Leyendas salvajes de los castillos de España: nuestras fortificaciones medievales
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Leyendas salvajes de los castillos de España: nuestras fortificaciones medievales

En todas las provincias hay un imponente castillo que ver, con sus historias de espadas, intrigas y aventuras

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El Alcázar de Segovia, castillo hispano-árabe del siglo XII.

En el año 714 Mohammed Al feher, hijo del gobernador Yusuf de Toledo, escapó del asedio omeya de Abderramán y burló las líneas enemigas fingiéndose ciego hasta llegar al castillo de Alarcón, en la actual provincia de Cuenca, donde se refugió y donde estarían los musulmanes cuatrocientos años más. Lo cuentan los cronistas de la reconquista, como también dan fe de la batalla en la que Martínez de Ceballos, de la Santillana del Mar de las Asturias de Oviedo, doblegó la fortaleza en 1184 para el rey de Castilla Alfonso VIII tras nueve meses de asedio. El rey le obsequió con la propiedad y el marquesado de Alarcón, iniciando el apellido en España. Pero las útlimas disputas las libró Diego Pacheco, marqués de Villena, contra Isabel la Católica, que quería acabar con el poder feudal, con los castillos medievales como el de Alarcón, en manos de Pacheco, y la nobleza porque los consideraba vestigios de un mundo marchito.

Antes de ninguna bandera o himno, España fue sus castillos. Algunos olvidados, todos únicos, desafiantes, sin parangón en toda Europa por los cinco siglos de guerra entre cristianos y musulmanes. Son las fortalezas que defendieron el avance de la reconquista cristiana para definir el territorio y también los vestigios de la nobleza feudal aplastada por los Reyes Católicos para imponer el estado moderno en el preludio de la monarquía absolutista. El epicentro del feudalismo hasta que Isabel y Fernando lo desmantelaron otorgando inmunidades y privilegios a las villas para contrarrestar el poder de los nobles. Reconquista y revolución política.

Los Reyes Católicos aplastaron a la nobleza medieval

El covid dificulta hoy los viajes, pero prácticamente en todas las provincias hay un imponente castillo que visitar, con sus historias de espadas, intrigas y aventuras. De Jaén, donde más hay pese a que no salgan a menudo en las listas de los más bellos y visitados, a Valladolid, Segovia, Cuenca, Castellón... Erigidos por moros y cristianos entre los siglos X y XIV fundamentalmente y abandonados en su mayoría a partir del final del XV con la reordenación política de los Reyes Católicos, aunque tuvieron usos en siglos posteriores son uno de nuestros más preciados tesoros.

Esculpidos por la historia

Nuestra piel de toro es única por sus grandes edificaciones defensivas; mucho más que por sus catedrales o universidades, pues los estilos arquitectónicos fueron una tónica en toda Europa: la catedral de Burgos tiene un reflejo, por ejemplo, en la de Colonia. Las fortalezas medievales, los castillos, fueron en cambio fruto de su ubicación, de la región donde se erigieron, de las vicisitudes bélicas y de la defensa de la frontera con el enemigo en tiempos de la reconquista contra el mundo islámico.

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Castillo de Alarcón.

A diferencia del resto de Europa la gran mayoría de nuestros castillos que salpican cerros, colinas y mesetas no se reconvirtieron en palacios con los siglos; permanecieron como auténticos baluartes defensivos contra el enemigo, sin su verdadera función original; de ahí que cada uno de ellos responda al lugar en el que se asienta con sus particulares muros, fosos y torres del homenaje.

Tienen sus propias historias salvajes: la guerra entre la orden del Temple, los templarios, contra Alfonso X en el de Ponferrada, León; la disputa entre el conde de Salvatierra y su propia madre, María Sarmiento, ayudada por un obispo en el de Ampudia, Palencia; la forja de un reinado con la pelea fratricida de los Trastámara y las intrigas del castillo de La Mota de Valladolid en donde se encuentra también esa enigmática cámara, cubierta con bóveda de cañón y de góticas crucerías conocida con el nombre del "peinador de la reina", en la que según la leyenda pasaba los días sentada Juana la Loca esperando a su amado archiduque Felipe el Hermoso...

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Castillo de Loarre.

Cinco grandes castillos

Loarre, Huesca

La guerra y la religión adquirieron una expresión aún mayor porque lo clerical y lo bélico estaban unidos, como en el castillo de Loarre, uno de los emblemas de la Edad Media en una cruzada que no transcurrió en Tierra Santa. Es leyenda viva de la reconquista: allí se refugió el conde don Julián, el presunto traidor que habría abierto el reino visigodo a los árabes de Tarik y Muza, el padre de Florinda la Cava, deshonrada por el último rey godo. Don Julián habría sido un Judas que moriría en Loarre ahogado por los remordimientos y la angustia. Fue construido en torno al 975 y es uno de los castillos que se citan a menudo como de los más curiosos de la época de toda la arquitectura europea.

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Alcázar de Segovia.

Alcázar de Segovia

Un embajador del siglo XV, el barón de Rosmithal, describió este alcázar con patios de alabastro, salones de oro y lapislázuli y una gran sala en donde había treinta y cuatro estatuas, todas de oro, que representaban a reyes de España. Único en toda la arquitectura europea, se erigió en el siglo XII y fue alojamiento real de los monarcas de Castilla desde que Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet lo eligieran en 1135 para su corte. En 1366, como si se tratase de 'Juego de Tronos', uno de los hijos del rey Enrique de Trastámara, el infante don Pedro, se escapó de los brazos de su nodriza, asomada a uno de los ventanales más altos y cayó al precipicio estrellándose. La leyenda cuenta que detrás se arrojó la propia nodriza. Es esencial en la historia de España porque allí se proclamó reina Isabel la Católica el 13 de diciembre de 1474 y tras sus muros se refugiaron los comuneros que defendían a Juana la Loca de las tropas de su hijo Carlos I. Un icono de la Edad Media con su torre en el centro y su planta en lo alto de la ciudad histórica.

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Castillo de Alcántara.

Alcántara, Cáceres

Después de seis siglos en poder de los árabes no conserva ningún elemento de alcázar. Fernando II se lo ganó a los árabes, que lo recuperaron sin embargo en 1191 denominándolo Kart el-Fethab, y fue reconquistado de nuevo por Alfonso VII de Castilla. El castillo quedó en manos de la Orden de Alcántara, uno de cuyos maestres levantó dos de sus torres famosas: la torre Blanca y la torre Matacabras. Cayó después en manos del Reino de Portugal tras la muerte de don Pedro I de Castilla y sirvió de encuentro para poner fin a la guerra entre Juana la Beltraneja e Isabel la Católica, comprometiéndose Portugal a entregar cuatro castillos, entre ellos el mismo de Alcántara.

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Castillo de Peñíscola.

Peñíscola, Castellón

Conquistado por Jaime I en 1225 tras una batalla con los sarracenos, su sucesor Jaime II lo cambió a los templarios por la ciudad de Tortosa, pero sobre todo fue el último refugio del Papa Luna, Benedicto XIII, que proclamó que la Iglesia de Cristo se encerraba en esa roca después de haber sido declarado hereje en el Concilio de Constanza. Cedido al octogenario de Aragón por los caballeros de Montesa, la fortaleza del papa, que siguió en sus trece encerrado en sus muros, resistió meses a los ataques de Francia, empeñado en que era el papa legítimo en contra de la Santa Sede, a quien sin embargo legó la propiedad del castillo en el testamento, hasta que volvió de nuevo a la Corona de Aragón con Fernando el Católico.

placeholder Castillo de La Mota, Valladolid.
Castillo de La Mota, Valladolid.

Castillo de la Mota de Medina del Campo, Valladolid

Escenario de innumerables tramas de la corte, en él aguardaba Juana la Loca al archiduque de Flandes Felipe el Hermoso y en él murió Isabel la Católica. De construcción tardía, en el siglo XV sirvió de prisión también para un César Borgia que logró escaparse de él descolgándose de una maroma desde lo alto de un torreón no sin que antes el alcaide, Gabriel de Tapia, apercibido de la huida, cortara la maroma antes de que llegara al suelo. También escenario de la lucha de los comuneros contra Carlos I, en 1520 don Antonio de Fonseca quiso sacar la artillería de sus muros para doblegar a los rebeldes del Alcázar de Segovia, pero Medina, que simpatizaba con ellos, se negó y Fonseca le prendió fuego.

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