tipo de música. Horas después el miedo recorre las calles de París. Disparos y bombas por toda la ciudad. Cuatro terroristas, 100 rehenes en la sala de conciertos y 89 muertos. En total, 130 personas fallecidas. Surge el terror y, al mismo tiempo, una llamada a la generosidad: el hastag #portesouvertes (puertas abiertas) avanza meteórico por las redes sociales para que quien se haya quedado desamparado tenga un lugar seguro en el que alojarse. París llora, pero esa noche también busca abrazos.

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Ayoub El Hilali, Abel Folk y Cayetana Guillén Cuervo

Esta historia se le quedó grabada a la escritora Emma Riverola, que años después pergeñó el texto ‘Puertas abiertas’ en el que dos personajes, Julie y Pierre (o Farouk, o Pierre), una francesa y un francés -o un marroquí o un sirio, hay un juego con la nacionalidad- se encuentran esa noche precisamente gracias a esa acción solidaria. El director Abel Folk lo ha llevado ahora a escena en el Teatro Español de Madrid de la mano de Cayetana Guillén Cuervo y Ayoub El Hilali, que se convierten en esos dos desconocidos que a lo largo de una madrugada dejarán de serlo. Y también el público participa de esa unión, puesto que la compenetración que consiguen ambos actores durante todo el montaje es fabulosa.

Cayetana Guillén Cuervo y Ayoub El Hilali consiguen una compenetración fabulosa a lo largo de todo el montaje

“El texto me lo propuso Abel Folk, aunque yo estaba un poco reticente a hacer teatro porque había hecho mucho teatro y no me apetecía salir de gira, pero me mandó el texto y pensé, lo tengo que hacer. Como activista cultural que soy tenía que subirme a un escenario y contarlo. Fui consciente del poder transformador de este texto”, comenta la actriz a El Confidencial. Reconoce a su vez la compenetración que ha tenido con El Hilali: “Para mí era muy importante trabajar con alguien que me entendiera a nivel intelectual y emocional y pocas veces he tenido un compañero que me siga de esta manera, que me entienda tan bien”.

Es recíproco. El Hilali, actor catalán de origen marroquí, cuenta a este periódico que también estuvo a punto de no hacer la obra “porque pequé de prejuicios”, pero después de una lectura de todo el texto, “ya quería saber qué pasaba. Me gustó la sensibilidad litúrgica del texto de Emma, y la relación que se establece entre ellos dos, que es muy humana y muy animal”.

Amor catártico

La historia se desarrolla durante aquella noche del horror, pero va mucho más allá de la crónica periodística de unos atentados. Entra en la intimidad, en los miedos, en cómo nos acercamos a los desconocidos. En el escenario, con una tramoya mínima, una pantalla. En ella se superponen las imágenes reales -que todos hemos visto- de la gente huyendo despavorida por las salidas de emergencia y por las ventanas de Bataclán. Después se convierte en la ventana de la casa donde vive Julie, que ha decidido abrir las puertas de su casa por si alguien lo necesita. Ese alguien es Pierre, aunque enseguida sabremos que se llama Farouk. Y ahí, como si fuera un combate de boxeo, comienza el diálogo. Al principio, como nos sucedería a cualquiera, desde la desconfianza.

“Sí, al principio la tiene, sí”, concede Guillén Cuervo, que aunque no quiere revelar mucho más por aquello de destripar demasiado, comenta que, “en realidad, nada es lo que parece en la función, como en la vida. Tú piensas que sabes cómo es el otro y en realidad el otro es un desconocido porque te está dando la información que quiere darte en cada momento. De eso habla la función también. Hasta dónde el otro no es un desconocido”.

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Cayetana Guillén Cuervo y Ayoub El Hilali (JOAN RIEDWEG)

El texto busca jugar con el espectador. ¿Es Farouk un terrorista huido? “Estoy en un lugar seguro, tranquilo”, dice él durante una llamada furtiva mientras ella se ha ido a por una copa de vino. “Está muy bien que el espectador se haga preguntas durante la obra”, apunta El Hilali.

Y ahí el texto comienza a crecer porque se confrontan las personalidades, las culturas, las religiones de ambos, aunque una casi se tenga por atea. Ahí es también donde la obra reafirma su apuesta que, como sostiene Guillén Cuervo, consiste en que “a partir del diálogo, de escuchar las razones del otro, tú eres capaz de abrazar la diferencia. A partir de que te paras a escuchar las razones del otro es posible el entendimiento, es posible un diálogo, nunca a través de la violencia, de la discusión y sí a través del debate y la conversación”. Y si esta está regada con vino, como sucede en la obra, mejor.

“Estamos en un momento en el que la sociedad está tan polarizada y tan sacudida que la única manera es escuchar"

La actriz conviene que, en este sentido, el texto es muy oportuno. “Estamos en un momento en el que la sociedad está tan polarizada y tan sacudida que la única manera es escuchar. Y luego creo que la solución está en el primer plano, en el cara a cara, en el darte la mano”, manifiesta. Los dos personajes se golpean con sus distintas afirmaciones afirmaciones - “Es a mí al que van a pedir la documentación esta noche”; “Todos somos París, ¿Por qué no todos somos Siria?, Porque si todo nos doliera igual esto sería un lugar de sufrimiento”-, pero a la vez se reconocen. “Por muy diferente que sea el otro siempre hay un lugar en el que te vas a reconocer, porque somos seres humanos. Mi miedo es distinto al tuyo, pero es miedo. Mi herida es distinta a la tuya, pero es herida, es dolor, y ahí nos vamos a reconocer, a entender, es donde ellos se entienden, son religiones distintas, son culturas distintas, pero se entienden en el dolor, en el miedo, la experiencia y en el amor, el amor es catártico siempre”, añade la actriz.

Para El Hilali el viaje que supone la obra es parecido. “Sí, es que ambos hemos llegado a las mismas conclusiones. Es una apuesta por la palabra, por alimentar el espíritu crítico y escuchar al otro”. Y es verdad que en estos tiempos tan de vértigo no parece una mala receta.

Después del Español donde cada día agotan las localidades -están hasta el 2 de mayo- acuden al teatro Romea de Barcelona

Pese a que la obra se sumerja en asuntos tan graves como el terrorismo islámico (y en todos los terrorismos: hay imágenes del 11S, pero también de la guerra en Siria), e incluso en otras violencias (y soledades) que nos quedan más cerca, el texto también se permite alguna salida humorística. El humor siempre es buena señal: aparece cuando hemos bajado las armas.

‘Puertas abiertas’ dura poco más de una hora que se pasa sin mirar el reloj. Cayetana Guillén Cuervo y Ayoub El Hilali clavan la coreografía y el mensaje reconforta. Después del Español donde cada día agotan las localidades -están hasta el 2 de mayo- acuden al teatro Romea de Barcelona, y a partir de octubre gira por toda España. No se la pierdan.

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